Capítulo 02: Lo que habita en el mar.

4300 Words
Lunes, 17 de Mayo de 2004.   Una semana. Desde lo que había ocurrido con el incidente de ese grupo de niños perdidos, y el bosque que susurra. Había pasado una larga y tortuosa semana para los padres de esos pequeños; quienes se preguntaban todavía cómo es qué sus hijos habían terminado de esa inexplicable manera: convertidos en árboles. Nunca se escuchó una explicación convincente de lo que había pasado con esos niños. Ni siquiera Kathul y su tribu sabían qué era lo que había sucedido exactamente. Pero ellos declararon ese día que cosas peores se avecinaban para la isla Cara y sus habitantes. Cosas horribles pasarían, y la isla ya no sería la misma. Desde lo ocurrido en aquel trágico Domingo las autoridades locales decidieron tomar el asunto entre sus manos, y aunque ninguno de los oficiales tenía alguna respuesta coherente. Dieron la orden de que todo lo que había ocurrido quedase en completa confidencialidad entre todos los presentes para que los turistas no se enterasen de nada, y para que el pánico en la isla Cara no se desatase. «Diremos qué fue un trágico accidente, y que los pequeños se ahogaron en un estanque.», habían sido las palabras del comandante al mando de la pequeña estación policial en la isla Cara. Y cada una de las personas tuvo que firmar un acuerdo de confidencialidad, y por eso Pandora Tybur no sabía exactamente lo que había pasado ese día. Además, ella tampoco se mostró muy interesada por saberlo, y Carl tampoco podía contarle la verdad. Al día siguiente en la hora del almuerzo de la escuela él solo le habló de una tragedia, y que su hermano menor había muerto en ella. Y Pandora lo único que hizo fue palmearle el hombro sin mucha compasión, y continuó limándose las uñas con una lima, mientras qué pensaba sí debería de aplicarse una pintura roja o rosa. Carl estaba desconsolado, y Pandora no iba a darle nada más qué palmaditas en el hombro en consuelo. Y entonces, él pensó por un momento: «¿Realmente valía la pena estar con Pandora Tybur?» El sol lentamente se había estado ocultando detrás del monte Zafiro cuando el timbre del colegio sonó, y todos sus estudiantes partieron rumbo a casa, y entre esos estudiantes estaba: Pandora Tybur. La muchacha se había ido está vez, rápidamente sin sus dos mejores amigas. Quería llegar cuanto antes a su casa porque le había salido un grano enorme en toda la frente y ella se avergonzaba de ello. «¡Dios mío, no puede ser! Una belleza como yo no debe tener imperfecciones.», pensó cuando se miró en el espejo del baño esta mañana y se encontró con ese bulto rojo arriba de su entrecejo. Tomó el primer bus que apareció en la parada, y que la dejó en la calle cerca de su casa. Esa calle era bastante arenosa, y muy al estilo Hawaii ya que estaba muy cerca de la zona costera de la isla y de la playa. A diferencia de algunas calles que yacían en la parte comercial, y que eran más modernas. Y aunque, la mayoría del tiempo siempre eran días calurosos, estaba pegando una brisa helada que le hacía alborotar el cabello a la pelinegra, quien se encontraba caminando calle abajo para llegar a su casa, y que se detuvo con un brillo en sus ojos al encontrarse con un pequeño y adorable gatito que se le apareció en medio del camino de arena. - Meww- maulló el felino, caminando con timidez sobre sus patas peluditas (que se hundían torpemente entre la arena) hacia las piernas de Pandora para acurrucarse adorablemente entre ellas. - ¡Qué ternura eres!- exclamó en un chillido la adolescente, inclinándose para levantar al gato entre sus manos y mirarlo directo a sus ojos grises. Sin duda alguna para ella, era precioso y su pelaje blanco era tan suave que la chica sintió que podía quedarse acariciándolo todo el día-. ¿Qué te parece si te llevo a casa, eh? Estoy segura que mi madre me dejará tenerte. El gato se limitó a ronronear, y Pandora le dedicó una sonrisa antes de que continuase caminando por la arena rumbo a su hogar, pero esta vez con ese felino entre sus pálidos brazos. *** - Jamás te había visto tan encantada por un animal...