Capítulo 20: Christian

1790 Words
Quería cogerla. Pero ahí estaba ella con su gran boca, que podría haber estado mucho mejor ocupada con mi pene, haciéndose la fuerte cuando sé que quería tenerme dentro de ella. Estaba tan mojada que mi dedo resbaló por su humedad. No era mentira cuando dije que quería correrme, y eso es lo que jodidamente voy a hacer. Necesito sacarme a Sofía de mi sistema, y nada mejor que un coño para olvidar otro. Podría enviar un mensaje a algunas de las que tengo guardadas en mi celular, pero tengo ganas de algo nuevo, así que en vez de subir de inmediato a mi departamento, voy al bar que está cruzando la calle. No es un bar de mala muerte, no. Está en el mejor barrio de la ciudad y las personas que van allí visten de marca. Chanel, Balenciaga. No es que vaya a cogerme a cualquier mujer. Me siento en la barra y pido un bourbon. Miro hacia los lados viendo a los tipos vestidos con trajes igual de caros que los míos, a las mujeres con vestidos cortos y provocativos. Es claro que todos venimos buscando lo mismo. Algunas mujeres están buscando un hombre adinerado al que cazar, y creo que todos los hombres solo estamos buscando alguien para follar. Cuando vas a un bar no buscas amor. Sé que esas mujeres no buscan amor, buscan estabilidad financiera. Pero a lo largo de mi vida he sabido diferenciarlas. Mi apellido es reconocido, yo soy reconocido, siempre me han buscado con el objetivo de obtener algo. No me molesta, creo que todos buscamos algo en una persona. Yo busco mujeres hermosas, con cuerpos ardientes que me hagan pasar un buen rato. Ellas buscan billeteras abultadas. —Gracias —digo al barman cuando me deja el trago. Me giro en el taburete para observarlos a todos. Varias mujeres me miran, pero ninguna llama mi atención. No es que los hombres nos follemos a cualquier mujer, o bueno, al menos no yo. Necesito sentir que la excitación me recorre el cuerpo como un hormigueo, necesito sentir como la sangre se dirige a mi pene y las imágenes de esa mujer desnuda aparecen en mi mente. Justo veo a la mujer que me provoca eso. ¿Esa es Sofía…? ¿Sofía? Frunzo el ceño al verla entrar con su amiga, la señorita Kasey Elwood. No puede ser. Lo que me faltaba. De toda la ciudad, ¿tenían que venir justo a este? Me tomo de un sorbo mi trago y le hago una seña al barman para que me traiga otro. Ahora se supone que veré a Sofía coquetear con otros, quizás irse con otros, quitándome toda la tranquilidad y disposición con la que yo había venido aquí. ¡Qué maravilla! Las dos entran riéndose de algo que solo ellas saben. Mientras se abren paso por el lugar hacia una mesa disponible, algunos hombres se giran para mirarle el culo a Sofía. Aprieto la mandíbula. Seguro que no le va a ser difícil irse con alguien. —¿Estás solo? Una voz femenina me hace darme vuelta hacia la izquierda. Una mujer con cabello rojo me observa con unos grandes ojos cafés. Su nariz está llena de pecas que la hacen ver muy inocente, a pesar de que la mirada que me da, no es para nada inocente. Bajo la mirada por su cuello, sus muy apetecibles tetas y una cintura estrecha. Definitivamente es alguien que me follaría. Vuelvo a mirar hacia donde estaban Sofía y su amiga, deleitándome al encontrarme con su mirada. No se ve sorprendida, por lo que intuyo que esta no es la primera vez que me ve. Le asiento con la cabeza y vuelvo a mirar a la mujer a mi lado. —Lo estoy —digo dando un sorbo de mi vaso—. ¿Y tú? Sonríe y se echa el pelo hacia atrás. —También. Ella se acerca más hacia mí. —¿Qué estás tomando? —me pregunta con voz suave, pero con una mirada cargada de Deseo. Me saco la chaqueta y la dejo a mi lado. Inmediatamente sus ojos se van hacia mis brazos y mi pecho. —¿Qué quieres tomar tú? —le pregunto. Ella ríe. —La verdad es que no tomo alcohol, pero una Coca-Cola estaría bien. —Está bien —asiento y le hago una seña al barman para que le traiga su bebida—. ¿Cuál es tu nombre? —le pregunto. —¿Mi nombre real o el que se da en estos encuentros? —pregunta recibiendo la bebida—. Gracias —le dice al barman. Me encojo de hombros. —El que tú quieras darme. —¿Cuál es el tuyo? —pregunta. —Christian —ni siquiera lo digo yo, lo dice Sofía. Una media sonrisa se forma en mi boca. Me giro hacia ella lentamente. —¿Christian? —inquiero yo, sabiendo que debería llamarme jefe. —No estamos en horario de trabajo —espeta cruzándose de brazos. —¿Qué quiere? —enarco una ceja. —¿Está ocupado? —mira a la chica a mi lado. Ella simplemente observa a Sofía bastante confundida. En otras ocasiones, la mujer que quiere que me la folle, empieza a tratar de marcar su territorio comportándose como una perra. —¿Cuál es tu nombre? —le pregunto a la mujer