CAPITULO XIV

1418 Words
ISABELLA —Ven conmigo, Jack… Mi voz apenas es un susurro cargado de súplica. Lo miro con el corazón oprimido, esperando escuchar que me seguirá, que dejaremos este infierno juntos. Pero en lugar de eso, él deja escapar un largo suspiro y toma mi rostro entre sus manos con una ternura que contrasta con la dureza de su expresión. —Si me voy contigo, Dominic nos buscará hasta debajo de las piedras —su mirada se oscurece, se torna distante—. No quiero que te haga daño y no soporto la idea de que permanezcas en este lugar —sus dedos tiemblan un poco sobre mi piel, y eso me dice más de lo que sus palabras pueden expresar—. Te estoy dando tu libertad, Isabella … Así que vete. Mi pecho se aprieta con un dolor inexplicable. Esto no es lo que quiero. No quiero irme sin él. —¿Qué pasará contigo? Dominic te matará cuando se dé cuenta de que no estoy. Jack sonríe de lado con esa arrogancia innata suya, como si estuviera burlándose del peligro. —¿Qué es lo gracioso para ti? —le reclamo, con la desesperación latente en mi tono. —El hecho de que creas que él puede matarme —susurra, tocando la punta de mi nariz con su dedo índice en un gesto casi juguetón. Lo miro con incredulidad. —¿Cómo estás tan seguro de que no puede hacerlo? —Porque… soy la única persona en quien confía. Su respuesta es tan sencilla y tan definitiva que por un momento me deja sin palabras. Sé que Jack no es un hombre común. Hay algo en él, en su mirada, en su manera de moverse, que lo hace diferente. —¿Y a dónde iré? —pregunto con voz temblorosa. Un suspiro escapa de mis labios—. No me queda nada. Jack me observa fijamente y acaricia mi mejilla con suavidad, como si estuviera grabando cada detalle de mi rostro en su memoria. —Déjame resolverlo por ti. Tengo un plan. Voy a comentártelo cuando esté listo. Entonces me besa, y es un beso dulce, pausado, lleno de algo que me parte el alma. —Prepárate para salir hoy mismo —susurra contra mis labios. —Lo haré… El momento ha llegado. La oportunidad de escapar de este lugar donde solo he conocido miedo y desesperación. Sin embargo, no puedo sentirme feliz. No puedo dejar de pensar en lo que podría pasar si algo sale mal. No quiero que Jack se quede aquí. No quiero verlo morir. No lo soportaría. Como si leyera mis pensamientos, me besa en la frente con dulzura. —No pienses más. Deja que esa cabezita bella descanse. Ven, vamos a asearnos. Se dirige a la puerta, la cierra con seguro y luego me rodea con sus brazos por la espalda, guiándome hacia el baño. —Desperté esta mañana y no te vi —digo haciendo un puchero cuando finalmente entramos a la ducha. Jack sonríe con suficiencia mientras me toma de la cintura y me atrae hacia su pecho. —Era demasiado sospechoso que saliéramos juntos de esta habitación. Me besa con una suavidad que contrasta con la intensidad de su agarre. —¿Y ahora? ¿No sería sospechoso que estemos aquí encerrados? —pregunto con una sonrisa juguetona. —La verdad… no aguanto las ganas que tengo de ti y me importa una mierda lo que piensen. Su risa es grave y traviesa, y antes de que pueda responder, estampa mi cuerpo contra el azulejo. —Bésame —susurro cuando su rostro está a milímetros del mío. Jack sonríe de lado y deja un beso en mi frente. Luego, con una sensualidad que hace que mi piel se estremezca, sus labios descienden por mi mejilla, trazando un camino ardiente hacia mi cuello. —¿Ya te había dicho que no necesitabas tu ropa? Lo único que hace es impidierme contemplar tu cuerpo—murmura con voz ronca. Sus manos se deslizan bajo mi blusa, levantándola lentamente hasta quitármela por completo. Luego recorren mi espalda, bajando hasta mi ropa interior, la cual empuja con firmeza hasta hacerla caer. —Así está mejor… Su boca se apodera de mi piel sin prisa, explorando cada rincón de mi cuerpo. Mis jadeos llenan el espacio entre nosotros mientras mis dedos se enredan en su cabello. No hay prisa, solo deseo contenido liberándose como un incendio incontrolable. —¿Te he hecho saber alguna vez lo mucho que me cautiva tu cuerpo?