ESTACIÓN DE OXFORD: UNA HORA DESPUÉS El tren se detuvo con un chirrido metálico en la estación de Oxford, expulsando una nube de vapor que se mezcló con el aire fresco de la mañana. Drago, quien se había quedado dormido durante el trayecto, despertó sobresaltado por el ruido. Con un gesto discreto, limpió la comisura de sus labios, se acomodó el sombrero y se incorporó a la corriente de pasajeros que descendían del vagón. Cuando bajó, vio como la estación bullía de actividad: estudiantes cargados con libros y maletas, profesores de aspecto distinguido y personal administrativo se entremezclaban en el andén, creando un mosaico viviente de conversaciones y movimiento. Tres vagones más adelante, Lizzy descendió con su habitual elegancia. Sostenía contra el pecho el libro que la había manten

