Después de varios días de estar observando la casa con detenimiento y de que los comerciantes del sector dieran su aporte a la causa, por fin llegó la noche en la que completarían el trabajo. No tenían nada contra él, por lo menos de forma personal, sin embargo, estaba acusado de venta de sustancias no muy licitas, robos y cobro de vacunas. Definitivamente era una de las basuras que encajaban en el perfil que ellos buscaban para completar con la purga de la ciudad y no tendrían piedad contra alguien así.
El tipo parecía mantenerse provisionado al interior de la casa, pues los vecinos no lo veían salir de día, y de noche mantenía las luces apagadas y las ventanas cubiertas. Vaca fue el primero en dirigirse al lugar con una capucha que ensombrecía sus ojos y una tapabocas para evitar que fuera distinguido. Toda su ropa era negra, al igual que la de sus compañeros, y él era el encargado de llevar la escopeta que les había encargado el dueño del negocio comercial.
-La tengo desde hace mucho tiempo, y se las doy por que Héctor estuvo con nosotros el otro día-. Les había dicho el microempresario cuando estuvo a solas con ellos en su oficina. -Esto es lo que reunimos, espero que nos ayuden con este problemita.
Los pasos en medio del pasillo sonaban con un eco ensordecedor y nadie salía de su apartamento como sabiendo lo que estaba a punto de ocurrir.
El siguiente en entras la casa fue Gato quien iba con la cara descubierta reconociendo el lugar y sirviendo como campanero. En los últimos días Martín tan solo había hecho eso cuando el trio se topaba con algún maleante y lo golpeaban hasta dejarlo malherido, sin embargo, esta noche participaría luego de los alegatos de Rata.
-Si no nos acompaña y se mancha las manos igual que nosotros ¿cómo quiere que confiemos en usted? -. Le dijo Héctor mientras le entregaba una manopla improvisada hecha de latas.
Por último, Héctor entró en la casa y cerró el portón, nadie entraría o saldría de la casa mientras el trabajo no fuese completado. Caminaba lento y sus pasos sonaban amenazantes ante su cojera y sus pesadas botas contra el mármol. Cuando llegó a la caja de la luz cortó con un cortafuegos el cableado y la oscuridad se hizo por completo en el pasillo. No se escuchaba sonido más que el tlac tlac de las pesadas, pero lentas pisadas del chico que no necesitaba de la luz para encontrar el camino en el pasillo y los escalones para subir a la segunda planta. Nadie se quejó por la falta de electricidad, y como luego comentarían entre sí, la sensación de aquel ruido irregular era como si el mismo demonio hubiera bajado a la tierra en busca de los condenados.
Al llegar a la puerta Vaca la forzó con un culatazo de la escopeta y de una patada la abrió de par en par. No había ningún ruido al interior de la habitación y Gato entró con una linterna encontrando al pobre infeliz en una esquina con un revolver apuntándole.
-Si yo fuera usted no lo haría, amigo, suficientes problemas tenemos ya con usted como para que agregue otro-. Comentó Rata entrando en la habitación con tranquilidad.
Al sentirse seguro de nuevo, Gato sacó de la ventana las bolsas que evitaban la entrada de la luz de la calle entraran iluminando la habitación por completo. La basura se amontonaba en el suelo y las ratas hacían de las suyas con los roídos muebles que decoraban la sala. Salvo una mesa y una silla no había nada más que valiera la pena o que no estuviera cubierto de mierda o platos desechables. Héctor se acercó lentamente mientras que cojeaba y se destapo la cara con una expresión de calma, tomó la silla y se levantó frente al joven que le seguía apuntando con el arma. El rostro de Rata se iluminaba con la escasa luz dándole una mirada espeluznante.
-Creo que sabe por qué estamos aquí, así que n vamos a agilizar las cosas para todos-. Le habló Rata a Pepino quien estaba cubierto de sudor.
-Escuché algo de ustedes, pero no creí que fuera verdad que se estuvieran vendiendo a esa gente que no hace más que mirarnos debajo del hombro-. Se adelantó Pepino a decir.