a mi lado. —Es Janeth. Miro a Sofía. —Sí, estoy conversando con Janeth —respondo. Veo como aprieta la mandíbula, sin embargo, mi expresión no cambia. Simplemente la miro esperando que siga hablando. —Espero que no sea de trabajo —murmuro al final. —¿Ustedes trabajan juntos? —pregunta Janeth. Asiento con la cabeza llevándome el vaso a los labios. Me encanta esto, realmente estoy disfrutando de la situación. Si me preguntan, creo que Sofía está parada frente a mí porque está celosa. Podría estar con cualquier hombre aquí, pero en cambio, está queriendo arruinar mi propia conquista. —Sí, y es algo muy importante y urgente lo que tengo que decirle. Venga conmigo —me dice agarrando mi brazo. Dios, esta chica tiene fuerza. Por suerte alcanzo a dejar el vaso en la barra, porque ella me lleva tirando con más fuerza de la que una chica de su porte debería tener. Me lleva hasta el baño, encajándome sus uñas en el antebrazo. Sofía me empuja hacia el baño de los hombres. —Creo que se equivocó de baño, señorita Guerrero. —¡Cállese! —me espeta. Uy, anda fiera. Me empuja hacia un cubículo con tanta fuerza que me tambaleo. —Dios, Sofía. No seas tan bruta —me quejo. Sofía cierra la puerta de golpe y le coloca seguro. Me mira muy, muy enojada. —¿No puedes mantener tu pene en los pantalones? La miro sorprendido. No puedo creer a esta mujer. Ni siquiera me respeta. —¿Por qué mierda lo haría, Sofía? —pregunto con los dientes apretados—. ¿Acaso tengo mujer? ¿Acaso estoy casado? Porque yo creo que no. —¡Maldita sea! —me grita. Echa la cabeza hacia atrás dejando salir un suspiro furioso. Estiro el brazo agarrando la parte de atrás de su cabeza. Estampo sus malditos labios contra los míos en un beso furioso. Aquí está ella, después de haberme dicho que no podíamos seguir follando, luego haciéndome estos escándalos. Me la voy a coger, eso es lo que quiere, eso es lo que tendrá. Sofía me devuelve el beso con la misma furia. Sus manos tienen agarrada mi camisa como si estuviera impidiéndome que me alejara. Un gemido salió de sus labios cuando llevé una mano a su culo. Subí su falda y apreté con fuerza una de sus nalgas. —Esto es lo que querías, Sofía —le digo contra su boca. Llevo mis dos manos hacia su culo y la levanto para que envuelva sus piernas a mi alrededor. Sofía, como la buena chica que puede ser, lo hace. —No sé qué me pasa —susurra en mi oído cuando apoyo su cuerpo contra la pared—. No sé qué me hiciste. Volví a besarla. Ya estoy duro, así que me abro el pantalón, hago a un lado su ropa interior y me meto de una estocada. Dio un quejido de dolor, claramente no acostumbrada a mi grosor, lo que me hace sentir terriblemente posesivo. —¿Te duele? —inquiero sin moverme. —Solo un poco —responde en un susurro—. Pero me gusta. Una sonrisa lobuna se hace presente en mi rostro. —Yo sé que sí. Los brazos de Sofía están alrededor de mi cuello, por lo que nuestras narices se rozan a cada momento. Estamos literalmente respirando el aire del otro. Salgo de ella y vuelvo a entrar. Sofía separa los labios sin dejar de mirarme. Sus mejillas sonrojadas, sus ojos vidriosos por el placer, son una puta locura. —Tu coño está caliente, nena —gruño—, justo como me gustan. Gruñe y echa la cabeza hacia atrás, golpeándose con la pared. —Pero si no hubiera sido el mío… —Pero el tuyo me gusta mucho —la interrumpo mordiendo su cuello—. Esta tan apretado, caliente y húmedo. Comienzo a moverme más rápido, más duro, sintiendo la necesidad de poseerla, de quitarle esas estúpidas ideas de que no podemos follar. ¿Resistirse tanto para llegar a esto? Incluso me siento enojado por hacerme esperar tanto. He estado todo el día con esa dolorosa erección, ya que no hace más que provocarme. Ahora lo voy a descargar todo. La follo con fuerza, con furia. Sus gemidos envuelven todo el baño. —Eso es, preciosa. Quiero que todos te escuchen gemir con mi pene enterrado hasta las bolas en ti —la animo. —Dios, Christian —jadea con la respiración acelerada. —¿Vas a correrte? Mueve la cabeza afirmativamente varias veces. Se muerde el labio y ni siquiera necesita que la toque. Sofía se corre y las contracciones en su interior son como si quisiera arrancarme el alma. Gruño y me dejo ir con ella. Apoyo mi frente en su hombro tomando un respiro. El cuerpo de Sofía todavía persigue los últimos vestigios de su orgasmo. —No… —la miro. Ella se pasa la lengua por los labios y traga saliva—. No quiero que te la folles. —¿A quién? —pregunto frunciendo el ceño. —A la mujer que estaba contigo. Me inclino y chupo su cuello. —No te preocupes, solo voy a follarte a ti —me aparto para mirarla a los ojos—. Toda la noche.
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