***advertencia, capítulo con alto contenido erótico***
A partir de este capitulo se describen escenas de sexo implícitas.
—Perfecto —Susurro James sobre los labios de Marco y comenzó a besarlo con desesperación, habían pasado varios días desde la última vez y ambos se necesitaban, ambos ansiaban las caricias del otro.
Marco se soltó de su compañero de trabajo y se arrodilló frente a él, sabía la regla, el dueño de la oficina era quien recibía el placer, así que a Marco le correspondía hacer que James lo disfrutará.
—Te voy a coger esa sucia boca Marco —amenazó James enredando los dedos en la espesa cabellera marrón.
—Es lo que quiero, que me dejes saborearte hasta que tu leche me alimente.
—Mierda, hazlo ya, mamame —ordenó desesperado halandole el cabello, recibiendo lo que tanto deseaba, recargo su cadera en el escritorio y dejó que ese hermoso hombre lo masturbara con sus labios, con su lengua, con su cálida saliva envolviendolo. Marco se lo metió todo a la boca, de un solo movimiento lo engulló completo, le dio vueltas con su lengua dentro de la boca, sabía como enloquecerlo, se sujetaba a él de sus piernas, lo metía y sacaba con avidez, solo paraba para lamerle los testículos y luego arrastrar la lengua hasta el glande, sabía exactamente lo que James quería, dejó de moverse y se aferró a las piernas de James, este lo tomó de la cabeza con ambas manos y comenzó a mover la cadera de atrás hacia delante, con fuerza, sin piedad, sabía que no lo lastimaba, tenían tanta práctica que estaban sincronizados. James apretaba más fuerte el cuero cabelludo de ese arrodillado, ya lo sentía, en cualquier momento lo haría, terminaría pronto, Marco también lo sabía y se preparaba para recibirlo, para tomarlo, el cuerpo de James se tenso aún más y ocurrió, llenó la boca de su amante, lo hizo tragar completamente, no sacó su m*****o hasta estar seguro de que no se desperdiciara ni una sola gota, Marco se levantó y fue directo a los labios de su amante para compartir el sabor que aun estaba en su boca.
—Vamos a mi casa, me voy primero y nos vemos allá —Marco le acomodó la ropa a James y después de verificar que ambos estuvieran desente, salió de esa oficina para terminar algunos asuntos en la suya e ir a casa a esperar a ese hombre con el mismo cabello marrón que él.
***
—Tardaste— se queja Marco con un vaso de whisky en la mano y otro sobre la mesa para James.
—Tenía que terminar algunos permisos antes de salir, pero ya estoy aqui— tomó el vaso de whisky, lo bebió de un solo trago y jalo al hombre de la cintura.
Ambos, jóvenes, conservados, ocupados de su aspecto, se fundieron en un beso apasionado, necesitado, sus manos no descansaban, desnudaban al otro y acariciaban la piel que iba quedando al descubierto, la herizada piel qué exhudaba un exquisito aroma varonil, viril, jovial era un mezcla de ambos varones, de dos hombres que sentían la libertad al estar unidos, se dejaron caer sobre él sillón, ya no podrían llegar a la cama, tanian que hacerlo ahora mismo, no había manera de aplazarlo ya desnudos, se tocaron, se acariciaron, magrearon el m*****o del otro, sus endurecidos p***s se frotaban entre si, lo sentían en sus vientres, sentían la firmeza que provocaba, era casi una competencia del más duro, del más erecto, Marco abajo y James arriba, se movían en sintonia, sus glandes ya brillaban con liquido goteando, se mordían el cuello, se golpean los glúteos, querían hacerlo todo, se levantaban los testículos para hacerlos chocar, sentían esas bolas pesadas y firmes, como si necesitarán ser descargadas en el otro.
James bajó más, tenía a Marco inmovilizado debajo de él, le atacó el míenbro, se lo metió a la boca y lo mamó con destreza, lo hacía gemir fuerte, un sonido tan varonil que más lo exitaba, tan masculino que queria darle el placer que merece.
Se fueron al suelo, necesitaban espacio y la alfombra se los ofrecía, de rodillas, Marco atrajo a su hombre, abrazándolo por la espalda, estaban listos, James separó las piernas, Marco le abrió las nalgas y lo penetro por completo, metió su m*****o hasta la empuñadura, ambos gimieron y se quedaron estáticos unos segundos, solo disfrutando de la sensación de estar conectados, gruñidos toscos salían de sus bocas, gemidos masculinos llenaban la habitación cuando al fin comenzaron a moverse, James apoyó sus manos en el asiento del sofá, Marco le metía un dedo a la boca y con la otra mano magreaba a su hombre, lo masturbaba, movía su gran mano de arriba a abajo, lo penetraba y también se movía dentro de él, tenía a James atendido por todas partes, pero aún podía darle más, conenzó a besar su cuello a susurrar perversidades al oído.
—Esta noche te quedarás —aseguró pasando la lengua por el cuello del joven.
—¿Qué haríamos tú y yo toda la noche? —necesitaba seguir escuchándolo.
—Coger por supuesto, tenemos leche de sobra, no te soltaré hasta que no te quede nada, hasta que ninguno de los dos pueda más, te cogeré en la madrugada y al despertar.
—Suena tentador, pero no me convences.
—¿Qué tal un 69?—mordió el lóbulo de la oreja y aceleró el movimiento de su mano empuñando la erección de ese fantastico hombre con la piel perlada por diminutas gotas de sudor—. Y un desayuno especial.
—Me has convencido, pasaré la noche aquí, dormiré contigo—sonrió y llevo una de sus manos al cabello del hombre detrás.
—Te advierto que dormir será lo último que haremos, solo dormiremos hasta que nuestros cuerpos no puedan más.
—Es lo que espero, que quedemos destrozados —confesó con Ia voz ronca y demasiado varonil.
Siguieron moviendo sus cuerpos, uniendo su caderas, tocandose, Marco lamia las gotas que brillaban en el cuello de Jason, saboreaba esa piel masculina, suave y firme piel, se llenaba de la esencia de ese hombre que atraía miradas en la empresa, con el que las mujeres fantaseaban pero que solo él lo hacía derramarse, solo él escuchaba su masculina forma de disfrutar, eso era lo que más le gustaba, que Jason fuera un hombre que desbordara masculinidad, que exudara hombria.