El partido de mi vida El sol brillaba fuerte ese sábado, pero dentro de mí había una tormenta de emociones. No era solo otro partido; era una final anticipada. Mi equipo y yo habíamos trabajado duro, y ahora estábamos a un paso de algo grande. Entrar al campo siempre me da un cosquilleo en el estómago, pero esta vez era diferente. Miré hacia las gradas, y ahí estaba toda mi familia: mamá, Melani con Fernando, Analía con Gonzalo, Santi, Amelia. También vinieron mis tíos y primos; éramos muchos. Una barra inconfundible, con gritos de aliento y una pancarta enorme que decía: ¡Vamos, Dani! ¡Estamos contigo! Llevaba los colores del club y mi número de camiseta. Ellos siempre me apoyan. Mi familia es lo más. En el banco de suplentes, vi a papá, orgulloso, al lado del técnico. Me dedicó una so

