Capítulo 3.
Narra Ronald.
En la noche hace doce años.
Las luces rodeaban la mansión del Clan Zas, las especies sobrenaturales iban y venían por la entrada y el jardín. La fuente, las flores, los árboles incluso la misma casa, estaba perfectamente decorada, el cumpleaños de mi Eira había comenzado, me había vestido elegante para la ocasión, un esmoquin de color n***o me pareció adecuado, también me aplique maquillaje en la cara para intentar camuflar la cicatriz que atravesaba la mitad de mi rostro, haciéndome ver un hombre realmente escalofriante. A veces odiaba verme en el espejo, me recordaba que había lastimado a uno de mis mejores amigos, a Azariel, el padre de mi Eira. Y él de regreso me hizo esta marca horrible en mi rostro con odio.
Suspiré despejando mi mente de esos recuerdos, cada vez más lejanos, pero que persistían en mi mente.
Sabía que era arriesgado, podrían descubrirme y caería de nuevo en la prisión, cumpliendo la condena que me faltaba y más por haber escapado. Por suerte, los demonios-salvajes podemos camuflar nuestro olor. Además de beber una poción que hacía que mi cara se viera diferente, era una ilusión. Un hecho muy extrañó, pero necesario para poder infiltrarme en el Clan Zas, por eso mismo me había aplicado maquillaje, no quería que la ilusión se distorsionara por mi cicatriz. Mejor prevenir que lamentar.
Le había prometido a mi Eira asistir, ella aún no entendía del todo porque me escondía de sus padres, era muy pequeña para poder explicarle la gravedad de las cosas.
Atravesé el vestíbulo con confianza, dado que me habían pedido una tarjeta de invitación en el portón, tarjeta que mi Eira me había entregado con antelación, era una niña muy lista, robo una para mí o como ella solía decir “la tomé prestada”. Observé a los demonios ricos y poderosos, al rey hada junto a su hija la princesa Loren y a Ryan, el padre de Azariel, abuelo de mi enlazada, tomados de la mano, eran una pareja muy innovadora. Almas gemelas después de todo.
Lo único que sabía sobre la madre de Azariel, Chay. Era que ayudo a Ryan, el antiguo jefe del consejo a que su pacto de fuego se deshiciera, logrando su divorcio impuesto, hace unos siete años, lo que casi causa la muerte de ambos, la magia era muy poderosa y no se debía subestimar, luego se retiró del Clan Zas, no tengo idea de su paradero, pero lo que, si sé, es que mantiene su comunicación con sus hijos, Azariel, Íker y Wise. Ryan logró estar con el amor de su vida mientras Chay se retiraba a vivir en soledad, dado que el padre de su hijo mayor Wise, su enlazado, murió asesinado hace mucho tiempo atrás.
La verdad sorprendía la fuerza que tenía, no cualquiera sigue vivo luego de la muerte de su enlazado.
Azariel parecía aceptar la relación de su padre e incluso había formado una buena relación con su hermano Wise, un ex cazador, a quien conoció por su antigua conexión con el grupo de ´´Exiliados``. Lo curioso era que Wise y Sibila, enlazada de Azariel ya se conocían y eran muy amigos.
El consejo de protectores, compuesto por Azariel, un híbrido mitad demonio salvaje, mitad protector, quien era su líder. Drack, un hombre serio, meticuloso, de aspecto delgado, llevaba un traje azul combinado con el vestido de su esposa Jazmín, una mujer esbelta de piel morena, Brail era un hombre musculoso, la mayoría le tenía respeto por su tamaño y la forma tan brutal de dar miedo, era un hombre alto de ojos mieles y cabello marrón, odiaba las injusticias, y, por último, pero no menos importante estaba Joster, el m*****o más reciente del consejo, su traje verde lo hacía ver muy extravagante, su cabello teñido de azul, destacaba.
Agarré una copa de vino, ofrecida por un mesero. Apartándome hacia una esquina, miré hacia las escaleras pulidas de la mansión, bajando con lentitud, se encontraba Azariel, Sibila y mi pequeña Eira, enfundados en sus ropas elegantes de color rojo. Los aplausos empezaron a sonar, las personas se acercaron a saludar y felicitar a la cumpleañera.
