El dolor en la espalda es insoportable y mis pies hinchados evitan que pueda usar cualquier tipo de zapato. Todavía me faltan varios meses y comienzo a pensar que no soportaré el dolor el resto del tiempo que me queda para dar a luz.
Observo el cielo mientras estoy recostada en la hamaca colgada en el patio t*****o de mi casa. Dos árboles sirven para sostenes los extremos y las ramas cubren al sol. Admiro con atención las grandes nubes mientras trato de darles forma de los rostros de personas que conozco. Por un momento distingo el rostro de Josh en una de ellas y me recuerda la última vez que estuvimos en su casa y todas las ocasiones que trató de sacarme de la depresión en la que me había sumido.
Otra nube mucho más grande que la anterior se parece al rostro de Emilio, pero al mirarlo con más detenimiento reconozco el pequeño mechón de cabello que siempre caía en la frente de Mauro y me percato de mi error. Todavía recuerdo la sonrisa en sus rostros el día en que nos despedimos en Francia y las lágrimas que cayeron de mis ojos al saber que no podía volver a verlos.
- ¿Estás bien?
La voz de Baraquiel me devuelve a la realidad y giro mi cuello en su dirección.
Su cabello está suelto y parece relajado, pero al mirar su cuerpo puedo notar que se mantiene en un estado permanente de alerta y me observa con atención mientras espera mi respuesta.
- ¿Nunca extrañaste a alguien de tu pasado?
Parece que mi pregunta lo toma por sorpresa y desvía la mirada hacia el cielo como si estuviese pensando en cómo evadir mi pregunta.
- Nunca tuve tiempo de extrañar a nadie, siempre luchaba con enviados o me mantenía huyendo todo el tiempo.
Comprendo exactamente lo que Baraquiel me dice, pero no lo comparto.
- Yo si… extraño a Josh, Emilio, Mauro, Donato, Emma, Aurora, Jasper y por su puesto a Hizzand.
Baraquiel parece confundido por tantos nombres y mantiene su boca cerrada al no comprender que hablo.
- A veces se me olvida todas las vidas que tuve, pero nunca olvidaré a todas las personas que influyeron en mi vida y esos solo son algunos nombres.
Baraquiel trata de hablar, pero no se lo permito y continuo con mi discurso.
- No sé cómo pude ser capaz de dejarlos y no mirar atrás. Solo quería mantenerlos a salvo, pero a veces pienso que solo los abandoné para mantener mi secreto oculto.
- Emilio y Mauro fueron felices el resto de su vida, conocieron a sus nietos, viajaron de regreso a Cuba y murieron en la misma casa que murió su madre.
Mi quijada casi llega al piso y mis ojos están tan abiertos que empiezan a arder después de varios segundos en ese estado.
- ¿Cómo…?
- Quise saber todo sobre la madre de mi nieto. Te investigué y pedí varios favores a mis hermanos para que me hablaran sobre todo lo que hiciste.
Quiero estar molesta con él, pero me percato que es la única persona en este momento que me podría decir la verdad sobre las personas que fueron importantes en mi vida.
- Josh…
- Él regresó a Miami y está administrando la galería de arte, conoció a una linda mujer hace unas semanas y hace dos días fue su primera cita.
Una sonrisa involuntaria asoma en mis labios y me alegro por Josh.
- Donato…
- Él te buscó por varios años después de que desapareciste, pero conoció a una mujer con la que tuvo seis hijos y a la única niña que tuvo le puso tu nombre, o bueno… el nombre con el que te conoció. Jamás olvidó que le salvaste la vida después de haber caído del caballo.
Siento las lágrimas cayendo por mis mejillas y quiero saber más, pero hay algo que me dice que me detenga.
- Emma…
- Ella todavía vive, cumplirá noventa y siete años en dos meses, tiene Alzheimer, pero su nieta le canta la canción que tú solías cantarle y por momentos recuerda quien es. Su padre murió un año después de que lo dejaste y Emma tuvo una vida dura, pero trabajó duro para abrir una panadería.
Una voz me grita que me detenga, pero quiero continuar, quiero saber sobre todos.
- Aurora…
- Ella y Jasper murieron en un accidente de tráfico ocho meses después de irte de España, ella estaba embarazada, pero no lo sabía.
Un fuerte dolor en el pecho aparece de inmediato y coloco mis manos encima para tratar de apaciguar el dolor. Vuelvo a mirar al cielo y otra nube aparece con el rostro de Hizzand. El dolor se vuelve todavía más insoportable y las lágrimas no dejan de caer de mis ojos.
- Hizzand…
Espero la respuesta de Baraquiel, pero se mantiene en silencio.
Decido levantarme de la hamaca y camino hacia él. Su rostro parece triste y observa al suelo, pero al notar que me acerco levanta la mirada y nota que espero una respuesta.
