CAPÍTULO 9 — Mejor cada día

1404 Words
Dos días después, Aldebarán volvió a su casa. Ya se sentía mejor y eso dejó un enorme vacío en mí. Me había acostumbrado a tenerlo en casa todo el día y el no tenerlo, me había hecho volver a ser la Triana deprimente y patética de siempre. —Hoy iremos al psicólogo —me dijo esa mañana Titán. No estaba preparada para ir, pero tampoco quería dar problemas. —Está bien —me levanté de la mesa y me fui a cambiar de ropa sin ánimo de nada. Apenas llegamos, me puse muy ansiosa. Mientras estábamos sentados en el sillón de la sala de espera, no dejaba de mover mi pierna con nerviosismo. Titán tocó mi rodilla un montón de veces para que dejara de hacerlo, pero era algo imposible. Apenas me llamó la doctora, mi corazón latió a mil por hora. Sabía que no debía temer, pero, aun así, era difícil tener que abrirse con un extraño. Sobre la terapia, mmm creo que no te contaré mucho. La doctora me escuchó, preguntó cosas tratando de entender mi punto de vista y fue muy amable. Anotaba cosas en su Tablet y continuaba escuchándome. Al menos, pude decir muchas cosas que rondaban mi cabeza y eso alivianó un poco mi carga. Cuando salí, una hora después, Titán seguía ahí, en silencio. Nos fuimos a casa y me dijo que ese día trabajaría desde la oficina. Quizá no me quería dejar sola, pero ¡Ey! Tampoco era como si me fuera a suicidar. Al menos, no había llegado a tener esa clase de pensamientos. Ese día, noté un leve entusiasmo en Amalia. Era obvio que estaba contenta por tener a Titán en casa. no entendía cómo él no se daba cuenta de eso, ¿o quizá si lo hacía? Sentí celos, pero no, porque yo estuviese enamorada de él, sino, porque alguien más sentía amor. Yo no sentía amor hace mucho tiempo y en realidad, había dejado de sentirlo por mí. Ese día decidí no despegarme de él. Quería confirmar si Amalia realmente estaba enamorada y así fue. Ver su cara, cada vez que yo seguía a Titán a su oficina, fue todo un espectáculo. Incluso, en una ocasión, cerré la puerta de la oficina encerrándome con él y fingiendo que leía un libro. Amalia no aguantó más de quince minutos y entró a la oficina fingiendo que debía preguntarle algo muy importante a su jefe. En realidad, la pregunta había sido algo estúpida, sobre la cena, pero al momento de salir de la oficina, dejó la puerta abierta. Ni siquiera hice el esfuerzo de levantarme para cerrarla, porque ya me había aburrido de sacarle celos. —Me iré a acostar —le dije a Titán. —¡Triana, espera! —se puso de pie y caminó rápido hacia mí. —¿Qué sucede? —Debo hablar contigo —su rostro serio y quizá, un poco impaciente me asustó. —Sí, claro, dime qué sucede —de un segundo a otro se colocó nervioso. Su mano tocó su cabello y comenzó a darse muchas vueltas con las palabras —. ¡Titán, dime qué sucede! —comencé a impacientarme. —Ehh… Es que… ¡Debemos dormir en la misma habitación! —vomitó las palabras. Me quedé de una pieza, sin saber qué decir. Llevábamos un año durmiendo en habitaciones separadas y para mí estaba bien eso. —¿Por qué? —Porque… Ehh… Pues, porque lo dice el contrato. —Oh —fue lo único que pude decir. —Debimos hacerlo hace meses, pero quise darte tu espacio. Bueno, ahora debemos cumplir con el contrato. —¿Es realmente necesario? Digo… Llevamos un año durmiendo separados y hasta el momento, para mí ha estado bien esa decisión —quise tratar de persuadirlo. —Ya te lo dije, hay un contrato que cumplir —pero no lo logré. —Por lo menos… ¿puedo pensarlo primero? O, por lo menos, ¿me puedes dar unos días? —Una semana más te daré —y así como así, se fue de la oficina dejándome sola en el lugar. ¿Para qué quería dormir conmigo? O sea, yo no pensaba tener intimidad con él, además, dudaba que siquiera a él se le antojara, porque