El poder de su sangre

3949 Words
Cuatro años han pasado desde que fuí a aquella iglesia donde creí que todo cambiaría completamente, pero resultó que no, parece que se necesitaba más esfuerzo que una oración de un domingo para hacer retroceder mis impulsos, en estos cuatro años he golpeado varias caras, perdido varias pelotas, ganado varios raspones en las piernas y creo haberle sacado algunas canas mas a mi mamá, pero no todo es mi culpa, en realidad para mí el culpable es mi papá, ha hecho de nuestra vida una pesadilla, siempre ha tenido diferentes amantes y sé bien que esa es la razón de tantas discusiones pero creo que esta vez ha sido mucho peor, está irreconocible, aquel hombre fuerte que era mi superhéroe que me rescataba de cualquier temor en las noches se ha convertido en el producto de mis pesadillas, mi corazón se ha llenado de odio de ver como mi mamá se consume entre discusiones y lágrimas, cada noche que está sola la escucho llorar hasta quedarse dormida, yo no puedo hacer otra cosa más que llorar pero en silencio, no puedo mostrarme débil, mi hermano Franz me necesita, es tan solo un niño, no entiende que papá es un hombre horrible y que mamá está cansada siempre, y menos logra entender que hay un mundo más grande del cuál no tiene idea pero que puede influenciamos a todos, cada vez se vuelve más tangible, sobretodo desde la última amante de mi papá, es bruja, totalmente dedicada a hacer maldad y se ha empecinado en destruir mi familia, tiene cautivo el corazón de mi papá, no la culpo, sé que es un hombre hermoso, alto, con porte de príncipe y ojos color agua, y logra enamorar a cualquiera con su sonrisa y palabras, así como enamoró a mi mamá y conquistó mi corazón así lo hizo con ella, tanto que ella se obsesionó con él y lo ha hecho presa de ella, lo controla como una marioneta, es tan obvio y no pienso callarlo más, por eso aún estoy despierta, mi mamá duerme o llora, da igual, yo estoy en el cuarto con mi hermano, él también duerme mientras a mí me mantiene despierta la rabia, hoy encararé a mi papá, le diré que esta mujer lo está enloqueciendo, solo necesito escuchar la puerta principal y saldré. - ¡Linda! ¿Dónde estás? - Es la voz de mi mamá, ¿qué hace despierta? Salgo a ver que ocurre y la encuentro llaves en mano, vestida muy arreglada, maquillada, parece lista para ir de fiesta, me mira y dice: - Voy a salir un rato por aquí cerca, quiero distraerme, tu papá ya debe estar por llegar, Franz está dormido, no lo despiertes por favor, si necesitas algo ya sabes dónde buscarme. - Ma-má, no quiero quedarme sola. - Dije entre dientes, las lágrimas quemaban mi garganta, ella también se iba y yo quedaba sola, confundida y asustada. - ¿Que dijiste? No te escuché bien, estás hablando entre dientes, mejor ve a dormir, es tarde, yo vengo dentro de un rato. - Dijo mientras cerraba la puerta tras ella. Tras su salida mi corazón se destrozó, tenía mucho miedo, no quería estar sola aquí, las noches eran una verdadera pesadilla, al estar sola escuchaba una voz que decía: - Yurubi, Yurubi, Yurubi. No sé donde provenía pero me atormentaba, iba unido con una risa macabra que me helaba toda la piel, estaba cansada de esto. - ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¡Ven, muéstrate! - Grité y mi voz se escuchó en toda la casa. De pronto todo se tornó oscuro y frío y frente a mí apareció una figura alta y grande, era una mujer, llevaba ropa de pieles, pies descalzos y uñas largas manchadas de sangre, me miró de arriba a abajo y dijo: - Niña, eres mía, pero