Los niños la arrinconaron con abrazos, no paso mucho después cuando se fijaron en la mesa llena de regalos intentando adivinar que había en cada uno, parecían festejar con una auténtica alegría. Luego mi Eira y su amiga Jennifer propusieron jugar en el jardín, los niños aceptaron corriendo mientras eran vigilados por los adultos. Me recordaba cuando iba al colegio de mi enlazada para cuidarla.
Ella era un niña muy popular. Y eso que los humanos no sabían de su verdadera naturaleza, solo de la riqueza de su familia.
Me pareció extraño cuando mi Eira se alejó del grupo y subió al segundo piso de la mansión, la seguí con curiosidad, entró a su habitación buscando algo entre su ropa. Le toque el hombro, sintiéndola brincar del susto.
- ¿Quién eres? - preguntó olfateando el aire- Tú olor me parece conocido… ¿Rony? -Inquirió confundida.
Sabía que era imposible engañar a mi enlazada, nuestra conexión se lo rebelaría.
- Así es mi pequeña Eira- dije riendo al ver su carita confundida- Necesitaba camuflarme, un rostro falso parecía lo ideal.
- Pues no me gusta, tu rostro es hermoso tal y como es- Declaró la menor con un puchero.
Aquello me embargo de ternura, los sentimientos se agruparon batallando de amor hacia mi enlazada.
- Lo sé mi pequeña, pero era la única manera de poder estar en tu fiesta, debía cumplir mi promesa- dije sonriendo, ella asintió de acuerdo conmigo.
Me sorprendía que diera su opinión de manera muy natural conmigo, pero con los demás fuera tan reservada. Su vestidito rojo con un moño gigante la hacía ver muy hermosa y pequeña junto al collar de gemas verdes que le regale resaltando su belleza. Sus manos sujetaban un rompecabezas, la razón por la que subió a su habitación.
- Debemos bajar, de lo contrario sospecharán y vendrán a buscarte, eres la estrella principal en esta fiesta- comenté extendiendo mi mano, Eira asintió sujetando mi palma.
Al salir del cuarto le iba a decir que se adelantara, sería extraño que me vieran bajar con ella cuando ni siquiera debería estar en el segundo piso, pero me detuve al escuchar un ruido estridente detrás, al voltear la miraba, observé con alarma la ventana del fondo del pasillo hecha pedazos en el suelo, su causante había sido la irrupción de un demonio oscuro, sus ojos eran completamente negros, sus venas de color verde y su palidez enfermaba solo de verlo. Gruñía como un animal salvaje, ubiqué a mi enlazada detrás de mí.
Protegerla era lo más importante.
- Cierra los ojos Eira, no lo abras hasta que yo te avisé- ordené, la pequeña me miró entre confundida y asustada- ¡Ahora! -exclamé gruñendo de regreso, mi enlazada me hizo caso, con sus palmas bloqueo su vista, dejando caer su rompecabezas al suelo.
El león dentro de mí estaba tenso, preparado para todo.
Mi objetivo derrotarlo con rapidez.
El demonio se lanzó corriendo hacia mí, saqué el arma de mi cinturón disparando varias veces en su pecho, el sonido del impacto iba a alertar a los demás, me iba a meter en problemas otra vez.
Cuando cayó al suelo, me acerque desconfiado mirando la sangre viscosa bajar de sus heridas, abrió sus ojos gruñendo mientras se lanzaba encima mío, golpeándome contra la pared, mi arma se resbalo de mis dedos quedando fuera de mi alcance, mi adversario lo aprovecho queriendo acercarse a mi Eira, no lo deje, agarré su cuello con fuerza saqué mi cuchillo con rapidez, clavándoselo en el cuello.
Escuché su grito de dolor, no lo solté en ningún momento, aferrándolo hasta asfixiarlo, sintiendo la temperatura cálida de su sangre roja y espesa, manchar mis manos y el piso. Los demonios no se mueren con facilidad, a menos que logres desangrarlos sin oportunidad de regenerarse. Las armas están hechas de un material especial, aunque nunca serían más poderosas que las espadas de fuego celeste de los protectores.
