Capítulo 6

3222 Words
-         ¡Malakh! Grito tan fuerte que me provoco daño en los tímpanos a mi misma. Duele tanto que ha sido insoportable desde hace una hora. -         ¡Ya no soporto, Baraquiel! Debo empezar a pujar. -         Solo un momento más, Malakh, por favor. Un estruendo sacude toda la casa y pierdo el equilibro. Baraquiel me sostiene y me lleva hasta mi cama, ni siquiera supe como fui capaz de llegar a mi habitación por mi propia cuenta. -         ¡¿Qué fue eso?! -         No fue nada. Es obvio que Baraquiel miente, sim embargo antes de que pueda insistir, otra contracción me abruma por completo y grito con todas mis fuerzas. -         ¡Duele, Baraquiel! -         Lo sé, cariño, lo sé. -         ¿Qué está ocurriendo allá afuera? Baraquiel ha cubierto las ventadas con las cortinas y no me permite observar hacía al patio. -         No te asustes, ¿de acuerdo? Es el peor momento para que alguien me diga que no debo asustarme, sin embargo, asiento para que Baraquiel me diga la verdad finalmente. -         Nos encontraron, hay unos treinta enviados en la entrada. -         ¡¿Qué?! Otra contracción distrae mis pensamientos y decido que ha sido suficiente. Las contracciones empezaron hace casi diez horas y puedo notar que el sol ha empezado a ocultarse. -         Sí tú estás aquí, ¿Quién está luchando contra los enviados? -         Ananiel llegó hace como una hora y hace unos minutos llegaron mis otros hermanos. -         Baraquiel, debo empezar a pujar, no puedo seguir retrasándolo. -         Malakh, si empiezas a pujar tendré que irme para ayudar a mis hermanos. Vendrán tantos enviados que necesitarán de mi ayuda para combatirlos. Otra contracción detiene mi conversación con Baraquiel y me deja mareada por varios segundos. -         Debes ir, Baraquiel. ¡Protege a Naber! -         Malakh, no estoy listo para dejarte ir, todavía es pronto. Puedo ver las lágrimas cayendo por las mejillas de Baraquiel, lo cual me rompe el corazón. De nuevo una contracción interrumpe mis pensamientos y debo esperar a que se detenga para hablar. -         Gracias por todo, Baraquiel, especialmente por lo que harás. Sé que cuidarás a Naber y te agradeceré toda mi vida por aquello. Es mi turno de empezar a llorar y no puedo evitar mirar a los ojos de Baraquiel y abrazarlo con fuerza antes de que otra contracción empiece. -         En el momento en que Naber nazca se desplegará una gran cantidad de energía que alejará de un golpe a todos los enviados y vendré de inmediato por él. -         Protegelo y sí no puedes evitar que participe en esa guerra que se predice, entonces entrenalo y que se vuelva tan fuerte como tú. -         No, Malakh, me encargaré de que sea tan poderoso como lo fue Hizzand. Sus palabras provocan que más lágrimas resbalen por mis mejillas y la imagen de Hizzand se hace presente en mi mente. -         Supongo que finalmente lo volveré a ver. Una sonrisa triste asoma en mis labios al pronunciar esas palabras. -         Por fin serás feliz a su lado. Baraquiel me abraza con fuerza cuando nota que otra contracción inicia y aprieto con fuerza sus brazos para poder sobrellevar el dolor. La puerta de la habitación se abre de golpe y por ella aparece Helena. Su gran cabellera se ve despeinada y en su rostro se refleja puro miedo. -         Helena, ¿qué haces aquí? Ella corre hacía donde nos encontramos y se oculta tras Baraquiel mientras observa detenidamente la puerta por donde acaba de entrar, como si algo o alguien la persiguiera. -         Es un campo de batalla allá afuera. Todos se encargan de proteger esta casa, en especial la habitación donde está ella. Me señala mientras me observa con desprecio, sin embargo, me olvido de su presencia cuando otra contracción inicia. -         Esta es la habitación más segura de esta casa, así que me quedaré justo aquí. -         Helena, estamos protegiendo a Malakh, no a ti. -         No me importa, no puedo huir usando magia por culta de esos ángeles que formaron una barrera para contenernos a todos aquí y si salgo caminando uno de los enviados me asesinará. Ni siquiera me importa la bruja junto a Baraquiel, el dolor no me deja pensar y solo puedo concentrarme en mi bebé. -         ¡Vete, Baraquiel! Tengo que empezar a pujar. Baraquiel parece asustado a la vez que triste, sin embargo, accede a mi petición. -         De acuerdo, me iré. Me vuelve a acercar y me abraza por el cuello para luego depositar un beso en mi frente antes de alejarse de la cama lentamente. -         Ha sido el mayor honor de mi vida conocerte, Malakh. Le sostengo la mirada hasta que más lagrimas caen de mis ojos