Simplemente fue imposible pegar los ojos esa noche, muchas cosas atravesaban mi mente, preguntas que no podía resolver y sin embargo me las hacia una y otro vez… ¿Por qué?, ¿Quiénes fueron?, ¿Por qué se las llevaron?, ¿vendrán por más?...
Mi pecho era un cumulo de emociones apretujándose entre ellas… miedo, furia, impotencia… sentía unas ganas terribles de montar un caballo, tomar mi espada y salir corriendo a rescatarlas antes de que fuera demasiado tarde, sentía que cada minuto que pasaba era eterno y hacia más y más escasa la oportunidad de recuperarlas con vida… -¡MALDITA SEA!-… Pronuncie casi en un grito en mi recamara golpeado con fuerza la mesa de mi tocador, y mis lágrimas comenzaron a rodar como cascadas incesantes, me hacía sentir tan culpable la simple idea de estar cómoda y segura en mi recamara, mientras esas mujeres estaban sufriendo quien sabe que tantas torturas… necesitaba hacer algo, ¡TENIA QUE HACER ALGO POR ELLAS!... pero ¿qué?, ¿Qué puedo hacer yo? …
Escuché algunas voces y pasos fuera de mi recamara, abrí lo ojos con dificultad pues el brillo del sol me daba directamente en la cara, me dolía el cuello y la espalda como si unos nudos estuvieran atando mis músculos, en ese momento me di cuenta que me quede dormida sentada en la silla de mi tocador con los brazos cruzados y la cabeza recargados sobre la mesa…
- Niña Ailén ¿está usted bien?, ¿puedo pasar? –
- Adelante Lily pasa –
Pronuncie esas palabras con dificultad, me sentía muy cansada después de pasar la mayor parte de la noche despierta, en medio de arranques de furia y llanto, que no se en que momento el agotamiento me gano y me quede dormida en medio de un charco de lágrimas…
- Su tío me pidió que subiera a verla pues se quedó preocupado por usted y por el joven príncipe después de lo que sucedió anoche – me decía con apuro mientras me ayudaba a buscar mis ropas para que me cambiara – le preparare un baño caliente para que se pueda relajar un poco, pero la entiendo, quien podría después de lo que ocurrió, es terrible, los sobrevivientes no han parado de llorar toda la noche, de vociferar maldiciones, de planear mil maneras de buscar a sus mujeres y vengarse, pero el rey no les permitió salir a ninguno hasta que los rastreadores traigan alguna noticia, él es muy sabio, dice que sin saber cuántos son exactamente y algo más de información de ellos, cualquier plan de rescate terminara en una tragedia mayor, yo lo comprendo y algunos otros también, pero no todos están de acuerdo con él, y claro, es lógico, pues son sus mujeres las que están en peligro…-
Lily, la joven mucama, hablaba sin cesar, mientras en mi cabeza una revolución de ideas y preguntas seguían haciendo estragos a mí ya perturbada mente…
Al no recibir más respuesta que un ocasional “Aja”, Lily se rindió y decidió apresurarse a hacer sus demás tareas, ya que con tantos refugiados las actividades se habían multiplicado…
Me apresure a bañarme y cambiarme, baje a toda prisa las escaleras hasta dirigirme hasta el comedor, ahí en la mesa estaban tan solo mis primas y mi tía, ni Ezra ni mi tío estaban ahí… era de lo más extraño no ver la mesa llena, pues en todos mis 16 años viviendo en esa casa jamás la reina había permitido a ningún m*****o de la familia saltarse el desayuno familiar, pero era de entenderse debido a la situación actual, los varones se encontraban encerrados en el salón del concilio junto a los consejeros, algunos guardias y otras personas que podían dar algunas ideas para solucionar este desastre…
Al sentarme pude ver el rostro demacrado de mi tía, sabía que ella al igual que yo no había podido dormir en gran parte de la noche, su preocupación se marcaba con claridad en su mirada cabizbaja, no era esa mujer imponente y orgullosa que siempre se paseaba por los pasillos con la cara en alto y la firme voz de mando… No, ahí estaba solamente una reina dolida por su pueblo, una esposa afligida por las preocupaciones de su marido y por supuesto una madre completamente aterrada por el futuro de sus hijos…
