El mejor contrato de mi vida. Capítulo 5. Margaret

1365 Words
Jordán se estaba comportándose de manera tan diferente conmigo que me llamó mucho la atención. Su actitud cuando me recibió en ese estado era completamente inesperada. Jamás imaginé que fuera capaz de mostrar esa clase de preocupación. Había sido tan arrogante y despectivo cuando nos encontramos en la oficina que no podía creer todo lo que estaba haciendo por mí. Llegamos a su casa, ya que era el día libre de los empleados y debíamos arreglárnoslas solos. Me llevó hasta una habitación que parecía sacada de un sueño. Era enorme y lujosa, con una cama del tamaño de mi antigua habitación. Todo lucía impecable, con un hermoso espejo, el suelo cubierto de alfombras y unas persianas encantadoras. —Aquí puedes quedarte, Margaret H. —dijo, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Puedo tutear? —Muchas gracias —respondí—. No veo ningún problema en tutearnos, siempre y cuando haya respeto entre nosotros. —¿Acaso tengo cara de ser irrespetuoso? —preguntó Jordán con una media sonrisa. Se veía muy atractivo cuando sonreía, con dos pequeños hoyuelos en las mejillas que le daban un toque de sensualidad. Pero por Dios, ¿qué estaba pensando? Lo peor que podría suceder sería enamorarme de ese hombre, quien aparentemente solo quería casarse conmigo por alguna razón desconocida hasta ese momento. Debía controlarme y mantener la compostura. —Te dejaré sola para que te instales —continuó Jordán—. Puedes quedarte el tiempo que necesites. Hay que curarte esos golpes, así que te traeré hielo y algo de comida. —No es necesario, Jordán. Ya has hecho bastante por mí dejándome entrar a tu casa siendo una completa desconocida. —Recuerda que yo te propuse matrimonio sin conocerte, así que dejarte pasar a mi casa no tiene la menor importancia, Margaret H. Qué bien sonaba mi nombre en sus labios. Todo en él era perfección. Se dio la vuelta y mientras se alejaba, pude ver su espalda bien trabajada, con marcados abdominales y unos hombros anchos que dejaban al descubierto su arduo trabajo en el gimnasio. Llevaba una camiseta tipo polo y unos pantalones que le quedaban perfectos. ¿Qué me estaba pasando con este hombre? Me provocaba tantas emociones con solo verlo, y al recordar el sabor de sus labios, mi piel se erizaba. Tenía que tranquilizarme. No podía seguir fantaseando. Mi relación con Jordán sería solo un acuerdo para resolver mis problemas, y suponía que también los suyos. Entré en la ducha, al menos el agua caliente logró relajarme un poco. Los golpes ya no me dolían tanto, y de cierta forma estar en aquella casa me proporcionaba cierta tranquilidad. Pero no sabía qué haría mi padre cuando despertara y no me encontrara allí. Seguro al día siguiente me dejaría mil mensajes en el celular con un sinfín de amenazas. Pensaba en mi abuela, en lo cómoda que estaría en esta casa, bien atendida y con todo lo necesario. Solo por ella valía la pena hacer todo tipo de sacrificios. Era la única persona que me quedaba en el mundo, y mi deber era cuidarla y velar por ella. Me puse el pijama y me recosté en aquella enorme cama. Se sentía increíblemente cómoda, con almohadones y sábanas suaves. No tardé mucho en quedarme dormida. No sabía cuánto tiempo había pasado, seguramente solo fueron algunos minutos, pero honestamente me parecieron reparadores. Recién estaba abriendo los ojos y me estaba incorporando cuando se escuchó la voz de Jordán del otro lado de la puerta. —Soy yo, Margaret H. ¿Puedo entrar? Te traje algo de comer y un poco de hielo para colocarte en el rostro. —Pasa, Jordán —le contesté nerviosa—. No debiste molestarte. —No es molestia. Además, tú eres mi invitada, y yo acostumbro a hacer todo lo necesario para que mis huéspedes se sientan como en su propia casa. Jordán comenzó a colocar el hielo en mi rostro, y de solo sentir el roce de su piel junto a la mía, el frío del hielo parecía menor al intenso calor que se estaba produciendo en