XXII Kyle creyó con sinceridad que siempre iba a estar lejos del ojo de su abuelo en cuanto a la imposición de una esposa. Hizo lo que el anciano pidió, trabajó como deseó que lo hiciera, se hizo cargo de la mansión y de su hermano Kaylan, ascendió, se arriesgó. A pesar de todo aquello, un día solo le llegó una carta en la que le decían que conocería a su prometida. —No puedo creerlo —se dijo para sí el ya atormentado hermano menor al saber que no escaparía de eso. Por largos minutos miró la pretenciosa carta decorada con relieves de oro, como si fuera una gran noticia. Llamó de inmediato a Lulú para contarle y poner en marcha el plan de fuga del que habían hablado por meses. De verdad, Kyle estaba dispuesto a incendiar el mundo por ella, pero la joven, sin razón aparente, dio por termi