-Lo único que me consta es que usted le ha hecho daño a la gente y nuestra meta, como sabrá, es la de limpiar esta zona. Es tan simple como eso. Queremos justicia.
- ¿Justicia? ¿Quiénes son ustedes para decir lo que es la justicia? Yo solo trato de sobrevivir-. Contestó con ira Pepino.
-Somos las víctimas, por eso tenemos el derecho de hablar de justicia. Nosotros no tuvimos opción al convertirnos en víctimas, ustedes sí-. Rata continuaba hablando con tranquilidad mientras sacaba una cuchilla de afeitar de un cartón y lo pasaba por sus manos.
-En este puto mundo nadie tiene la opción de elegir. Nada los hace a ustedes mejor de lo que yo soy-. Héctor aferraba el arma sin balas con firmeza apuntando a la cara de su interlocutor, pero este no le temía.
-Siempre hay la posibilidad de elegir. Se hubiera quedado en casita juicioso y hubiera buscado un trabajo decente nosotros no estaríamos acá. Yo sé que es consciente.
- ¿Ustedes creen que yo quería vivir en medio de un basurero? A mí me hubiera gustado viajar por el mundo, meterme con toda mujer que se me travesara y morir de gordura.
-Pero en cambio prefirió hacer volar a otros con drogas, atracar a las mujeres y evitar que otros comieran-. Rata se levantó y Pepino hizo amague de girar la recamara del arma.
-Aléjate pues guevon, acérquese más y le vuelo esa cabeza-. Pepino estaba convencido de que por algún favor divino Dios lo ayudaría y haría cargarle el arma.
-Ese pelado que está allá en la esquina le va a volar la cabeza a usted donde se siga moviendo. Como ya le dije, no se quiera ganar otro problema con nosotros, no queremos matarlo, solo ajustar las cuentas.
- ¿Ajustar las cuentas? -. Pepino se sobresaltó y relajó la mano del arma.
Héctor sonrió de forma extraña y se lanzó contra Pepino quien en medio de gritos intentó devolverle los golpes, pero estaba tan débil por el hambre y la falta de sueño que terminó siendo vencido. Héctor se sentó sobre su pecho quitando casi todo el aire y evitando que si acaso pudiera moverse. El chico sacó la cuchilla de afeitar y la pasó por sus dedos haciéndose un pequeño corte en los nudillos acompañado de una fina línea de sangre.
-Esta cicatriz que tengo en la cara es relativamente nueva ¿Quiere saber cómo me la hicieron? -. Expresó Héctor con amabilidad.
-Me importa una mierda, si me va a matar solo hágalo que su voz me da asco-. Contestó Pepino con ira.
-Vamos, no tenemos que apresurar las cosas, además no tiene opción-. Rata se acomodó de nuevo y empezó su historia. -Yo no era más que un estudiante y todos los días los demás chicos me había Bull ying en el colegio. A los malditos les gustaba burlarse de mi porque cojeaba y yo les tenía bastante miedo. Siempre me golpeaban, pero me daba miedo de que me siguieran golpeando. Un día una amiga me mostró que se cortaba la cara para evitar seguir sintiendo el dolor, así que traté de hacer lo mismo: Me miré frente al espejó y vi a ese pobre infeliz devolviéndome la mirada con miedo. Agarré la cuchilla y me la pasé por la mitad de la cara, el dolor me dio tanto placer que al momento me vine. Ya no sentía miedo al dolor, por el contrario, me gustaba, así que, al otro día, con la cara cortada fui al colegio y todos me miraban y se burlaban, pero a mí me gustaba. Así que saqué una cuchilla como estás y le di una golpiza a uno de los matones, en el suelo solo lloraba de dolor, pero yo no entendía cómo era que no sentía lo mismo que yo. Desde ese día entendí que no era mi dolor lo que me excitaba, sino el placer de hacer sentir dolor a otros.
-Usted está loco, de qué se supone que me está hablando
-Que no vinimos a matarlo, vinimos a hacerle sentir dolor. No pida piedad porque no nos importa darla, pirobo-. Rata se puso la cuchilla en medio de los dedos y empezó a golpearle la cara a Pepino ignorando los gritos y los chillidos del chico.
