Al entrar en aquella habitación, Greco Bruno no sabía que la persona dormida con una mujer no era su hermano Sajir, aunque si él estaba muy seguro que si era su hermano.
—Abuelo, sé de buena fuente que mi hermano Sajir faltó a la cena Familiar solo para estar con una mujer de moral dudosa.—Dijo Greco con cara triste.
—No sé porqué Sajir sigue actuando así? Sabía muy bien que tú lo esperabas con muchas ansias, además que ya lleva varios días en la ciudad y no a ido a visitarlo—Añadió Greco.
Pero para sorpresa de todos
al abrir la puerta y acercarse a la pareja en la cama, estos eran un par de extraños que obviamente empezaron a gritar de molestia e irritación.
Los ojos de Greco se abrieron de asombro, nunca esperó quedar como un gran tonto sizañoso delante de su abuelo, el buscó con la mirada a su subordinado Manuel Miranda.
El abuelo resopló con gran disgusto ante su nieto, percibía que Greco detestara a su propio hermano gemelo.
—Aun si fuera él a quien encontrara en la cama de esta habitación de hotel, yo no pensaría que él estuviera aquí por voluntad propia, y más si su detractor es su mismo hermano.—Argumentó el anciano.
—¡Abuelo, no sé que pasó!—Dijo Greco en su defensa.
—¡Ya no sigas más! No trates de engatusarme, podrías engañar a tus padres, no a mí.—Dicho eso, resopló y salió de la habitación.
El anciano estaba sinceramente aliviado de no encontrar a su nieto en esa cama de hotel.
El asunto era así, él heredó los negocios a su hijo Lenus Bruno. A su vez, Lenus el padre de tanto Greco cómo Sajir, entregó las riendas de los negocios a su hijo Greco.
Sajir había quedado con las manos vacías.
Siendo así, el anciano aún tenía una fortuna considerable, esta había pertenecido a su esposa Rainha, cuando los niños eran pequeños, Rainha siempre solía traer a su nieto Sajir para pasar vacaciones y fines de semana con ellos.
Rainha le había dicho en más de una ocasión que la fortuna heredada de su familia directamente sería de Sajir.
Esta decisión fue tomada así, ya que los abuelos observaban el trato diferencial que recibía sus dos nietos.
El abuelo, al pisar el suelo fuera de aquel hotel, miró a su fiel servidor Gabino Ruíz y le dijo a manera de gratitud.
—¡Gracias por contarme lo que pasaba! No te guardes nada de cosas así cuando lo descubres.—Añadió también.
—Quiero que siempre cuides de mi nieto Sajir si un día yo ya no pueda hacerlo.—Respiró con tristeza y refirió.
—Tu sabes cuales son mis deseos.
Todo este tiempo, Sajir quien permaneciera en su vehículo, observaba a su abuelo y a su fiel trabajador de décadas a su servicio, al señor Ruíz.
Todavía en la habitación del hotel, Greco se había llevado las manos a su cabeza y sacudido toda su cabellera, estaba endiablado hasta más no poder.
Entró Manuel Miranda y enseguida se abalanzó sobre él.
Le propinó un golpe, luego dos, cuando ya quiso darle el tercer golpe, Manuel Miranda se defendió, evitó el golpe y dijo de forma firme y decidido.
—¡Vamos señor Bruno, soy un empleado, no tu esclavo!—Tenia la mirada profunda y la cara seria.
—¿Cómo pudiste no hacerlo bien las cosas, debió ser mi hermano quien estuviera aquí desnudo junto a una mujer de la vida alegre.—Manuel Miranda solo apretó la mandíbula.
A leguas se mostraba su descontento con quien fuera su jefe Greco.
—Solo diré una palabra ante ésto, ¡renuncio! —Dijo Manuel Miranda.
De nuevo, Greco Bruno fue asaltado desprevenidamente. Él no esperaba botar a su empleado de años por un solo error.
—¡No te estoy despidiendo! —A lo cual Manuel Miranda le respondió.
—¡Lo sé, soy yo quien renuncia!
Ante sus palabras, Greco Bruno abrió grande los ojos. Luego dijo :
—Hoy no terminas de sorprenderme, Manuel.
—¿Como te atreves a rechazarme? Sabes ¡quién Soy! —Manuel Miranda hace una sonrisa icónica y dice.
—¡¿Cómo olvidarlo? ¡Alguien que es incluso detestable con su propio hermano, sangre de su sangre!
—¡Manuel Miranda! Ahora sí, soy yo quien no te quiere ya trabajando junto a mi!
—Seguro mi hermano te ha comprado, aunque creo que le has creído a promesas en el aire, él no tiene un centavo para pagar tu elección.
Manuel Miranda se pone en pies y responde con entereza.
—Greco Bruno, no todos somos como tú. ¡Ojalá abrieras los ojos, tu hermano es mejor que tú en todo, incluso en aún creer en ti cuando siempre le pones trampa, viene siempre a ti cuando lo llamas!
Greco saltó sobre Manuel Miranda y este se defendió, al final el hombre no pudo aguantar más su rabia y amenazó a su ex trabajador.
—¡Sabes que esto lo pagarás verdad!
—Oh, yo ya me esperaba alguna acción así de tu parte, puedo llamar a tu abuelo para que hablemos de lo acontecido ahora.
La cara del hombre se puso libido, ahora mismo estaba odiando a Manuel como a nadie, pero sabía que estaba en desventaja, le dijo a Manuel Miranda.
—Me pondrás en contra de mi abuelo y quizás me gane el enojo de mi abuelo por un tiempo, pero tú, tu perderías demasiado.
—¡Ya, créame Greco, estaré preparado para eso y más. Tu que tienes cola que te pise, no deberías de hacer castillos en el aire.
Dicho lo siguiente, Manuel caminó hacia la salida.
Greco era un hombre controlador, así que al sentir que ya no tenía más control sobre Manuel, una nube oscura cubrió su alma y pensamientos.
Afuera, aún seguía allí, el hermano de Greco.
—¿Sigues aquí?—Preguntó Manuel.
—Sigo aquí porque te estoy esperando —Respondió Sajir quien ya se había bajado del auto y lo miraba en modo serio a Manuel Miranda.
—Renuncié.—Lo sé —Dijo Sajir otra vez.
Manuel arqueó una ceja para detenerse y mirarlo significativamente.
—Acompáñame, te mostraré algo —Invitó Sajir a Manuel. Este dudó un tanto, Pero lo siguió, quería saber que era lo que él le mostraría.