- ¿Estás seguro de que esto funcionará?
Coloco las maletas junto a las escaleras y sigo a Baraquiel hasta mi cocina, en donde él comienza a abrir cajones y buscar entre los anaqueles.
- Será temporal, pero sí.
Toma varias cosas e ingredientes apresuradamente y comienzo a ponerme nerviosa de tenerlo aquí.
- ¿Cuánto tiempo crees que tarden en rastrearte?
- Si tenemos suerte, unos treinta minutos.
Mi corazón comienza a acelerarse debido al miedo recorriendo cada rincón de mi cuerpo mientras espero a que un enviado atraviese mi puerta en cualquier momento.
- Solo necesito un par de cosas más.
Abre varias bolsitas de té y coloca el contenido en un pequeño recipiente de color blanco que encontró en alguno de los anaqueles.
- Si esto es tan fácil, porque no lo habías hecho antes.
- El hechizo solo funciona en espacios pequeños y como dije, es temporal.
- Pero podrías haber conseguido una casa, hacer el hechizo cada vez que se desvanezca y tendrías un hogar para siempre.
- ¿Crees que soy un hombre sedentario que quiere quedarse en una casa el resto de la eternidad?
Ignora su pregunta porque sé que se trata de una pregunta retórica, por lo que cierro mi boca y dejo que continúe.
- Soy un guerrero y seguiré exterminando enviados mientras mi hermano siga creándolos.
Observo que mezcla una decena de ingredientes y finalmente derrama un poco de vino que tenía guardado hace años.
- ¿Tienes papel y lápiz?
Señalo hacia el refrigerador donde hay una pequeña libreta con un imán que la sostiene al refrigerador y un esfero colgado de un lazo a la libreta.
Baraquiel arranca la hoja en la que tenía escrito la lista de alimentos que necesito comprar y comienza a escribir en la hoja que se encontraba debajo.
Le toma casi un minuto terminar de escribir y cuando veo que ha terminado me acerco para poder observar la hoja, pero él la arranca y me la coloca frente al rostro mientras espera que la tome.
- Este es el hechizo, no puedes dejar de repetirlo una vez que comencemos porque el proceso se interrumpirá, deberemos empezar de nuevo y no tenemos tiempo para eso.
Asiento con la cabeza y Baraquiel toma el recipiente en el que mezcló ingredientes y camina hacia la entrada. Lo sigo hasta alcanzarlo y veo que se coloca en cuclillas frente a la entrada de mi casa.
- No lo olvides, no debes dejar de repetir el hechizo hasta que regrese a este mismo punto y el círculo se cierre.
Me enoja un poco que vuelva a repetirme algo que ya dijo y comienzo a sentir que me cree estúpida.
- Te oí la primera vez.
Trato de usar un tono que demuestre mi descontento, pero él parece ignorarlo y agacha su cabeza mientras inclina el recipiente para que su contenido comience a caer poco a poco.
- 3,2,1…
- Praesidium summa, Visiškas palaiminimas, Ósýnilegur öllum augum.
Repito una y otra vez esas palabras hasta que ya no es necesario la nota de Baraquiel y las repito en voz alta mientras voy detrás de él, quien mantiene un ritmo acelerado y sin detenerse.
Miro de reojo al jardín de la casa junto a la mía y me percato que hay dos niños viendo sobre la cerca de madera que divide ambas casas. Observan especialmente a Baraquiel y parecen estar siguiendo cada pasó que él da mientras se mantiene en cuclillas. En cuento levantan la cabeza hacia mí, abren los ojos por completo y salen corriendo hacia el interior de su casa. Su comportamiento me confunde, pero una pequeña gota de sangre cae sobre mi manga y de inmediato descubro que proviene de una de mis fosas nasales. Utilizo la misma manga para limpiar rápidamente la sangre bajo mi nariz, pero en ese preciso momento siento como si una flecha atravesara mi cráneo y el dolor se vuelve indescriptible.
- No dejes de hablar, Malakh, sé que duele, pero el hechizo debe continuar.