Gato y Vaca ignoraban inexpresivamente la escena, pues ya se habían acostumbrado a ver a Héctor inventar una nueva historia y repetir el mismo proceso. Sin embargo, esta vez el tipo parecía estar delirando, pidiendo perdón, no a ellos, sino a alguien que no estaba en la habitación junto con ellos.
- ¡Papá, por favor no más! Prometo que voy a limpiar la habitación, pero no me sigas golpeando-. Gritaba Pepino mientras Héctor le rayaba la cara con la cuchilla.
-Ningún papá va a venir a ayudarlo, así como nunca permitió que las victimas fueran ayudadas, usted tampoco-. Le gritaba Héctor.
-No vuelvo a tomarme el licor, papá, por favor, no lo volveré a hacer. Seré un buen chico lo prometo.
La sangre salía por entre los cortes y la nariz rota. Los ojos de Pepino se habían enceguecido a causa del líquido en sus ojos, y sus brazos ya no se movían a causa del shock producido por el terror. La luz iluminaba ahora su cara que se veía por completo negra en el contraste con la sangre.
- ¿Ahora será un buen chico? ¿eso es lo que debo decirles a las personas de bien? -. Héctor no se detenía de hacer su arte sobre la cara del chico. -Los pecados no se borran tan fácil, imbécil.
-Papá, por favor, mañana tengo que ir al colegio y la profesora me preguntará por qué estoy golpeado
La última frase sorprendió a Héctor quien se puso de pie y observó al tipo que se volteaba en el suelo y comenzaba a limpiar el suelo con la lengua. Rata se apartó a un lado y le entregó el bate de madera a Gato obligándolo a que lo tomara con firmeza.
-Pero, él ya aprendió la lección, estoy seguro de que ya es suficiente-. Dudaba Gato.
-Nunca es suficiente para ellos ¿Acaso fue suficiente para ellos cuando mataron a Gil? No, a ellos no les importó acabar con su vida ni hacerles daño a otros, deben tener un recordatorio del peso de sus acciones.
Gato volteo la mirada para encontrarse con el rostro de Vaca esperando que este le apoyara con la opinión de que ya era más que suficiente, sin embargo, cuando observo a Vaca este no hizo más que señalarle que lo hiciera.
-Gato, si usted estuviera por la calle solo a él no le importaría que ya fuera suficiente. Hacemos esto por la paz, para que otros no lo tengan que vivir.
-No sé si pueda-. Contestó Gato soltando el bate. -Es demasiado para mí, iré a vigilar que no haya nadie.
Gato intentó salir huyendo, sin embargo, Vaca salió de las sombras y agarró al chico del cuello impidiéndole huir. Cargó el arma y la apuntó directamente contra el tipo que continuaba lamiendo el suelo.
-O hace la palo terapia con ese o le pegó un tiro en la cabeza en este momento. Lo que usted decida lo apoyaré, si perdonarlo o matarlo-. Vaca le presentó la alternativa a Gato.
-No es posible, cómo se supone que vaya a decidir eso. Nos pagaron para que le diéramos un susto nomas.
-Diremos que se puso agresivo con una pistola y por eso lo matamos-. Contestó Vaca.
-No puedo-. Dijo Gato a punto de llorar.
-Excelente, ahora tomaste una decisión-. Contestó Vaca fríamente mientras descargaba la bala sobre Pepino.
Gato observó los sesos del Pepino esparcidos por el suelo mientras el pitido posterior al impacto aún no se iba. Quedó completamente en shock, por culpa de él aquel hombre había muerto de una forma tan brutal, ahora sus manos estaban tan manchadas como la de sus compañeros. Martin trató de sentarse, pero cayó de bruces en el suelo alcanzando el arma que Pepino había soltado hace unos momentos.
- ¿Cuántas balas tiene? -. Preguntó Rata.
-Está vacía-. Contestó Gato. -Ya no quedaba nada en su interior.