Capítulo 8

2728 Words
-         ¡Maldición! Baraquiel, te he dicho que dejes de usar la misma ropa por días, ve a ducharte ahora mismo y cámbiate de ropa. Sé que no debería gritar, pero estoy tan cansada de tener que actuar como la mamá de Baraquiel que solo puedo pensar en gritarlo y echarlo de mi casa. -         Por décimo novena vez desde que nos conocemos, deja de decirme que hacer. Trato de regular mi respiración para poder calmarme y no asesinar a mi inquilino. Tengo un plan que podría ayudarme a que Baraquiel me obedezca, por lo que decido ponerlo en práctica. Me acerco tranquilamente hasta Baraquiel y levanto mi cuello para poder verlo a los ojos, él parece sorprendido por mi movimiento y sus ojos se achican mientras trata de entender lo que estoy haciendo. -         Baraquiel, por favor, te pido que te duches. Tu olor me causa más náuseas de las que suelo tener normalmente y de verdad me está afectando el hecho que deba gritarte, no creo que eso sea saludable para el bebé. Utilizo un poco de chantaje emocional para que finalmente me obedezca, puedo notar que sus músculos faciales se relajan y baja el cabeza derrotado. -         De acuerdo te obedeceré, pero lo hago por el bebé no por ti. -         Y el bebé seguramente te lo está agradeciendo. Me alejo de su rostro y camino por el pasillo hacia la puerta de mi habitación. -         No podrás usar al bebé siempre que quieras que haga algo, Malakh. Escucho que se ríe mientras entra al baño y me enojo al percatarme que Baraquiel supo exactamente lo que trataba de hacer y aun así no dijo nada. Abro la puerta de mi habitación y una vez dentro recuerdo la risa de Baraquiel y provoca que sonría mientras giro los ojos. Tomo mi celular, que se encontraba sobre la cama y donde lo arrojé después de que Baraquiel entrara a mi habitación y pudiera oler la peste que traía pegada a su piel. Me mantengo buscando nombres para mi bebé por otra media hora más hasta que escucho que la puerta de mi habitación es abierta de nuevo y Baraquiel asoma su cabeza con el cabello suelto hasta los hombros y húmedo, seguramente por el agua de la ducha. -         Me he duchado, ¿feliz? Sonrío arrogantemente antes de responder mientras me levanto de mi cama. -         Bastante, la verdad. ¿En serio te cuesta tanto tomar una ducha? -         Cuando caí a la tierra no se consideraba un requisito obligatorio, así que no entiendo por qué ahora debe serlo. -         Porque solo así evitas enfermedades y dejas de ahuyentar a las personas a tu alrededor. Parece un poco molesto, pero le he escuchado tararear en la ducha así que tampoco es una tortura para él. -         Sí Karla te hubiese olido, de seguro se molestaría contigo. Mis palabras parecen asustarlo y entiendo claramente el motivo. Baraquiel y Karla se han vuelto grandes amigos desde que se conocieron y a pesar de que solo ha pasado un mes desde eso, podría decirse que son mejores amigos. Muchas veces Karla lo regaña cuando no se lava las manos antes de comer o cuando Baraquiel tiene la ropa sucia o manchada y la sigue usando a pesar de eso. He tenido que comprar varias prendas de ropa para que Baraquiel pueda usarlas, pero él se niega a dejar de usar la misma ropa que usaba el día en que nos conocimos, por lo que Karla decidió que escondería esa ropa en su casa hasta que Baraquiel deje de comportarse como un niño. Al principio la convivencia era desgastante, pero poco a poco Baraquiel y yo hemos aprendido a vivir juntos en una misma casa, a pesar de que todavía tengamos algunas discusiones como la de hace unos minutos. -         Karla no te devolverá tu ropa favorita hasta que te comportes como un adulto, lo sabes, ¿verdad? -         Esa idea fue tuya, no de ella. Evito sonreír maliciosamente para no delatarme, por lo que decido ignorarlo y continuar viendo mi