Fabiola —Y... ¿Cómo está mamá? —Bien cariño, en lo suyo. Esta tarde vendrán las cacatúas para el bingo. Me río entre dientes y suspiro. —Papá... —Sabes que esas mujeres me vuelven loco con su parloteo todo el santo día. A veces me pregunto por qué razón las aguanto. —Porque amas mucho a mamá. —Sí, ha de ser por eso —suspira en el teléfono y mi sonrisa se desvanece—, sabes que ella te ama también. —Permanezco en silencio y eso hace que mi padre tome una respiración—. Ni siquiera dudes de ello, ella sólo está pasando por un mal momento. Se siente un poco culpable y no sabe cómo tratar con esa culpa. —¿Por qué habría de sentirse así? No es su culpa, yo fui quien tomó las decisiones que me llevaron a este momento. —Lo sé hija, pero recuerda su pasado. Ella luchó por no darte ese mismo

