Mi clase termina a las nueve de la noche, Mía me llamo para decirme que va a cenar con Mara. Me alegra que Mara se haga cargo de mi bajita, mientras yo pienso que decirle con respecto al resultado. De camino a casa tomo valor para llamar a Justin, sé que él puede ayudarme con esto. Cuando la llamada suena por segunda vez ya no hay vuelta atrás. Tengo que hacerlo, estoy decidido a pedirle que se casé conmigo. Quiero ser suyo, quiero que tenga un papel que diga que le pertenezco.
—¡Jeff, Mía ha salido a cenar con Mara!—me dice al solo saber que era yo quien llamaba y me río.—Lo sé.
—¿Entonces?—me pregunta intrigado, suspiro intentando contener mi odio.—Podemos hablar cara a cara.
—Mhm, bueno, Jeff.—dice rendido.
—¿Puede ser ahora?—le pregunto apretando mi celular con fuerza. Me siento tan idiota hablando con él, después de todo lo que dije o digo de él. Parezco hipócrita.
—Voy a tu casa.
Cuando llego a casa lo primero que hago es bañarme rápido, ordenar las cosas tiradas en la sala y rezar porque Mía no llegue mientras él sigue aquí. El timbre suena y abro lo más rápido posible. Quiero que esto termine rápido, que me diga si o que me diga no. Y listo.
Justin me mira sonriendo—En serio tienes apuro por hablar conmigo.
—Necesito tu ayuda en algo. Nos sentamos en el sillón, me cuesta muchísimo decir lo que quiero decirle, es decir, le voy a pedir trabajo a mi rival número uno. 'no es tu rival' la voz de Mía aparece en mi cabeza, ' es mi compañero de trabajo'.—¡Dilo Jeff! ¡Te escucho!
—Justin sé que nosotros no somos muy...
—No somos amigos—dice firme y pongo los ojos en blanco—Los dos queremos a la misma chica...ahora puedes continuar.
—¡Gracias!—digo sarcástico y suspiro para decirlo de manera rápido y clara—Quiero casarme con ella. Él se queda en silencio unos minutos, estoy esperando una reacción negativa de su parte, pero no hay nada, continuo—¿Tu padre podría darme trabajo?
—Entonces no es conmigo, yo estoy alejado de los negocios familiares, me dedico a la danza, Jeff—se cruza de brazos como si fuera obvio, para mí no hay nada obvio, es decir, es su hijo—Mi padre me saco del negocio familiar desde el día que decidí ser bailarín.
Oh, miro arrepentido hacía otro lado, arrepentido por hablar con la persona incorrecta—Pensé que podrías ayudarme.
—Puedo hacer algo.
—¿Si?—digo tratando de no demostrar tanta emoción.—Llamaré a mi hermana, ella puede ayudarte.
—Harías que te odie menos. Él pone los ojos en blanco, ríe y se levanta del sillón caminando hasta la puerta, lo sigo hasta ella.—No entiendo porque no vas a la entrevista, Jeff.
—Necesito el trabajo si o si Justin—le digo abriendo la puerta. Él suspira mirándome pensativo—Tengo miedo de perderla.
—Nunca lo entendiste, Jeff—levanto la ceja en confusión y él mueve la cabeza—Nunca la vas a perder. Se va. El departamento es testigo de mis miedos y hoy, de la pérdida de mi orgullo.
Pido una hamburguesa para cenar y me meto en la cama a comer mientras miro la televisión. Mía llega con una sonrisa y se tira a mi lado comience un pedazo de mi hamburguesa.
—¡Dios! Extrañaba sentir este sabor en mi boca—me dice divertida.—¿Y otro sabor?—le contesto con el mismo tono divertido.
—¡Jeff!—me golpea el hombro y se levanta para ir al baño—Bebé estaría necesitando que me trates como una reina. Me río dejando el plato en la mesita de luz y caminando al baño. Me recuesto en el marco de la puerta.—¿Se le ofrece algo my lady? Ella se ríe dejando caer su sujetador al suelo quedándose solo con la parte de abajo.
—Sí, Jeff necesito que me prepares el baño.
—No quiere masajes también—digo irónico. Puedo estar enamorado, pero tampoco para tanto.
—Me encantaría—da pequeños saltos como niña pequeña y me tira pequeños besos en el aire.
Esta mujer sí que sabe cómo comprarme, le preparo la tina mientras ella le hace muecas al espejo. Cuando se mete en la tina me siento en la orilla con mis pies dentro del agua, ella se queda de espalda entre mis piernas mientras masajeo su cuello con delicadeza. Se queda en silencio, seguro tiene los ojos cerrados.
—Jeff, me ha bajado—dice cambiando totalmente de humor.—Mierda—me quejo y ella suspira—Tenía ganas de hacerte el amor. Se ríe y se da la vuelta para mirarme—¿El agua te lo impide? Me mira directo a la boca y muerde su labio.
—Nada me impide—digo sacándome el pantalón del pijama junto con el boxer metiéndome en el agua con ella.
Ella se acerca a besar mi boca profundamente y se sube encima de mí repartiendo besos en mi cuello. No puedo evitar sentir deseo de inmediato, cuando se trata de ella siempre siento ganas de hacérselo. Entro en ella de golpe y ella agarra mi cuello con sus uñas jadeando. Agarrando de su cintura la ayudo a moverse de un lado hacía otro. Recorro su espada sintiendo como se le eriza la piel, su voz gimiendo, mis ojos llenos de lujuria de solo ver los suyo cerrados del placer. Me encanta hacerle el amor. Sí, el amor.
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Me vuelvo a poner el pijama yendo a la cama, ella se pone uno de sus vestidos de abuela que usa para dormir, me está mirando con una sonrisa.