celular. -         ¿Qué es tan importante en ese celular que no puedes ni mirarme? -         El nombre de mi hijo. -         Creí que ya habíamos decidido el nombre. Arrojo el celular sobre la cama y masajeo mis sienes mientras recuerdo las palabras de hace unos días de Baraquiel. -         No volveré a tener esa conversación, Baraquiel. No quiero alterarme de nuevo, por lo que trato de enfocar mi mente en cualquier otra cosa. -         ¿Por qué no? “Baraquiel” es un excelente nombre para un bebé. -         No lo es, es un nombre anticuado y demasiado extraño. Baraquiel finge estar ofendido y lo demuestra con una exagerada expresión que al principio me causa gracia, pero empiezo a enojarme cuando noto que no se dará por vencido. -         “Baraquiel” no es un nombre anticuado, es un nombre moderno y único, además tu nombre no es que sea muy común que digamos. -         Te he dicho que aquí mi nombre es Sam, no Malakh. -         Discúlpame, pero para mí siempre serás “Malakh” la protegida de mi padre y la amante de mi hermano. Mi cuerpo se congela por completo al oír esas últimas palabras y bajo la mirada hacía mis descalzos pies al sentir la ira recorriendo cada fibra de mi cuerpo. No puedo evitar hacer puño con mis manos mientras escucho esas palabras retumbando en mi cabeza una y otra vez. Cierro los ojos para tratar de tranquilizarme, pero parece no funcionar. -         Malakh, escucha, no quise decir eso, perdón. Siento las manos de Baraquiel sobre mis hombros y por un momento estoy a punto de apartarlas de un golpe, pero me controlo y me mantengo en silencio mientras pienso en todos los hechizos que conozco y podrían hacerle daño a un ángel. -         Mírame, prometo que no quise decir eso, no pensé que te afectaría. -         Jamás fui la amante de Devil. -         Lo sé, lo sé. Me alejo de Baraquiel y lo rodeo para poder caminar hacia la puerta de mi habitación y salir antes de que me descontrole. -         Malakh, perdón, de verdad no quise decir eso. No eras la amante de Devil. Baraquiel me persigue, pero no dejo que me alcance y bajo las escaleras rápidamente. Al salir de la casa, cierro la puerta detrás de mí con la intensión de que deje de perseguirme, pero parece que no lo consigo y Baraquiel abre la puerta para salir al jardín conmigo. No quiero verlo en este momento y sé que solo hay una solución para eso. Camino fuera de la frontera del hechizo que hicimos el día en que llegamos y abandono mi propiedad. -         Espera, Malakh, por favor no te vayas, sabes que no puedo salir sin que me detecten los enviados. Lo ignoro por completo y camino por la acera mientras me alejo de mi propia casa sin un rumbo fijo. Solo pasan unos quince minutos desde que salí de mi casa hasta que encuentro un pequeño parque donde veo a varios niños jugando y a varias madres sentadas bajo un gran árbol cuyas hojas parecen un poco amarillentas. Me acerco a un banco de madera un poco alejado de todas las madres y me siento para poder relajarme. Pienso en todos los comentarios que pudieron haber hecho sobre mí en toda mi existencia y sin duda “Amante de Devil” sebe ser el peor, y a pesar de que trato de que no me afecte siento que es difícil que ese apodo no pueda lastimarme. Empiezo a mirar al cielo e imaginar que quizá Hizzand deba estar viéndome en este momento y debe haberse molestado por las palabras de Baraquiel, pero en el fondo sé que él tiene razón al llamarme de esa manera, aunque no quiera aceptarlo. -         ¿Cuál es tuyo? Una voz a mi lado me sobresalta y dirijo rápidamente mi atención a la mujer de cabello rojizo que se halla sentada a mi lado. -         ¿Qué? -         ¿Cuál es tu hijo? La mujer señala hacia los niños jugando a unos metros de nosotras y tardo unos segundos en comprender de que está hablando. -         Yo, no… - La mujer