Capítulo 4- No caeré en brazos de un conquistador

1934 Words
—No seas tan arrogante e imbécil, puede que me atraigas y no necesitas ser un experto para darte cuenta de eso —pongo la taza furiosa sobre la mesa y el café baila dentro de ella derramándose un poco fuera— Pero no busco una historia de amor contigo, tampoco quiero acostarme con alguien que solo me use como un juguete y no me interesa tampoco llegar virgen al matrimonio. Que te quede en claro que el día que me acueste con alguien será con un chico que valga la pena, que pueda sonreír al recordar como fue mi primera vez y que no me arrepienta de mis actos. » No será contigo que suceda, no te veo como ese chico que me pueda dar ese recuerdo porque ni siquiera me conoces. Estoy segura de que ni siquiera recuerdas el nombre de la mitad de las chicas con las que te has acostado y me ves como un número más, como una conquista más que podrías sumar a la hora de hablar con tu grupo de amigos. No me quieres ni siquiera como un verdadero amigo lo hace y tampoco te interesa conocerme, la única razón por la que desde un comienzo te acercaste es por la misma y es que quieres acostarte conmigo. Voy a la puerta en silencio, él me sigue con la mirada igual de callado porque por supuesto que no tiene respuesta a eso. ¿Qué podría decirme? Nada de lo que me dijera podría hacerme cambiar de opinión, yo conozco muy bien el tipo de chico que es y de ahora en más por mucho que me agrade tener compañía cuando mi tía no está prefiero estar sola. —Admiro que al menos no seas el tipo de patán que ilusiona a las chicas para pasar una noche y luego descartarlas, pero te quiero lejos de mí de ahora en más —abro la puerta— Creo que ya es hora de que te vayas. —Oye, puede que todo esto haya llegado demasiado lejos, lamento mi actitud, pero no me pidas que ya no te vea —se acerca a mí y baja la mirada— Pensé que yo te gustaba del mismo modo que tú a mí. —¿Para acostarnos de vez en cuando? Nunca voy a tratar a las personas como un juguete, no puedo ser una persona sin sentimientos —abro un poco más la puerta— Vete por favor... Lo vi salir de la casa, no dijo ni una palabra de reproche, pero lo pude ver en su rostro. Se sintió culpable por lo sucedido y tampoco me sentía orgullosa por la manera en que afronté la situación, jamás me pasó en la vida de recibir tanta insistencia de parte de un chico en un tema. Volví a mi habitación, no pude tocar ni un panqueque del desayuno ni siquiera una tostada y no tenía ganas de hacer nada. Solo encendí la televisión y mientras se reproducía la serie de Sabrina que aún no termino de ver me puse a pensar. En esos momentos sonó mi celular, es Joshua en una videollamada y eso me llena de añoranza. Le puse pausa a la serie y le respondí rápido, él está con una sonrisa, aunque se le borró al ver mi rostro apagado. —¿Qué anda pasando algodón? —me llamaba así de cariño por mi cabello esponjoso. —Buenos días para ti también, pequitas —sonreí levemente. Lo llamo pequitas desde el día que lo conocí, yo también tengo las mejillas pecosas, pero las de Joshua lo son mucho más. También es chistoso verlo luchar con su cabello que tiene rizos y es castaño. —Si bueno, se me olvida saludar cuando me recibes con esa cara larga, ¿Qué te sucede? —suelto un gran suspiro y él deposita toda su atención en mí. —Hay un chico, resulta que fue mi mejor amigo de infancia, solo que no puedo recordarlo y me lo crucé hace unos días cuando estuve corriendo por la playa. Mi tía dijo que de niños pasábamos mucho tiempo juntos y ayer pasamos la noche juntos en mi casa... —¿¡Te acostaste con él!? —casi grita con su rostro perplejo. Casi parece Glen, con el mismo gesto chismoso, solo que él se ve un poco molesto. No entiendo cómo puede dudar de mí, me conoce y sabe que no pienso acostarme con el primer chico que se me ponga delante. Sobre todo porque los tres siempre teníamos ese tipo de conversaciones donde nos contábamos todo, Glenda por su parte dijo que piensa aventurarse con un chico que le mueva el piso y Joshua dijo que quiere que su primera vez sea con su primer amor. Siempre dedujimos con Glenda que él ya tiene alguien que le gusta, pero jamás nos ha contado quien es y solo espero que no sea alguna de las chicas más odiadas del instituto, porque solo esa sería una buena razón para no contarnos. —¡Por supuesto que no! —fruncí el ceño y él soltó un suspiro de alivio. —Bueno, sé lo que hemos hablado los tres, pero aun así quizá habías caído en sus garras —hizo un gesto con su mano— Grr... Empecé a reír sin parar, si no lo conociera tan bien diría que por ciertas actitudes Joshua tiene gustos por las personas de su mismo género. En realidad no tengo nada contra ello, quiero que sea una persona feliz porque se lo merece. Solo que notamos que sus actitudes no son del todo las de un chico promedio, es decir, le gusta pintarse las uñas de n***o, hubo un tiempo en que su cabello era algo largo y hasta perrea de vez en cuando. No es lo que se acostumbra a ver en un chico, pero para ser sincera se