No dejo que el dolor me venza y continúo repitiendo el hechizo una y otra vez, pero apenas nos encontramos a medio camino y el dolor crece a cada segundo.
Cuando el dolor se vuelve insoportable, levanto mis manos para apretar mi cabeza, pero no puedo pensar con claridad y comienzo a gritar mientras repito el hechizo.
- Lo estás haciendo muy bien, Malakh.
Las manos me tiemblan y comienzo a sentir debilidad en mis piernas, pero aun así me mantengo caminando lentamente detrás de Baraquiel y cuando veo la entrada de mi casa a tan solo unos pasos comienzo a sentirme aliviada.
Mis pies se detienen sin que yo los ordene y estoy a punto de caer al suelo cuando un pequeño movimiento dentro de mi vientre me alerta de lo que podría pasar si me llego a golpear al caer, por lo que utilizo todas mis fuerzas para arrastrar mis pies hasta finalmente llegar a la entrada y Baraquiel cierre el círculo.
- Hemos terminado.
Baraquiel levanta la cabeza y observa la sangre cayendo por mi nariz. Trata de acercarse, pero en ese momento mis piernas dejan de reaccionar y siento la fuerza de gravedad haciendo su trabajo.
Cierro los ojos y cubro rápidamente mi vientre mientras espero el golpe de la caída, pero unas manos avanzan a sostener mis brazos evitando que llegue al suelo. Baraquiel hace una maniobra en la que suelta mis brazos por una fracción de segundo y abraza mi cintura rápidamente para poder mantenerme de pie. Dejo de sentir el suelo y de pronto todo parece dar vueltas a mi alrededor.
Mantengo mis ojos cerrados para tratar de apaciguar las náuseas mientras siento que Baraquiel empieza a caminar y segundos después escucho como la puerta es cerrada de golpe, quizá él pateó la puerta para cerrarla debido a que ocupa ambos brazos para sostenerme.
No pasa más de treinta segundos cuando dejo de sentir los brazos de Baraquiel y en cambio siento algo suave que cubre todo mi cuerpo. Ocupo mis manos para descubrir que se trata de una cobija y deduzco que me encuentro recostada en mi cama.
Me niego a abrir mis ojos mientras me sigo sintiendo mareada, pero pasan un par de minutos hasta que finalmente el mundo deja de girar y me dispongo a abrir mis ojos para buscar a Baraquiel e insultarlo por no avisarme que sería un hechizo complicado y que afectaría mi salud.
Busco a Baraquiel con la mirada, pero no lo encuentro hasta que escucho como la puerta de mi baño es cerrada y Baraquiel aparece con toallitas humanas en sus manos. Camina hacia la cama y me extiende las toallitas para que pueda limpiar los rastros de sangre bajo mi nariz.
- Lo lamento, no sabía que te afectaría el hechizo de esa manera, sabía que dolería, pero eres una hechicera poderosa y pensé que soportarías el dolor. Supongo que no tomé en cuenta tu estado y que quizá eso te debilitaría.
Puedo notar verdadera preocupación en su rostro y se me olvida por completo lo enojada que me encontraba hace unos segundos.
- Los vecinos nos vieron, quizá llamarán a la policía o algo así.
- No lo creo, ellos solo vieron que tú y yo hablábamos mientras ponía abono a las plantas.
Baraquiel sonríe traviesamente y eso provoca que sonría también.
- Ahora estoy oculto de los enviados por unos meses, pero no podré salir de esta casa.
- Me alegra que no haya habido ninguno cerca o ya nos hubiese encontrado.
- Si eso pasara protegeré a ese bebé hasta mi último aliento.
El recuerdo de Hizzand llega a mi mente de inmediato y no puedo evitar compararlo con Baraquiel.
- Hizzand hubiese dicho lo mismo.
Baraquiel nota mi voz entrecortada y se sienta junto a mí en la cama mientras limpio rápidamente con mi manga la lágrima que quiere caer de uno de mis ojos.
- Jamás pude hablar con él, pero supongo que el carácter también se hereda.
Sonrío ante el comentario de Baraquiel, ya que me encontraba pensando lo diferentes que son ambos.