rápidamente me interrumpe y corta mi oración. -         Esa niña de rizos y pecas es mía. – Dice mientras sonríe orgullosamente y señala a una pequeña niña de unos cinco años con cabello rojizo y varias pecas en el rostro. Observo con atención a la mujer mientras trato de comprender el motivo por el cual ha comenzado a hablarme, pero la mujer muestra una sonrisa amable que me hace comprenderme que solo está siendo amigable. -         Ninguno, solo estaba dando un paseo y decidí descansar aquí por un momento. La mujer no deja de sonreír y trato de ser más amable con ella. Su rostro no parece mostrar más de treinta y cinco años, su cabello se encuentra perfectamente recogido a la altura de su nuca y por un momento me recuerda a una muñeca que había visto hace unos cuantos años en un centro comercial debido a la belleza tan extraordinaria de la mujer. -         ¿Cuántas semanas tienes? Pregunta mientras observa con asombro mi abultado vientre. -         Veintiocho semanas. – Digo mientras duplico la misma sonrisa amable que ella mantiene en su rostro. -         ¡Oh! Felicidades, ¿ya sabes si será niña o niño? -         Niño. La mujer vuelve a centrar su atención en su hija y me percato del gran parecido que tiene la niña con su madre mientras me pregunto si mi hijo tendrá el mismo aspecto físico que Hizzand. -         Por cierto, soy Adry, ¿Cuál es tu nombre? -         Sam. -         Es un placer conocerte Sam. – Dice mientras extiende su brazo para darme un ligero apretón de manos en forma de saludo, al cual correspondo rápidamente. -         ¿Vives cerca de aquí? Dudo en responder a esa pregunta por el miedo de dar demasiada información personal a un extraño, pero solo asiento la cabeza para que note que no quiero dar muchos detalles. -         ¿Cuántos años tiene tu hija? Decido que sería mejor que yo preguntase para no tener que responder a las preguntas de Adry. -         En dos meses cumplirá seis años. Adry mira con amor a su hija e intuitivamente toco mi vientre con la intensión de que mi bebé también pueda sentir mi amor hacía él. -         ¿Tienes más hijos? -         No, Mary es mi única hija, aunque mi esposa y yo no descartamos la idea de tener más bebés. Trato de pensar en más preguntas, pero noto que se me acaban las ideas y estoy a punto de despedirme y regresar a casa cuando Adry vuelve a hablar. -         ¿Ha sido un embarazo difícil? -         No, bueno… quiero decir, los primeros meses pasé vomitando todo el tiempo, pero ha ido mejorando y ahora solo suelo tener dolor en la espalda todo el tiempo, pero las náuseas han desaparecido. La mujer deja de prestar atención a su hija para poder observarme detenidamente. -         Tuviste suerte. Cuando estuve embarazada no podía pararme sin marearme y me daba náuseas toda clase de alimentos, pero mi esposa siempre me apoyaba y me llevaba la comida hasta la cama. -         ¿Y a pesar de todos los malestares de tu primer embarazo, te gustaría tener otro bebé? -         Mary es una niña muy hiperactiva y me gustaría que tuviese alguien con quien jugar mientras todavía es pequeña. El sol comienza a ocultarse bajo una gran nube y al mirar al cielo puedo notar que la lluvia empieza a acercarse. -         ¿Y tú, planeas tener más hijos después? -         Claro que no. Ni siquiera pienso en mi respuesta antes de esas palabras salgan de mis labios y al notar el asombro de la mujer decido que es mejor aclarar la situación. -         En decir, no creo que tenga más hijos… yo… - trato de pensar en lo próximo que voy a decir, pero la imagen de Hizzand llega a mi mente. – el padre de mi bebé murió hace unos meses y sinceramente no creo que pueda estar con otro hombre después de él. La mujer se mantiene en silencio por casi un minuto mientras bajo la mirada el suelo y trato de evitar que la tristeza