me hace de lo más divertido y me agrada mucho más que otros chicos de mi clase. —Lo hablamos muchas veces Joshua, no caeré en brazos de un conquistador solo porque le interese pasar el rato conmigo —rodea los ojos para luego sonreír divertido. —Me hubiera encantado ver la cara del pobre cuando lo rechazaste, debió ser memorable. Y sí que lo fue, se veía a kilómetros que nunca ninguna chica se resistió a tenerlo tan cerca. Mucho menos parecía estar acostumbrado a que lo corran, o que lo traten de la manera que lo hice. Me siento un poco culpable, como la bruja de un cuento; porque se fue con la mirada apagada y lleno de arrepentimiento por su actitud. Pero también tengo en claro que si le dejo pasar cada una de sus actitudes se volverá a repetir más adelante. —¿Qué tal está Glen? —pregunto de la nada tratando de cambiar el tema por completo en busca de olvidarme. —Saldrá de viaje antes de lo pensado, no nos hemos visto porque según ella —hace un gesto de comillas con los dedos— Está demasiado ocupada con el arreglo de las cosas del viaje, pero tú y yo la conocemos mejor que nadie. Sabemos que Glen es el tipo de chica que entra en un estado ansioso cuando hará algo fuera de lo normal, en estos momentos debe estar acostada pensando en todo su itinerario en la isla paradisíaca a la que irán. —Tiene mucha suerte, aunque tú también eres muy afortunado y lo sabes —sonrió girando sobre la cama para ponerme boca abajo— Te saltarás clases y te vas a encontrar con Glen allá, seguro que van a haber un montón de chicas guapas. —Nos faltarás tú, somos el trío inseparable —levanta su dedo rápidamente— Ni se te ocurra bromear al respecto de esa frase. —Pensaba hacerlo —hago un gesto perverso. Lo observo acercando su rostro a la cámara y luego se aleja con una sonrisa traviesa. Me volteo para asegurarme que todo estuviera en orden, pero todo se encuentra bastante organizado, por lo que mi rostro se frunce en un gesto confuso. —¿Qué tanto mirabas? —hago puchero al ver como niega casi riendo. —No puedo creer algodón que aún sigas con la serie de Sabrina, si vuelvo a llamarte y aún sigues con esa te juro que me van a ganar los deseos de contarte el final —sus ojos brillan amenazantes y estoy segura de que habla en serio. —No puedes contarme el final, sabes que me distraigo con facilidad y que no puedo ver largas horas de maratones, sobre todo porque mi tía me tiene prohibido el terror en las noches. Ese es otro de los casos en que la tía Amelia me sobre protege, cree que si miro terror por las noches va a alimentar mis pesadillas nocturnas y aunque creo que es una completa tontería, respeto todas las reglas. La terapeuta cree que mi tía hace un muy buen trabajo, en casi todo lo que dice la terapeuta estoy de acuerdo, pero en ocasiones mi tía puede llegar a sobrepasar los límites, pero siempre al final lo suaviza diciendo que soy solo una adolescente exagerada. —¿Cómo pasas el tiempo sola? —me interrumpe de la nada Joshua y me saca de mis pensamientos. No tenemos jamás el tiempo suficiente para hablar, porque la mayor parte del tiempo él está ocupado incluso cuando estamos en vacaciones. Sus padres son del tipo que creen que no deberían de existir las vacaciones tan largas, por lo que mandan a Joshua a distintas clases durante todo el verano y al final cuando casi están por concluir, una semana antes o a veces dos le dan permiso de viajar. Casi todos los años consiste en que lo mandan con los padres de Glen, tienen la confianza suficiente porque los padres de Glen son primos lejanos de los padres de Joshua. —Lo llevaba mejor con la compañía del pelirrojo, me hacen falta ustedes en realidad. Sus bromas continuas y que se queden conmigo —sonrío levemente—. Pero tampoco son las vacaciones más largas de la vida. —Falta menos para volver a pasar tardes y noches de risas viendo películas de comedia. Tras decir esas palabras, mi tía carraspea desde la puerta, está de brazos cruzados y espero que yo no sea la culpable de que este despierta cuando aún falta un buen rato para su próxima guardia. —Hablamos luego —respondo rápido y antes de una protesta de mi amigo cortó la llamada. Me giro sobre la cama para luego sentarme, ella se acerca y se recuesta sobre mi cama emitiendo un quejido que conozco a la perfección. Se trata de una tía cansada que tiene ganas de dormir y no asistir a la siguiente guardia. —¿Por qué estás despierta si aún tienes un rato más para descansar? —le digo en un tono de regaño y solo abre un ojo para mirarme. —El regaño debería ser mío por estar mirando esa serie de terror, pero respondiendo a tu pregunta me levanté para decirte que esta noche irás a cenar a la casa de Marlon. Me quería quedar con la parte del terror para decirle que estoy en mis derechos por ser pleno día, pero después de escuchar que planea que vaya a cenar a la casa de Marlon se me borró la mente. Solo me planteo una y otra vez cómo debo explicarle que no puedo ir, que lo saque de la casa hace un par de horas.
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