Luego de unos minutos, me alejé del cuerpo sin vida, con un pañuelo me limpié la sangre de los brazos, observé de nuevo a mi enlazada, su pequeño cuerpo temblaba, odiaba que estas cosas pasaran, era solo una niña, no debería verse envuelta en riñas por el poder.
- Aquí estoy pequeña- avisé abrigándola entre mis brazos, coloqué su cabecita contra mi pecho, su corazón latía con rapidez al igual que el mío. Pude respirar correctamente al ver que no había más peligros que la intentaran dañar.
Al parecer nadie había escuchado el alboroto, estábamos lo suficientemente lejos y la música opacaba lo demás.
- Ronald- susurró Eira, apoyando mi mano en su cabeza consintiendo su cabello- Escuche gritos ¿Qué paso? - preguntó removiéndose inquieta.
- No abras los ojos todavía- dije con dureza en mi tono.
Caminé por el pasillo hasta poder visualizar las escaleras, me detuve bajando a mi enlazada al suelo.
- Ahora sí, puedes abrir los ojos mi enlazada- concedí, la pequeña me hizo caso, sus ojitos grises me miraron preocupados, sujete su rostro con cuidado- Quiero que bajes al salón, sin voltear la mirada- indiqué sonriéndole, tratando de tranquilizarla.
Utilicé mi don, adentrándome en su mente, implantándole mi orden.
Eira asintió, volteándose, camino hasta desaparecer de mi vista. No me gustaba hacerle eso, pero no tenía muchas opciones.
Observé al demonio oscuro, el desastre que había provocado no sería fácil de limpiar, suspiré restregando mi rostro en mis manos, si lo dejaba ahí, sospecharán de quien lo asesino, pero si limpio la escena, nunca sabrán el ataque hacia mi Eira. Porque estaba muy seguro de que esto era planificado.
Decisiones, malditas decisiones.
Escuché pasos, alguien subía al segundo piso, me oculté en una habitación, mis sentidos en alerta. El olor de dicha persona me confirmo que era Sibila, la madre de mi enlazada, su gritó resonó en toda la mansión, se escucharon más pasos detrás de ella, al parecer alguien la había seguido.
- Azariel ¿Qué es lo ha pasado? - preguntó asustada, estaba seguro que veían el cuerpo sin vida que deje tirado en el suelo.
- No te acerques mi Sibila, llama a Walter, debemos encargarnos de esta situación sin hacer alboroto- dijo Azariel, su tono de voz demostraba la seriedad del asunto.
Era mi momento de huir, no podía arriesgarme a ser descubierto, mi Eira estaría segura, ahora que sus padres sabían del peligro, la protegerían el doble. Y yo trataría de no alejarme de su lado, pero debía esperar hasta que las aguas se calmaran. Utilicé mi pulsera, pensando en el lugar en el que quería estar, pronto aparecí en mi cabaña, específicamente en la cocina.
Sorprendido, mire a mi alrededor, había muchas pociones en la mesa y armas en la encimera.
*¿Qué rayos pasaba? * pensé.
- Ronald – pronunció mi nombre Cadmus, el hada parecía concentrado en ordenar las cosas que ni siquiera me dirigió la mirada- Tenemos un nuevo encargo de urgencia, algunos integrantes de la manada del señor Robert, se han enfermado, parece que alguien intento envenenarlos- explicó, inmediatamente lo empecé a ayudar a guardar todas las pociones en unos maletines herméticos.
No le respondí, teníamos que atender al cliente.
Luego de terminar estos asuntos, volvería con mi Eira, mi pequeña.
Cadmus me miró con el ceño fruncido al terminar de organizar- ¿Por qué tienes manchas de sangre? - preguntó, al detallar mis manos y camisa, las manchas de sangre oscura se habían adherido a mi piel cuando intenté limpiarlas, estuve tan distraído que ni siquiera me había cambiado de ropa.
- Un demonio oscuro se infiltro en el Clan Zas, lo detuve antes de que le hiciera daño a mi enlazada- Expliqué un resumen.
