Capítulo 3

2722 Words
Teo Fernán. Siempre me ha gustado despertar cada día junto a Lucia, la mayor parte del tiempo trato de estar junto a ella, siempre trato de llegar a tiempo los días que tiene libre en su trabajo, siempre llego y me recibe con una sonrisa amplia y semblante cansado. Cuando vengo en el coche siempre le envió un texto para saber que quiere de cena, –siempre llego para la cena–, pero nuestra cena siempre termina en la cama, terminamos bajos las sabanas. Siempre le doy su espacio, nunca la presionare con nada, después de todo ambos nos entendemos, no tenemos una definición de esto que solo nosotros dos, sabe que ocurre. Aunque se que no soy el hombre que ella quiere, he logrado estar más presente en su vida, ayudarla en lo que puedo y creo que me conformo con esto al igual que ella. Me gusta cada detalle de Lu, mas no me gusta cuando el pasado le da de lleno y su mente se vuelve en desastre que ni yo soy capaz de poder descifrar. –Siempre te encanta acariciar mis hombros de esta manera ¿Cierto? –comento con los ojos cerrados, sus dedos en un vaivén, haciendo formas extrañas en mi piel. –Me gusta siempre, dibujar con mis dedos formas incompresibles en tu piel, buenos días... –abro mis ojos y tiene sus ojos hinchados por dormir, los rayos del sol colándose por la ventana. –Eres tan, preciosa... –sonríe y asiente. –Y tú eres muy guapo, déjame decirte –me guiña, reímos, sus labios besan los míos y la abrazo, la apego más a mi pecho uniendo la desnudes de ambos. –Estos cuatros años no han pasado en vano, tu, cada vez estas más guapo y hermoso. –Y tú lindísima, Lu. El olor a frutilla que ella expende es delicioso y siempre me ha gustado, su aliento caliente choca en mi piel, estamos desnudos y trato de controlar mi mente desastrosa, pero con ella de esta manera es imposible. Mis manos acarician su espalda, luego bajo mis dedos de a poco logrando que su piel se erice, sus ojos fijos en los míos y me vuelve a besar. La palma de mi mano en su trasero, alza su pierna y la pone alrededor de mi cintura. En una de sus tantas maniobras Lucia queda encima de mí, la sabana cubriendo la mitad de nuestro cuerpo, comienzo a ver desde su vientre hasta su rostro. Con mis manos acaricio su cintura y luego subo hasta sus senos, los toco y juego con sus pezones haciendo así que ella jadee un poco, la veo morder sus labios y la imito. Lucia comienza a mover sus caderas, roza su intimidad con la mío y sé que le gusta sentir cuan erecto me tiene, se separa un poco y lo toma en sus manos. Comienza a introducirlo poco a poco, logrando que un gruñido brote de mis labios y esto se sienta tan magnifico hacerlo sin protección. Un gemido proveniente de su boca se escucha por la habitación, se arquea y tanto mi respiración como la de ella es un desastre. Se inclina hasta llegar a mi cara, sus labios besan mis mejillas, seguido baja por mi cuello y muerde el lóbulo de mi oreja. Dejo salir un gruñido de mi boca y sé que a ella le gusta lograr eso conmigo, siento como sonríe pegada a mi piel y también lo hago, no mueve su cuerpo, tengo mi m*****o dentro de ella, pero me gusta sentir lo caliente que está dentro. Tan pronto sus labios rozan por mi pecho, tomo su trasero con ambas manos y comienzo a moverme muy lento para ella, escucho sus bajos jadeos, sus gemidos de placer, le hago el amor con todo el sentimiento que pueda sentir por ella. Admiración, deseo, carnalidad, complicidad, todo, absolutamente todo. –Teo, esto es muy... ¡Dios! –comenta, tomándola muy fuerte con mis manos la volteo quedando encima de ella. – ¿Es muy qué? Dímelo –muerdo ligeramente sus hombros y sus dedos se enredan en mi cabello. – ¡Increíble! –chilla cuando le doy un repentina estocada. –Me gusta, me gusta mucho estar de este modo contigo, Teo. –A mí también, me encanta. Comienzo a moverme aún más rápido, el sonido de nuestra piel chocando hace eco por toda la habitación, sus gemidos se hacen más fuertes, su piel comienza a estar brillante por el sudor que ambos desprendemos de nuestra piel agitada. Mis ojos se encuentran con sus grises, mis labios besan los suyos, muerdo su labio inferior, clava sus uñas en mi espalda, los jadeos y gemidos son más constante y su cuerpo se vuelve gelatina en mis brazos. Sigo dándole estocada tras estocada, haciéndola mía aún más rápido, dentro y fuera, dentro y fuera. Lucia con prisa toma mi rostro entre sus manos, nos miramos fijo, sus ojos tienen ese bonito brillo que siempre me ha gustado y en un beso profundo, siento como explota de placer en mis brazos. Me besa aún más fuerte, sus ojos cerrados, continuo hasta venirme y después de unas cuantas estocada lo hago fuera de ella. –Que maravillosa