- Si le hubiese dicho que iba a ser papá de seguro estaría tan feliz. Todavía recuerdo lo triste que se puso cuando se dio cuenta de que no podía darle hijos. Pudo haberme abandonado y encontrar una mujer que le diera el hijo que tanto quería, pero se mantuvo a mi lado… y después yo lo abandoné.
Todavía recuerdo la última vez que lo vi antes de abandonarlo. Me quedé con el recuerdo de su rostro en mi memoria y muchas veces traté de dibujarlo, pero jamás fui buena con los dibujos y su retrato solo vivía en mi mente.
- No te juzgo, yo hice lo mismo con Naber.
Giro mi cuello rápidamente para poder observar a Baraquiel y me sorprende encontrarme con una mirada perdida y decaída.
- ¿Lo dejaste por amor?
- Lo dejé porque a diario llegaban enviados en mi búsqueda y cuando descubrí que su presencia no era detectada por los enviados, abandoné a él a su madre para que no sufrieran las consecuencias de tenerme en sus vidas.
Puedo notar el sufrimiento en su rostro y comprendo sus acciones, ya que ambos erramos en nuestras acciones a causa del amor.
- Hizzand no conoció a Naber debido a que murió cuando Hizzand todavía no había nacido.
- Lo sé, Hizzand fue criado por su madre. Cuando esa mujer lo golpeaba me daba ganas de asesinarla, pero después de cada golpe Hizzand se ponía de pie y en ese momento supe que sería un gran guerrero.
- Él no hablaba mucho de su madre, pero decía que el día en que se había alejado de su madre, era el segundo día más feliz de su vida.
- Esa mujer se convirtió en un monstruo después de la muerte de Naber, nunca amó a Hizzand y cuando nació se parecía tanto a su padre que lo golpeaba porque pensaba que la muerte de Naber significaba que se convertiría en una madre soltera repudiada por la sociedad. Me encargué de la que guardia reclutara a Hizzand y de esa manera lo alejara de su madre.
- No sabía que tú habías tenido que ver con que Hizzand se uniera a la guardia.
Baraquiel se encoje de hombro y levanta la mirada hacía mis ojos.
- Creí que así protegería a Hizzand y solo logré que lo asesinaran.
- Supongo que eso fue mi culpa. Sí no hubiese querido mis libros de regreso, él no tendría que haberme llevado al templo y hubiese muerto.
- No podías hacer nada, mi hermano ya sabía sobre Hizzand y tarde o temprano iría por él.
- ¿Cómo sabía Devil de Hizzand?
- Mi hermano es astuto, nunca te perdió de vista. Supongo que se puso celoso en cuanto te vio con él y planeo asesinarlo.
Sus palabras me congelan por completo a la vez que me confunden.
¿Devil celoso? Eso es imposible, alguien como él no tiene sentimientos.
- No entiendo cómo puedo hablar contigo libremente sin ni siquiera conocerte y me daba miedo decirle la verdad a Hizzand.
- Bueno… ese es mi poder. Las personas confían en mí.
- ¿Cómo?
- De la misma manera en la que Luzbell lleva la luz a la humanidad, Ananiel la paz, Gabriel los mensajes de papá y yo… pues yo hago que los humanos confíen unos en otros. Es nuestro don.
Registro esa información en mi cabeza y ahora entiendo por qué me siento como me siento en presencia de Ananiel.
- Ahora todo tiene sentido… ¿Por qué no hay información sobre los ángeles en ningún libro antiguo o mágico?
- Ningún ángel le daría información a ningún humano sobre nada, ni siquiera los caídos.
- ¿Por qué?
- Porque le daríamos el poder a los humanos de lastimarnos.
Escucho como la puerta de mi habitación es abierta abruptamente y mis sentidos se alertan hasta que puedo ver el pequeño rostro redondo de Karla buscándome por la habitación.
- Sam, ¿por qué no me dijiste que habías vuelto a ca…?
Su pregunta es interrumpida en cuanto nota la presencia de Baraquiel a mi lado y pestañea una y otra vez mientras se muestra sorprendida.
- Yo… yo…
Karla no deja de ver a Baraquiel entre asustada y sorprendida por lo que tartamudea.