- Ananiel dijo que Hizzand está con mis padres, ¿es verdad?
- Él…
Parece que Baraquiel duda en hablar y desvía la mirada para no mirarme a los ojos.
- Al morir puedes saber sobre todo lo que quieras en el universo…
Sus palabras empiezan a asustarme, pero dejo que continúe hablando.
- No le gustó saber sobre ti y…
- ¿Y?
- Todos los hombres en tu vida.
Bajo mi mirada avergonzada al recordar todo lo que he hecho en mi vida y el recuerdo de todos los hombres en mi cama.
- No lo culpo, estaba celoso, pero se sintió decepcionado cuando se enteró de mi hermano.
Cubro mi rostro con las manos por la vergüenza que siento en este momento y el recuerdo de todos los años con Devil me provocan náuseas hacía mi persona.
- Pero cuando supo que estabas esperando a su hijo se volvió loco de la felicidad, pero después lloró al percatarse que no estaría contigo para protegerte y cuidarte.
Bajo mis manos y vuelvo a concentrar mi atención en Baraquiel.
- Pidió tener una audiencia con papá en persona, pero a papá no le gusta salir de su taller y le pidió a Ananiel que vaya a esa audiencia con Hizzand. Hizzand rogó para que Ananiel cuidara de ti y que no dejara que te sucediera nada, pero mi hermano ya tenía instrucciones de papá sobre eso.
- ¿Hizzand le pidió a Ananiel que cuidara de mí?
No puedo evitar que una sonrisa asome en mis labios mientras mis ojos demuestran toda la tristeza que siento en este momento.
- Ananiel le prometió a Hizzand que no dejaría que nada te suceda y hasta ahora lo ha cumplido.
Me acerco rápidamente a Baraquiel y levanto mis brazos con la intensión de envolverlos alrededor de su cuello mientras dejo caer varias lágrimas en su hombro.
Trato de controlar mi llanto, pero cuando siento los brazos de Baraquiel envolviendo mi cintura dejo que todos mis sentimientos salgan a flote y me permito llorar por varios minutos más mientras Baraquiel acaricia mi espalda de arriba hacia abajo.
- Él te ama.
Sus palabras me conmueven por completo y no colabora a mi intención de controlar mi llanto.
- Y yo a él, pero no puedo decírselo.
Llora con más intensidad y abrazo a Baraquiel con más fuerza, pero trato de controlarme y cuando empiezo a conseguirlo me alejo unos centímetros de Baraquiel, pero manteniendo mis manos sobre sus hombros.
- Gracias.
- No tienes que agradecerme por nada, ahora vamos adentro antes de que volvamos a ser el centro de atención de los vecinos.
Sonríe amablemente para tratar de consolarme y empiezo a sentirme mejor gracias a su apoyo momentos atrás.
Me alejo de él para empezar a caminar hacia el interior de la casa, pero Baraquiel sostiene mi mano. Eso último me toma por sorpresa, pero su contacto no me incomoda y dejo que me guíe hacia la cocina en donde veo una gran caja de pizza sobre la isla.
Suelto la mano de Baraquiel y corro hacia la caja de pizza para abrirla y encontrarme con una enorme pizza de pepperoni.
- Fui a buscarte para decirte que había pedido pizza.
Le sonrío para demostrar mi agradecimiento y no pierdo más tiempo para tomar una rebanada y comer mientras Baraquiel se acerca para también tomar una rebanada.
Hago un sonido de satisfacción con mi boca en cuanto termino el primer bocado de pizza y Baraquiel me observa mientras parece divertirse con mi reacción.
- Sabía que estarías con hambre, ya que no almorzaste por las náuseas creía que te gustaría algo de pizza.
- Oh si, te amo.
Se lo digo a la pizza, pero Baraquiel no me observaba mientras lo decía, por lo que gira su cuerpo violentamente y me observa sorprendido y asustado a la vez que su rostro se vuelve pálido.
- ¿Qué?
Digo cuando veo que me observa con atención y trato de comprender que está sucediendo.
- Eso que dijiste…
Baraquiel tartamudea y empiezo a reírme mientras comprendo su reacción.
- Se lo decía a la pizza.
Me río mientras sigo comiendo y Baraquiel empieza a reír nerviosamente y avergonzado por la confusión.
La puerta de la entrada de la casa se abre y me inclino sobre la isla para poder ver a Karla entrando con dos bolsas en sus manos.
Baraquiel corre hacía ella mientras se mete en el último trozo de pizza en la boca y le quita las bolsas de las manos a Karla con la intensión de ayudarla.
- Gracias, Baraquiel.