manera de iniciar el día… –comenta, me dejo caer junto a ella, al vernos reímos. –Deberíamos tomar una ducha ¿No crees? –asiente. –Vamos, quizás tengamos un segundo round –niego sonriente y me guiña. _ Después de tomar un baño en la tina, hablar y reír de cualquier tontería, nos olvidamos del segundo round de la mañana. Decidí hacerle el desayuno, ella se ira al trabajo y yo me quedare aquí en su casa, me iré mañana por la mañana así que haré lo que siempre hago en cada visita, consentirla en todo. – ¡Ya está el desayuno! – ¡Voy! Le escucho gritar desde su habitación, sonrió de lado, termino de acomodar la mesa y busco algunas fresas en la nevera. Sus brazos de pronto me rodean por detrás, rápidamente volteo, la encuentro vestida y lista para su trabajo. – ¿Que nos ha preparado el chef hoy? –beso sus labios y le muestro la mesa. –Huevos revueltos, papas fritas, salchichas cocidas y tu favorito pan tostado con mermelada de frambuesa para el final –da aplausos y sonríe. –Vaya, tus desayunos siempre son los mejores, no esperemos más, ¡Ven! Ambos caminamos y nos sentamos, le sirvo un vaso de jugo de naranja y no pierde tiempo en comer, hago lo mismo, pero a diferencia de ella tengo una taza de café en vez de jugo. La veo disfrutar de su desayuno, me encanta ver su cara de gusta al comer el pan tostado con mermelada, verla de esa manera me hace sonreír como un idiota. Estos años junto a ella han sido los mejores, hemos tenido nuestras altas y bajas, pero siempre buscamos la manera de continuar juntos, de apoyarnos, de ser los grandes amigos que hasta ahora, hemos sido. . Años atrás. – ¿Estas segura de tu decisión? –miro al frente, mi ojos fijos en el mar. –Sí, no me siento bien con todo lo que ha pasado, mi entorno ha cambiado tanto Teo… –volteo a verla, sus ojos viendo el suelo, sus manos inquietas sobre su regazo, tomo su mano izquierda y sube su mirada. –No pienso dejarte sola, no ahora, que tu vida necesita el apoyo más grande, donde vayas buscare la manera de estar junto a ti –sus ojos llenándose de lágrimas. – ¡Es lo más horrible que han hecho con mi vida Teo, me han destruido! –las lágrimas comienzan a descender por sus mejillas, la abrazo, la dejo llorar en mi pecho, Lucia no puede ser fuerte todo el tiempo. – ¿Por qué se burlaron así de mí? ¿Por qué? –trago duro. –Fui un juego, una burla, desde el inicio lo fue y yo de estúpida que no lo vi venir. –Lu, no te culpes de nada. –Fui muy buena con él, siempre busque lo mejor para él, un buen inicio para su vida, ¿Por qué fue tan malo conmigo? ¿Por qué, Teo? –sus manos tiemblan. –Odio a Illán Gaos, lo odio. –Lucia, no digas algo de lo que luego te puedas arrepentir. – ¿Cómo se puede amar a alguien que te hizo mierda la vida? ¿Eh? –la manera en cómo se aferra a mi camisa es fuerte. –Todo va a estar bien, lo prometo, no te dejare sola Lucia, lo juro... –solloza en mi pecho, se aferra a mí. –No lo hagas, por favor no me dejes sola... –su voz se quiebra. –No pretendo hacerlo, Lu. Nunca llegue a pensar tener que verla de esta manera, Lucia siempre irradiaba luz, demostró ser una mujer fuerte, sonreía todo el tiempo, era enojona y contestona como siempre, de pronto verla de esta manera tan vulnerable y destruida me parte el alma. No perdonare el daño que le han causado, ella no merece tanta mierda, ella era una chica feliz y sin problemas, solo hizo llegar Illán y toda su vida vino abajo, tuvo sus momentos felices junto a él, lo sé, lo puedo imaginar, pero ella no merecía tanta burla y dolor en su vida. . –El desayuno estuvo de las mil maravillas, gracias mi Teo... –asiento y sonrió, tomo su mano y dejo un corto beso. –Prometo que la cena será aún mucho mejor… –me sonríe y asiente, se levanta y camina al lavado para limpiar sus manos. Hago lo mismo, con la diferencia de que la rodeo con mis brazos. –Ves, nunca te dejare sola... –sé que sonríe, siempre se cuándo lo hace. –Y siempre estaré agradecida de no dejarme caer al vació, lo sabes, ¿No? –asiento con mi mentón apoyado en su hombro. –Si caes, yo lo haré contigo, lo sabes, ¿No? –asiente y voltea para mi encuentro. –Eres y serás siempre esa luz que necesitaba en mi vida en medio de tanta oscuridad... –me da un casto beso. –Ve o llegaras tarde –asiente sonriente y sale rápidamente de la cocina, toma sus cosas y se marcha dejándolo saber con un grito desde la salida. Siempre estaré a su lado, sé que algún día, aun no sé cuándo, me dejara a un lado, sé que algún día ella y yo no estaremos más, y no es pesimismo es ser realista, pero mientras que eso no ocurre acá estaré junto a ella, dándole mi apoyo, ella es lo que ahora me da vida y me ha hecho cambiar de la mejor manera, estaré a su