también me estorbas, ¿sabes que desde antes de que nacieras me perteneces? Han intentado alejarte de mí pero mira, aquí estoy hablando contigo. - ¿Quién eres? ¿Qué quieres? - Dije con voz de asombro, no quería demostrar que por dentro moría de miedo. - ¿Hasta cuando me preguntas quién soy? Deberías saberlo, o ¿el extraordinario don que tienes te fundió el cerebro? ¡Ay! Debes estar diciendo, ¿cuál don? Niña estúpida, no es común que puedas verme, hablarme y menos que no estés en un ataque de pánico, reconozco que logras sorprenderme pero no conmoverme. Mis piernas estaban temblando, mis manos frías, y sentía como comenzaba a respirar cada vez mas lento pero no estaba dispuesta a demostrarlo, ¿Y qué si a esta loca mujer le daba por a****r a mi hermano? No sabría que hacer. Debo ser fuerte, esta mujer debe irse. - ¡Vete! No quiero que estés aquí, no me agradas. - Dije con el mayor valor posible. Yurubi rió fuerte, su risa penetraba toda mi mente y recorría un terror helado por mis venas. Estaba llena de odio profundo hacia mí, lo sentí en su voz cuando dijo: - Niña estúpida, tú me llamaste, ¿lo olvidas? Querías conocerme, pues aquí estoy y vengo a matarte o a negociar, tú escoges, me perteneces y pues no me gusta compartir lo que es mío así que hoy vas a decidir si quieres seguirme o morir, soy bondadosa, lo sé, me gusta dar opciones, tú por ejemplo tienes dos y antes de que digas alguna estupidez, te diré los detalles de la opción mas atrayente, es decir, servirme, por supuesto, debes levantar un altar para mí aquí, todos los 12 de octubre debes ir a la montaña y ahí no me verás hablar sino que hablaré a través de ti, uff, que divertido será, obviamente maltratará tu cuerpo pero eso es parte de la diversión, y cada vez que quiera hablaré a través de ti, no importa donde estés, si en la casa, o estudiando, jugando, bañándote, lo que sea, me perteneces y haré como quiera, tengo muchos planes para ti, ¡ah!, y debes alejarte de tu amado abuelo, el viejo Lancaster, descubrirás que es un estorbo y que te enseña cosas inservibles, espero hayas entendido, así que, ¿qué escoges? No podía creer lo que oía, esta mujer extraña estaba loca si creía que haría algo de eso, reconozco que una parte de mí quiere hacerlo, podría quizá vengarme de las amantes de mi papá, ¿será posible? - ¿Y qué gano yo con todo esto? - Dije sin titubeo. Jurubirá aplaudió diciendo: - ¡Bravo! Ya nos estamos entendiendo, y creo saber lo que quieres, tu papá no se está portando bien, ¿cierto? Pues yo puedo ayudarte con eso. - ¿Cómo? - Podemos alejar a la mujer que lo tiene hechizado o podemos castigarle, tú decides. - ¿Que tipo de castigo? - Mi interés estaba aumentando, no quería castigar a mi padre pero sí a esa mujer que destruía mi familia. - ¿Exactamente a quien quieres castigar, niña? - Yurubi parecía muy interesada, sonreía como si tuviese hambre de algo que yo tenía, sus dientes afilados sobresalían botando pequeñas gotas de sangre. - Se llama Penina. - Solté el nombre sin miramiento. - ¡Ah! Una fiel sierva mía, ¿te está causando problemas, cierto? Puedo matarla si quieres, me es útil, sí, pero más lo serás tú, si ese es tu precio, yo lo pago, solo arrodíllate ante mí y estará hecho. ¿Era su sierva? ¿Yurubi y Penina estaban unidas? ¿Cómo se me ocurrió confiar en esta loca? Reconozco que sus palabras eras atrayentes, despertaban en mí un deseo de venganza como una sed que quemaba pero no podía caer, debía ser más inteligente que ella, sus palabras eran solo mentiras. - ¿Arrodillarme? Creo que mejor es