Daniel llegó a casa después de la práctica. Desde que su equipo había pasado de fase, cada partido era una final en sí misma. Jugaba tanto en sub-17 como en sub-20, y eso lo tenía agotado. Al verlo entrar con ese andar cansado y la cara algo tensa, supe enseguida que necesitaba un poco de ayuda. —Ma, me duelen las piernas —dijo, dejándose caer en el sillón. —¿Otra vez? —le respondí, riendo. —Sí, los entrenamientos están pesados. Lo miré con ternura. Ese cansancio era fruto de su esfuerzo, de su pasión. Antes de que mis problemas de salud me obligaran a detenerme, había tomado un curso de masajes. Me encantaba practicar lo aprendido, pero con el tiempo, lo había dejado. Hoy sentí que podía retomarlo. —Vení, Dani, súbete acá. Vamos a relajar esos músculos antes de que te desarmes. Prep