lado hasta que sepa que ya su corazón este sano nuevamente por el momento seré su refugio. Lucia Cadaval. Otro día de trabajo, otro día de papeleos y pacientes, termino de ordenar todo, miro el reloj del escritorio y estoy sobre mi hora de salida. Debo apresurarme, no quiero que la noche me tome en la carretera, mi jefa sale de su consultorio y camina hasta mí, me entrega un sobre y me sonríe de lado. –Lucia, acá esta tu pago del mes, cada día me sorprendes más con tu trabajo, gracias, creo que sin ti pararía a loca con tantas cosas... –me levanto y tomo el sobre de sus manos. –Gracias, me alegra saber lo útil que soy para usted, nos vemos mañana, ya me iré... –asiente y me sonríe. –Sí, no te preocupes, yo cerrare las puertas –asiento y termino de ordenar las cosas, para así salir rápidamente del lugar. Ya en el coche, de camino a casa pase por una tienda donde venden unas deliciosas frambuesas en almíbar, ya puedo imaginarme la cara de Teo al ver el frasco en mis manos, dice que mi fuerte obsesión por ellas es de otro mundo. –Teo... –susurro y una sonrisa se forma en mis labios. Disfruto mucho de su compañía, nunca llegue a pensar que él seria mi mejor apoyo, ese refugio que necesite luego de dejar mi casa, él nunca me ha dejado sola, nunca ha dejado de estar para mí. Estar con él y me refiero en lo íntimo, fue algo difícil al principio, siempre pensaba en que le estaba fallando a Illán de alguna forma u otra, con el cuerpo y con la mente, pero luego recordé que yo merezco ser querida por alguien, y que de alguna manera, mi cuerpo debe sentir el calor y las caricias de unas manos diferentes. Cuatro años, han pasado cuatro años y ya ni siquiera pienso en él cuándo Teo me toca o me hace suya. A veces siento que lo estoy olvidando, pero cuando me quedo sola en casa el recuerdo viene a mi nuevamente y allí estoy amando a quien no debo amar, pensando en quien no debo pensar. Una lagrima baja por mi mejilla y rápidamente la limpio, detesto pensar en él, tan solo pensarlo me pone tan triste, me pone los sentimientos débiles, pero no, en casa alguien bueno y de enorme y noble corazón que me espera, y aunque no es el hombre que amo, es el hombre que no me deja sola y me quiere con todo su corazón, yo quiero a Teo, pero sé que nunca podre amarlo. . Me siento tensa, necesito mi cama ahora mismo, quiero dormir, quiero una ducha caliente, quiero tanto para quitar este dolor en mis hombros y espalda, abro la puerta de mi apartamento y quedo totalmente sorprendida. Un camino de pétalos de rosas blancas y rojas, velas aromatizantes por todo el lugar, la mesa del balcón decorada muy linda, encuentro a Teo frente a mí con dos copas de vino tinto, sonrió y camino hasta él. – ¿A qué se debe todo esto? –exclamo tomando una de las copas, le doy un sorbo al vino. –Se debe a ti, a mí, a nosotros... –acerca sus labios y deja un corto beso en mis labios. Teo ha cambiado tanto, es más maduro, es más adulto, más guapo, más, más y más. –Gracias, siempre me sorprendes con algo cuando vienes a verme –levanto mis brazos y lo rodeo tomándolo de su cuello. –Aún no está la cena, le falta un poco, ¿Quieres ir a tomar un baño? He preparado la tina para ti –asiento muy emocionada. – ¿Acaso te metes mi mente? –ríe y niega. –No, pero sé que lo necesitarías al llegar… Tomo sus labios en un profundo y dulce beso, me rodea por la cintura apegándome más a él, sonríe en mis labios y yo también lo hago. Coloco mi copa en la repisa y él también lo hace, comienza a soltar cada uno de mis botones y yo hago lo mismo con la de él, de pronto ambos estamos sin camisa, su torso desnudo es acariciado por mis manos y su mano desabrocha mi brasier, beso su pecho y quita su pantalón. –Se supone que, me debo bañar yo sola… ¿No? –gruñe mordiendo mis hombros y niego. –No me molestaría tomar un segundo baño contigo… –rio y asiento, quito mi falda y la dejo caer al suelo. Teo se inclina y me toma por las piernas, rodeo con mi brazo su hombro y me sujeto muy fuerte, camina conmigo en sus brazos y entramos al baño. Me baja y termina de quitar la última prenda que me quedaba, besa mi vientre y se levanta, se quita su bóxer y entra al agua, seguido entro yo y me acuesto chocando mi espalda en su pecho. Sus manos comienzan acariciar todo mi cuerpo, mojando así mi pecho y hombros, me relajo, cierro mis ojos y disfruto de este maravilloso baño. Sin duda me gusta la compañía de Teo, me relaja, me da todo lo mejor que puede y sé que nunca tendré como agradecerle por tanto cariño que me brinda, ojala fuera el hombre al que amo, pero solo es el hombre que quiero, el cual es y siempre será mi refugio.
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