y Baraquiel empieza a caminar hacía la puerta. -         El honor ha sido todo mío, Baraquiel. Lo veo alejarse y salir por la puerta. No puedo evitar sentirme destrozada al saber que esa ha sido la última vez que veré a Baraquiel. Siento un nudo en la garganta que ha provocado todas las lágrimas acumuladas en mis ojos, sin embargo, otra contracción me recuerda lo que debo hacer. Bajo mis pantalones junto a mi ropa interior para quedarme completamente desnuda de la cintura para abajo y empezar a pujar. Espero a que empiece la próxima contracción y en el momento en el que ocurre, puja con todas las pocas fuerzas que me quedan. De pronto siento que alguien toma mis rodillas y abre mis piernas. Levanto la mirada y me encuentro con la mirada de la bruja. -         No estaba en mis planes ayudar en un parto hoy, pero de igual manera lo haré. Por un momento me olvido del desprecio con el que siempre me observa y le agradezco con la mirada por su ayuda. -         ¿Por qué me odias? ¿Qué fue lo que te hice? Ni siquiera te conocía y tú ya me odiabas. -         No te odio, te envidio. Eres más poderosa que yo y me llevas siglos de ventaja en cuanto a estudios de hechicería se trata. Antes de poder responderle otra contracción inicia y debo pujar acompañado de un fuerte grito proveniente de mi garganta. -         Supongo que después de esto, serás la más poderosa. Me siento tan exhausta que a penas escucho mi propia voz y mi respiración es errática. -         No quiero que mueras para convertirme en la más poderosa, me hubiese gustado derrotarte en una pelea y demostrar a todos que puedo ser más fuerte que tú por mi propia cuenta. -         Quizá en otra vida podríamos luchar, tal vez nos volvamos a encontrar. -         Espero que eso suceda. Vuelvo a emitir un grito tan fuerte que parece que ensordece por un segundo a la bruja. La casa vuelve a sacudirse y escucho gritos provenientes del patio delantero. -         Ananiel está comandando las tropas, vi a una docena de ángeles sin contar a los que construyeron la barrera alrededor de la casa. A penas me dio tiempo de crear el hechizo para ocultarnos a todos tras una cortina mágica cuando empezaron a llegar los enviados. -         ¿Sabes quienes son los ángeles que están afuera? -         No los conozco, solo sé que hay uno llamado Gabriel, porque así fue como lo llamó Ananiel y otros dos llamados Uriel y Rafael que son los encargados de proteger la parte trasera de la casa. Otra contracción, otro grito y de nuevo volver a pujar tan fuerte como me es posible. -         Puedo ver la cabeza. Las palabras de la bruja me tranquilizan y me permito respirar con tranquilidad hasta que la próxima contracción inicie. -         ¿Cuántos enviados son? -         Cuando me asomé por la ventana eran alrededor de treinta, sin embargo, pude observar que a lo lejos venían más. Me preocupan los ángeles y los querubines. Por un momento pienso que podría sobrevivir al parto para después salir y luchar junto a los ángeles. Escucho los pasos apresurados de alguien subiendo por las escaleras y todos mis sentidos se alertan al imaginar que puede tratarse de un enviado, sin embargo, al observar al hombre entrando a la habitación me tranquilizo. -         ¿Gabriel? -         Lamento haber llegado tarde, no podía deshacerme de dos enviados. En ese momento recuerdo las palabras de los querubines y del poder de Gabriel. -         ¿Qué haces aquí? Debes salir y luchar contra esos enviados. – Helena parece preocupada y asustada. -         Debo ayudar a Malakh con el parto, así que no estorbes. Gabriel empuja ligeramente a Helena y ella se muestra molesta. -         Yo estaba ayudándola. -         De seguro tú nunca has asistido un parto, bruja, así que no estorbes, por favor. -         ¡Basta! Cállense. No me importa quien me ayude, pero necesito que alguien me guíe y sostenga al bebé cuando nazca. Ambos parecen rendirse y finalmente puedo concentrarme en pujar hasta que escucho las palabras de Gabriel. -         ¡Ya, casi, Malakh! Puja por última vez con tanta fuerza que siento que mi cuerpo de parte en dos y mi vista se nubla. Mis brazos caen a mis costados y todo parece oscurecerse. Dejo de sentir mis piernas y trato de bajar la mirada en busca de Gabriel, sin embargo, solo me encuentro una imagen borrosa. -         ¡Lo hiciste, Malakh, lo lograste!! Esas palabras provocan que una sonrisa de pura felicidad asome en mis labios y no puedo sentirme más orgullosa de mi misma por poder traer al mundo a Naber. No puedo ver casi nada, no obstante, mi oído funciona a la perfección y puedo escuchar un gran estruendo muy cerca