En medio del pasillo estaba Gina y retorcía las manos. Literalmente. Al tiempo, murmuraba un Ave María. “Pero, ¿qué te pasa?” Allí estaban a salvo después de todo; los cañones españoles no llegaban tan lejos. Rita salió de su cuarto, perfectamente peinada y vestida. “¿Adónde vas, niña?” “Afuera. Quizás pueda ver algo desde allí.” Rita suspiró. “Se disparan unos a otros. ¿Has oído los cañones? Parece que la jauría quiere tomar la guarnición por asalto para equiparse mejor.” Primero Gina; ahora Rita: Debería estar seriamente preocupada si sabía lo que estaba pasando en la ciudad; no le cuadraba para nada. “¿Pero para qué pues? Don Rodrigo sí ha hecho lo que ellos querían.” “Eso aún no puedes entenderlo, niña.” Rita la tomó de la mano. “¿Qué estás haciendo?” “Entonces explícamelo.” Mi