- Yo… lamento haber interrumpido, estaré abajo.
Rápidamente cierra la puerta después de salir de la habitación y me deja confundida su reacción al ver a Baraquiel.
Me levanto de la cama y voy en su búsqueda para saludarla después de mi corto viaje.
- ¿Karla?
La encuentro en la cocina caminando de un lugar al otro viéndose nerviosa por algo.
- Karla, ¿Qué sucede?
Centra su atención en mí y se acerca a abrazarme al mismo tiempo que yo rodeo mis brazos alrededor de su cuerpo.
- Nada, nada, solo no esperaba encontrarte con un hombre en tu cama.
Ahora entiendo el malentendido y comienzo a reírme sonoramente al darme cuenta lo que Karla pensaba.
Karla retrocede unos pasos y noto que observa algo detrás de mí que puedo deducir, se trata de Baraquiel.
- Karla, él es Baraquiel. Baraquiel, ella es Karla.
Digo mientras los señalo al mismo instante que pronuncio sus nombres.
Baraquiel se acerca lentamente hacia Karla y toma su mano derecha para después depositar un rápido beso en ella.
- Es un enorme placer conocerla Karla.
Puedo ver el rubor en las mejillas de Karla lo cual me provoca risa, pero cubro mi boca con mi mano para que Karla no lo note.
Baraquiel suelta la mano de Karla y la rodea para dirigirse hacia la isla de la cocina donde observo que toma el recipiente donde había mezclado los ingredientes y lo lleva al lavaplatos donde comienza a limpiarlo.
- Discúlpeme, Karla, de seguro dejé este recipiente en la entrada por accidente.
En ese momento noto que de seguro Karla encontró el recipiente en la entrada y lo trajo hasta la isla de la cocina.
- ¿Usted es el novio de Sam?
La pregunta de Karla casi me hace atragantar con mi propia saliva, pero me recupero rápidamente para poder responder a su pregunta.
- No es mi novio, Karla, él es…
Trato de pensar en alguna excusa rápidamente, pero Baraquiel es más rápido y termina la oración por mí.
- Soy el hermano del papá del bebé que tiene Ma… Sam en su interior.
Miro con odio a Baraquiel por su casi equivocación con mi nombre, pero parece que Karla no lo nota.
- ¿Hermano del papá del bebé de Sam?
- Así es.
Baraquiel termina de limpiar el recipiente, lo seca y lo coloca en el mismo anaquel en el que se encontraba cuando lo encontró.
- No sabía que Hizzand tenía un hermano y tampoco sabía que Sam iría a ver a su hermano.
- Sam y yo a penas nos conocimos hace unos días, pero sé que Hizzand hubiese querido que cuidara de la madre de su hijo.
Baraquiel miente tan bien que por un momento me enojo conmigo misma por nunca haber aprendido a mentir así de bien.
- A Sam no le gusta hablar de Hizzand, así que dicen si mejor cambiamos de tema. – Propone Baraquiel.
Karla dirige su atención a mí y parece notar el dolor en mi mirada al escuchar sobre Hizzand así que rápidamente cambia de tema.
- Sam, ¿tienes hambre? Podríamos cenar todos juntos si quieres.
Asiento con la cabeza y Karla rápidamente busca su celular en el bolsillo de su chaqueta negra y empieza a pedir algo de comida a domicilio.
- Mientras llega la comida tomaré una ducha, así que con permiso.
Baraquiel camina hacia las escaleras, pero lo sigo antes de sus pies lleguen a tocar los escalones.
- No tienes ropa. – Digo en voz baja para que Karla no me escuche.
- Planeaba usar la misma ropa que llevo puesto.
Su plan me causa algo de náuseas de solo percatarme que Baraquiel lleva usando la misma ropa tres días desde que lo conocí hasta que Sammy me ayudó a conseguirle un pasaporte falso en menos de tres días y enviármelo para finalmente tomar un vuelo hasta aquí.
- Claro que no, tengo ropa que podría prestarte.
- ¿Cómo es que tienes ropa de hombre?
- No preguntes…