- volvió a repetir Isabella sin poder creer todavía que Pandora había rescatado a ese felino de la calle. Mientras, qué todos seguían en la sala de estar, sentados en la mesa jugando a un amistoso partido de ludo y viendo cómo Pandora desde que había llegado a casa no se había separado ni un segundo de ese gato. Todos, excepto Benny Tybur, a quien le aburría pasar el rato con toda su familia y prefería estar en su habitación planeando la próxima broma pesada que le haría a sus hermanos. O, consintiendo a su gordo y baboso sapo llamado: Gumther. - ¿Qué te pasa, mamá? No soy tan mala- le respondió Pandora a su madre, haciéndole mimos al felino recostado sobre su regazo, y dándole muchos besitos en su rostro peludito-. ¡¿Verdad qué no, Copito?! ¿Quién es un lindo gatito, y bebé de mamá? ¡Oh, Copito te amo tanto! - ¿"Copito"?- repitió Hugo, el hermano mayor de esa caprichosa adolescente, mientras que movía una pieza en el tablero y le hacía miradas a su madre de: «Esa niña está muy rara.» - ¡Se llama Copito porque parece un copo de nieve, dah! ¡Oh, Hugo eres tan lento para entender todo!- le contestó Pandora en un chillido, y dejó al gato sobre el suelo para acomodarse en su silla y tirar de los dados para mover sus fichas-. ¡Hombres, nunca entienden ni sirven para algo! - Pandora, no le hables así a Hugo, es tu hermano mayor...- interfirió su madre, intentando sonar estricta. Pero siempre terminaba hablando con una voz muy tímida y bajita. Además, venía bastante cansada de trabajar cómo para pelear. También, Hugo a veces pensaba que su madre le temía a Pandora y a Benny, y eso le hacía enfadar tanto a él que por eso pensaba en querer darle una lección a sus hermanos. Pandora solo rodó los ojos en respuesta, y con una gran mueca continuó con el partido de ludo que estaba teniendo con Hugo y su madre. Sin darse cuenta que Copito se había salido de la sala de estar, y que se había puesto a explorar toda la casa con mucha curiosidad. Cosa que la pelinegra estaba evitando, ya que no quería que Benny tocase a su gato. Porque Benny era muy cruel. El pequeño felino caminaba por el pasillo con extrema cautela sobre sus peludas patas, meneando la cola de un lado a otro; y observando con detalle el sitio. Y aunque Copito parecía tener todo controlado su caminar era bastante ruidoso, y sus pasos eran torpes. Era un gato joven, todavía le quedaba mucho por crecer y aprender. Entonces, fue por eso qué cuando el felino pasó sin mucho cuidado por la puerta abierta de una habitación que yacía oscura, fue sorprendido por la repentina aparición de Benny, quien salió de su guarida violentamente caminando a cuatro patas como sí fuese un animal rabioso y sonriendo con perversión. El niño pensó que alguno de sus hermanos pasaría por allí y que él le asustaría estando en esa perturbadora posición como sí estuviese poseído por un espíritu. Pero en su lugar, cayó el gato en su broma, quien saltó en sorpresa y se le erizó la mayoría de los pelos de su piel. - Oh, mierda, creí que eran mis tontos hermanos- masculló el niño frunciendo el ceño, cuando se dio cuenta que había asustado a ese inofensivo y pequeño gatito-. ¿Por qué te metiste en mis planes, gato imbécil?- gruñó, y estando todavía como sí fuese un perro frente al animal, se abalanzó sobre el felino para darle una fuerte mordida en el rostro, abriendo su boca enormemente, cosa que el gato evitó retrocediendo al instante, asustado. Benny soltó un gruñido de frustración al no conseguir morderle la cara al animalito, y antes de que el gato huyera de él lo tomó bruscamente por la cola. Y lo levantó cómo a uno de los insectos que solía conseguir en el huerto de su madre, cuando se volvió a incorporar como un ser humano. Apretó con mayor fuerza la cola del animal, y el pequeño felino dio un alarido de dolor. Cosa