Tenía Que Saber Que Es Lo Que Escondía...

1340 Words
Capitulo 8 Después de un largo partido y de ver la victoria del equipo de Roberto es momento de volver a la universidad en la misma que deje mi mochila. Una hora más tarde… Entro de prisa a la instalación, entro hacia el salón de música, en donde antes de entrar veo a mi tía Isabela con el padre de Roberto, ellos dos se sonríen el uno al otro. ¿Qué está haciendo mi tía aquí? Frunzo el ceño intentando ver con más claridad. Ellos dos se despiden y ambos no pueden dejar de sonreírse el uno al otro. De pronto escucho el ruido de muchos chicos, seguido de eso la voz de Roberto quien viene hacia acá. No, eso no puede ser, me doy la media vuelta y camino hacia su voz la cual se escucha de cerca, a lo lejos veo como todos sus compañeros se van mientras que él viene caminando solo y peor aún lleva consigo el uniforme del equipo ¿Qué no se supone que nadie debe saber? No entiendo nada como sea lo único que sé es que su padre no lo debe de ver. Corro de prisa hacia él en mi camino veo una puerta la misma que abro a la vez que lo tomo del brazo y lo jalo conmigo hacia adentro. Por un momento he cerrado mis ojos y cuando los abro estoy frente a Roberto quien me ve desconcertado mientras quita mis manos de la playera de su uniforme. —Lo siento, pero tu padre está en el salón de clases —digo en voz baja. Noto como su rostro lleno de confusión cambia drásticamente a uno de preocupación. —Mierda mi padre ¿Esta aquí? ¿Qué hace aquí? —muerde sus labios. Mismos que los tengo tan cerca, este lugar es demasiado pequeño así que siento su cercanía en todos los sentidos. Trago saliva de los nervios que siento al oler su perfume caro y sentir su piel suave tocando la mía, es decir nuestros cuerpos están tan cerca que el roce de su brazo con el mío me hace sentir la textura de su piel. —Si está aquí —asiento en tanto procedo a pestañear un par de veces. Siento su respiración la cual está un poco acelerada. — ¿Cómo es que tu padre no puede saberlo y andas como si nada con el uniforme puesto? —levanto mi mirada. —Yo sé mi cuento, por ahora guarda silencio nos pueden escuchar—él baja su mirada para después hacerme una señal de silencio. Bajo mi mirada y sin darme cuenta juego con mis manos. Minutos después ya no se escuchan las risas de mi tía y de su padre. —Vaya, pero ¿Quién es esa mujer quien hizo que mi padre se riera a carcajadas? Estoy seguro de que algo tiene ya que ni con su propio hijo se ríe de esa manera, debe ser una… —Oye —le doy un codazo—Esa mujer es mi tía, no te permito que hables mal de ella y menos sin conocerla—trato de salirme, pero él me toma del brazo y me jala hacia adentro. Esto es mejor que antes ahora estoy rosando sus labios en tanto abro mis ojos como plato, sí que esto no me lo esperaba, como sea eso solo duro al menos dos segundos puesto que él me aparta instantáneamente. —Yo saldré primero —me hace a un lado y sale. De pronto ya no se escucha nada por lo que me asomo y veo a Roberto y a Sonia abrazados, claro con razón tanto silencio, agacho la mirada hasta que ella habla. — ¿Quién es ella? ¿Y por qué ha salido del mismo lugar que tú? —me ve por un momento enseguida de eso voltea a ver a Roberto quien voltea a verme. —No es nadie. Bueno es alguien que me ayudo, pero eso es todo—termina de decir. Me quedo viendo como ellos dos se toman de la mano y se van de mi presencia. Por un instante me quedo parada en ese lugar ¿Cómo es que de un momento a otro me siento triste? Cuando hace un instante era feliz por sentirlo así de cerca, además ese rose los labios. De repente la voz de Lizbeth me desconcentra así que volteo a mirarla y ella me niega con la cabeza. —Él profesor de música llamo a tu tía para decirle que no estabas todo fue porque tu mochila estaba en lugar y nunca volviste por ella así que se preocupó y la llamo—menciona preocupada. — ¿Y después que paso? —menciono preocupada. —Tuve que intervenir por ti, les dije que te habías ido por mis medicinas a mi casa que por eso la tardanza —me ve sorprendida—Mentí porque sabía dónde estabas, pero si no lo hubiera sabido juro que también me hubiera preocupado más o peor que el profesor. —Gracias Liz y perdóname por haberte metido en esto, pero tenía que ver que escondía Roberto —me encojo de hombros. —No cabe duda de que ese chico te flecho desde el primer día, pero por favor no dejes que sea algo que intervenga o que te meta en serios problemas, es hora de irnos —me toma del brazo. Ya fuera de las instalaciones me despido de mi amiga quien se va con si chofer y aunque ella insistió en llevarme a casa yo prefiero caminar y pensar en qué es lo que le diré a mi tía. En casa… A lo lejos se escucha como mi tía está cociendo, avanzo hacia ella quien en cuanto me ve se pone de pie y me abraza con fuerza. —Mi niña—continúa abrazándome —Por un momento pensé que te habías ido de mi lado otra vez. Ella se separa de mí y me toma de las mejillas. —Perdóname por haberte preocupado no volverá a suceder —tomo sus manos y le sonrío — ¿Me prometes que nunca te iras sin decírmelo? —frunce el ceño. —Te prometo que nunca me iré tía—le sonrío y después le doy otro abrazo. A decir verdad, estoy tan agradecida con el creador de los cielos de que me haya dado una tía tan linda como mi tía Isabela quien me quiere incondicionalmente. Sonrío al darme cuenta de que aún tengo quien se preocupe por mí y de saber que no estoy tan sola como pensaba. —Ven vamos a comer —se separa de mí y me lleva hacia el comedor—Hoy hice unas enmoladas riquísimas —sonríe. Sé que la preocupe demasiado, pero a pesar de eso mi tía tiene un brillo especial y hasta puedo jurar que el señor Alberto algo tiene que ver. — ¿Tía? —la veo con entusiasmo. — ¿Sí dime? —contesta a la vez que sirve esas enmoladas. — ¿Paso algo? ¿O por qué ese brillo en tus ojos? —Nada en especial—trata de negarlo por lo que la veo fijamente—Ok conocí a un señor es que fui a buscarte porque me llamaron, pero tu amiga me dijo que habías ido a su casa entonces me tranquilicé. Además…—suena feliz — ¿Además? —alzo las cejas. —Llego un señor muy refinado y guapo, buscaba a su hijo y me vio tan desolada llorando porque aún no sabía nada de que habías ido a casa de tu amiga, entonces él fue muy paciente conmigo, incluso me dio su pañuelo después tu amiga me dijo la verdad y me calme ¿Y qué crees? —Sonríe aún más— ¡Que me ofreció trabajo como su secretaria! —da pequeños saltitos de emoción. Bueno ver feliz a mi tía no tiene precio, aunque ahora ayudar a Roberto me será más difícil si es que mi tía toma ese trabajo.
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