A veces Gina sentía que el mundo a su alrededor seguía girando, mientras ella permanecía atrapada en una película muda, gris, suspendida en una existencia que ya no reconocía. No importaba cuán abierta estuviera la ventana, cuánta luz entrara o qué perfume usara Mariana para perfumar la habitación… todo era opaco. Y aunque intentaba recordar cómo se sentía estar viva, solo le venían fragmentos confusos de una vida que parecía de otra persona. Una donde ella reía. Donde caminaba sin miedo. Pero ahora… cada amanecer era un susurro que dolía. Cada noche, un encierro más profundo. En su mente, las palabras se agolpaban. Gritaban. Pero su voz no las obedecía. Las veces que intentó comunicarse, ni siquiera logró un murmullo. Nadie la tomaba en serio. Ni siquiera Gerald. Menos aún Mariana, que