hora de irte. No te serviré y no quiero seguir hablando contigo. - Esta vez mi voz me delató, había miedo en mí, lo sé porque los ojos de Yurubi brillaron, su sonrisa se hizo aún mas amplia y comenzó a caminar hacía mí. - ¡No te acerques! - Chillé. Pero era tarde, ya sus afiladas uñas estaban rodeando mi cuello, me estrangularía y nadie sabría que pasó, mi hermano quedaría dormido en su cama, mi mamá de fiesta, mi papá con su amante y yo moriría aquí, debía haber algo que pudiera hacer, pero ¿qué?, hay algo que me enseñó mi abuelo, pero no recuerdo, con sus uñas entrando en mi garganta es difícil pensar, sé que son unas palabras, tienen poder, tienen poder… - ¡La sangre de Cristo tiene poder! - Grité con lo que quedaba de mi voz y automáticamente Yurubi me soltó, sus ojos se habían vuelto negros como la noche y su sonrisa ya no estaba, había en ella más bien miedo y rabia, estaba funcionando, así que grité de nuevo: - ¡La sangre de Cristo tiene poder! Y otra vez ¡LA SANGRE DE CRISTO TIENE PODER! Vi a Yurubi taparse los oídos y leí en sus labios un “te odio” y desapareció. En ese momento se abrió la puerta, era mi papá que me miró con el ceño fruncido, imagino que no esperaba verme aquí. - ¿Qué haces despierta? ¿Dónde está tu mamá? No pude responderle, solo corrí a sus brazos y le abracé muy fuerte, sé que lo odio pero estoy tan agradecida de que esté aquí. Las lagrimas que estaban quemando mi garganta salieron como río desbordado, no quería hablar o explicar algo, solo abrazar muy fuerte a mi papá. - Linda, ¿que tienes? - Su voz sonaba preocupado. Tomó mi cara en sus manos y secó las lagrimas con sus pulgares, mientras yo respiraba profundo para hablarle se abrió la puerta atrás de nosotros, era mamá, su labial estaba corrido y su ropa sudada, al vernos dijo: - ¿Qué pasó? - Eso te preguntó yo, ¿dejaste a los niños solos? - Respondió papá y aquel bello momento entre nosotros se esfumó y todo se tornó tenso, papá se fué al baño y mi mamá al cuarto a ver a Franz y yo pues, yo quedé en la sala sollozando hasta que sentí que estaba mejor y me fuí a la cama, no sin antes pasar por el cuarto de mis padres, la puerta estaba cerrada pero todavía se escuchaban sus voces, estaban discutiendo, otra vez, ¿hasta cuando sería esto? ¿Qué fue ese extraño poder que alejó a Yurubi? Estaba decidida a matarme y de un momento a otro huyó, debía aprender de donde venía ese poder, ¿serviría para unir a mis padres? Con ese pensamiento me fuí a la cama, no tenía aún idea de todas las veces que mencionaría esa poderosa sangre. La mañana siguiente pareció normal, mamá se fué temprano al trabajo, solo nos despertó con un beso en la frente a Franz y a mí y dijo: - Hija, en el microondas está el desayuno, le das al niño, por favor. Papá los llevará hoy. Nos vemos en la tarde, los amo. Y así salió de mi habitación, siento que no tuve tiempo de dar realmente los buenos días, tambaleando aún con sueño salí a la cocina, allí estaba papá desayunando, nos dimos los buenos días y cada uno inició su rutina de preparación para salir, baño, vestirnos, desayunar, dejar limpia la cocina, ordenar nuestros bolsos con las cosas necesarias, en mi caso cuadernos, cambiar el de castellano por inglés, y llevar la ropa para hacer deporte, hoy sería un día divertido, siempre las clases de deporte incluyen juegos y algunas peleas quizá. En 30 min ya estaba en clase, papá en su trabajo y Franz con la abuela, allí lo dejaban cada día por las mañanas. Así mi día transcurrió sin novedad, solo clase, juegos, algunos llamados