qué logró sacarle una carcajada a Benny porque para él era tan divertido torturar animales. - Oh, ¿no aguantas ni un poco de dolor, gato imbécil? El gato anterior que trajeron a casa soportó más que tú- habló el pequeño y sádico niño, sacandole la lengua de manera burlesca al gato y zarandeándolo un poco por la cola para que el animal siguiera chillando. Y su familia todavía no se había dado cuenta de eso porque todos estaban bastante concentrados en su juego de ludo, y discutiendo sobre quién de los tres hijos de Isabella acompañaría esta vez al tío Frank a pescar esta noche. Cosa que le dio tiempo a Benny para "entretenerse" un rato con Copito, y fue entonces cuando el niño pensó en una divertidisima idea. - Oye, gato imbécil- le dijo con malicia, acercando el felino a su rostro para mirarlo con ojos enormes y una cínica sonrisa-. ¿Qué te parece si entramos a mi cuarto y te cuelgo con una de mis sogas en el techo? ¿No te parece poético morir ahorcado cómo una bruja, o cómo un maldito suicida? Los ojos de Benny se abrieron con mayor maquiavelismo. Y el gato se encogió de terror en el aire, sin parar de chillar y de retorcerse, despavorido. - ¿O quieres que mejor te corte la cola, y te degolle vivo?- propuso con perversión, y sin que lo notase, ya que se encontraba perdido en el momento. Su hermana había aparecido detrás de él para darle una fuerte bofetada que lo derribó al suelo, y qué provocó que Copito lograse huir, espantado. Por suerte Pandora se había levantado a buscar a su gato al no verlo cerca, y se encontró con esa cruel escena. - ¡Maldito fenómeno de circo!- le gritó la muchacha con el miedo en la garganta de que Benny le hiciera algo peor a su gato. Cómo se lo había hecho al gato que Hugo trajo una vez. Y no le importó cómo se encontraba su hermano después de ese fuerte golpe en la mejilla que le había dado. Y enseguida fue detrás del pequeño animal. - ¡MAMAAAAAAAAÁ!- soltó Benny en un fuerte lloriqueo que resonó por toda la casa ruidosamente, mientras que pataleaba como un bebé indefenso sobre el suelo y chillaba por aquella fuerte bofetada que su hermana le había propinado sin dudar-. ¡ME HAN PEGADO, MAMÁ! ¡DUELE, DUELE TANTO! ¡MAMAAAAAAAÁ! *** Las horas pasaron luego de aquel incidente, y la familia Tybur se encontraba en la parte costera de la isla (parados en un viejo muelle, frente al barco). Entregándole al tío Frank al más pequeño de la familia para que trabajase con él en esa fría noche. - ¿Por qué tengo que ser yo el que acompañe al tío y su tripulación a pescar, mamá? Nunca antes lo había hecho...- se quejó entre murmullos Benny sin dejar abrazar al delgado cuerpo de su progenitora, mientras que trataba de convencer a su mamá haciendo caras trágicas para que la mujer se apiadase de él y enviase a Hugo en su lugar. - ¡Porque necesitas un castigo por lo que hiciste, fenómeno!- interfirió Pandora, respondiendo en lugar de su madre y enseñándole el dedo del medio al pequeño Benny sin pudor alguno, provocando que este la maldijera incontables veces en su cabeza y qué Hugo la regañase por hablarle así a su hermano menor. - Basta de discusiones, estoy cansada, mañana tengo que levantarme temprano para ir a trabajar y estos problemas no me ayudan, niños- habló Isabella finalmente, con una cara larga y ojerosa, por el cansancio de tener que trabajar todos los días sin descanso alguno en esos hoteles. Hugo se sentía mal siempre al ver el pésimo estado en el que estaba su madre, y por eso trataba de ayudarla en todo. A diferencia de Pandora y Benny, quienes hacían enfermar más a su madre con sus riñas y caprichos. - Pero, mamá, soy un niño, y los niños no pueden hacer este tipo de traba...