CAPÍTULO TRES ―¿Vestida para la ocasión, Dark? ―dijo William Edis. Eran casi las once de la noche del sábado y Ella estaba sentada en el despacho del director del FBI con un vestido n***o y tacones. De repente, el mundo de los bares, las discotecas y los jóvenes guapos parecía estar a un millón de años luz de distancia. Se sintió un poco mal por tener que abandonar a sus amigos y a su posible cita con tanta prisa. Aunque se había disculpado con ellas y con él, no podía evitar preguntarse si había desperdiciado una oportunidad única de conocer a alguien fuera de su burbuja laboral. ¿Fue una tonta al no pedirle su número? La vergüenza le había impedido dar el paso. En su mente, él ya la había dejado cuando ella volvió a la discoteca. ¿La gente se pedía el número sin más o había algún tipo d

