Para algunas personas sus abuelos pueden representar un fastidio o hasta aburridos, en mi caso son un tesoro invaluable, su casa ha sido muchas veces un refugio para mí, sus palabras y atenciones han sido bálsamo y sus enseñanzas una brújula, con ellos he entendido que tengo algo especial, no lo he descubierto del todo pero sé que algo fué depositado en mí y quería obedecerlo el único problema era yo misma, quiero hacer lo que yo quiero cuando quiero y ya, no quiero seguir a los demás sino hacer lo que plazca, bueno a excepción de mis abuelos, sus pisadas sí quiero seguir, me hace querer ser mejor, por eso estaba atenta a las lecciones de mi abuelo, hice el hábito de ir cada tarde y estar con ellos hasta luego de la cena, hoy era una de esas noches, me encontraba con ellos, es una noche fría y muy oscura, algo se siente extraño pero trato de no prestarle demasiada atención, ya me estoy despidiendo de mi abuelo, dándole un fuerte abrazo y él me da un beso en la frente y nos decíamos "te amo" mirándonos fijamente, él es para mí el héroe que mi papá no es, es también mi mentor y los brazos que me acobijan fuerte, como estoy justo ahora, aquí me siento tan segura, quisiera que este momento fuese eterno, pero no lo es, al contrario, suena de pronto el teléfono de casa, no es extraño las llamadas de noche pero muchas veces representan una nueva aventura y enseñanza para mí.
La llamada la tomó mi abuela, mientras mi abuelo y yo estábamos atentos para saber que ocurría, al colgar nos contó, resulta que es una amiga de ellos que tiene una conocida que necesita ayuda, esta mujer está poseída por una entidad demoníaca, la cual tiene tanta furia que está tirando las cosas al suelo y puede pelear con tres o cuatro personas a la vez, puede derribarlas fácilmente, es mucha su fuerza, su amiga había intentado ayudarle oero ya no sabía que hacer y por eso llamó a mis abuelos, sabían que ellos poseían el poder dado por Dios para libertar a los cautivos.
La voz de los abuela cargada de compasión se escuchó desde adentro:
- ¿Amor, podemos ir mañana a atender a esta mujer? Mi amiga dice que está mujer dice estar poseída por el mismo diablo, sus ojos están brotados y tiene demasiada fuerza, se siente desesperada, ya no sae como calmarle, se les es imposible tenerla quieta.
Ante esta noticia yo estaba expectante por la reacción de mi abuelo, fué adentro y tomó el teléfono, y marcó el número reciente. Se escuchó diciendo:
- Buenas noches, es Lancaster, por favor permíteme hablar con la mujer que necesita ayuda.
Hubo silencio y luego lo escuchando orare, yo estaba impresionada de todo, mi abuela por su parte ya estaba cerca de mi abuelo orando por él.
Por el teléfono se escuchaban los gritos de aquella mujer, fué claro cuando dijo:
- ¡Calla, no quiero escucharte!
Y la voz de mi abuelo ordenándole que soltar aquella mujer.
En respuesta el demonio solamente dijo:
- Ya vienes tú, otra vez.
Y mi abuelo comienzó a decir mi frase favorita de estos meses:
- ¡La sangre de Cristo tiene poder!
Para mí todo esto esa de gran emoción, estaba sorprendida de que esté demonio podía reconocerle de tal manera que con solo mi abuelo decir quién era y en nombre de quién iba se estremecía, realmente esto era una aventura segura, ¿iría yo con él mañana?
¿Estaré lista para esto?
Para mí es sorprendente porque nunca había escuchado a una persona poseída por el mismo diablo decirle el nombre a una persona que ni siquiera se había presentado. Me impacta que lo llamara por su nombre y que reconociera la autoridad de mi abuelo, me sentía en shock, aún más ahora que mi abuelo me está mirando fijo y dice:
- Mañana vamos a ese lugar.
- Okey, abuelo. - ¿Qué más podía decir?
Para mis adentros no entendía mucho lo qué sucedía pero estaba expectante deber lo que aconteciera.
De camino a casa solo pensaba en la sorpresa de lo que vi hoy, como esta mujer tan endemoniada reconoció la autoridad de mi abuelo y es que él es mi gran mentor, lleva un tiempo conmigo de la mano y me ha enseñado mucho, sé que mañana será una especie de examen final, todo lo que aprendido este tiempo, todo lo que me ha dicho, lo que me ha enseñado mañana será momento de ponerlo en práctica. Esa mujer reconoció la autoridad de mi abuelo, me genera mucha ansiedad preguntarme si realmente reconocería también me autoridad.
Mis pensamientos sin interrumpidos con una voz:
- ¡Linda! Espera.
Al voltear veo que es mi papá, viene caminando por el mismo camino que yo recorrí, seguramente viene del trabajo, o de la casa de Penina, da igual.
- ¿De dónde vienes? - Me pregunta al tenerme cerca.
- De casa de mis abuelos.
- Es algo tarde, no deberías anda sola por aquí, está oscuro. - Dijo colocando una voz de preocupación, para mí resulta una falsa preocupación.
Ya estamos llegando a casa, él abre la puerta, mamá está en la mesa haciendo tarea con Franz.
Hay saludos entre todos, yo me acerco a darle un abrazo a Franz, mi hermano aunque ya no es un bebé pequeño es mi consentido, siempre lo será. Abrazo a mi mamá y me voy al baño, necesito una ducha refrescante, quiero contarle a Franz todo lo que ocurrió hoy, de seguro se emocionará, le he estado contando las cosas que vivo y de alguna forma él está aprendiendo mucho, yo le explico de la mejor forma posible, sé que con lo que le cuente hoy quedará expectante, tanto como estoy yo, quisiera poder también contarle a mis padres lo que estoy viviendo pero sería en vano no lograrían entenderme, es como si cada uno viviera en su mundo.
Luego de bañarme me encerré en mi cuarto, era mi refugio, tenía libros que mi abuelo me había dado, eran parte de los entrenamientos y como tarea debía leerlos, aprender, memorizar y aplicar.
Los estoy apilando cuando entra Franz, toma su almohada y comienza a golpearme, empezó la guerra, ya no está tan pequeño, golpea más duro, ya está doliendo aunque sea con almohada.
- ¡Ya, me duele! - Le digo.
Y él sigue.
- ¡Ya! - Mi voz está sonando más molesta. Pero aún así el continúa.
- Franz ¡ya! - Mi voz salió acompañada de un puño. ¡Oh, Dios! Creo que exageré, pero justo cuando creí que va a llorar, devuelve el golpe.
- ¡Auch!
- Tú empezaste.
- Yo no empecé, Franz, fuiste tú. Te dije que pararas.
- No importa, no quiero parar. - Dice entre risas y me da un golpe en la cabeza. Ya estoy sintiendo subir más la rabia, devuelvo el golpe, esta vez por el estómago, le saqué el aire.
- Linda, te pasaste. - Dice casi sin aliento pero aún con energía, porque siento que me halan el cabello, no sé quedará quieto.
Le tomó también de su cabello, lo tiene largo, alguno de los dos terminará llorando, de seguro.
- ¡Suéltame!
- ¡Suéltame tú!
- ¡A las tres, tregua!
- ¡1,2,3!
Mi cabeza duele del dolor y la rabia, peor al verlo a él, si cara está toda de un color rosado intenso, tiene lágrimas en los ojos y está riendo, no imaginé esto pero verlo de verdad da risa, no hago más que reírme, parece loco pero estos momentos me hacen sentir que estoy viva, que mi vida no es un sueño no una pesadilla.
- Tengo algo que contarte. Le digo mientras recupero el aliento.
- Buscaré un vaso de agua y vuelvo para que me cuentes. - Dice mientras sale del cuarto.
- ¡Me traes a mí también!
Ya de regreso en el cuarto y tranquilo, me siento en su casa y él se recuerda de mis piernas.
- Cuéntame. - Sus ojos me miran tan inquietos, queriendo saberlo todo.
Y esa mirada no cambió durante toda la historia, más bien avanzó.
Al final dijo:
- Linda, ¿de verdad crees estar lista?
- No lo sé, Franz. Tú me conoces, que dices.
Me miró como pensando mucho, y dijo:
- Yo creo que sí. Te has enfrentado a varias cosas y aprendido a pelear.
¿Recuerdas la lucha con Yurubi dónde casi te ahorca? ¡No cualquiera sale viva!
- Es cierto. Pero igual temo, siempre temo.
- Eso te hace más valiente. Aún con temor lo haces. - Dice mientras se levanta y me da una palmada de apoyo.
- Ahora, ve a tu cama, quiero dormir.
- Okeyy, no me empujes. - Mi voz quiso sonar seria pero fué de risa.
Siempre es agradable hablar con mi hermano, además hoy noté que se ha vuelto tan maduro. Increíblemente maduro.
Tengo sueño, pero sinceramente no creo que pueda dormir con la emoción que tengo, estoy tan expectante, ansiosa, preocupada, mis párpados están pesados de sueño pero por dentro soy un mar de ansiedad, me pregunto, ¿qué pasará? ¿cómo será? ¿Cómo voy a reaccionar en un momento así? Yo no tengo la autoridad que tiene mi abuelo, yo ni siquiera estoy segura de quién soy, solo estoy allí porque sé que hay algo dentro de mí que debe aflorar y disfruto la compañía de mi abuelo, aprendo tanto de él y de mi abuela, aprendo muchísimo de amboy,s pero aún sé que me falta, no sé qué hacer en situaciones cómo las que me esperan mañana, me generan tanta inseguridad, indecisión y expectativa.
Mi abuelo sí se sentía seguro, como pez en el agua, es como si siempre supiera que debía hacer, como si escuchara una voz interna que le guiar en cada paso. Yo también quiero escuchar esa voz, yo también quiero sentirme segura, yo también quiero aprender, yo también quiero caminar en los pasos que camina mi abuelo, por eso aprendo tanto de él, por eso me esfuerzo por dar lo mejor.
Mirando al techo suspiré.
¡Qué nivel tiene mi abuelo!
La noche se hizo larga, porque aunque intenté dormir no pude, casi aún no puedo creer que mi abuelo me invitara a ir a ver cómo hacía una liberación de alguien que decía llamarse "el diablo". Me preguntaba si tenía que ir en ayuno porque hay ciertos demonios que solamente salían con ayuno y oración, no tenía ni idea de que hacer.
Vi el reloj y marcaban las 2:14am, necesito dormir.
- Dios, por favor necesito, descansar. Mente haz silencio.
Parece la oración más corta antes hecha, pero funcionó lo supe a la mañana siguiente, había dormido, fué genial, me dije, "lo logré", descansé y descansé en el Señor entendiendo que las cosas iban a acontecer como él las había planeado ese día.
Y aunque tenía miedo de alguna forma me sentía lista.
Parece la oración más corta antes hecha, pero funcionó, lo supe a la mañana siguiente, había dormido, fué genial, me dije, "lo logré", descansé y descansé en el Señor entendiendo que las cosas iban a acontecer como él las había planeado ese día.
Y aunque tenía miedo de alguna forma me sentía lista.
Tengo tanto nervio que no me provoca desayunar, ver comida me produce una extraña sensación de estómago.
Pero sé bien que debo comer de forma suficiente, las batallas espirituales gastan aún más energía que cualquier actividad física.
Había aprendido de mi abuelo que no podía ir a este tipo de actividades sin comer suficiente, una vez lo había hecho y casi me desmayo y no me quedaron ganas de hacerlo nuevamente.
Hoy, comeré suficiente, o eso creí porque al ver mi plato de desayuno eran solo dos empanadas y un vaso de avena, para lo que haré hoy creo que debería comer al menos ocho empanadas, parece exagerado, pero si alguien me dice que es el diablo ¿cómo puedo reaccionar?
¿Como sería cuando entre por aquella puerta y de seguro la mujer me hable y me diga «soy el diablo»? Aquel momento era lo que más estaba esperando, no tenía miedo de él, al contrario quería ver su reacción al encontrarse con mi abuelo.
Mis pensamientos se interrumpieron con el sonido de la corneta del carro de mi abuelo, ¡llegó!
- Mamá, llegó mi abuelo. Me voy. - Dije y entré al cuarto donde aún Franz dormía, me acerqué a él y le di un beso, y me susurré al oído:
- Me voy. Hoy es el día. ¡Mantente velando por mí! - Dije sin esperar respuesta y corrí al montarme al carro.
- ¡Bendición! - Dije al montarme al carro.
- Dios te bendiga, hija. ¿Descansaste?
- Algo, abuela. Me costó dormir.
- ¿Y eso por qué?
- Estaba expectante de lo que ocurría hoy.
- Ah, pero que eso no te robe la paz, hija. Los demonios no pueden quitarnos la paz. Tenemos autoridad sobre ellos pero no para jactarnos, somos vasijas útiles en las manos del Creador, solo eso. Nuestro enfoque son las almas, hija, las personas, que ellas puedan recibir lo que Dios ya hizo por ellos, no olvides nunca esto. Recuerda, no te alegres porque los demonios reconocen tu autoridad, alégrate que estás haciendo la voluntad del Padre. - Esta vez fue mi abuelo que intervino en la conversación, para soltarme una de sus enseñanzas.
Ya estábamos llegando a la casa, paramos el carro e hicimos una oración, mi abuelo la dirigió:
- Señor, aquí están tus siervos, somos instrumentos en tus manos, usanos conforme a tu perfecta voluntad, sabemos que tu reino se establece hoy en la vida de esta mujer y que traerás paz a su vida.
Con esa oración salimos del carro, listos para lo que viviríamos.
Al llegar nos recibió la hija de esta mujer.
- Buenos días. ¿Ustedes oraran por mi mamá?
- Sí, hija, el Señor nos ha movido.
- Está sentada en la sala. Se siente muy mal.
Al verla creí que estaría gritando o arullandose pero no, solo se veía profundamente triste.
La expresión de mi abuelo era de completa compasión, se acercó a ella y le abrazó.
Y justo ahí la mirada de esta mujer cambió, no habló pero con su mirada decía «los mataré a todos».
Para mi sorpresa mi abuelo está retrocediendo, viene hacía a mí y dice:
- Hija, te toca. Hoy lo harás tú.
¿QUÉ? Toda mi mente decía, ¿QUÉ?
Pero al ver a esta mujer sentía amor por ella, no había miedo ni rabia, solo amor, si realmente en mí había el poder para aliviar su tormento lo haría sin dudar.
Me acerco a esta mujer y sin más le dije:
- Por la sangre de Cristo eres libre. Y me dirijo directamente al demonio:
- ¡Sal de ella! Suéltala.
Escuchó la voz de un hombre salir por la boca de ella:
- ¡Es mía!
Ya conocía bien esta expresión, sabía que era mentira.
- No, no es tuya. Cristo pagó por ella. Suéltala.
Mi vos era firme. Estaba segura de lo que hablaba.
- ¿Quién eres tú?
- Linda de Jesús.
No quería conversar con el demonio, solo que se fuera. Miro hacia atrás y están mis abuelos orando, sabía que no estaba sola, pero que debía actuar pronto. ¿Qué hago?
«Abrázale y le amo»
Esa voz. La estaba aprendiendo a conocer era Dios. No tengo dudas.
Llamé a la mujer por su nombre y al tener su atención le dije:
- Hay alguien que pagó el precio de tu libertad, ¿quieres conocerlo?
- Sí, por favor.
Las lágrimas han comenzado a rodar por sus mejillas, ha conmovido mi corazón y sin pensarlo demasiado le doy un abrazo.
Es tan extraño, siento como algo sale de mí hacia ella, pero también siento que no soy yo, está temblando en mis brazos, llorando.
- Repite conmigo, Cristo, te entrego mi vida, desde hoy y para siempre, perdona mis pecados, por favor, no quiero esta vida que vivo, ayúdame, por favor.
La escucho repetir mis palabras entre gemidos y sollozos, y siento como algo se rompe entre mis manos, como una cadena muy fuerte que se está rompiendo. Y no sé cómo pero es el momento de su libertad.
- Diablo suéltala. - Solo eso bastó, sin gritos, ni molestias, solo amor.
Puedo ver cómo sus lágrimas aumentan y respira profundo, baja su cabeza y al alzarla su mirada es otra.
¡Está hecho, lo hice, lo hice! Bueno, Dios lo hizo.
Mi impresión es tanto que no me percato de que mis abuelos están orando por ella, ya, debo reaccionar y unirme a la oración.
Al alejarnos un poquito veo su rostro, está secando sus lágrimas.
- Gracias. - Su voz es diferente, suena calmada.
El resto de la mañana pasó entre compartir y conocerle, así supe que anteriormente había pactado con la hechicería y por allí el diablo había poseído su vida, me contó la sorpresa de ver que una muchacha joven pudo ayudarle, su hija estaba tan feliz, no pararon de agradecernos, fué hermoso poder enseñarle que hacer para cuidar su vida y que significaba entregar a Cristo su vida.
