- Creo que deberíamos despertarla.
- No creo que sea buena idea.
El sonido de una conversación me despierta y mantengo mis ojos cerrados mientras escucho las voces de dos hombres junto a mi cama.
- Entonces, ¿Qué hacemos?
Decido acabar con esta conversación y continuar durmiendo.
- Yo propongo que salgan de mi habitación y me dejen dormir.
No abro mis ojos por lo que no puedo ver sus reacciones, pero el silencio se hace presente por varios minutos hasta que la voz de Ananiel vuelve a interrumpir mi intento por continuar durmiendo.
- Te dije que estaba despierta.
Puedo deducir que esas palabras van dirigidas al otro hombre en mi habitación, Baraquiel.
- ¿Qué haces aquí, Ananiel?
Pregunto mientras abro los ojos y busco con la mirada a los seres celestiales que decidieron despertarme el día de hoy.
- Solo quería venir a ver a mi embarazada favorita.
Ananiel sonríe mientras me observa, pero puedo notar que algo le preocupa.
- De seguro eso le dices a todas las embarazadas que proteges.
Trato de ignorar esa mirada de preocupación aligerando el ambiente con bromas, pero no puedo evitar notar que algo anda mal cuando observo a Baraquiel, quien mantiene su mirada en las blancas cobijas de mi cama al mismo tiempo que pellizca la tela una y otra vez.
- ¿Qué sucede?
Baraquiel levanta la mirada y sonríe forzadamente mientras fije que nada malo sucede.
- Nada, Ananiel vino a visitarte y estuvimos hablando un poco antes de entrar a tu habitación.
Muchas veces he pensado que Baraquiel es un excelente mentiroso, pero en esta ocasión puedo ver la preocupación en todos sus movimientos y eso empieza a asustarme.
Levanto mi espalda del colchón y aparto las cobijas de mi pecho y vientre.
- ¿Pero qué…?
Ananiel retrocede rápidamente mientras observa nerviosamente mi vientre. Bajo la mirada en busca de algo inusual, pero solo me encuentro con mi pijama un poco levantado por lo que parte de mi vientre está al d*********o.
- No es para tanto, este es el vientre de una mujer embarazada de veintiocho semanas.
Por un segundo pienso que Ananiel solo estaba bromeando, pero al levantar la mirada observo a Baraquiel con la mirada fija en mi vientre y empiezo a preocuparme realmente.
- ¿Qu… qué pasa? ¿Es el bebé? ¿Algo le pasa?
Trato de no sonar desesperada, pero Ananiel parece sorprendido y Baraquiel preocupado.
Nadie responde a ninguna de mis preguntas y empiezo a ponerme nerviosa e histérica.
- Ya díganme que ocurre.
Ananiel desvía la mirada de mi vientre y observa a Baraquiel.
- ¿Es lo que creo que es?
La respuesta de Baraquiel no se hace esperar y empieza una conversación entre ambos.
- Creo que sí. Comenzó hace unos días.
- Pero es imposible.
- También creía eso, pero… lo puedes sentir, ¿verdad?
Baraquiel señala mi vientre y empiezo a entender que están hablando de sentir la presencia de mi bebé. Sigo sin entender por qué eso debería preocuparlos, así que llamo su atención.
- Baraquiel y Ananiel quiero que me digan que está sucediendo en este momento.
Ananiel me observa por un par de segundo y duda en hablarme directamente por lo que vuelve a dirigirse a Baraquiel.
- ¿Crees que sea buena idea decirle?
- Si no lo hacemos, ella lo podría descubrir sola. Ya sabes que nunca se da por vencida.
- ¡Hey!
Decido ignorar su insulto debido a que eso podría tomarlo como un cumplido y continuo con mis preguntas.
- ¿Qué ocurre? ¿Algo le pasa al bebé?
Baraquiel nota que estoy asustada y se sienta a mi lado mientras le dirige una mirada cuyo significado no entiendo a Ananiel.
- El bebé está bien.
Libero todo el aire que no sabía que estaba reteniendo, pero el sentimiento de miedo no se desvanece por completo.
- ¿Recuerdas lo que te dije el día en que nos conocimos?
- Que no podías sentir la presencia de mi bebé, a pesar de ser tu propio descendiente, porque mi cuerpo lo ocultaba, ¿eso?
- Exacto… Hace unos días sentí una presencia por menos de un segundo. Eso me asustó porque pensé que se trataba de uno de mis hermanos y corrí hasta aquí. Te encontré dormida y no había nadie cerca así que volví a mi habitación a seguir durmiendo.
Sí esa presencia no era de ningún ángel, ¿entonces de quién era?