de atención, nada demasiado extraordinario. No sabía que todo cambiaría al llegar a casa... Era medio día, tomé el bus de vuelta a casa, sola, al llegar dejé mi bolso sobre la mesa de la cocina y fuí directo a la nevera, necesitaba un buen vaso de agua fría, luego abrí el microondas, ahí estaba mi comida, la revisé, aún olía bien, la calenté y comí, luego de eso me acosté y no sé cuánto dormí pero al despertar ya mi papá estaba en casa, escuchaba su teléfono sonar insistentemente mientras él se estaba bañando, y como no dejaba de sonar lo tomé, tenía mensajes, muchos mensajes y todos eran de Penina, iban desde mi amor, te extraño a vuelve pronto, seguía con preguntas respecto a si se verían hoy en la noche, a donde irían, que harían y pude ver uno de él que decía que debía cuidarme está noche y de no ser así estaría con ella, ahí ya sentía toda la rabia recorrer mi cuerpo pero llegó a su c****x cuando ví lo que ella dijo, le insinuaba que yo no valía la pena y que quizá no siquiera fuese su hija. Ahí solté el teléfono, quería lanzarlo contra la pared y que se destruyera en pedazos pero me controlé, tomé agua, mi ha agua y esperé, estaba cansada ya de esto, si quería que se fuera con ella, no me importaba, ya el superhéroe no existía para mí, ¿para qué tener a alguien conmigo que quería estar en otro lugar? No aguantaba más, es suficiente. Caminé al cuarto, toqué la puerta, enseguida la abrió, y me miró con cara de asombro, yo llevaba su celular en mi mano. - ¿Qué haces con eso, Linda? - Dijo, mientras me quitaba el celular de la mano. - ¡Vete! ¡Vete con ella! Esa tipa es una cualquiera, te tiene embrujado. Y me hace odiarte, has destruido esta familia, y a mamá y todo por esa mujer, es una loca, una serpiente venenosa y asquerosa, eso es y si quieres irte con ella hazlo. ¡Hazlo ya! - Dije todo esto con la mayor furia posible, todas las palabras salí sin pensar, me sentía libre y cautiva por decir todo aquello y desencadenó algo que nunca imaginé que podría pasar, mis palabras distorsionó el rostro de mi papá, me miró llenó de odio, levantó su mano y me dió la bofetada más fuerte que hayan podido darme, su golpe me lanzó al piso con fuerza, mi mejilla ardía y las comisuras de mis labios botaban sangre, y mis ojos lágrimas incontrolables. - ¡Cállate, Linda de Jesús! Eres una grosera. Espero que con esto aprendas a respetar. - Fueron las palabras que escucharon mis oídos luego del golpe. No podía creer aquello, lo que más dolía no era mi cara sino el corazón, sentía como se quebraba en fragmentos pequeños y como en ninguna de esas partes estaba él, sentía odio y venganza, justo cuando esa palabra vino a mi mente me pareció ver algo en la pared, al enfocar era Yurubi, reía con sus dientes manchados de sangre,estaba disfrutando todo esto. Esta vez no tenía fuerzas para pedir por la sangre poderosa, solo me levanté, busqué hielo, lo coloqué en mi cara y me fuí a mi cuarto. Mi papá estaba en la puerta, listo para salir, sus palabras fueron: - Pegarte me duele más a mí que a ti, pero lo necesitas. Saldré un momento, ya estás grande y puedes quedarte sola. Por favor, pórtate bien. No le respondí, ¿que podía decirle? Todo aquello parecía una pesadilla, lo ví cerrar la puerta y me desplomé entre lágrimas y gritos desgarre mi corazón, y no sé cuánto duré pero empezó a oscurecer y ese era mi momento más temido, es que desde que mi papá salía con Penina la casa se nos llenaba de garrapatas, salían por todas partes, cada rincón se veía lleno de ellas, era una horrible plaga y esta