Cuando llegó el momento de irnos, fué gratificante sentir sus abrazos de agradecimiento.
Mientras vamos en el carro de camino a mi casa, mi mente solo piensa una palabra: «gracias».
Y está sonando una de mis canciones favoritas, habla de un corazón agradecido y sin darnos cuenta los tres estamos cantando, riendo, tuvimos victoria, Dios lo hizo de nuevo.
- Hija, ¿quieres ir a nuestra casa? ¿O te llevo a la tuya? - Dijo mi abuela.
- Prefiero ir a casa abuela, hoy Franz está allí solo, quiero contarle todo lo que viví.
Y mi abuelita responde:
- ¿Él está aprendiendo de ti?
- Sí abuelo. Yo le cuento todo lo que hago, lo que he aprendido con ustedes y él de allí aprende.
- ¿Has descubierto sus dones? - Preguntó mi abuela.
- Sí, él puede ver fácilmente los demonios y no les teme.
- ¿De verdad? - Respondió mi abuelo.
- Sí. Un día estábamos peleando, me había molestado con él por desordenar el cuarto luego de yo haber limpiado, ese día estaba muy molesta, sobretodo por su actitud desafiante y nos dijimos cosas fuertes, tanto que me dijo «te odio» y automáticamente después de eso se asustó mucho porque vió como entro a la casa un demonio y se paró a su lado, sus palabras lo habían atraído, le habían dado lugar y cuando le ordenó irse el demonio ni sé movió, yo miraba todo sin decir palabra, cuando él se acerca de pronto diciendo:
- Perdón, perdón, perdón. Te amo, hermana.
Fué sorpresivo para mí y sus palabras quitaron de mí la rabia y molestia, no hice más que abrazarlo y decirle que le amaba, allí el volteó y le dijo al demonio:
- Vete, no tienes lugar.
- ¡Wow! Que tremendo esto que cuentas. - Dijo mi abuelo.
Ambos estaban sorprendidos de como Franz ha crecido y entendieron porque quería llegar a casa.
Y al bajarme del auto, me bendijeron y me despidieron con besos y abrazos.
- No olvides que estamos orgullosos de ti. Dios también debe estar complacido de tu corazón. - Dijeron ambos.
Mi corazón se sentía tan inmenso dentro de mí pecho, me sentía tan grande y a la vez pequeña, había hecho de todo y a la vez nada, todo fué él.
Con esta sensación entré a la casa y no bastó ni un minuto para tener a mi hermano frente a mí diciendo:
- Llevaste, al fin. ¿Cómo estás? ¿Cómo te fué? ¿Que hiciste?
Y comenzó a revisar mis brazos a ver si tenía golpes o rasguños.
- Franz, estoy bien. Todo fué con amor. - Dije.
- ¿Con amor? ¿Cómo sacas un demonio con amor? - Dijo él, y su rostro cambió a una expresión de confusión.
- ¿Franz, que atrae demonios?
- El pecado.
- ¿Y que borra el pecado?
- La sangre de Cristo.
- ¿Y por qué derramó Cristo su sangre?
- Por amor.
- ¡Exacto! - Dije con emoción. Y le seguí explicando:
- El amor de Dios es ágape, es decir, no espera nada a cambio. Es la única arma que el infierno no conoce, no puede resistirlo y el amor es la razón por la cuál sacamos los demonios, para que la persona disfrute del amor de Dios, disfrute de su paz. ¿Lo entiendes?
- Sí, lo entiendo. Por eso Dios hizo que el abuelo actuara con amor. - Dijo Franz.
- No, no actuó mi abuelo, actúe yo.
- ¿Quéééé?
Franz estaba atónito. Le conté con detalles como ocurrió todo, como vi la fuerza del amor ese día. Que gran lección había aprendido, no sabía cuánto poder tenía esa arma, fué una sorpresa para él y para mí, sé que si yo estaba aprendiendo, él también, estaba decidida a formarle, a compartir con él todo cuanto sabía y disfrutaba hacerlo.
Ese día terminamos compartiendo anécdotas, sueños que teníamos, ambos éramos expectantes de lo que se había planeado para nosotros, no podíamos hacer más que prepararnos, en eso queríamos ser diligentes.