de la puerta. -         Bruja, s****n al niño. Obverso que Helena se acerca corriendo hasta Gabriel y toma a Naber entre sus manos. -         ¿Qué sucede? – Pregunta Helena. -         Están aquí. Ya no puedo mover los labios, ni emitir palabra alguna, sin embargo, trato de dirigir mi mirada hacía la puerta. Una silueta robusta y alta entra a la habitación para después levantar la mano y observo que Gabriel sale volando, atravesando la ventana junto a la cama. Mi cuerpo ha dejado de reaccionas, sin embargo, cuando noto que la silueta se acerca lentamente hacía Helena y mi hijo, trato de mover mis manos y lanzar un hechizo hacía el intruso. -         Así que esto era lo que mis hermanos protegían. Esa voz me paraliza por completo y en el momento en que me percato de quien se trata los latidos por minuto de mi corazón empiezan a menorar. No puedo girar el cuello, aunque en el momento en el que siento que alguien se sienta a mi lado en la cama deduzco que se trata de Devil. -         Debo decir que no me he sentido sorprendido desde hace muchos siglos, y tú, angelito, has sido la causante esta vez. Su rostro entra en mi campo de visión, no obstante, no puedo apreciar ninguno de sus rasgos faciales, solamente distingo su cabello largo cayendo por sus hombros. -         ¿Por qué lo hiciste, Malakh? No entiendo su pregunta, aunque deduzco que habla del motivo por el cual siempre huyo de él. -         No me refiero a eso, angelita, quiero saber por qué diste a luz a un hijo de ese guardián. ¿Por qué me traicionaste con él? Suena molesto, aunque también puedo notar que se siente herido. Al parecer ya no tengo las fuerzas suficientes para impedir que pueda entrar en mi mente y que sepa mis pensamientos. Jamás te traicioné, nunca te amé y jamás lo haré. -         ¡¿Por qué?! Al parecer su grito provoca que Naber empiece a llorar y en ese momento me percato que jamás lo escuché llorar al momento de nacer. Porque otro hombre tiene mi corazón. -         Eres una idiota, Malakh, eres la única persona que amé realmente en toda mi existencia y aún así me rechazaste una y otra vez. Tú no eres capaz de amar a nadie, excepto a ti mismo. -         En eso te equivocas, angelito. Te amo lo suficiente como para incluirte en mis planes de conquistar el cielo y la tierra. Seríamos los nuevos dioses del universo y aun así decidiste que te enamorarías del nieto de Baraquiel. No me arrepiento de nada. -         Te arrepentirás cuando me lleve a ese bebé y lo entrene para convertirse en mi mejor guerrero. La sangre se me hiela y una lágrima cae por mis mejillas cuando noto que no puedo mover un solo musculo para proteger a mi propio hijo. -         Helena corre. Ni siquiera sé de donde pude sacar la fuerza necesaria para emitir palabras. Escucho que Helena trata de salir corriendo, sin embargo, noto que Devil trata de alcanzarla, aunque algo lo empuja hacía el suelo provocando que caiga. No puedo ver de quien o que se trata, sin embargo, una voz me tranquiliza. -         Helena, corre con Naber lejos de esta casa. La voz de Baraquiel me sorprende a la vez que me alegra y con lágrimas en los ojos dirijo mi atención al techo junto a mi cama. Dejo que todo el dolor desaparezca al igual que las preocupaciones. Escucho los pasos acelerados de Helena bajando por las escaleras mientras el llanto de mi bebé se escucha más alejado con cada segundo que transcurre. Toda la habitación se llena de una luz inusual que solo puedo deducir que se trata de mi alma desprendiéndose de mi cuerpo. Empiezo a sentirme en paz y puedo observar a lo lejos lo que parece ser un gran jardín lleno de flores. Mi vida llega a su fin mientras la imagen de mi bebé se hace presente en mi mente. No recuerdo haberlo visto, sin embargo, su imagen se proyecta en mi cabeza mientras me acerco hacía el hermoso jardín.             Capítulo 22 -         ¿Estás seguro de esto, Baraquiel? Ananiel se acerca a su hermano mientras observa al bebé en sus brazos. -         Le prometí a Malakh que lo cuidaría. No la decepcionaré. Ananiel levanta su mano para tomar la mano del bebé que se encuentra dormido con su cabeza recostada en el pecho de su hermano. -         Lo sé, pero tú no sabes nada de recién nacidos. Hasta donde recuerdo abandonaste a tu hijo cuando tenia unos días de nacido. Baraquiel se muestra molesto por las palabras de su hermano, pese a que Ananiel no tenía la intensión de reprocharlo por sus acciones. -         Me esforzaré por cuidar de Naber, no dejaré que nada le ocurra. Ambos hermanos observaron todos los cuerpos a su alrededor al igual que toda la sangre regada por todo el patio. -         ¿Qué quieres que haga con todos estos cuerpos? -         Ninguno de nosotros resultó gravemente herido, gracias a Malakh todos los enviados fueron expulsados lejos y fue fácil derrotar a Luzbell, ya que el poder que liberó Malakh lo debilitó lo suficiente, aunque me molesta que el muy cobarde haya logrado huir. Así que todos los cuerpos son de enviados, quémalos con el resto de la casa. -         No todos los cuerpos son de enviados, hermano. Baraquiel parecía adolorido por el recuerdo de Malakh y su cuerpo todavía recostado en la cama. La había cubierto con una sabana para que nadie pudiera observar su desnudez después de haber dado a luz. -         Es solo su cuerpo, ella ahora está junto a sus padres e Hizzand. -         De acuerdo, Gabriel todavía está herido por el golpe de Luzbell, pero le pediré que queme todo con ayuda de Uriel. -         ¿Cómo están el resto de nuestros hermanos? -         Heridos y adoloridos. Les tomará varios días recuperarse, aunque me alegra que ninguno haya muerto. -         También a mi… Baraquiel baja la mirada y observa detenidamente a Naber mientras duerme plácidamente ajeno a todo lo que acaba de ocurrir con el único objetivo de proteger a él y a su madre, aunque la misión no se haya podido lograr por completo. -         ¿A dónde irás ahora? -         No puedo quedarme aquí, Luzbell sabe de esta casa, aunque debo ocultar al bebé así que he pensado en ir a la zona en Canadá. Construiré una pequeña cabaña y criaré a Naber ahí. -         Sabes que Luzbell te buscará, ¿verdad? -         Cuando eso ocurra Naber será el niño mitad ángel más poderoso que haya existido jamás y derrotará a Luzbell fácilmente. -         Confío en que así será, hermano. Ananiel se aleja de Baraquiel y empieza a buscar a Gabriel en el patio t*****o de la casa de Malakh. Baraquiel se acerca a Helena, quien todavía se encontraba asustada y confundida por los eventos que acababan de ocurrir. -         Helena, ¿puedes hacerme un último favor? -         Baraquiel, estoy cansada, no me molestes en este momento. -         Por favor, solamente necesito un hechizo de protección para unas veinticuatro horas. -         Eso es mucho tiempo. -         Lo sé, pero lo necesito. Por favor ayudame y será la última vez que nos veremos. -         De acuerdo, pero dile a Ananiel que me lleve a casa. Baraquiel asiente y Helena se levanta del piso donde se encontraba sentada descansando. -         No soy lo sufrientemente poderosa como para hacer un hechizo y ocultar la presencia de ambos por más de veinticuatro horas, así que asegurate de hacer todo lo que debas hacer antes de que el tiempo termine. El hechizo de la casa lo hice con ayuda de tus poderes por eso funcionaba por meses. -         Lo sé y no puedo usar mis poderes sobre mi mismo. En menos de veinticuatro horas habré terminado todo lo que debo hacer. -         ¡Absoluta tutela! Al momento en el que Helena termina esas palabras sus manos se iluminan y ella las levanta en dirección de Baraquiel y Naber. -         Listo, espero no volver a verte. Baraquiel asiente y se aleja de Helena en dirección de Ananiel. -         Ananiel, lleva a la bruja a su casa, por favor. Ananiel accede a la petición de Baraquiel y camina hacía Helena para después desplegar sus alas y llevarla a casa. Baraquiel se adentra en casa de Malakh y rápidamente empaca una gran maleta que encuentra en el armario de la habitación de Malakh, con ropa que Malakh había comprado para Naber, así como varios objetos y juguetes. Baraquiel sostiene en una mano a Naber, mientras que en la otra sostiene la gran maleta llena de posesiones de Naber. Camina rápidamente varias cuadras hasta la casa de Karla y toca la puerta. Todas las luces se encuentran apagas, no obstante, después de que Baraquiel golpee la puerta, las luces empiezan a encenderse una por una desde una habitación en la esquina derecha del segundo piso de la casa. -         ¿Quién? -         Karla, soy yo. La puerta de abre de inmediato y por ella aparece Karla vestida con un pijama y el cabello revuelto. -         ¿Baraquiel, qué haces aquí? -         Debemos hablar Karla, hay mucho que debo explicarte, pero debo empezar diciendo que Malakh murió. Karla no entiende de que está hablando Baraquiel y se muestra confundida cuando nota el bebé en brazos de él. -         ¿Quién? -         Sam, Karla, ese era su verdadero nombre. Baraquiel se encuentra dispuesto a decir toda la verdad y antes de que Karla pueda emitir otra palabra, este entra a la casa junto a la maleta y Naber y cierra la puerta tras él.    
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