- volvió a insistir Benny, antes de que su tío lo tomase del brazo y lo jalase hacia él (envolviéndolo en un abrazo de oso), e interrumpiendo sus palabras, y provocando que su mamá se sintiera más aliviada. - ¡Tonterías, sobrino! Eres un hombre Tybur, y debes de ayudar a tu madre- le corrigió el tío enseguida, y le dio varias palmaditas en la espalda-. Te enseñaré a pescar, y quizás a navegar en este pequeño titán. Benny se encogió con lágrimas en los ojos entre los brazos de su gordo tío, más de frustración que de tristeza. Y miró a Pandora con un completo odio, quien yacía frente a él con una sonrisa burlesca, junto a su madre y Hugo; quienes esperaban en el muelle a que el barco y la tripulación del tío Frank partiese por las aguas turquesas de la isla Cara rumbo al oeste. El tío Frank se quedó platicando por un pequeño rato con su hermana, Isabella. Y después de aquella rápida conversación el barco y su tripulación partió entre el mar y sus olas. Y cada vez que el barco se alejaba más y más de la costa, y del muelle. Benny lloraba con mayor intensidad y no dejaba de pensar mientras que estaba apoyado en la borda mirando con fijeza a la figura de Pandora que cada vez se hacía más pequeña: «Ya verás, cuando estés dormida entraré a tu cuarto y te cortaré el cabello..., y a tu maldito gato lo voy a estrangular.» Sin embargo, sus sádicos y perversos pensamientos fueron interrumpidos cuando entraron finalmente en la marea alta, y el barco empezó a tambalearse con violencia por las fuertes olas y las ráfagas del frío aire de la noche. Por tanto movimiento, siendo la primera vez de Benny en la marea, las náuseas llegaron y el pequeño ya se encontraba con la cara completamente pálida vomitando su cena por la borda. - ¿Por qué esto me pasa a mi? Maldita sea...- lloriqueó, apoyándose con fuerza del barco para no caerse por la borda-. Esa maldita perra de Pandora ya me las paga...- dijo, y sin poder concluir con sus palabras continuó vomitando todo lo que había en su estómago. La pequeña tripulación estaba bastante ocupada en sus usuales trabajos en el barco cómo para qué se concentraran en los malestares que ese caprichoso niño estaba teniendo. Aún así su tío Frank fue el único que se acercó a él cuando se dio cuenta que se estaba poniendo realmente mal y que Benny estaba a punto de desmayarse. Y lo cargó entre sus brazos como sí el pequeño fuese un bebé. Eso avergonzó un poco a Benny, ya que él sabía que no era un bebé de cinco años. Tenía doce, pero aún así se sintió reconfortado por su tío cuando este llevó su flacucho trasero adentro, y lo recostó cómodamente en la pequeña cama de la única habitación que tenían en el barco. - Oh, campeón, te has puesto muy mal, y es mi culpa. Te buscaré algo para calmar eso...- le habló Frank con cierta culpabilidad al pequeño Benny por verlo en tan mal estado, mientras que iba por un pequeño botiquín de primeros auxilios que yacía en el pasillo para darle a su sobrino un algodón mojado con alcohol. - ¿Cómo no me voy a poner mal si es mi primera vez subiéndome en esta canoa de mierda, maldito cabrón?- murmuró Benny muy bajito, mirando directo hacia el techo y escuchando cómo desde afuera la tripulación intentaba pescar algo con la enorme red. Sin embargo, la acción de Frank se vio interrumpida cuando uno de sus hombres entró al pasillo diciéndole a gritos que se avecinaba una fuerte tormenta, y que todavía no habían pescado nada. El hombre le aconsejó a su capitán que era mejor regresar al puerto, pero Frank rechazó esa petición y le ordenó poner al barco en otra dirección para que no se les dificultara estar en la marea cuando la tormenta llegase. Y fue así como el hombre le obedeció, provocando que la tormenta se estrellara violentamente contra ellos y que el barco no parara de tambalearse de un lado a otro. Las náuseas volvieron con mayor intensidad para Benny, y su tío no llegó jamás con el botiquín porque se quedó afuera ayudando a su tripulación. Cosa que ocasionó que el pequeño se quedase lloriqueando y pataleando sobre la cama, maldiciendo a Frank por un buen rato en el qué, escuchaba cómo había mucho movimiento afuera y cómo estaba cayendo una brutal tormenta. Por otro lado mientras que Benny contenía sus ganas de vomitar. Afuera su tío y la tripulación tiraban con fuerzas de la red mientras que luchaban con la fuerte lluvia, ya que al parecer habían logrado pescar algo. - ¡TIREN! ¡TIREN!- ordenaba Frank entre gritos, mientras qué cómo el resto, jalaba de la red con muchas fuerzas para que los peces subieran. Así estuvieron por un pequeño instante hasta que uno de esos hombres levantó la mirada, sin importale que la lluvia se estrellase con violencia en su cara. Y observó directo al mar abierto que tenía frente a él, quedando sin palabra alguna cuando notó que había algo a lo lejos qué chapoteaba con violencia y agitaba sus extremidades. Al principio, pensó que estaba viendo mal por aquella tormenta, y por eso parpadeó varias veces para aclarar su visión nocturna, pero se dio cuenta que no era así cuando todavía esa figura seguía allí pidiendo ayuda. Entonces, notó que de verdad había algo allí entre la oscuridad, y que esa figura tenía extremidades humanas. Qué era una mujer, y se estaba ahogando entre las aguas profundas. - ¡CAPITÁN, HAY UNA MUJER AHÍ!- especuló el hombre enseguida en un fuerte grito, y señaló con su dedo indice rápidamente a la dirección dónde se encontraba esa persona, chapoteando desesperadamente entre las corrientes del mar. - ¡Oh, mierda!- maldijo Frank cuando a la distancia vio a la figura de esa mujer en el agua, y desconcertado por el momento corrió enseguida al timón para dirigir el barco en su dirección y salvar a esa mujer cuánto antes. Por ende la tripulación se vio obligada a soltar a los peces de la red para que el barco fuese directo hacia esa mujer enseguida, quien poco a poco se estaba perdiendo entre el océano por la fuerte corriente, y la feroz tormenta que no paraba de caer. Sin embargo, el barco logró acercarse a tiempo, y lograron llegar a unos pocos metros cerca de ella para lanzarle un salvavidas y subirla al barco. Frank estaba un poco más calmado, pero aún así todos estaban estresados por la fuerte tormenta y lo obscuro que estaba el mar. Aún así y a pesar de eso, la tripulación desde arriba notó que esa mujer era extremadamente hermosa y que tenía una atractiva melena rubia que se perdía entre las corrientes del mar. Y aunque estuviesen en una incómoda situación, y hubieran perdido a todos esos peces. Cada uno de los hombres se quedó embelesado con esa fémina y sus dos enormes pechos, que vislumbraban entre la oscuridad y la tormenta. Eso le pareció extraño a la tripulación, pero los hombres pensaron enseguida: «Debe estar usando un traje de baño amarillo.» Y empezaron a tirar del salvavidas que le habían lanzado y al que ella se había aferrado cómo una garrapata en un perro. Entonces, empezaron a subirla. Mientras qué eso sucedía y el barco no paraba de sacudirse con violencia sobre el mar, el pequeño Benny ya había vomitado cómo cuatro veces seguidas sobre el suelo de la habitación, preguntándose dónde carajos estaba su tío. Por un momento pensó que sería mil veces mejor estar muerto que seguir viviendo así, pero después notó que estaba siendo dramático y que sí moría ya no habría nadie quien molestase a sus hermanos y le sacase canas verdes a su madre. Además, él pensó que era bastante guapo para morir, y ni siquiera había tenido su primera novia. Sin embargo, ninguno de esos pensamientos importó tanto cuando Benny notó que afuera había un absoluto silencio, y que la tripulación ya no se escuchaba. Solo se oía la tormenta, y los relámpagos que empezaron a caer. Le pareció extraño, y por eso con una inquietud se puso de pie para con pocas ganas arrastrar su trasero hacia afuera y ver dónde estaba su tío y el resto de los hombres. Pensó que se estaba imaginando cosas absurdas, pero aún así quería ver cómo estaba la tripulación y porqué todos estaban tan callados. Camino tambaleándose por el corto pasillo hacia la puerta metálica de la salida, y aunque tenía unas intensas ganas de vomitar, el miedo que estaba empezando a tener al ver qué todo estaba tan callado y obscuro, comenzó a propagarse por todo su cuerpo. Y sintió qué varios de sus músculos se paralizaron por completo cuando caminando a mitad del pasillo vio al final, a través del pequeño vidrio de la puerta, que había una obscura figura femenina que se alzaba frente a él del otro lado. Y en ese momento cayó un fuerte relámpago que deslumbró todo el barco, y que mostró por una milésima de segundos el rostro de esa mujer. Y ahí estaba ella, de mirada dulce pero seductora, con una cara fina y de piel perfecta para aquel pobre desgraciado que se se atrevía a mirarla. Sus cabellos ondeaban y hacían juego con esos ojos preciosos, como dos gemas únicas que jamás se volvían a ver por su gran belleza. Benny entonces notó que era demasiado hermosa para él, y que tenía una melena ondulada que le caía por los hombros desnudos, y aunque en otra situación a Benny le hubiera intrigado que esa mujer estuviera desnuda, lo que lo dejó paralizado en el pasillo fue que el rostro de esa mujer estaba manchado de sangre. Y que ella estaba cantando una espeluznante melodía que empezó a hacer eco en su cabeza, y lo empezó de cierta manera a atraer hacia ella. Como el canto de una sirena. Entonces la figura femenina pegó su cara contra el cristal, y empezó a tocarlo suavemente con su dedo indice una y otra vez. Como sí estuviese pidiéndole permiso de entrar a Benny, o lo estuviese atrayendo hacia ella. Y este con el corazón acelerado y en un momento brusco del barco, se cayó de rodillas, y fue en ese instante cuando otro relámpago volvió a caer y el cuerpo de esa mujer se volvió a aclarar. Demostrando qué sus ojos estaban muy fríos como los de un pez muerto y que en su cara había una sonrisa demencial. Benny ahogó un grito y se cubrió las orejas con muchas fuerzas con las manos, a la par de que cerraba sus ojos, mientras que repetía una y otra vez en su cabeza: «Esto no es real. Esto no es real.» Así estuvo durante un rato en el que pensó que el mareo le estaba jugando una mala broma, y que nada de eso estaba pasando realmente. «No es real», se dijo tantas veces hasta que de pronto ya no escuchó más el canto de esa mujer, y supo que ya no había nada que temer. Por eso cuando abrió los ojos nuevamente, y levantó la mirada sintió un alivio al notar que ya no había nada allí afuera y que todo había sido una alucinación de su parte. Solo estaba la lluvia, y nada más que eso. «Lo sabía», pensó con confianza levantándose con cierta vergüenza del suelo por haber sido engañado por su mente, y caminando con mayor tranquilidad hacia la puerta para salir y decirle a su tío que era un jodido cabrón por dejarlo solo. Sin embargo, cuando estuvo cara a cara frente a la puerta, y sus ojos miraron a través del vidrio, sintió como la respiración se le escapó de los labios y que su cara se contrajo de horror al ver qué del otro lado estaba esa encantadora mujer de rostro hermoso y cuerpo letal. La cara de la fémina era exquisita, pero sus pechos enormes eran tan brillantes y similares a los ojos de un rape y que en lugar de un torso humano poseía la espeluznante cara de un animal sacado de las profundidades del océano, con una cavidad bucal tan enorme llena de dientes filosos, que podrían devorar a una persona entera con facilidad. Y de eso Benny no tuvo dudas al ver cómo esa criatura que estaba en la borda había devorado a todos, y había dejado las tripas y las extremidades ensangrentadas por todos lados. Siendo Benny el único que seguía con vida en medio del océano. Y a pesar de que Benny no lo podía ver, esa criatura que estaba de espaldas devorando la extremidad de unos de los tripulantes y qué se arrastraba sobre su cuerpo escamoso cual serpiente (que se sobresalía por la borda). Era tan solo la antena de un colosal animal marino que era diez veces más grande que el barco, y que se encontraba debajo de este en ese preciso momento.
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