Me senté en silencio sin saber que decir, gire mi cabeza para poder ver a mis primas que se encontraban en silencio comiendo sin levantar la mirada, debo admitir que en ese instante deseaba escuchar laguna de sus burlas o desprecio con tal de verlas más animadas, aunque no nos lleváramos muy bien, me dolía el corazón verlas a las tres en esa situación tan deplorable pues sabía que aquello que las asustaba a ellas, era lo mismo que me asustaba a mi…
Interrumpiendo mis pensamientos de pronto se escucho el golpe de una puerta y los rápidos pasos de unos hombres atravesar los pasillos hasta llegar a la sala de concilio…
- ¡Han llegado los rastreadores! –
Alcance a escuchar y de inmediato me levante para seguir sus pasos y llegar hasta donde se habían detenido, me urgía saber qué es lo que habían averiguado, así que ignore por completo la orden de mi tía que regresara a mi asiento y continúe mi camino. Alcance a verlos entrar al salón donde todos estaban esperándolos y por más que apresure mis pasos no alcance a acercarme a la entrada antes de que cerraran de nuevo la puerta…
¡Demonios!, deseaba tanto estar allá adentro, quería saber que estaba pasando y cuál sería el plan de rescate, me acerque a la puerta lo más que pude para ver si lograba escuchar algo, pegue mi oído tanto como me fue posible y cerré los ojos como si eso me permitiera escuchar mejor…
- Alcanzamos a ver unos 15, sin embargo, los seguimos en silencio hasta su campamento, no está lejos de aquí, pero está muy cubierto detrás de una pared densa de árboles, ahí había más, no pudimos contarlos todos pero calculo que eran unos 30 al menos, alcanzamos a ver mujeres de otras aldeas también, puesto que sus ropajes eran diferentes a los nuestros, pensamos que son tratantes de esclavas. –
- ¡Tenemos que ir por ellas antes de que sea demasiado tarde! – exclamo una voz con fuerzas que sobresalió de todas las demás. – No son demasiados, tan solo con los guardias del palacio podríamos detenerlos y rescatarlas, ¿Quién más va conmigo? -
Un grito al unísono retumbo en todo el salón en señal de aprobación y apoyo total al príncipe, comenzaron a enredarse las voces de todos mientras hacían planes y pensaban que armas llevar… pero de pronto entre todas esas voces, una resaltó más, una voz cargada de seriedad y calma…
- Espera Ezra, algo no está bien, ¿Por qué harían un campamento tan cerca si lo que quieren es robarse a esas mujeres y venderlas, y eso normalmente lo hacen en las costas, donde los barcos de esclavos los esperan, el riesgo es menor, hay algo que no me está cuadrando. –
- Tranquilo papá, es el miedo el que habla por ti, tenemos que hacer algo de inmediato, entre más tiempo pasa, más están sufriendo y menos oportunidad tendremos para rescatarlas, esto se tiene que hacer ¡YA! –
- Piensa un poco hijo, esto sería demasiado fácil, es como si se hubieran quedado ahí para esperarnos, creo que hay que debemos meditarlo bien y planearlo con cautela… -
- ¡NOOO!, Hay que hacerlo ¡ahora! –
- ¡BASTA DE ESPERAR! –
Muchas voces se levantaron a la vez contrariando la idea del rey, era obvio que su desesperación era más fuerte que el sentido común, porque yo pensaba lo mismo que mi tío, esto me estaba oliendo mal, pero por otro lado yo también creía que lo mejor era salir de inmediato para no perder tiempo…
Al ver todo esto, el rey decidió acceder a la petición de su hijo de formar un grupo de ataque y rescate, conformado por la guardia real y algunos hombres valientes que se estaban ofreciendo de manera voluntaria para la misión, y así de esa manera comenzaron a planear la estrategia y prepararse para la lucha, esa noche seria el gran golpe, ese día al caer la noche saldrían en busca de justicia y las vidas secuestradas…