—Buen día señor, soy la nueva asistente —una joven de apenas 20 años se acerca al escritorio de Adrián, su sonrisa es cálida y su voz dulce, Adrián apenas si levanta la mirada.
—Supongo que Marco ya te puso al tanto de lo que debes hacer aquí.
—Si, ya se cuales son mis ocupaciones, no dude que pondré todo mi empeño para ser una buena asistente.
—Perfecto, ya puedes retirarte —regresó la vista a los papeles sobre su escritorio.
—Vendré enseguida con un café para usted —Adrián se sorprendió de que nisiquiera tuvo que pedirlo pero igual siguió concentrado en su trabajo.
—Aquí tiene —de nuevo ingresó a la oficina con una taza de café sobre un plato, se acercó al escritorio y se agachó más de lo necesario para dejar la taza sobre el escritorio, esta vez, Adrián notó que justamente el boton sobre el busto de la joven estaba desabrochado, no miró más de la cuenta, pero alcanzó a notar la redondes de los senos cubiertos por un sostén blanco.
La puerta se abre sin haber sido tocada y por supuesto, es Emilia, quien no necesita llamar a la puerta de la oficina de su esposo.
—Adrián —saluda inexpresivamente al entrar, hay una sensación extraña en ella, la joven junto al escritorio es desconocida, pero no le agrada su sonrisa, es demasiado dulce para ser una sonrisa sincera.
—Buen día —saluda la nueva asistente que se mantiene junto a su jefe.
—Emilia, ella es Frida, la asistente que te comenté que contrataria.
—Ya veo, bienvenida— pronunció las palabras sin ningún tipo de emoción, levantó una ceja y con discreción señaló su propio botón para que Frida captara la señal, la asistente se sonrojó e inmediatamente abrochó de nuevo la prenda.
—Ya te puedes retirar— pidió la dueña de la empresa con brazos cruzados.
—¿Necesita algo más? —se dirigió a su jefe.
—No, te llamaré si hace falta —solo así, la joven se retiró pasando junto a Emilia, quien no le mostró ni un gramo de simpatía.
—En la mañana no pudimos hacer ejercicio, ¿te gustaría que salgamos a correr? —estuvo pensando todo el día, se siente mal por haberle dado una bofetada, jamás habían llegado a tanto.
—Por supuesto, será bueno salir un rato— Adrian también ha estado incómodo por la discusión, se levanta de su silla y abraza a su esposa, enseguida comienza a meserse y dar pequeños pasos como si bailarán una romántica melodia.
—Te amo Emilia —le dice abrazándola a su pecho.
—También te amo cariño— le sonríe y le acaricia la mejilla, su esposo cierra los ojos y le da un casto beso, seguido por otro que duras más segundos.
—Estamos en la oficina, no es correcto —Emilia se separa de sus labios.
—Somos los dueños, podemos hacer lo que querramos.
—Alguien podría vernos y perderíamos autoridad.
—Nadie entra aquí sin llamar primero.
—Aun así, debemos respetar el espacio de trabajo.
—Solo abrazame un poco más —pidió oliendo el cabello de la mujer.
—Esta bien, solo un poco más —besó su mejilla y enredó los brazos en su esposo para seguir moviéndose al ritmo de una imaginaria canción.
***
—Marco, te quedarás al frente del departamento por dos días, necesito que pongas la contabilidad al día.
—¿Estas seguro?, ¿no prefieres que te acompañe a ese viaje? —Marco, su amigo incondicional y además secretario sabe que ese viaje será agotador, pues necesita conseguir contratos con marcas comerciales para realizar envíos.
—Prefiero ir personalmente, además, también tenemos la auditoria, así que es mejor que te quedes y tengas la contabilidad lista.
—De acuerdo, estaré atento al teléfono de cualquier manera.
—Puedes pedir ayuda a James, Emilia no tendrá inconveniente.
—De ninguna manera, no necesito ayuda de James —respondió con una cara de desprecio.
—No entiendo ese desagrado que sientes por él, James es un joven capaz y agradable.
—A mi no me parece tan capaz— contestó levantándo los hombros con simpleza.
—En fin, de ser necesario llama a Emilia.
—Eso me parece mejor.
—Frida vendrá conmigo, la llevaré para que tenga los documentos en orden y llene los contratos mientras yo estoy en reuniones.
—¿seguro?, es una novata, ¿le vas a confiar algo tan importante.
—Esta aprendiendo, ¿de qué otra manera aprenderá sino la dejo involucrarse?.
—Hay algo extraño en ella, es demasiado simpática.
—¿Qué hay de malo en eso?, ¿preferirías a una amargada? —rió por el comentario despectivo.
—No es eso, pero es demasiado amable contigo, se la pasa buscando pretextos para entrar a tu oficina y no negarás que su manera de vestir no es precisamente la más adecuada.
—No me gusta juzgar la apariencia de la gente, mucho menos de una joven. Y en cuanto a que entra a mi oficina, precisamente para eso se contrató, para que nos ayude a ambos en el departamento. Además, tú fuiste el que le dio el visto bueno.
—Era urgente contratar a alguien —resopla creyendo que quizá se precipitó en contratarla.
—En fin, ya está hecho, Frida será mi asistente la semana que estaré fuera, compra los boletos y has las reservaciónes.
—Como tú digas, solo no le des demasiada confianza, no querrás tener problemas con Emilia
—No habrá problemas con Emilia porque no pasará nada extraño —le restó importancia al asunto y se retiró de la oficina de Marco para ir a casa junto a su esposa.
—¿Nos vamos? —Emilia lo encontró en el pasillo y le tendió la mano.
—Si, ya todo está listo.
—Hasta luego señor Adrián, que tenga una excelente tarde.
—Hasta mañana Frida, buen día.
—Demasiado simpática y atenta tu asistente —mencionó Emilia levantando una ceja mientras caminaba imponente hacia la salida de su empresa.
—¿Te parece?, lo mismo dice Marco —respondió extrañado de que ambos coincidieran respecto a Frida.
—Solo te deseó buen día a ti, no a mi, eso es desconsiderado.
—Habías dicho que es demasiado atenta.
—Lo és, pero solo contigo. Con el dueño, su jefe —con una cara de desagrado salió por la gran puerta de cristal que Adrián abrió para ella.