En una familia siempre existirá el bueno, el malo y el feo.
En este caso, ¿Quién era el bueno? ¿Y quién era el malo y feo?
Para mí nada fue al azar, siempre que mis papás se enojaran conmigo y me regañaran, era que mi hermano había hecho algo para luego culparme.
Sabiendo eso, dice los dichos populares en nuestra sociedad que si te engañan la primera vez, es culpa de quién lo hace, si te dejas caer en la misma trampa una segunda vez y otra y otra vez, ya es solo tu culpa.
Bueno acomodando así las cosas, ya debo aceptarme que soy yo el culpable de todo lo que ha pasado, ¿no es así?
Sonará ilógico, pero así es. En definitiva, las cosas que ocurrieron, mi relación poco profunda con mis padres biológicos y el cariño desmesurado de mis abuelos compensaron toda esa falta de amor y atención por parte de mis progenitores.
Siempre lo he dicho, la vida te vende lecciones, las cuales las pagas y muy caro y si no aprendes de ello, la vida te las vuelve a cobrar.
A veces me pregunto si pude haber hecho algo más para que mi relación con mi hermano Greco fuera distinto, no lo sé, quizás debí hacer una especie de inclinación, de propiedad, de hacerlo sentir mas, o mejor que yo, la verdad es que yo jamás lo hice sentir menos que yo.
Hurgando en mis adentros, me preguntaba si era yo el del problema, y ¿por qué mis padres no habían echado de ver el problema entre sus dos hijos?
Después que contratara al señor Manuel Miranda como mi representante y director general de la sucursal de la Empresa que yo creé desde cero, pasé a visitar a mi abuelo. No podría irme sin verlo, tenía planeado marcharme otra vez del país.
Al llegar a la enorme villa campestre donde vivía mi abuelo, Manuel, otra vez Manuel fue quien me ayudara a comunicarme directamente con el mayordomo de mi abuelo, así pude entrar a su Villa, pues no sé las razones por las que mi propio hermano Greco había ordenado no permitir mi ingreso a la Villa de nuestro abuelo.
Al entrar, sentí un gran alivio, pues no quería irme sin haberlo visto, abrazado al abuelo.
Él era alguien tan importante en mi vida.
Mi coraza, mis cimientos estaban formados gracias a su dedicación y su cariño para conmigo.
No había pasado ni quince minutos con mi abuelo cuando de repente mis padres llegaron ofuzcados, estaban todos nerviosos y a la guardia, ¿Conmigo? ¿Si no tuviera la misma cara de mi hermano, pensaría que yo era un hijo adoptado.
¿Por qué tanta indiferencia conmigo? Incluso si yo fuera un mal hijo. Sé por mi conciencia que no lo soy. Soy una persona con muchas cosas negativas en las cuales debo trabajar para mejorar como persona, pero no es para que mis propios padres me traten como a un delincuente, alguien sucio.
Levanté la vista para mirarlos.
—¡Papá! —Dijo mi progenitor dirigiéndose a mí abuelo.
—¡No está bien que recibas a personas sin decirnos! —Mi abuelo frunció el ceño.
—¿Que pasa, acaso no es este mi querido nieto, también tu propio hijo? ¿porque lo tratas como a un extraño?
Mi madre vuelve su mirada a mi, es una mirada llena de acusaciones, reproches, lo menos que veo en esa mirada, es amor hacia mi persona.
—¿Ves lo que causas apenas apareces? —Fueron sus palabras, esas que pareciera que no tiene nada ofensivo, pero que a mí me hacen hoyos enormes que sangran sin reparo.
—Madre. —Dije.
Me agaché.
Quería llorar, creía que ya había superado este sentimiento de rechazo, de soledad, pero ¡no! ... siempre que se repitiera esta situación, me dolería en el alma.
Mi abuelo se enfadó con mi Madre, él se alteró muchísimo, yo siempre agachaba la cabeza y aceptaba los señalamientos que me hicieran, pero hoy no estaba dispuesto a hacer lo mísmo.
—¡Eres una madre para Sajir! lo que eres, una mujer injusta, nunca fuístes una buena madre para tu hijo.
—Papá —Dijo mi madre, pero mi abuelo la acalló de nuevo.
—No me llames papá, no lo soy. Tampoco te considero mi nuera, tú y mi hijo son malas personas.