noche no sería la excepción, ya estaban saliendo, era como si vinieran por mí, la pregunta era, ¿que haría yo esta vez? Parece que mi pregunta las invocó, lentamente comenzaron a salir, por cada hendidura que había en la casa se asomaba una garrapata, teníamos tres meses con ellas, habíamos intentado diferentes cosas, colocar veneno, limpiar la casa seguidamente, fumigar, un vecino nos dijo que lleváramos un cura pero mis padres dijeron que no, lo más triste de esto fué cuando murió Doky, mi compañero de aventuras, no era un perro muy bonito, debo admitir, pero era tan leal a mí, realmente lo amaba, cuando se enfermó de garrapatas hicimos todo lo posible por salvarlo, lo llevamos al veterinario, le cumplimos el tratamiento y aún así no resistió, esto me hizo odiar aún más a Penina y sus garrapatas, nada las hacía huir, era insoportable. De pronto me quedé observándolas con detalles, todas se dirigía a una pared en específico y fué justo donde recordé que allí había visto a Yurubi, no tenía dudas, detrás de toda la maldad de Penina estaba Yurubi, era socias o Penina era su sierva, pero sé que de laguna forma estaban unidas. Aunque... ¿Y si lo que derrotó a Yurubi puede derrotar lo que hizo Penina? Debía probar, si esto funcionaba sería extraordinario. Dije en voz alta: - ¡La sangre de Cristo tiene poder! Y no ocurrió nada. Intenté de nuevo. - ¡La sangre de Cristo tiene poder! Y aún nada. Una vez más. - ¡LA SANGRE DE CRISTO TIENE PODER! Y nada ocurrió. ¿Por qué no funciona? Algo estaba haciendo mal. O simplemente no había manera de que se fueran las garrapatas, pero me rehusaba a convivir con ellas. Ni siquiera quería estar en casa sola y mis papás no llegaban. Iré a casa de mis abuelos, era mi lugar de tranquilidad cuando todo se tornaba turbio. Así que dejé una nota sobre la mesa, leía: - Estoy en casa de mis abuelos. Linda. Cerré la puerta pero antes hice un último intento. - ¡La sangre de Cristo tiene poder! Y esta vez igual que la anterior nada ocurrió. Que decepción, ¿por qué no funcionaba? Mi abuelo me explicaría de seguro. Bajé las escaleras y llegué a la calle, mis abuelos vivían solo a unas cuadras, cuadras que para mí parecían eternas por la terrible oscuridad, por eso siempre Doky iba conmigo, ayudaba a aplacar mi miedo al pasar a través de veredas oscuras dónde generalmente había hombres fumando o bebiendo licor, todos me miraban con lascivia, había también perros por todas partes comiendo de la basura junto con algunas personas, no todas las veredas de mi vecindario eran así, pero justo las que me llevaban de mi casa a la casa de mis abuelos eran estas, yo las pasaba caminando muy rápido y determinada no quería demostrar temor, solo firmeza, pero por dentro moría de pánico, cuando llegaba a la casa soltaba un suspiro y automáticamente se escuchaba mi voz: - ¡Llegué, abuela! ¡Bendición! Y lo más hermoso era ver a mi abuela asomarse desde la cocina diciéndo: - Mi niña, mi lindura, pasa hasta aquí ¿Tienes hambre? - Su voz era tierna y cálida. Y yo siempre tenía hambre. - Sí, abuela, ¿que hiciste? Yo quisiera comer pan relleno con ensalada y jamón y queso, con un vaso de chocolate, me muero por eso. - Dije con la mejor voz de niña buena y consentida que me salió. - Te había hecho papá y huevo como te gusta. - ¡Ah, eso está perfecto! Mañana hacemos mi otra idea, ¿si? - Dije ya agarrando mi plato de comida y continué: - Abuela, ¿y mi abuelo? Quiero preguntarle algo importante. - Mi niña, tu abuelo debe estar por llegar, pero si quieres cuéntame. Mi abuela era un