Al pueblo que nadie le anuncia, tú lo harás.

3731 Words
Estoy en un lugar extraño, son las calles de mi ciudad pero se ven llenas de tierra y basura por todas partes, hay cajas vacías, pañales sucios, botellas, desperdicios de comida, es difícil caminar pero debí ir a aquel lugar, detrás de mí viene diferentes personas, hay un anciano con ropas muy gastadas y sucias, tiene la mirada perdida pero sigue mis pasos, sigue el camino que estoy marcando; hay también una mujer, lleva un bebé en brazos y otros dos tomados de su ropa, uno a cada lado, todos están descalzos, con ropa muy sucia, sus rostros agachados; veo también personas en las calles, parecen vivir entre la basura, algunos están consumiendo alguna droga, otros bebé de una botella, a lo lejos hay un hombre que casi no puede respirar, parece estar bajo un ataque de ansiedad, y a mí alrededor hay niño, muchos niños, diferentes edades, algunos con ropa gastada otros desnudos, todos descalzos, trato de tomarles la mano y pasar a través de los escombro y basura, debo ir al lugar, a aquél lugar, allí estarán bien, ya estamos llegando, algunos niños están llorando, y una mujer grita, al girar veo como un hombre la está golpeando, debo intentar defenderla, pero al hombre verme se detiene, debo seguir mi camino, ya estoy cerca, miro hacia atrás y hay muchas otras personas siguiéndome, todas en condiciones similares, ¿por qué me siguen?, ¿que sucede? Algo me está golpeando las piernas, al ver hacia abajo son ratas, grandes, no me atacan, solo chocan conmigo, están huyendo de algo, vienen huyendo justo del lugar al que yo me dirijo, solo puedo pensar que asco me da esto, pero ellos me necesitan, las personas me necesitan, una mujer viene hacía mí diciendo: - ¡Ya viene, ya viene, ya viene! - ¿Quién? - La bestia. ¿Que quiere decir eso? Quiero preguntar quién es la bestia pero no es necesario, frente a mí se alza una enorme figura, en postura de gárgola, tiene facciones de gorila, con dientes grandes, vello por todas partes, negra, inmensa, garras con uñas muy largas, ojos rojos, y respira agitado, no hace nada, solo está allí parado de forma encorvada, pero escucho una voz que me dice: - Ella te hará oposición pero tienes el poder para ir hoy. Al pueblo que nadie le anuncia, tú lo harás. Y justo allí me despierto, estoy en mi cuarto, estoy bañada en sudor, todo fué tan real, el asco, el miedo, la confusión y la compasión, esas personas, ¿quienes son esas personas? Todo ha sido tan real pero sé que es un sueño, otro más, ya no me parecen extraños, al contrario, he aprendido que Dios me está mostrando cosas, ¿qué me quiere decir aquí? Parece que quiere entregarme algo y no sé bien que es. Sé lo que arde en mí, una pasión por quién no le conoce, aquella mujer endemoniada de hace meses que fué libre a través del amor marcó mi vida, entendí que las personas necesitan solo conocerlo a él, que no importa el poder que tenga el demonio ante el cual me enfrente, la sangre de Cristo tiene poder, tiene todo el poder para hacer retroceder las tinieblas más densas, he aprendido la autoridad que me ha sido dada. Desde que mi papá nos dejó y mi mamá se casó de nuevo he vivido en un lucha espíritualmente constante, mi mamá ha entrado en la brujería, invoca demonios y se comunica con ellos junto con mi padrastro, Franz y yo hemos determinado no seguirles, amarlos sí, obedecerlos pero quebrantar todo lo que el diablo está haciendo en sus vidas . Hoy lo recuerdo bien, no sólo porque ya me he adaptado a los sueños sino porque mi mamá me dijo que me fuera hoy todo el día a casa de mis abuelos, eso quiere decir que harán invocación de demonios aquí, quisiera quedarme, declarar la sangre de Cristo y así impedir lo que hacen, pero sé que mientras permanezca obediente ante mi mamá tendré autoridad sobre los demonios. Sé que ella es de Cristo, aunque ahorita esté cegada y confundida, yo sé lo que me han prometido, y ella estará conmigo, justas serviremos al mismo Rey. Con esto en mente me levanto de la cama, aunque es madrugada necesito orar, mi fe decae a veces y solo en mis tiempos con Dios puedo recobrar fuerzas, además tomaré aceite y lo esparciré por todo mi cuarto, sellandole con el poder de Dios, así no podrán hacer brujería aquí, este es mi refugio, mi lugar de intimidad con Dios y los demonios no pueden entrar aquí. Mis pies sobre el frío suelo me recuerdan que frío es estar lejos de Dios, la vida se siente como en estado automático, total indiferencia, solo importa la maldad y el egoísmo. Camino a la cocina y tomo un vaso de agua, esto me ayuda a despertarme, aunque creo que tengo hambre, quizá pueda prepararme algo de comer, veo hacía los gabinetes y hay pan, lo rellenare con algo de comer, estoy sacando algunas cosas de la nevera y siento alguien detrás de mí, al girar es Franz, a veces creí que me tiene un GPS para llegar siempre dónde yo estoy. - Yo también, tengo hambre. - Dice con una voz que demuestra que está más dormido que despierto. - Tú, siempre tienes hambre. ¿Por qué no estás durmiendo? - ¿Por qué no estás durmiendo tú? - Me desperté con un sueño extraño, y ya no pude dormir más, decidí tomar un vaso de agua, me dió hambre y aquí estoy preparando algo, ¿cuál es tu excusa? - Tengo miedo. Eso me sorprendió, ¿Franz tiene miedo? - ¿Por qué? ¿A qué le temes? - No lo sé bien, pero siento que algo se percibe extraño, creo que aún no sé manejar el don y me falta entender de dónde viene lo que siento, pero no podía dormir, intenté leer y me costó mucho así que al escuchar que estabas despierta salí a la cocina para estar contigo. Mi hermano suena sincero y derrotado. - Franz, no olvides la primera lección: la sangre de Cristo tiene poder. Eso es suficiente. No hay nada que su sacrificio en la cruz no pueda pagar o comprar. Ten, come un poco, digo mientras le acercó lo que le preparé y yo misma voy comiendo. - Linda, ¿has hablado con papá? Esa pregunta, sé que le ha dolido mucho no tenerle cerca. - No, esta semana no, pero sé que pronto le veremos, él creerá en Cristo como nosotros. - ¿Segura? - ¡Sí! Estoy convencida de eso. Así como estoy convencida de que mi mamá y nuestro otro papá también lo hará. - ¿Viste los velones que trajeron ayer? - Me preguntó y no pensé que Franz también los hubiera visto. - Sí, sí los vi, y ayer mi mamá me dijo que fuera hoy todo el día a casa de mis abuelos, eso quiere decir que harán aquí invocación de demonios. - ¿Por qué sigue ocurriendo esto? ¿Cómo pueden vivir la luz con las tinieblas, Linda? - Siguió preguntando. Ahora entiendo porque permanecía despierto. - ¿Viven dentro de ti la luz con las tinieblas? - No. Bueno, déjame pensar. Pasando unos minutos, ya terminando de comer dijo con más determinación: - No. No viven. - Eso es lo importante, Franz, que dentro de ti habite la luz y esa luz va a alumbrar toda la familia, ven, oremos un rato en mi cuarto. Tomé los platos de ambos, los lavé, tomamos algo de jugo y fuimos al cuarto, Franz tenía esa mirada que me dice que está aprendiendo, que se siente protegido y estoy feliz de estar para él, a veces formarle requiere pagar un precio, requiere ser más amorosa, más paciente, requiere dejar algunas cosas, a veces he dejado de salir con amigos para esta con él, he dedicado tiempo a acompañarle cuando tiene miedo aunque eso represente perder horas de sueño, pero sé que vale el esfuerzo, que hay bendición en hacer esto. Días como hoy, me siento más convencida de esto así que le tomo de las manos y me coloco aceite y le digo: - Recuerda que este aceite es solo una representación del sello que está sobre ti, vamos colócalo en tu cabeza y recuérdale a los demonios a quien perteneces pero más importante recuérdate a ti mismo que tienes dueño, que tu Señor te defenderá siempre. Yo haré lo mismo. Él me miró y sin decir palabra hizo tan cuál yo le había dicho. Sin darme cuenta mis palabras ya no eran de guerra, sino de entrega, de rendición, de decirle a Dios que quería todo de él en mi vida, que viera hasta lo más profundo y sacara lo que no le agradara, siempre me sorprende cuando en medio de la brujería y hasta el mismo infierno Dios me regala hermosos momentos junto a él, ahí entendí lo que había soñado, entendí que aún no logro imaginar lo que él ha planeado para mí, y no porque yo sea muy grande o lo merezca sino por amor, por su gran amor y unas palabras resonaron dentro de mí: «¿cómo lo reconocerán si no han creído en él? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les habla?» y esas palabras despertaban en mí un fuego, quería ser quien hablará, quería ser quien le hablara a las personas de Cristo, quería ser quien les mostrador que podían ser libres, quería ser yo quien iría dónde nadie quiere ir, quería son quien atendiera a los rechazados, quién abrazara a los que están sucios, quería ser yo quien restaurara el corazón abatido, no quiero otra vida, sino esta, y haré lo que sea necesario para cumplir mi misión. De nuevo escuché su voz, ‹su voz› me decía: - Él no creía en mí y hoy le estoy demostrando que soy real. - ¿De quién hablas, Señor? - De tu hermano, míralo. Abrí mis ojos y está Franz Marco de rodillas llorando y temblando mucho, gemia y reía, sé por experiencia que estaba sintiendo el poder de Dios. Lo que no sabía era que ni creía en este poder, escucho la voz de Dios decirme: - Pon tu mano en su frente y dile que hoy coloco un corazón nuevo en él, que lo que estaba de piedra, hoy se vuelve de carne. Sin pensarlo coloco mis manos en su frente y le digo palabra por palabra se me indicó, sentía tanto poder de Dios sobre mí, a esto me refiero, ser usada para que otros le conozcan, no importo yo, importa él por siempre y estoy feliz de que mi hermano pueda entender esto, verlo allí de rodillas me recuerda la postura que siempre debemos tener, me recuerda las palabras de mi abuelo, "somos vasijas de barro en manos del alfarero" y yo quiero ser una vasija limpia, apta para ser llenaba de él. ¿Que más puedo hacer que doblar mis rodillas y dar gracias? Amaré por siempre estos instantes, viviré para tenerlos cerca siempre. De rodillas mis palabras ya no logran expresar mi amor por él, pero lo hacen mis lágrimas y es suficiente, él conoce la pasión que siento por su persona, la pasión que sentimos por él. No sé cuánto tiempo pasó cuando nos levantamos pero sé sintió mucho tiempo, miro a Franz, quiero preguntarle cómo está y antes de que le hable me dice: - Yo no creía en su poder. No creía que realmente su poder podía doblarme y hacerme estremecer de esa forma. - ¿Y ahora que piensas? - Que él tiene misericordia de mí, no me debe nada y aún así me lo da todo. - Así es él. - Le respondo y acaricio su cabello. E sin gesto de cariño que a veces tengo hacia a él. - También creo que tengo sueño, ja,ja,ja. - Igual yo. ¿Quieres dormir conmigo? Sé que eso siempre le alegra, por eso le dije que duerma aquí conmigo. De pequeño lo hacía, pero cuando comenzamos a crecer ambos necesitamos nuestro espacio. - ¡Sí! Busco mi almohada y vuelvo. Le espero en la cama mientras le doy gracias a Dios por lo que ha hecho, en serio estoy tan agradecida, Dios. - ¡Son las 4:23am, Linda! - Dice Franz, entrando al cuarto y cerrando la puerta tras él. - Es tarde, intentemos dormir un poco, cada día trae su propio afán. - Digo y le hago señas de que se meta en la cama. ••• - ¡El desayuno está listo! Es la voz de mi mamá, despertándome. Muevo a Franz que se encuentra durmiendo a mi lado con su cara junto a la pared. - Franz, vamos, mamá nos está llamando. - Mmmjmm... - Es su respuesta. Baja de la cama pasando sobre mí aún con los ojos cerrados, es divertido verlo tan dormido. Yo bajo de la cama y voy al baño a asearme, al salir ya están todos desayunando en la mesa. - Buenos días, Linda. - Buenos días, mamá, bendición. - Dios te bendiga, hija, necesito que Franz se vaya contigo, no irá a práctica de fútbol y no quiero que esté aquí. - Okey, mamá, ¿ya le dijiste? - Franz, te vas con tu hermana a casa de los abuelos. - Mmmjmm. - Es todo ala respuesta de él ante la orden de mi mamá, es decir que aún no está del todo despierto. - Ayer los escuché despiertos de madrugada, y se comieron los panes que quedaban, ¿cierto? - Sí, mamá. Es que tenía hambre. - Digo yo antes de que se moleste con mi hermana, ni quería que fuese reprendido hoy. - Está bien, solo la próxima vez no hagan tanto ruido. - La del ruido es Linda - Dice Franz. - Claro, a eso si respondes bien. - Le digo. Y antes de que discutamos por algo insignificante, termino de comer en silencio, lavo mi plato y me voy al cuarto a terminar de arreglarme. Al estar lista veo a mi hermano en la puerta con llaves en mano, me estaba esperando, no sé cómo estuvo listo antes. Nos despedimos y caminamos a casa de los abuelos. Al llegar, pasamos directo al cuarto de ellos, están viendo TV así que nos metemos en su cama y reímos un rato con la película que están viendo, también lloramos un poco, trata de un hombre que recoge basura y un día encuentra un niño entre cajas y decide cuidarlo, comprarle cosas y atenderle, pero el niño desaparece de momentos y al final muere, pero lo que entendemos allí es que el niño era el mismo hombre, todo fué producto de eso imaginación, algo creado por el trauma, el fue abandonado y golpeado y desde allí decidió recojer basura para tener algo de dinero. - Es triste, ¿cuántas personas no habrán así? - Dice mi hermano. - Esto me recuerda algo que quiera contaré Linda. - Es mi abuela, que se gira para mirarme y dice: - ¿Recuerdas el día que te viniste antes de la reunión? Pues es día vimos unas personas muy necesitada. Había una niña o bueno, eso parecía,ntenía una joroba que cubría la mitad de su espalda y la hacía enconvarse hacia su lado izquierdo, tenía los ojos negros, con una piel morena, con un color de cabello castaño muy maltratado, en sus brazos tenía muchas pulseras, no eran bonitas parecían ser sacadas de la basura, andaba con un pantalón jeans y una camisa azúl zafiro, estaba sucia y tenía un olor como si viniera del basurero Ahí le pregunto: - ¿Andaba sola? - No. No andaba sola, su mamá la acompañaba, era como te la describo a ella pero su piel estaba arrugada y muy flaca, su cara era muy esquelética. - Abuela, ¿y que hiciste? - Dice Franz. - Le hablé de Cristo, le dije que él le amaba, pero no pude conversar mucho con ellas ese día. - Dijo mi abuela. - ¿Y la has visto de nuevo? - Pregunto yo. - Sí, la he visto un par de veces más, siempre he intentado acercarme, pero no me lo permite mucho, - Pero, abuela, ¿esa reunión de la cual me hablas no fué hace unos dos meses? - Digo, extrañada, de que hasta ahora es que me esté contando. - Sí, hija. - Responde mi abuelo. Lo que sucede es que se nos había olvidado, recuerda que tienes días sin venir porque has estado ocupada, teníamos la inquietud de poder contarte, quizá te la encontrarás y podrás ayudarle. - Mi niña, sé que sueñas con tener un lugar para ayudar personas así - Dice mi abuela y continúa: - Recuerdo que cuando eras pequeña siempre querías darle de tu comida a las personas que veías en la calle, y siempre has hablado que quieres tener una fundación, una granja con una casa donde puedas restaurar a esas personas, que deseas ayudarles a salir de la indigencia, ayudarles a dejar los vicios y mostrarles que Cristo puede transformar sus vidas. - Sí, abuela, ese es mi sueño. ¿Realmente crees que pueda tenerlo? - Le estaba abriendo el corazón a mis abuelos, no me era difícil, pero era extraño, contarles de la duda que a veces inundaba mi corazón. - Hija, yo creo que un sueño como ese solo Dios puede colocarlo en tu corazón. - Responde mi abuelo. - ¿Y si tiene esta misión de parte de Dios, por qué no cambia algo en casa? Mi mamá está cada vez más involucrada con brujos e invocando demonios. - Dijo Franz. Estaba siguiendo mi ejemplo de abrirle el corazón a mis abuelos. - Hijo, la tribulación produce paciencia. ¿Lo entiendes? Franz negó con la cabeza, ante la pregunta de mi abuelo, y él le responde: - Todo por lo que ahora están pasando desarrollará en ustedes resistencia. Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza. Resistan, que verán victoria. Eso nos dejó pensativos a Franz y a mí. Esto solía pasar con las enseñanzas de nuestros abuelo. La voz de mi abuela nos volvió en sí: - Ya vas es hora de almuerzo. Vamos, ayúdenme a hacer el almuerzo. Y así lo hicimos y pasamos el resto de la tarde con ella, mi abuelo salió a hacer algunas cosas. Y aunque he estado acompañada mi mente ha estado en aquella historia, quisiera encontrar a esa mujer y ayudarle, no sé dónde está o como se llama, pero creo que estará pronto en mi camino. Mi abuela está en la cocina, ¿que estará haciendo? ¿Donde está Franz? Me fuí un rato en mis pensamientos y me olvidé del mundo real. - ¿Abuela? - Digo mientras camino a la cocina. - Aquí estoy, ven, ayúdame, estoy haciendo galletas. No bastó más palabras, ya me tiene junto a ella, amo las galletas de mi abuela. - ¿Abuela y Franz Marco? - Salió con tu abuelo a la de tu tía, le envié unas cosas. ¿Y tú dónde has estado? - Aquí. - ¿Segura? - Dice mi abuela. Creo que has estado aquí con la mente en otro lugar. - Sí, estoy pensando en las personas que ayudaré pero, ¿estaré lista, abuela? ¿Crees que tengo un corazón sano? - Creo que has sanado y aún falta, pero debes aprender que siempre seremos débiles en algunas áreas y allí solo podemos apoyarnos en la gracia de Dios, porque no podemos detenernos, tampoco ir sin estar sanos, debemos ir trabajando en sanar mientras le servimos, además hija, hay algunas cosas que llevan tiempo, algunas heridas tardan en cicatrizar y Dios se toma su tiempo para sanar, él no está apurado, él es paciente, por eso las tribulaciones desarrollan en nosotros la paciencia, para dejar la ansiedad y confiar que no depende de nosotros sino de él, ¿me expliqué? - Sí, abuela, pero... - ¿Pero qué? - Es que me veo tan imperfecta, a veces siento que puedo comerme el mundo, nada me puede detener, pero otras me siento tan entristecida que pierdo mis fuerzas y ya no quiero continuar. - Hija, ¿conoces la historia de Elías de Tisbe? - No, abuela, ¿quién fué él? Mi abuela estaba ya dándole forma de galletitas a la masa, algunas con formas de corazón, de nubes, otras de flor y de avión, es tan bella, puede estar cocinando una galletas deliciosas y dándome las mejores lecciones de vida. Metió una bandeja en el horno y siguió enseñándome, me dijo: - Este hombre del cuál te hablo, logró derrotar a 400 brujos, los retó a ver quién era realmente verdadero, si Dios o el demonio a quien servían. Y Dios demostró su poder, Elías los derrotó, esto generó que lo amenazaran de muerte, ¿y sabes que hizo él? - ¡Les dijo que él los mataría! - Respondí rápidamente, estaba en la piel de Elías, imaginando todo. Mi abuela rió un poco y dijo: - Él se escondió en una cueva. - ¿Qué? No te creo, abuela. - Sí. Y te cuento esto no para que creas que puedes esconderte de la realidad, te lo cuento porque de él se dice que tenía mucha fe pero estaba sujeto a sus emociones. Hija, a veces sentirás que no estás lista, que no eres suficiente o que lo está haciendo mal, sentirás que quieres dejarlo todo y correr lejos del llamado que tienes pero solo son tus emociones, debes seguir, porque nada depende de ti, sino de quién te llamó. - Wow, abuela. - Mi voz expresaba muy bien mi sorpresa, ella lo notó, sonrió y sacó las primeras galletas, me sirvió un vaso de leche y colocó galletitas en un plato, ella tomó café, metió al horno otra bandeja y se sentó a comer conmigo, yo por mi parte seguía atonita. Entender que no depende de mí quita un peso grande, porque es él quién me llamó y mientras esté cerca de él sé que todo estará bien.
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