Mis padres me volvieron a ver con desdeño plasmado en el rostro.
—¡No me vuelvan a ver a mí! —Les dije—¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que vine ante ustedes?, años sin verme, pero esta es la actitud con la que me recibes.
Dije para sorpresa de mis dos viejos. Y por si no fuera suficiente, proseguí con el dolor que me carcomía.
—Resulta que ahora nisiquiera quieren que vea a mi abuelo, el único ser que tengo en este mundo que me ama sinceramente—Objeté.
—¡Vaya! —Dijo mi padre con tono molesto —Al fin te dignaste a hablar por tu cuenta, siempre dejas que tu abuelo y otros te defiendan.
—Supongo que es hora de que les diga "¡Basta!" a ustedes. No sé porque al día de hoy por qué ustedes que son mis padres y mi propio hermano me han tratado como a su peor enemigo.
Mi mirada estaba inexpresiva, miré a mi padre directo a los ojos y proseguí.
—Si no tuviera la misma cara infeliz de mi hermano, me sería más fácil creer que ustedes no eran mis padres. Así el dolor de sus rechazos fuese más llevadero.
Justo en ese momento entró mi hermano Greco, justo quien faltara.
Ya lo estaba esperando, su cara falsa, que tan solo yo conociera, me miró rápidamente, luego se acercó a nuestros padres y los consoló, ahí estaba el hijo ejemplar, según él.
Estaba defendiendo a sus padres, según él. Pero ¿de quién?
Miró a mi abuelo y Greco habló dirigiendo a él.
—Abuelo, no te enojes con mis padres, ellos solo están preocupados por tu bienestar.
Mi abuelo miró a Greco y se echó a reír, por supuesto Greco se sintió algo incómodo. Mi abuelo les habló a los tres y dijo.
—Ustedes tres pueden rechazar a su familiar, al que siempre han marginado, pero eso no quiere decir que yo deba hacerlo. De hoy en adelante les diré a los tres, no les quiero volver a ver en lo que me queda de vida.
—¡Abuelo! ¿Cómo dirás eso? —No me interrumpas, no he acabado.
—Ninguno de los tres van a decidir si puedo o no recibir a mi único nieto amado.—Añadió.
— Ya se quedaron con todo por lo que trabajé duro toda mi vida, y no hicieron parte a su hermano—Dijo el abuelo mirando a Greco, luego miró a mis padres y dijo.
—Ya sé, ustedes también quieren lo que pertenecía a la abuela que ya descansa en paz, pero les voy a decepcionar con eso, Esa pequeña fortuna no la podrán ni tocar, ni oler, su abuela antes de morir se lo dejó a Sajir.
Miré como la cara de mi hermano Greco se jalaba desencajando en medida.
Y ni hablar la de mis padres, yo era el único que ni idea tenía acerca de esa fortuna guardada.
—¡Abuelo, no es necesario! —Dije, y sí, no era necesario que me dejara esa fortuna, yo ya había amasado mi propia fortuna.
Eso no lo sabía nadie de mi familia, claro está.
—Abuelo, yo también soy nieto de la abuela. No puedes ser tan extremo conmigo—Dijo Greco, eso me sorprendió.
Pues ya manejaba todo el negocio familiar del abuelo, pero al parecer no estaba satisfecho. Aparte.
Mi abuelo habló con una sonrisa en la cara.
—Si, así es. La mitad de todo lo que manejas en los negocios es de Sajir, quiero que lo sepas. Y lo que era de tu abuela, es completamente de Sajir.
—¡¿Qué?! —Gritó Greco, secundado por mis padres.
Yo quedé ahí parado, estaba pensativo y luego me acerqué al abuelo y le tomé por sus hombros haciendo que me volviera a ver. Le dije al abuelo.
—Abuelo, nada de lo que dices que es para mí lo quiero.—Mi abuelo frunció el ceño.
Mis padres estaban tan molestos, me miraban como si tal quisiera sacarme los ojos. Mi abuelo me habló de nuevo.
—Sajir mi querido nieto, eres como otro hijo más para mí. Pronto el destino que nos toca a todos en algún momento me llevará y estarás sólo.
—Abuelo, no te preocupes por mi. Tengo a Dios conmigo. Siempre estaré bajo su cuidado.