- ¡Vaya! -exclamó Cadmus- Parece que estarás muy ocupado protegiéndola o ¿me equivoco?
- Sí, pero no debes preocuparte no descuidare el trabajo- prometí con firmeza.
- Oye, lo entiendo- dijo colocando su brazo en mi hombro- Ella es importante para ti, debes protegerla. No te agobies- me apoyó. Asentí de acuerdo.
Cadmus era un gran amigo para mí.
- Ahora, vamos a entregar nuestro pedido, necesitamos el dinero- comentó riendo. Sonreí negando con mi cabeza- Pero antes, debes tomar la poción que revierte la ilusión de tu rostro, es extraño verte de esa manera- Se quejó, inmediatamente la busqué en mi saco elegante ahora manchado, bebiendo de ella, torcí mi boca con asco, sabía horrible.
- Me iré a cambiar de ropa, no tardaré- indiqué con voz ahogada, reteniendo las arcadas, escuché la risa de Cadmus, que se quejaba de que tenía un estomago suave para ser un demonio.
- Apúrate demonio felino, no tenemos todo el día- grito bromeando. Sonreí sin poder evitarlo.
Su espíritu con la mezcla de su ambición siempre me motivaba a la vez que me daba gracia.
Aunque él tenía razón. Era hora de trabajar.
Narra Eira.
Actualidad.
Luego de una relajante ducha, había escogido mi atuendo que consistía en una camisa de cuello alto, un jeans azul claro sostenidos por una correa negra en mi cintura y por último unas botas negras. En frente del tocador, encontré mi reflejo en el espejo, quedando satisfecha con la trenza que me hice en el cabello, me maquillé un poco resaltando mis labios con un labial de color rosado, estaba lista para ver a mi enlazado.
Salí de mi habitación con rapidez, baje las escaleras chocando de bruces con mi tío Íker, él me agarro de los brazos con fuerza impidiendo que callera al suelo, toqué mi rostro adolorida, su pecho parecía de concreto.
- ¡Eira! ¿por qué corres? - preguntó sobresaltado, sus ojos morados brillaban anunciando que accidentalmente había despertado a su demonio.
- Tío Íker solo quería ir al jardín- Respondí con naturalidad, él soltó su agarre de mis brazos sonriendo con falsedad.
- No te alejes mucho de la mansión, es peligroso- aconsejo inquieto.
- Está bien tío Íker, nos vemos luego- me despedí confusa.
Nunca lo había visto comportarse de esa manera, mi tío tenía una personalidad cariñosa, era amable y tranquilo. A pesar de que desde niña me advertían no alejarme de la mansión sin compañía, el Clan Zas ha sido una zona segura, crecí y conviví con demonios de aquí.
¿Algo sucedía? No podría asegurarlo, así que lo deje pasar, por ahora.
Caminé hasta la cocina de mármol blanco, la encimera estaba ocupada por mi madre y mi padre mientras la señora Bianca preparaba comida, suspiré intentando pasar desapercibida y fracasando estrepitosamente.
- Eira, hija no sabía que ya habías llegado del instituto ¿quieres comer algo? – preguntó mi madre Sibila, sus ojos marrones me miraban con ternura, su vestido azul le quedaba perfecto a su figura.
- Hola mamá, no gracias, saldré un momento al jardín, practicaré mis saltos- contesté casi corriendo a la puerta de pintura blanca.
Salí al exterior, respirando profundamente sin prestar atención a nada más, escuché con mi audición que mi padre le decía a mi madre que me dejara tranquila, agradecí a mis adentros por lograr mi cometido. Observé el primer árbol frondoso que se cruzó en mi camino y salté, aterrizando en cuclillas en una rama gruesa, sonreí con felicidad, los demonios salvajes tenemos fuerza sobrenatural. No mentía al decir que iba a practicar un poco.
Me preparé para volver a hacerlo, aspiré aire y lo retuve cuando salté hacia otra rama mucho más alta del árbol que tenía enfrente, el viento me rozaba el cuerpo y los sonidos propios del bosque con su olor natural me embargaron y catapultaron mis emociones a la adrenalina del momento. Salté una y otra vez hasta encontrar una pared de piedra, las enredaderas ocultaban algo muy importante, un portal.