- Al siguiente día volvió a pasar, pero esta vez fue por más tiempo, casi un minuto. Bajé corriendo las escaleras y te encontré viendo televisión con Karla, pero seguía sintiendo esa presencia y al acercarme a ti, noté que se trataba del bebé.
- Pero eso es bueno, ¿no?
Baraquiel y Ananiel se observan cómplices mientras mi mente trabaja en deducir el motivo por el cual ambos seres celestiales están preocupados.
- Ayer sentí de nuevo la presencia y cuando caminé hasta ti, pude notar como el bebé se movía en tu interior. En esa ocasión fue por más de una hora y en la noche llamé a Ananiel quien quiso venir a comprobarlo porque no creía en mis palabras.
- ¿Entonces están preocupados porque empezaron a sentir la presencia de mi bebé?
Empiezo a unir piezas en mi cabeza y las ideas empiezan a juntarse una por una mientras deduzco lo que ocurre.
- Sí ustedes pueden sentir la presencia de mi bebé… significa que cualquier ángel la empezará a sentir.
Ananiel asiente con la cabeza y camina para sentarse al otro lado del que se encuentra Baraquiel.
- Baraquiel y yo pensamos que el hechizo alrededor de la casa será suficiente para ocultar su presencia unos meses más, pero tememos que si sales de aquí Luzbell o cualquier enviado pueda descubrir la presencia de un nuevo ser celestial y venga a averiguar de quien se trata.
Un sudor frío empieza a caer por mi espalda y siento que empiezo a marearme por lo que me alegra estar sentada y no caer al piso violentamente.
- Ananiel tiene la idea de que podríamos ir a una zona similar a donde nos escondimos el día en que nos conocimos, pero deberíamos mudarnos y sé que no te gustaría alejarte de Karla de nuevo.
Ananiel sostiene mi mano con fuerza y su poder empieza a hacer efecto en mi cuerpo trayéndome paz y relajación, pero en mi mente no puedo olvidar el miedo que me provoca de solo pensar que Devil me encuentre.
- Baraquiel seguirá cuidando de ti cada segundo del día y yo vendré seguido para asegurarme de que no haya enviados cerca de esta casa.
- El hechizo que protege la casa durará un par de meses más, y después de eso Ananiel buscará a una bruja para que me ayude a realizar el mismo hechizo, pero a medida que pase el tiempo el hechizo se irá debilitando.
- ¿Por qué no renovamos el hechizo antes de que empiece a debilitarse?
- Ese es el plan, pero tú no puedes ayudar a Baraquiel de nuevo. Te debilitarás demasiado y tenemos miedo de que te desmayes y el hechizo no pueda ser completado, lo que dejaría vulnerable a esta casa y la presencia del bebé o de Baraquiel llame la atención de cualquier enviado.
- De acuerdo.
Ananiel se mantiene a mi lado unos minutos más mientras me tranquilizo hasta que nota que estoy relajada y decide irse para continuar con sus tareas.
Baraquiel decide dejarme sola en mi habitación hasta que decida levantarme de la cama y tras varios minutos decido levantarme y tomar una ducha mientras pienso en el futuro.
Mientras me visto con ropa cómoda, escucho la puerta de mi habitación siendo golpeada y la voz de Baraquiel llega a mis oídos.
- Quise traerte el desayuno, ¿puedo pasar?
- Es gracioso que ahora pidas permiso cuando nunca lo haces.
- Acabas de ducharte, así que no quería entrar y encontrarte desnuda.
- ¿Cómo sabías que estaba duchándome?
- Escuché el agua de la regadera.
Sigo sin entender las habilidades y poderes de los ángeles, pero es bueno saber que tienen un sentido de la audición superior al humano.
- Puedes pasar.
La puerta se abre y yo termino de colocarme bloqueador solar en el rostro.
- ¿Vas a salir?
Baraquiel parece asustado por la idea de que salga a la calle con un bebé celestial en mi interior.
- Solo iré al patio. Quiero tomar algo de sol.
- Puedo llevarte el desayuno hasta allá si quieres.
Baraquiel tiene una bandeja con un plato cuyo contenido no observo y un vaso de jugo de naranja.
- Claro porque no.
Bajamos las escaleras hasta el primer piso y caminamos hasta la cocina donde se encuentran las puertas corredizas que lleva al patio t*****o. Baraquiel va detrás de mí, pero en cuento nos acercamos a las puertas, camina rápidamente para correr la puerta para mí.
Nos sentamos en el pequeño comedor para dos personas que se encuentra junto a la hamaca y Baraquiel coloca la bandeja de comida sobre el vidrio en la parte superior de la mesa de rattán.
- Estaba pensando en la idea de mudarnos a una de esas zonas de tanta energía que podríamos ocultarnos.