mis pijamas de sexys no tenían nada. Todos, absolutamente todos mis pijamas eran de niña chica a mi parecer, con dibujos, flores, Bob Esponja, Los Caballeros del Zodiaco, Ranma y Medio, del actor Yoo Yeon Seok, Bugs Bunny, Mickey Mouse, del Gigante de Hierro y muchos otros. Sí, me encantaban los pijamas y tenía para todos los gustos animados. Me fui a mi habitación y me acosté hasta que estuviese la cena lista. A eso de las ocho de la noche salí de mi cueva y me fui al comedor. La cena llevaba una hora servida en esa mesa y ya estaba helada. Titán no estaba ahí y supuse que estaba en su habitación. Me fui a buscarlo, toqué la puerta y nada. Puse la oreja en la madera, pero no se escuchaba ningún ruido. La abrí, siendo muy imprudente y me volví a sorprender, porque tampoco estaba en su cama. Comencé a mirar su habitación, de aspecto muy solitario hasta que él salió del baño, con la toalla cubriendo solo la parte de debajo de su cuerpo. Ok, como te explico, lo que vi… Supongo que no hay una forma adecuada para explicártelo. Su abdomen estaba marcadísimo, sus músculos eran completamente visibles y marcados. Su cuerpo perfectamente proporcionado con su altura, lo hacían ver sexy y guapísimo. Tapé mis ojos, me disculpé y le dije que lo esperaba en el comedor. Salí de ahí tan rápido como pude y me fui directo al comedor para calentar la cena y fingir que nada había pasado. Y él apareció diez minutos después, con su cabello mojado, despeinado y con pijama. Incluso con pijama se veía bien. —No debiste entrar sin tocar. —Sí toqué, pero no contestaste —dije sin mirarlo. De seguro mi cara estaba roja por la vergüenza. —Soy tu esposo, puedes mirar todo lo que quieras. —Nop, gracias —le entregué su plato con la cena caliente y luego tomé el mío para arrancar a la mesa. —No deberías sentir vergüenza —continuó molestándome con una sonrisa en su rostro. —No me molestes —dije calmadamente. —No lo hago. Insisto, soy tu esposo y solo tú me puedes mirar. No es necesario que tengamos intimidad para que lo hagas. Además… —¡No! Dije que no, gracias —traté de que se callara, pero él se rio. —Está bien —se rindió —. ¿Cómo te sientes luego de tu terapia? —Mmm, creo que bien. —¿Cuándo tienes la siguiente? —El viernes. —Muy bien, te acompañaré. —No es necesario. Le puedo decir al señor Torres que me lleve y luego me traiga a casa. —Quiero hacerlo yo —dijo insistente. Aun así, no quise discutir y terminé aceptando. —Está bien. Después de un par de sesiones con la psicóloga, comencé a sentirme mejor. Ya hablaba más, salía a tomar sol en el jardín, comía bien y dejé de estar tan presente en las r************* . Eso era algo bueno. Con Aldebarán retomamos nuestra relación y comenzamos a salir de vez en cuando, tal como lo hacíamos antes. Nos juntábamos en el centro de la ciudad y almorzábamos antes de que él tuviese que volver a su trabajo. A veces lo veía cansado y otras de un muy buen humor. Suponía que así era su vida de empresario, con altos y bajos, con días buenos y otros malos. Aun así, nunca le dije nada y solo estuve ahí para él, escuchando sus frustraciones con su hermano o con su trabajo. Sí, Titán era una persona difícil de tratar, según me contaba Aldebarán, sobre todo en los negocios. —Hola, Aldebarán —nos interrumpió una mujer, una día cualquiera, mientras almorzábamos. La chica era muy bonita, alta y con el cabello rizado. Pero, cuando miré a mi cuñado, su rostro estaba pálido, como si ver a esa chica no hubiese sido algo bueno —. Hace mucho tiempo que no nos vemos. —Lamento que hayas aparecido —le dijo él con rabia. De repente, se levantó y se fue, dejándome sola ahí en el restaurante con aquella chica misteriosa.
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