vuelva a inundarme por completo. Sé que soy una hipócrita al decir que no podré estar con nadie después de Hizzand a pesar de que estuve con otros hombres después de haberlo abandonado, pero esta vez se siente diferente… ahora sé que el amor de mi vida está muerto y sentiría que lo engaño si me enamoraría de otro hombre. Los años después de abandonarlo fueron tan duros para mí que decidí alejarme de todo y de todos y vivir alejada de las grandes ciudades en una pequeña casa junto a un granero, pero al final tuve que seguir huyendo de mi pasado y muchas veces tenía encuentros con hombres a los cuales usaba solo para satisfacción s****l y a la mañana siguiente me alejaba lo suficiente para no volver a verlos. -         De seguro a él le gustaría que fueses feliz, a pesar de que no sea a su lado. -         No conocías a Hizzand. – Bromeo. Sonrío al recordar todas sus escenas de celos e imagino su reacción si me enamorara de alguien más, de seguro estaría tan molesto que el cielo temblaría. -         Tienes razón, no lo conocía, pero si de verdad te amaba no creo que le guste que estuvieses triste. -         Supongo… Me mantengo en silencio hasta que siento que Adry se pone de pie y levanto la mirada para poder observarla. -         Parece que lloverá, así que es hora de volver a casa o Mary podría resfriarse. Asiento con la cabeza y estoy de acuerdo con ella, supongo que también debo volver a casa. -         También debo volver a casa. -         Fue un placer conocerte Sam, espero verte cuando tu bebé sea grande y venga a jugar en este parque. La sonrisa de Adry es tan contagiosa y provoca que quiera ser su amiga, pero prefiero despedirme cordialmente de ella y empezar a caminar a mi casa. Cuando estoy cerca de llegar a mi casa puedo observar que varias personas observan directamente mientras murmullan hacia mi patio por lo que todos mis sentidos se alertan y acelero el paso al comenzar a preocuparme por lo que pueda estar llamando la atención de los vecinos. Al acercarme me abro paso entras la decena de personas frente a mi casa y puedo observar lo que sucede. Baraquiel se encuentra sentado justo en la frontera del hechizo con las piernas cruzadas, los codos sobre sus piernas y sus manos sosteniendo su barbilla mientras observa fijamente al suelo. Camino rápidamente hacía él y empiezo a preocuparme por lo que pueda haberle pasado. -         ¿Baraquiel? El aludido levanta rápidamente su cabeza y me observa directamente mientras se pone de pie y espera a que camina al interior del hechizo. -         ¿Pero qué…? No termino mi pregunta cuando Baraquiel toma mi mano y la sostiene fuertemente, pero sin hacerme daño. -         Estaba preocupado por ti, estaba pensando en ir a buscarte, pero iba a resultar peligroso si un env… Cubro su boca rápidamente con mi mano libre al notar que los vecinos todavía nos observaban y no me parece buena idea que lleguen a escuchar nuestra conversación. Llevo a Baraquiel hacia el interior de la casa donde estoy a punto de gritarle por llamar la atención de los vecinos, pero antes de que pueda decir cualquier palabra Baraquiel envuelve sus brazos alrededor de mi cuello lo cual me sorprende enormemente. -         Estaba tan preocupado, Malakh, no sabía se debía seguirte o esperarte y por un momento pensé que un enviado pudo haberte encontrado. Sus palabras provocan que todo el enojo se desvanezca de un momento al otro al notar que Baraquiel de verdad se preocupó por mí y por el bebé. -         No pensé que te preocuparías tanto. -         Te lo dije, Malakh, daría mi vida por mi nieto y no permitiré que lastimen a ninguno de los dos. Sus palabras me conmueven tanto que me arrepiento de haberlo dejado solo y levanto mis brazos para poder corresponder a su abrazo.  
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