amor pero también una mujer de guerra, entendida del mundo espiritual, podía ver demonios y ángeles, sabía cuál era la autoridad que portaba, sin miedo la ejercía. Confiaba también en ella para obtener respuestas. - Abuela, mi abuelo me enseñó una frase y pues en un momento me funcionó para que una loca mujer dejara de ahorcarme... Ahí fuí interrumpida por ella con su tono de preocupada: - ¿Una loca mujer que te hizo QUÉ? - No importa, abuela, olvídalo, lo importante es que me soltó al decir que la sangre de Cristo tiene poder, pero hoy lo intenté con otra cosa y no funcionó, ¿por qué? La expresión de mi abuela era pensativa, parecía que con su mirada podía ver más allá, discernir lo que yo no estaba diciendo, respiró hondo y me dijo: - Ciertamente la sangre de Cristo tiene poder, la pregunta es ¿tú tienes fe? Esa pregunta me desarmó, no sé a que se refería, solo dije: - Fe, ¿en qué? - ¡Exactamente, hija! No es "qué" es "quién". - Mi abuela me estaba hablando de algo desconocido para mí pero que despertaba mi interés por completo, tenía toda mi atención y mientras yo comía ella continuó: - Cristo es el único que venció a todos los demonios que existen, no importa su tamaño o poder, él los venció, y para pedir por su sangre debes creer en él, debes conocerlo. Esa frase no es solo un amuleto, sin conocerlo realmente nada tiene poder porque el poder es justamente él, ¿me entiendes? - Sí. ¿Y como lo conozco? - Mi interés estaba en aumento, se roba en mi tono de voz. - ¡Ah! Fácil. Hablando con él, hablando con fe de que él te responderá. Así como viste su poder cuidándote, así verás como él te responde. - Mi abuela me miraba con atención, quizá estaba ansiosa de saber cómo reaccionaria yo y mi reacción fué levantarme de golpe, tomar el último bocado de comida y volver a casa, tenía que probar, así que solo dije: - Voy a hablar con él. Mañana vengo y te cuento. Te amo, abuela. Por favor saluda al abuelo. Corrí tan rápido como pude, y dejé a mi abuela con una sonrisa en el rostro y pidiendo por mí. Yo pasé por las horribles veredas sin pensar en nada, solo llegar a casa y al entrar me alegré de estar sola, estaba lista para esto, miré a la pared donde se juntaban las garrapatas y dije: - ¡La sangre de Cristo tiene poder! Lo sé, lo creo, y quiero conocerte, sé que venciste a Yurubi y a Penina, por favor haz que esta plaga se vaya. Por favor, por favor, por favor, creo que tienes el poder para hacerlo, sé que solo tú tienes el poder para hacerlo. - Mientras hablaba sentía como algo ardía dentro de mí, como sentir que alguien me protegía y vivía en mi corazón, era asombroso y acogedor, y lo más asombroso fué ver cómo las garrapatas comenzaron a caminar en dirección contraria, estaba funcionando, ¡estaba funcionando! Así que seguí: - Sí, váyanse, ahora, porque la sangre de Cristo tiene poder, tiene mucho poder. - Seguí diciendo esto por un rato hasta que vi la última garrapata irse. Era indescriptible la emoción que sentía, en serio esto era real. Corrí a ver el reloj, mamá debía estar por llegar y así fué, escuché las llaves sobre la puerta y apenas se abrió dije: - ¡Hola, mamá! Bendición. - En mi voz se percibía mi alegría, tanto que no esperé respuesta, corrí a ella y la abracé, estaba tan agradecida que esa noche justo antes de quedarme dormida mis lágrimas sí acompañaron mi almohada pero no con tristeza sino gratitud, lo había hecho, él lo había hecho y había aprendido una gran lección, ¡la sangre de Cristo tiene poder!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD