Capítulo 9: La paciencia de un santo

1349 Words
Valentina se encontraba mirando la pantalla de su computadora, completamente desconcertada. El informe que Álex Montes había pedido revisado parecía estar tomando una forma que ya no reconocía. Había pasado las últimas dos horas haciendo ajustes, reorganizando párrafos, y agregando detalles que, según ella, no solo eran innecesarios, sino que nada tenían que ver con el informe original. ¡Esto está mal! pensó, mientras mordía el lápiz. ¡Esto está totalmente mal! Un suspiro salió de sus labios mientras dejaba caer la cabeza sobre la mesa. ¿Por qué no puedo hacer esto bien? parecía que todo lo que tocaba se convertía en polvo. Si se hubiera comparado con una máquina, ya estaría completamente fuera de servicio por sobrecarga de trabajo. Pero no soy una máquina. Soy una persona, y no puedo hacer que todo sea perfecto. —Valentina, ¿todo bien por aquí? —La voz de Martina la hizo levantar la cabeza, dándole un respiro momentáneo. Martina apareció en la puerta de la oficina con una taza de café en la mano y una sonrisa traviesa en la cara. —No, en absoluto —respondió Valentina con tono dramático. —Estoy a punto de colapsar. ¡Este informe me va a matar! Martina soltó una carcajada y cruzó la oficina para sentarse en el escritorio de Valentina, observando el caos que se había apoderado del espacio. El monitor de la computadora mostraba una página llena de correcciones, y los papeles desordenados acumulados en la mesa no ayudaban en nada. —¿Qué te pasa, Valentina? ¿¡Lo hiciste todo mal!? —preguntó Martina, imitando la voz de un inspector severo, lo que hizo que Valentina le lanzara una mirada fulminante. —¡No, lo hice todo bien! ¡Es Álex el que está haciendo esto imposible! —exclamó Valentina, levantando las manos en señal de desesperación. —¡Me manda cambiar todo a última hora como si fuera un chef estrella que me ordena volver a cocinar el platillo por quinta vez! Martina se inclinó hacia adelante con una sonrisa burlona. —¿Sabes qué? Álex es un control freak, siempre lo ha sido. Se la pasa pidiendo cosas imposibles y aún así espera que todo sea perfecto. Pero si no le das una lección, siempre será igual de insoportable. Valentina suspiró, sintiendo cómo una nueva ola de frustración la invadía. —No sé si estoy lista para darle una lección. Este hombre me tiene completamente a su merced. ¡Mira esto! —dijo, señalando la pantalla. —Esto tiene más cambios que un episodio de una serie de televisión con múltiples giros de trama. ¡Es un caos! Martina tomó un sorbo de su café, observando atentamente el informe. —¡Mira! —dijo, después de un momento de reflexión—. Lo primero que tienes que entender, Valentina, es que Álex no te está pidiendo lo imposible. Bueno, sí, lo está haciendo, pero ese es su juego. Tienes que aprender a jugarlo con estilo. Si vas a seguir su ritmo, vas a terminar siendo su esclava. Pero si juegas tu propia carta, quizás le hagas un favor y lo sorprendas. Valentina la miró con una mezcla de sorpresa y confusión. —¿Jugar mi propia carta? —repitió, como si fuera una fórmula secreta para sobrevivir. —¿Qué quieres decir con eso? Martina la observó con una sonrisa divertida. —Quiero decir que te tomes un descanso de seguir las reglas de Álex. ¿Sabes cómo te ha tratado hasta ahora, no? Te has esforzado, has hecho todo lo que te pidió y… no te ha dado ni un ápice de reconocimiento. ¿Por qué no le devuelves un poco de esa misma medicina? Haz el informe, claro, pero no le des lo que espera. Dale un giro. Lo que sea que te diga, hazlo a tu manera. Valentina frunció el ceño, procesando las palabras de Martina. Había algo en esa idea que la hacía sentir un poco más en control, pero aún le costaba imaginarse desobedeciendo abiertamente las expectativas de su jefe. —Pero… ¿y si me despide? —dijo con cara de pánico. —No soy tan buena para jugar estos juegos de poder, Martina. Martina levantó la mano, haciendo un gesto como si estuviera quitando esa preocupación del aire. —¡Vamos, Valentina! Álex te necesita más de lo que tú lo necesitas a él. Sí, es frío y tiene el control, pero tú eres la que tiene la creatividad. Juega con eso, no con sus reglas. ¡Vas a ver cómo las cosas se resuelven solas! Valentina se quedó en silencio, mirando el monitor. Algo en su cabeza comenzó a hacer clic. Tal vez tenía razón. Tal vez no tenía que seguir todas sus reglas al pie de la letra, y quizás, solo quizás, podría sorprender a Álex de una manera en que nunca lo había hecho antes. —Vale, lo intentaré… pero no prometo que sea una versión "perfecta". Solo voy a… hacerlo a mi manera. —dijo finalmente, con un tono de resolución. La tarde llegó, y con ella la hora de la verdad: el momento de entregar el informe. Valentina sentía que el corazón le iba a salir por la boca mientras observaba su pantalla. Había hecho lo que Martina le sugirió. No había seguido al pie de la letra todas las instrucciones, pero sí había incorporado algunos de los cambios que Álex había pedido… de una forma más… creativa. ¿Estaría cometiendo un gran error? ¿O estaba a punto de demostrarle a Álex que podía hacer las cosas a su manera? De repente, el sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos. Era él, Álex, que entró como si no tuviera ni idea de lo que pasaba en la mente de Valentina. —¿Valentina? —preguntó con su tono característico, que nunca variaba. —¿Está listo el informe? Valentina se levantó lentamente, respirando profundamente antes de entregar el archivo en sus manos, pero antes de que pudiera dar un paso atrás, Álex la miró con esa mirada fría y calculadora que hacía que cualquier persona se sintiera como si estuviera siendo analizada bajo un microscopio. —Lo revisaré ahora. —dijo, y comenzó a leer sin decir una sola palabra más. Valentina observó cada uno de sus movimientos, notando cómo sus dedos pasaban por cada página, sin mostrar ni un atisbo de emoción. Había algo sobre esa mirada de Álex que la ponía nerviosa, algo en su calma que solo podía significar que estaba esperando una razón para destruirla. Y cuando terminó de leer, se quedó en silencio, mirando el informe con una expresión impasible. —No está mal. —dijo finalmente, dejando el informe sobre la mesa. —Pero quiero que hagas un cambio en el apartado final. —comentó sin darle más detalles, como si estuviera dando una orden sin importancia. ¿Eso era todo? Valentina pensó, sorprendida. ¿Solo eso? Pero lo que más le sorprendió fue que Álex no había reaccionado de la forma en que normalmente lo hacía. No había gritos, no había reproches. Solo… una aprobación a medias. —¿Eso es todo? —Valentina no pudo evitar preguntar, sin pensar. Álex la miró fijamente, con sus ojos fríos y calculadores. —No todo el mundo puede hacer lo que yo pido. Pero tú… lo lograste. Solo asegúrate de que los detalles estén listos para mañana. Nos vemos. Y con esas palabras, se fue. Valentina se quedó allí, completamente estupefacta. ¿Había acabado de recibir una especie de… aprobación de Álex? Suspenso: ¿Valentina ha logrado finalmente conquistar el desafío que le impuso Álex, o este solo es el inicio de una nueva batalla? ¿Podrá mantener este nuevo equilibrio entre satisfacer sus expectativas y no perderse a sí misma en el proceso? ¿Álex realmente empieza a verla de otra manera, o esto es solo una fase de su interminable prueba?
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