- Malakh no creo que deberíamos irnos y abandonar a Karla.
- No estoy diciendo que deberíamos irnos, solo estaba pensando en lo que dijiste ese día.
- ¿Qué cosa?
- Dijiste que cuando un descendiente de un ángel nace libera tanta energía, que esa energía se queda por muchos años en ese lugar.
- Ya sé, así que deberías elegir un buen lugar donde quieras dar a luz porque la energía que va a liberar tu cuerpo va a persistir por siglos.
- Pero esa energía podrá ser percibida por un enviado, ¿no?
Baraquiel parece tranquilo ante mis palabras, lo cual me sorprende por un momento, pero una idea llega a mi mente.
- Pero, eso ya lo sabías, ¿no es verdad?
Trata de ignorarme por completo y la ira empieza a crecer en mi interior.
- ¿Por qué no me dijiste eso?
Me levanto enojada de la silla y empiezo a caminar hacia el interior, pero Baraquiel sostiene mi muñeca antes de que de un solo paso dentro de la casa.
- No quería preocuparte.
- ¿Cómo no voy a preocuparme? El día del nacimiento de mi bebé podría ser su último día de vida.
- Tranquila, Ananiel y yo tenemos un plan.
- ¿Cuál plan?
Baraquiel se queda callado y yo vuelvo a sentarme en el mismo lugar que estuve antes. Él hace lo mismo y lo observo directamente.
- ¿Cuál es el plan?
- Ananiel se encargará de traer a todos los ángeles que pueda, incluso los caídos. La presencia de tantos celestiales ocultará la de tu bebé y podremos luchar con los enviados que se sientan tentados a atacarnos mientras des a luz.
- ¿Qué pasa si notan la presencia de mi bebé?
- Si eso pasa no dejaremos que se acerquen a ti y de esa manera no te reconocerán. Después del parto, tanta energía asustará a los enviados y huirán, pero de seguro le informarán a Devil, por eso tendremos que irnos por un tiempo.
- ¿A dónde iremos?
- Eso todavía no lo sé, pero debe ser a alguno de las zonas de energía para que oculte la presencia del bebé y mía y podremos volver después de un tiempo, pero tendremos que pensar en cómo proteger la casa y ocultar ambas presencias.
- ¿Y si tuviese al bebé aquí? Nos iremos en cuanto nazca el bebé y nos ocultaremos por un tiempo y al volver la propia energía del parto lo ocultará.
- La lucha entre los enviados y ángeles podría ser descubierta por los vecinos.
- ¿Qué tan difícil es hacer un hechizo de ilusión? Un hechizo que pueda proyectar al exterior la imagen que queramos mientras en el interior sucede la lucha.
- Ya te dijo Ananiel que no dejaremos que hagas hechizos ni colabores con ninguno.
- No yo, pero la bruja que quieren traer para ayudar con el hechizo de protección podría ayudarnos con el hechizo de ilusión.
Los ojos de Baraquiel se abren por completo y se endereza en su puesto mientras asiente con la cabeza.
- Es verdad, ella podría ayudarnos con ese hechizo y todo lo que suceda en el interior de esta casa pasaría desapercibido para los vecinos.
Baraquiel se levanta de la silla mientras camina al interior de la casa. Lo sigo de inmediato hasta su habitación y observo que empieza a tomar su ropa favorita y camina directo al baño del pasillo.
No pasa ni dos minutos cuando lo observo salir puesto la misma ropa que usaba cuando nos conocimos.
- ¿Qué haces?
- Debo ir en busca de mis armas y de la única bruja, aparte de ti, que puede hacer ambos hechizos sin problema.
- Espera, ¿te irás?
Baraquiel nota mi preocupación y camina hacia mí. Coloca sus manos en mis hombros y me mira directamente a los ojos.
- Volveré en una semana máximo, lo prometo. Ananiel dijo que vendría seguido y confió en que no saldrás de esta casa bajo ningún motivo.
- Pero ¿por qué te vas ahora? Todavía falta mucho tiempo hasta que el hechizo empiece a desaparecer.
- Necesito asegurar que la bruja venga en cuanto la llamemos, para eso debo pagarle con algo que sé que ella quiere hace muchos años y debo conseguir ese objeto y de paso iré por las armas que tengo ocultas en Israel.
- Espera, ¿por qué ocultaste armas en Israel?
- Ahí estaba cuando me invocaste. Están hechizadas y las armas se entierran solas al momento en que me alejo lo suficiente para que nadie pueda robarlas.
Quiero decir algo más, pero Baraquiel me da un rápido beso en la frente y se aleja mientras se despida.
- No salgas de esta casa, estaré de regreso pronto.