Karla y Baraquiel caminan hacia donde me encuentro parada con una rebanada de pizza en la mano y Karla observa la pizza en mis manos para después observar la gran caja sobre la isla.
- ¿Están comienzo pizza?
Karla parece enojada y algo herida, por lo que dirijo mi atención hacia las bolsas y me encuentro con que se tratan de bolsas con comida dentro.
Señalo rápidamente hacía Baraquiel con la pizza en mi mano y él parece asustado. Karla nos observa y parece que la lastimamos al comer pizza y no esperar a que ella nos traiga comida.
- Ayer les dije que vendría hoy con comida para la cena.
- Baraquiel compró la pizza.
Decido que mejor culpo a Baraquiel por todo y evitar el regaño de Karla.
- ¿Qué? Yo solo pensé que Sam tendría hambre porque no almorzó hoy.
- ¿Sam, no almorzaste?
Toda la atención de Karla se dirige hacia mí y puedo notar el enojo en tu tono de voz.
- Pero era porque tenía náuseas.
- Te he dicho que no puedes saltarte comidas.
Karla empieza a regañarme y mi cerebro empieza a maquinar un plan para enfocar la ira de Karla en cualquier persona menos en mí.
- Baraquiel se bañó hoy y volvió a vestirse con la misma camiseta que usó ayer.
Baraquiel abre los ojos ante la sorpresa de mi acusación y Karla gira su cuello hacía él, desviando tu atención de mí.
- Te he dicho que dejes de usar la misma ropa todos los días.
- A Sam le duelen los pies y no deja que la ayude desde anoche.
Ahora es mi turno de abrir los ojos ante la sorpresa y empiezo a pensar en otra acusación que podría hacer para desviar la atención de mí.
- Bueno ya, deténganse.
La voz de Karla suena enojada, pero puedo observar una pequeña sonrisa que se le escapa mientras me observaba.
- Dejen de actuar como niños y compórtense.
Observo a Baraquiel y parece que pensamos lo mismo.
Él y yo empezamos a ahogarnos de la risa mientras trato de sostenerme de la isla de la cocina para no caer al piso mientras nos reímos. Karla parece confundida y no entiende el motivo de nuestra risa. Baraquiel y yo nos observamos mientras seguimos riéndonos y por un momento me imagino la sorpresa de Karla si supiera nuestras edades.
- Bueno, ya basta. Dejen de reír. Baraquiel saca los platos de los estantes y Sam ayúdame a servir la comida.
Baraquiel y yo dejamos de reírnos en cuento escuchamos las instrucciones de Karla, pero de vez en cuando nos miramos cómplices mientras cenamos junto a Karla.
- ¿Y cómo estuvo su día?
La pregunta de Karla nos distrae de nuestros pensamientos y Baraquiel decide contestar primero.
- La reunión de hoy fue todo un éxito y la compañía tiene nuevos inversionistas.
Baraquiel se inventó la historia de que es el director de una empresa de tecnología en Turquía, pero que ahora trabaja desde aquí y de vez en cuando tiene reuniones con ejecutivos que quieren invertir en su empresa.
- Me alegro por ti, querido. ¿Qué hay de ti, Sam?
- El mercado de la venta de obras de arte va bien, aunque espero que el valor de una pieza que estoy vendiendo se incremente en los próximos meses.
Karla sigue pensando que tengo la galería de arte, pero que ahora por mi embarazo he decido trabajar desde casa y que Josh dirige todo el negocio.
- Me alegro por ustedes. Son grandes empresarios y tienen un futuro brillante.
La mirada de Karla parece demostrar lo orgullosa que se siente de ambos y por un momento me siento culpable por mentirle.
- No es para tanto, supongo que solo tuvimos suerte, los padres de Sam le heredaron el dinero suficiente para abrir su galería y los míos se retiraron hace años.
Le dije a Karla que mis padres murieron, pero Baraquiel prefirió decirle que sus padres siguen vivos y que viven en una casa en Turquía mientras disfrutan de la jubilación.
- ¿Crees que tus padres vengan en cuanto nazca su nieto?
La pregunta de Karla a Baraquiel me congela por completo y por un momento pienso en la idea de tener a Deus frente a mí.
- No lo creo, a mamá no le gusta volar, pero estarán felices si Sam viaja hasta su casa con el bebé.
Baraquiel me guiña un ojo mientras Karla me observa y espera a que participe en la conversación.
- Yo… estaré feliz de que mi hijo conozca a sus abuelos.
Trato de no demostrar mi nerviosismo y observo asustada a Baraquiel.
Las palabras de Baraquiel me dan en que pensar y empiezo a imaginar a la madre de todos los ángeles, pero sé que no existe y que los ángeles fueron creados por Deus, aunque no sé si a una identidad angelical se le puede atribuir un género y llamarlo “papá”.