No vale la pena

1077 Words
—Nos veremos en una semana, me gustaría que fueras conmigo, aún estás a tiempo, puedo cancelar mi vuelo y comprar dos boletos para el siguiente. —Es mejor que yo me quede, con uno de los dos fuera de la empresa es suficiente, no podemos ser descuidados. —La última vez que fuimos "descuidados", fue en nuestra luna de miel y de eso ya pasaron más de 4 años. —Sabes que no me gusta desatender la empresa. —Eso es porque eres adicta al trabajo y le das prioridad a la empresa que a nuestra relación —respondió terminando de cerrar su maleta, de nuevo, la conversación se volvería incomoda, se sentía en el aire. —Eso no es verdad, me gusta mi trabajo y soy responsable, no tiene nada que ver con nuestro matrimonio, al contrario, fue juntos que iniciamos. Deberías sentir el mismo compromiso que yo. —Estoy comprometido con la empresa, pero también con nuestro matrimonio, quiero que seamos felices —alega desesperado. —Somos felices, el único problema es que tú me quieres tratar como si yo fuera una mujer para divertirte. —De nuevo con eso, es mejor que me vaya, no tiene caso seguir aquí, no vale la pena— dijo bajando la mirada y pasando junto a Emilia quien quedó incrédula al darse cuenta que no se despidió. Minutos antes era cariñoso y hasta quería llevarla al viaje y ahora solo pasó junto a ella sin detenerse. *** —Frida, esto no está bien, lo que pasó en ese viaje no se puede repetir, yo había tomado de más y me sentía vulnerable, inestable, en fin, me disculpo. —No tienes que disculparte, para mi fue maravilloso —Frida lo trataba con más familiaridad, después de haber logrado meterse a su cama, no se iba a detener, iba por más—. No pretendo causarte problemas, solo dejame seguir siendo tu asistente, no causaré ningún daño, necesito del trabajo para pagar mi crédito estudiantil. —Descuida no te quitaría tu empleo por lo que ocurrió, solo te pido que lo olvides—jaló el cuello de su camisa en busca de aire. En ese viaje, Frida aprovechó la oportunidad y él en un momento de debilidad y enojo, cedió a la pasión. —No podría olvidarlo, lo que me pides no es posible, estar contigo es lo mejor que me ha pasado —responde acercándose al escritorio. —Te aconsejo que no te hagas ideas que no son, sabes que soy un hombre casado. —Eso no es importante para mi —con su voz dulce se sentó sobre el regazo de Adrián que retuvo la respiración—. Puedo ser discreta y darte solo lo que tú quieras. –Frida, detente —intentó ordenar, pero esas largas y puntiagudas uñas que se deslizaban por su pecho no lo dejaban hablar con autoridad. —¿De verdad quieres que me detenga? —susurró sobre el oído de él, soltando su caliente aliento en su cuello—. Te enviaré una ubicación y la hora, te estaré esperando, puedo ser todo lo que deseas que sea. Nadie lo sabrá. —No serás nada, solo una asistente, ahora dejame solo —habló con la suficiente firmeza para que ella se levantará de su regazo y saliera de la oficna, pero no la suficiente para hacerla desistir. Pues pocos minutos después, llegó a su teléfono una imagen de ella desnuda, el nombre de un hotel, el número de habitación y la hora; ella no se rendiria, iría por el todo. Él era un hombre joven, apuesto, exitoso, aparentemente lo tenía todo, pero la realidad, le faltaba placer, ese placer que solo conseguiría con una mujer, pero su mujer, la que se supone que era para él, no estaba dispuesta a complacerlo y se lo hizo saber, cuando Adrián llegó desesperado porque esa foto le provocó una ganas inaguantables de tener sexo, su mujer lo rechazó, sin saber, que ella misma lo estaba arrojando a los brazos de otra que le ofrecía lo que ella se negaba a darle. *** —No Frida, sabias perfectamente que no soy un hombre libre y aun así insististe. —En ese entonces era diferente, me gustabas, sentía atracción por ti, pero ahora es diferente, te amo Adrián. —No dejaré a Emilia, ella es mi esposa, le he faltado al respeto al tenerte como amante, pero las cosas no cambiarán. —Cuando menos dejame seguir siendo tu amante, no pido más, solo dejame seguir contigo, no me botes como si fuera basura. —No te boto, solo no quiero seguir engañandola. —Jamas lo sabrá, piénsalo, seguirás teniendo tú matrimonio y me tendrás a mi de manera incondicional —sin darle oportunidad de negarse, salió de la oficina dejando a su jefe con la cabeza hecha un lío. —Siempre supe que no era de confiar —Marco asoma la cara por la puerta que Frida dejó abierta—.Siento pena por Emilia, me da vergüenza verla a la cara sabiendo que tienes a tu asistente como amante desde hace meses. —Lo sé, todo esto es una mierda, no sé que hacer. —Solo tienes que dejarla y correrla. —No puedo correrla, este trabajo es lo único que tiene, además, ella no me obligó a nada. —En fin, esa es tu decision— respondió nada convencido de la actitud de Adrian— Iré a la oficina de James a dejar unos documentos, te veo después. *** —James —saludó Marco a ese compañero de trabajo que todos saben no es de su agrado. —Marco —respondió el otro desde su escritorio, giró su silla, se levantó de ella y avanzó hacia el apuesto hombre frente a él. —Traje los reportes —cierra la puerta y sutilmente le pone seguro —aquí tienes — deja caer la carpeta sobre el escritorio y su mano va directamente al bulto en el pantalón de James. —Justo lo que esperaba —responde. —¿Esperabas los reportes? —pregunta apretando su agarre y acunando su mano. —Sabes que no, esperaba esto —Baja la vista a su entrepierna endurecida—.¿Había alguien afuera? —Nadie, el pasillo estaba completamente solo, todos están ocupados en sus cosas —respondió Marco bajando el cierre de su hombre, ese con quien se daba placer desde años atrás y nadie, absolutamente nadie sospechaba.
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