mi interior. —Eres muy hermosa. No entiendo quién pudo lastimarte de esta manera —dijo Jordán, acariciando mi rostro y acercándose peligrosamente. —Gracias, pero ya te dije que fue un accidente —respondí, manteniendo mi postura. —Eso no me lo creo, pero entiendo que no quieras decirme nada. Al final, soy un completo extraño en tu vida. Pero créeme, puedes confiar en mí —insistió Jordán, con una expresión comprensiva en su rostro. —Lo sé, y te lo agradezco. Pero ya haces bastante con permitirme quedarme en tu casa. Hay una conversación pendiente entre nosotros. Debemos hablar —afirmé, sintiendo la urgencia de abordar ciertos temas. —Claro que sí, pero ya hablaremos mañana. Ahora descansa, preciosa —dijo Jordán con su voz sensual característica. Luego se acercó y, sin previo aviso, me dio un beso en los labios. La sorpresa me dejó sin aliento. Después, se marchó cerrando la puerta. Me quedé allí, petrificada, con una mezcla de emociones revoloteando en mi interior. Ese hombre me afectaba de una manera que no podía ignorar. Ni siquiera tenía sentido negarlo. Sin embargo, necesitaba ser realista y comprender que él nunca se enamoraría de mí. ¿Cómo podría hacerlo si yo era una chica tan común? Él estaba acostumbrado a salir con modelos de marcas exclusivas, estrellas de televisión, y yo estaba muy lejos de ser todo eso. Así que definitivamente debía alejar cualquier pensamiento o emoción que Jordán pudiera provocar en mí. Era lo mejor para ambos. Jordán. Salí del cuarto de Margaret, aún con el dulce sabor de sus labios en mi mente. ¿Qué me estaba sucediendo con esa chica? Su cercanía se estaba convirtiendo en un tormento, pero al mismo tiempo era la experiencia más dulce que había tenido en mi vida. Parecía tan inocente, tan vulnerable, tan necesitada de afecto. No podía apartarla de mis pensamientos, algo que no podía permitir. Enamorarme de ella sería el peor error que podría cometer si quería llevar adelante mis planes. Sin embargo, era innegable que me había cautivado. El simple contacto de su piel encendía un volcán dentro de mí. Quería besarla, tocarla, tenerla entre mis brazos, pero esa fantasía no podía ser una realidad en ese momento. Ella estaba pasando por un momento difícil y había acudido a mí en busca de ayuda. Necesitaba darme un baño de agua fría y comportarme como es debido. Me fui a dormir, pero estuve dando vueltas en la cama hasta que el sueño finalmente me venció. A la mañana siguiente, entré en la ducha, me vestí y bajé a la cocina para preparar el desayuno. Para mi sorpresa, desde que bajé las escaleras, fui recibido por un olor exquisito a huevo y tocino, junto con el embriagante aroma del café que tanto me encantaba. —Buenos días —escuché la voz de Margaret mientras ella ponía la mesa. —Buenos días. Pero ¿qué es esto? Preparaste el desayuno. No debiste molestarte. Podríamos haber pedido algo —dije, un tanto nervioso, al contemplar su exquisita figura. —No hay necesidad de eso. Además, la cocina se me da muy bien —respondió Margaret con una sonrisa. —Estoy deseando averiguarlo, muero de hambre —le contesté, acercándome. Margaret estaba radiante, vestida con unos jeans que resaltaban su hermoso cuerpo, alta y esbelta, toda una belleza. Llevaba el cabello suelto y un ligero maquillaje. Aunque los golpes aún se veían, lucían mucho menos inflamados. Me serví una taza de café y comencé a comer. En efecto, todo estaba delicioso. Margaret tenía un talento increíble para la cocina, su sazón me recordaba a la de mamá, y fue inevitable transportarme a mi infancia. —Guau, todo está riquísimo. Te luciste. Me vas a malacostumbrar si sigues cocinando así —elogié. —Era lo menos que podía hacer. Y créeme, no me cuesta nada. Me gusta la cocina, como ya te dije. Me alegra mucho que te haya gustado lo que preparé —respondió Margaret con una sonrisa. —Me encanta —le dije, mirándola de arriba abajo y sonriéndole de forma coqueta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD