Había pasado casi un año. La revista para la que trabajaba en París me había otorgado el traslado, por lo que aún tenía el trabajo.
Fue un día de primavera que la revista me solicitó para suplir a un fotógrafo de empresariales, harían un fotorreportaje a un reconocido periodista deportivo y el fotógrafo encargado de esa área estaba enfermo, por lo que me asignaron el trabajo.
Trabajo es Trabajo, me dije. Y aunque no era lo que me gustaba, ¿qué más daba?
Llegué a la dirección donde sería la entrevista y me hicieron pasar a donde estaba armado el set.
De pronto sentí una presencia, y con esta, un perfume; giré para ver de quién se trataba y mi asombro fue tal, que casi tiro la cámara que tenía en mis manos.
Ahí estaba él, el gran Nicolás Vílchez.
—Eva…
—Nicolás…
No pude decir más, pronto el estudio se llenó de gente y debí concentrarme en mi trabajo, tratando de no traer a la superficie aquella situación tan embarazosa y dolorosa, por partes iguales.
Trabajé como una autómata, traté de bloquear todo sentimiento que afloraba al verlo ahí; saludándome, tan campante, como si nunca hubiera sucedido nada; aunque la ira que quemaba mi pecho se hacía cada vez más insoportable, deseaba que se terminara la tortura rápidamente y así fue. Cuando escuché el “Gracias a todos, ¡terminamos!” Resoplé aliviada.
El segundo round de la tortura vendría luego, cuando tuviera que estudiar y seleccionar cada foto en la soledad de mi estudio. Tendría que soportarlo una vez más. No tenía otra opción.
Durante la entrevista, no presté atención a ni una sola de sus palabras, no quería ni escucharlo. Me limité a tomar fotos como si se tratara de otro modelo.
Recogí mis cosas y salí lo más rápido que pude de ese estudio. Mientras la periodista lo tenía atrapado, noté que me miraba, como queriendo zafar de ella y venir a mi encuentro, pero no le di oportunidad. ¿Para qué?
Subí a mi coche y fui hasta el “Starbucks” más próximo. Necesitaba tomarme mi Shaked Lemon Tea, tamaño “Venti”. Solo eso me devolvería un poco de paz.
¿Por qué jugaba conmigo así el pasado? ¿Por qué tenía que enrostrarme así mis temores? Jamás pensé en volver a encontrármelo, y menos de esta forma.