—susurra Jack, sus dedos continúan su recorrido por mi espalda, deslizándose hasta mi intimidad que acaricia de manera experta. Sus labios vuelven a recorrer mi piel, descendiendo por mi cuello, mis hombros, cada curva de mi cuerpo. Su aliento ardiente me eriza, y el roce de su boca en mi intimidad me arranca un gemido involuntario. Me arqueo al sentir la calidez de su lengua, su toque, su manera de adorarme sin prisa. —Me encanta ese sonido... y lo bien que sabes —murmura contra mi piel, su voz grave y cargada de deseo. El ritmo de sus lamidas se intensifica, provocando en mí una mezcla de ansiedad y placer que me consume. Mis manos van a su cabello, buscando aferrarse a algo que me ancle mientras mi cuerpo se rinde a cada estímulo. —¿Eso quieres? —pregunta con una sonrisa ladina, retirándose apenas para mirarme a los ojos—. Eso te daré. Su intensidad me ahoga, me eleva, me empuja al borde de un abismo del que no quiero escapar. Sus manos me sostienen con firmeza, guiando cada sensación, y yo solo puedo dejarme llevar, perdida en la manera en que él sabe exactamente cómo hacerme enloquecer. —Jack … —jadeo su nombre, sintiendo cómo el placer se acumula en mi interior, desbordandose y liberándome en un torrente imparable. Él sonríe, satisfecho de verme así, vulnerable y entregada. Sus labios vuelven a los míos, devorándome con urgencia, como si quisiera memorizarme, como si esta ocasión pudiera ser la última. Su mirada se clava en la mía, intensa, ardiente, y entonces me pierdo por completo en él. Mis piernas tiemblan, mis sentidos se nublan, y el resto del mundo desaparece. En este instante solo existe Jack y la manera en la que me hace suya. Se clava en mí con una lentitud que parece detener el tiempo, sus estocadas comienzan suaves, pero pronto se vuelven intensas, llevándome a tocar el cielo. Después, cuando nuestros cuerpos finalmente ceden y nos dejamos arrastrar por la corriente del placer, el vapor que emana de nosotros se entrelaza, fusionándose en uno solo.Jack sonríe y abre la ducha de golpe. —¡Hey! Está fría —me quejo, riendo divertida. —Lo sé —responde con una sonrisa de lado. Me atrae hacia él nuevamente y me besa, un beso lento y pausado, cargado de emociones que ninguno de los dos parece dispuesto a nombrar. Toma el jabón y comienza a esparcirlo por mi espalda, sus dedos deslizándose con una ternura inusual en él. —¿Qué haces? —pregunto cuando noto que su caricia se vuelve casi reverente. —Quiero tatuarte en mi mente para cuando no estés aquí… Mis ojos se humedecen sin que pueda evitarlo. Jack me voltea de frente y me acuna contra su pecho. Sus latidos son fuertes y acelerados bajo mi mejilla. —¿Qué es lo que sientes por mí, Jack? La pregunta lo toma por sorpresa. Lo siento en la tensión de su cuerpo, en la manera en que su respiración se entrecorta levemente. —¿Sentir? —repite, como si la palabra fuera ajena a él. Luego aclara su garganta y hace una pausa antes de continuar—. No soy un experto en sentimientos, Isabella. Guarda silencio durante unos segundos que se sienten eternos. —Lo único que sé es que verte pelear conmigo me da cien años de vida —ríe con suavidad—. La manera en la que tu cuerpo reacciona a mí me resulta irresistible. El deseo de protegerte es más grande que yo. Mi corazón se hace un puño. Sus palabras son tan puras, tan sinceras, que me atraviesan como una daga. Me aferro a él con todas mis fuerzas, queriendo grabar este momento en mi piel. Esta noche voy a irme de aquí. Y ni siquiera sé si volveré a verlo. ¿Y si… Jack es el hombre con el que soñé alguna vez?
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