Aparte las plantas hacia un lado, entrando al portal de color azul, sentí como una textura adherente se pegaba a mi cuerpo y cuando cerré mis ojos por un acto reflejo aparecí en otro lugar. Alejándome de las rocas, caminando entre los árboles, pisando el musgo y las hojas caídas, me guie por el camino conocido, aquel que guardaba en mi memoria desde que tenía diez años.
Al principio viajar de esta manera me causaba dolor de cabeza, pero los años me han hecho acostumbrarme. Era una de las maneras en que podía ver a Ronald sin miedo a que nos descubrieran, el portal permanecería abierto todos los días y yo podría verlo cada vez que quisiera, aunque él a veces no se encontraba aquí, por eso le preguntaba con antelación o el me visitaba inesperadamente como hoy.
Observé la cabaña de madera lustrosa con una sonrisa, había llegado a mi destino, las flores azules, amarillas y rojas precedían el camino de losa del suelo. Recuerdo una vez que el hada Cadmus me confeso que Ronald había accedido a remodelar el lugar por mi visita. Me pareció algo muy dulce, querer que siempre este cómoda cuando este con él.
En el porche, enfrente de una ventana había una banca finamente construida, cerca estaba la puerta de color marrón, cuando levanté mi mano para tocar el timbre, alguien me llamo, volteé mi mirada encontrándome con mi enlazado. Parecía agitado, gotas de sudor perlaban su frente y sus ojos verdes parecidos a esmeraldas me detallaban, acercando a él me prometí no caer antes de que me dijera lo que quería saber.
- Hola Ronald- salude respirando profundamente rodeándome de su aroma varonil, específicamente a pinos y flores, por extraño que parezca.
- Hola mi pequeña Eira- saludo abrazándome inesperadamente, su velocidad me sorprendió, pero como adoraba que me llamara de esa manera, me recordaba a cuando era una niña y Ronald aparecía de sorpresa mientras jugaba o tenía tiempo libre y a solas.
- Vine para que me explicaras tus razones de abandono- dije con falsa dureza, separándome de él, volteando mi mirada.
- Sígueme, primero quiero ir a un lugar especial-indicó con su mano hacia atrás, ignorando mi tono despectivo, lo miré con mis cejas fruncidas, no muy de acuerdo con lo que me decía- Luego te diré todo lo que quieras saber- intento convencerme con su mirada triste, no le gustaba cuando lo rechazaba y a mí tampoco me gustaba hacerlo, pero a veces hay que ser un poco inflexible. Acepte a su propuesta con una asentimiento de cabeza.
- Te sigo- dije con una seña, inmediatamente comenzamos a caminar hacia la parte trasera de la casa, agradecí interiormente haber traídos unas botas, al parecer nuestro destino era algo lejos.
Internarnos entre los árboles e ir más allá de lo que nunca había ido antes, al venir aquí. Me hizo darme cuenta de que aún me hacía falta descubrir tanto de este lugar. Al no mirar hacia el suelo, tropecé con una rama por descuido, provocando que casi me cayera de no ser por Ronald que me sujeto del brazo, su mirada preocupada se encontró con la mía y enseguida me fije en sus labios rosados, específicamente en su labio inferior más relleno que el superior, incluso en mis sueños me hacia esa misma pregunta.
- Llegamos pequeña- aviso señalando hacia una cascada, estuve tan distraída en las divagaciones de su rostro que ni me di cuenta cuando llegamos.
Observé maravillada el lago que se formaba entre las rocas humedecidas, era hondo, había partes más azules por esto, el agua era cristalina y limpia, la cascada que era lo que más atraía la atención impactaba con fuerza contra el agua, haciendo fluir una suave corriente.
- Hermoso ¿verdad? - dijo sonriéndome, asentí evitando verlo por mucho rato, su belleza me distraía.
- Sí, es hermoso ¿Cómo es que no había venido antes aquí? – cuestioné para mí misma.
- Lo planeé de esa manera, te traería aquí unos días antes de tu cumpleaños - respondió tomando mi mano, había olvidado por completo que se acercaba mi cumpleaños número dieciocho.
- ¿Por qué esperar tanto? -pregunté regocijándome con la calidez de su tacto.
Él se alejó un momento de mi lado, retirando su contacto con mi piel, se acercó al río dándome la espalda, parecía pensativo. Preocupada por su cambio de ánimo, dude en acercarme.
- Sabemos que somos enlazados Eira, es imposible que no lo hayas notado, desde que tienes memoria he estado para ti, cuidándote y amándote en secreto- Confeso volteando a mirarme causándome un impacto con sus palabras, ignorando mi pregunta anterior, me confundí por el cambio tan abrupto de la conversación. Sabía que él me amaba, porque me lo había dicho con anterioridad y cada una de las veces me hacía inmensamente feliz, pero nunca había admitido que éramos enlazados hasta ahora.
¿Qué había cambiado?
- Te encontré siendo una bebé de tres años, prometí cuidarte al verte tan pequeña en tu cuna y decidí esperar a que crecieras para estar contigo. Sin embargo, sigues siendo joven- Explico con un quejido doloroso al final, acercándose con rapidez hasta quedar enfrente de mí. Retrocedí un paso nerviosa- ¿Sabes lo doloroso que se puede tornar tener que contralar a tu demonio? Reprimirlo para evitar hacer una locura, porque deseo con desesperación raptarte y atarte a mi lado. Pero sé que no me lo perdonarías y ya le he hecho suficiente daño a tu familia- dijo con frustración, estaba tan enojado.
Sentía su dolor, su desesperación y su deseo, nunca lo había visto de esta manera. Ronald parecía siempre estar feliz y tranquilo ¿Acaso lo condene al sufrimiento por tanto tiempo sin darme cuenta? Mis ojos se humedecieron sin poder controlarlo, yo también quería estar con él, solo con mi enlazado. Aliviar su tristeza.
Él me miró con sus ojos verdes, su rostro se deformo en una mueca, estiró sus brazo acariciando mi rostro con sus dedos y las palmas de sus manos.
- Por favor no llores- suplicó acercando su cuerpo hasta que nuestros pechos se tocaron, cerré por un momento mis ojos disfrutando de su caricia inocente- He reservado este lugar, esperando con paciencia tu mayoría de edad porque es aquí, en donde te hago la pregunta que tanto he esperado- dijo con firmeza.
En ese momento previne lo que me diría, mis ojos grises lo observaron esperanzados. Agarré sus codos con fuerza, ansiosa de que terminara de hablar.
- Eira, mi enlazada ¿Quieres ser mi novia? – preguntó con cierta timidez a lo último.
Sentí que en cualquier momento me desmayaría de la emoción, he esperado por esto desde que soy una niña, Ronald era mi príncipe azul, el chico de mis sueños. Y por fin sería todo mío.
No lo pude soportar más, rodeé con un brazo sus hombros, apreté con fuerza su brazo derecho y con rapidez acerqué su rostro al mío, besando sus labios tibios y dulces, embriagándome en mi primer beso. Cuando él salió de su estupefacción me correspondió con la misma pasión, sellando nuestra relación de por vida.
La realidad superaba por mucho mi imaginación.
Nuestros labios danzaban juntos y casi me vuelvo loca cuando mordió mi labio inferior. Mi inexperiencia no le molesto de ninguna manera, sentía en nuestra conexión lo extasiado que estaba como yo.
Nos separamos unos milímetros respirando agitadamente, sonriendo con felicidad genuina.
- Sí, sí quiero ser tu novia- respondí agitada, él empezó a reír y yo igual.
- Me quedó claro con tu beso Eira- dijo en tono juguetón.
- Lo sé, pero quería asegurarme- dije con picardía mientras dejaba que él me besara la frente con cariño- Ahora eres mío Ronald- aseguré en un acto de valentía, parecía que hoy mi personalidad era arriesgada.
- Siempre he sido tuyo Eira- dijo con ternura.
Lo miré enamorada, realmente amaba a Ronald, mi enlazado.