—¿Qué?—le digo levantando una ceja.
—Tengo una presentación en un mes, tengo que bailar y desde que me dedique—dice sentándose en su lado de la cama mirándome como si me suplicara—A sentarme todo el día tras un escritorio perdí mi don para bailar.
—Mía, eso no se pierde—pongo los ojos en blanco y ella suspira haciendo puchero.—Quiero que me ayudes.
—¿Cómo?—pregunto intrigado. Yo no sé nada de baile.
—¡Bailando!—dice como si fuera obvio, la miro confundida.—Yo no sé bailar.
—¡Oh, vamos Jeff! Mi hermosa suegra me contó que hiciste danzas clásicas cuando eras pequeño. Abro mi boca en sorpresa y en mi mente estoy gritando «a mi madre»—Creíste que podías ocultarlo por siempre, un día vamos a estar casados y eso será algún tema de conversación—lo dice burlona.
—Tenía siete años Mía, y lo hice por Marcus, luego me dedica a acosar mujeres y ya no tenía tiempo para la danza. Ella cambia su cara en seguida cuando escucha las palabras mujeres—Lo hice hasta los trece.
—Pero uno no se olvida de como bailar, solo hay que activar tu memoria, tus pies, tu talento—lo miro gracioso—Por eso te emocionaste cuando la señorita-uñas-largas, te dijo que tenías talento.
—No dijo que tenía talento—le susurro graciosamente cerca de su boca—Y además nunca dije que no tenía talento en el pasado, solo que no bailo y no bailare, nunca más.
—Jeff—dice juntando sus manos y acercándolas a su mentón—Por favor.
—Mía he dicho que no—me cruzo de brazos—Además no es verdad que perdiste tu don, es por lo que te ha contado mi madre.
—Tal vez—sonríe tierna y hace puchero, niego con la cabeza—Oh, amor por favor solo quiero que compartir mi amor por la danza contigo.
—¿No podemos solo compartir mi amor por el sexo?—ella pone los ojos en blanco y se acuesta dándose la vuelta para no mirarme como una nenita haciendo berrinches—Mía, no me digas que vas a comportarte como Melisa. No me responde, me río sin poder creer que esté haciendo esto, pero luego me acuerdo del resultado y lo distante que hemos estado—¡Bien!—ella se voltea en seguida poniendo una sonrisa en su rostro—Te voy a ayudar, bajita.
—Te amo tanto—se sube arriba mío y reparte besos por todo mi rostro. ¡Esta mujer!
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La mañana parece larga camino a casa de mi madre, los autos nunca avanzan, los semáforos nunca cambian; sin embargo, llego para el almuerzo, me siento en mi lugar. Melisa está grande y hermosa, tendré que comprar un arma para espantar idiotas como yo, en el pasado.
—Jeff ¿por qué no viniste con Mía?—me pregunta ella, Mía y ella son grande amigas, no me sorprendería que la convenciera de bailar también.
—Tiene mucho trabajo hoy—le miro a mamá levantando una ceja—Mamá—ella asiente mirándome con los ojos entrecerrados—¿Por qué le contaste a Mía que yo bailaba?
—Porque no contárselo, es tu mujer—responde John la pregunta que le hice a mi madre.
—Justamente de eso quería hablarles—digo tomando el valor para decirles. Ellos me miran intrigado, confundidos—Voy a pedirle a Mía que se case conmigo.
—¡Jeff!—exclama mi madre preocupada.
—No te estoy pidiendo permiso—le digo mirándola serio.
—Hijo, sé que Mia es tu primera novia, no crees que es...
—No voy a dejar a Mia nunca, no pienso tener ninguna otra novia, voy a casarme con ella.
—Mamá, donde Jeff encontrara alguien que lo soporte, Mia es la única, además viven juntos, ya están casados prácticamente.
—Tiene razón, Melisa, cariño—dice John asintiendo como si fuera obvia la situación, no como si fuera obvia, es obvio que estoy casado con mi bajita.
—Pero...
—¡Mamá!—le exclama Melisa enojada, parece toda una mujer—Jeff ya no es más un bebé, creció, estás vieja.
—Tienen razón—dice bajando la guardia—Debo aceptar que mi bebé ya está hecho un hombre—sonríe tierno—Y que tiene una maravillosa mujer a su lado ¡Bendiciones!
—Hijo... hay algo que debes saber—dice John mirándome serio—¡Esto no es un juego, Jeff!
Suspiro pensando en que él tiene razón, lo admito por más que a veces me cueste decirlo, John es la clase de esposo que quisiera ser, siempre trato a mi mamá como una reina, es un excelente padre para Melisa y aunque me acueste aún más admitirlo, también es un excelente padre para mí.
—Lo sé, papá—le digo con una sonrisa segura. Él me mira orgulloso y con una enorme sonrisa.—En qué momento creciste tanto, mi hijo—me dice. Mi mamá se levanta con una sonrisa y los ojos cristalizados.
—Son los hombres de mi vida—dice aguantando las ganas de llorar. No puedo creer la escena que acabamos de montar.
—Oigan familia feliz ¿y yo?—reclama Meli. Me río poniendo los ojos en blanco.
Cuando salgo de la casa de mis padres con su aprobación sobre mi casamiento, solo me queda la aprobación de la madre de Mía que segura no se opondrá o tal vez un poco. Y sus padres, Felix estará encantado con la idea, ahora Robert es un poco más difícil. Recuerdo lo que me dijo Mía anoche y que tengo algo que hacer antes de pedirle la mano de Mía a sus padres. A los tres.
Marco su número esperando que no esté ocupado.
—¡Hermano!—dice Marcus. ¡Qué bueno volver a saber de él!