5."Asesorsexual"

4539 Words
Lo primero que hice cuando llegué a mi oficina fue tomar mi teléfono y meterme en el chat de citas donde había encontrado a @pollaenorme25, el imbécil que me había traído flores y chocolates a mi trabajo. Le envié un mensaje asegurándole que nunca en su vida volviera a molestarme y lo bloqueé, solo para estar completamente segura, llamé a recepción y pedí que, si algo me llegaba, no lo subieran a mi oficina antes de yo darle el visto bueno. Solo diez minutos después, cuando aún me encontraba sonrojada y más avergonzada que nunca en mi vida, Carter apareció por la puerta. Su teléfono celular en la mano. En la pantalla, se veía que estaba en la página de citas donde estaba registrada desde hacía unos meses y donde conocí a @pollaenorme25. No dio tiempo de que lo echara de nuevo antes de comenzar a hablar. —¿Por qué gatita? —preguntó. — ¿Los demás animales no estaban disponibles? No lo pensé, un poco harta de que se burlara de mí, tomé uno de mis adornos favoritos, un caballo en dos patas que Amanda me había traído de indonesia en su viaje de vacaciones el año pasado. Era un objeto pesado, pero no me costó nada lanzarlo en dirección a la cabeza de Carter. Este, afortunada o lamentablemente, fue más rápido y esquivó el golpe, moviéndose hacia la derecha. —Lárgate de aquí —grité, enojada. Su burla era sincera, el idiota no estaba burlándose de mí por avergonzarme, esto de verdad le causaba gracia. —¿Quieres mi consejo? —preguntó, tomando el cabello que acababa de lanzarle y entrando en la oficina, muy a pesar de que yo no le había dado permiso. —No, realmente no quiero un consejo tuyo —respondí fríamente. Sentía mis mejillas calientes de la vergüenza, la única que sabía que estaba registrada en una página para concretar citas con hombres era Amanda. Después de un divorcio tormentoso y un trabajo casi esclavizante, no me quedaba mucho tiempo para socializar y conocer personas, esa era la alternativa más rápido y eficiente para tener citas. Dejó el caballo de nuevo en mi escritorio con suavidad, como si no tuviera miedo de que volviera a intentar golpearlo en la cabeza. —Déjame ayudarte —sugirió, esta vez, poniéndose serio. — Has estado impartiéndome clases sobre cómo debo dejar de actuar como un casanova, es justo que yo te enseñe a ti a dejar de ser una mojigata —explicó, habiéndolo sonar como algo más sencillo de lo que en realidad era. Si dejaba que me ayudara, significaba admitirle que no había podido concretar una cita exitosa desde que Mark me dejó. Ningún tipo que conocía era lo suficientemente bueno para mí, siempre tenían algún defecto que me hacía huir despavorida. En realidad, no considerara que tuviera estándares tan alto, al menos, los que cualquier mujer a principios de los treinta con una carrera exitosa y un divorcio complicado no pidiera. Pero era como si Dios estuviera empeñado en que no follara. Hacía bastante tiempo acepté mi mala suerte con los hombres, no tenía idea de cuantas citas habían terminado mal para mí, y al final, debía terminar en casa con mi mejor amigo el vibrador. A veces, la soledad era la peor de las consejeras y sentía un impulso de llamar a Mark, solo para que reconsiderara su decisión de separarnos, aun cuando ya me lo había dejado claro varias veces que separarnos era lo mejor. —No creo que sea apropiado que me ayudes —respondí al fin. — Tú eres mi cliente, y yo tu asesora personal. —Y yo puedo ser tu asesor s****l —murmuró, sonriéndome con malicia. Le fruncí el ceño, aunque tenía que admitir que algo en mi vientre bajo se removió al verlo sonriéndome así. Carter era precioso, demasiado para un hombre que no estaba interesado en quedarse con ninguna mujer. Miré mis manos, insegura de qué hacer. No iba a ser hipócrita, la ayuda de Carter sería muy beneficiosa, sobre todo porque parecía que no podía encontrar un buen prospecto en toda la jodida ciudad. Pero también estaba consciente de que era mi cliente, no quería, mejor dicho, no podía tener ese tipo de confianza con él. Recordé cómo me había ayudado en la reunión de los inversionistas, solo me dio tres consejos rápidos y fáciles y logró hacer lo que hacía muchos años no pasaba, que Mark me viera con deseo. Mi silencio, o tal vez mis ojos dudosos, lo instaron a seguir insistiendo. —Me cree un perfil en la página de citas —murmuró, sentándose frente a mí del otro lado del escritorio. — Te encontré fácilmente, ya me sabia tu particular nombre de usuario —bromeó. —Vuelves a burlarte y te sacaré de mi oficina con una herida en la cabeza —amenacé, casi gruñéndole. —Lo primero que noté fue que debes cambiar inmediatamente esa foto de perfil —continuó aconsejando, como si no lo hubiese amenazado. — Luces como una abogada de familia a punto de ganar un caso de manutención de alimentos. Pon una sexy y divertida, no estás buscando clientes si no hombres atractivos para follar. Ignoré la incomodidad que aún me causaba el hecho de que hablara sobre el sexo tan abiertamente. Si bien no era una santa, tampoco una mojigata, no tenía la suficiente confianza con Carter como para hablar con él sobre mis encuentros sexuales poco agradables. En vez de eso, busqué en mi teléfono celular alguna otra foto más sexy y suelta. No encontré muchas, todas las fotos que me tomaba eran en mi vestuario de oficina, o cuando salía con Brianna algún sitio, pero en esos lucía ropas poco provocativas. Encontré una después de algunos minutos, una mucho más aceptable. Estaba con Amanda en el bar, llevaba un vestido rojo porque ese día ella había logrado convencerme de asistir a una cita con un médico cirujano y terminó dejándome a mitad de comida por ir atender una emergencia. Fui con ella al bar y bebí hasta quedar completamente borracha, en la foto, ambas sonreíamos con coquetearía a la cámara, mi sonrisa suave y relajada y mis ojos brillando en la típica alegría que el alcohol te brindaba. —Esa está mucho mejor —susurró Carter cuando me vio cambiando la foto de perfil por la nueva. — Te enviaré un mensaje como si fuera cualquier prospecto, solo sígueme la corriente y practiquemos así. Aun sin estar completamente segura, asentí, porque qué más daba. Carter me comenzó a seguir e inmediatamente después me envió un mensaje. Se había puesto @ratoncitosexy, ignorando la mirada de muerte que estaba dándole y aguantado la risa. Tratando de no prestarle atención a sus tonterías, lo acepté como mi amigo. @ratoncitosexy: Hola nena, ¿qué tal estás? Le respondí de inmediato. @gatitasexy: Genial, un poco ocupada en el trabajo. ¿Qué tal si salimos esta semana? —Jodidamente no —murmuró Carter de inmediato apenas le llegó mi mensaje, interrumpiendo la conversación por mensaje. — No invites a un hombre a salir, lucirás desesperada. Hice una mueca ante su comentario, ofendiéndome de inmediato. —Eso es retrogrado, hoy en día la mujer también puede tomar la delantera —respondí orgullosamente. Él puso los ojos en blanco. —Tienes menos de cinco minutos hablando con este tipo que acabas de conocer, eres una mujer ocupada que recibe muchas invitaciones al día, él es quien tiene que tratar de conseguir una cita contigo. —No respondí, así que negó con la cabeza, como si estuviera preguntándose por qué demonios era tan tonta. — Continuemos. @conejitosexy: Te ves sexy en esa foto, ¿qué te parece si te invito a mi apartamento a cenar? Hago un buen estofado de cerdo. @conejitasexy: Oh, amo el estofado, me encantaría. Se detuvo de nuevo, mirándome con severidad. —¿Qué no ves noticias? Nunca quedes con un desconocido en un lugar privado, podrías ser un pervertido o un psicópata. No lo contradije esta vez, porque tenía razón. Aconsejaba a Brianna casi diariamente para que no hablara con extraños, mucho menos los acompañara a ningún sitio y no podía ser tan tonta de cometer el mismo error. Conocer a personas por internet eran un riesgo que estaba dispuesta a tomar, pero no al punto de ponerme a mí misma en una situación altamente peligrosa solo por obtener un buen polvo. Carter, notando que no discutí esta vez, me escribió de nuevo. @ratoncitosexy: ¡Hey! Me gustan las caminatas nocturnas, ¿qué te parece si damos una por el centro de la ciudad? Esta vez, tardé un poco más pensando mi respuesta, tratando de encontrar una lo suficientemente buena para no seguir cometiendo el mismo error. @conejitasexy: Tendría que consultarlo en mi agenda, pero creo que algún día de esta semana podemos hacerlo. Él asintió por fin, esta vez más satisfecho con mi respuesta. —Eso está mucho mejor —agregó, cerrando la página de nuestro chat y terminando así nuestra conversación. – Si sigues mis consejos, en menos de una semana harás algún imbécil demasiado suertudo y terminaras follando con él —murmuró, su rostro poniéndose sombrío, como si aquel pensamiento no le gustara mucho. —Incliné mi cabeza hacia un lado, alzando una ceja. — ¿Y si quiere conseguir a un hombre para casarme? ¿serías tan útil en eso? —¿Por qué demonios querrías casarte cuando acabas de pasar por un divorcio? —preguntó, frunciendo el ceño. — Ya descubriste que el matrimonio no sirve, es un papel inútil que solo te mantiene legalmente atado a otra persona. —¿Alguna vez te has enamorado Carter? —pregunté, no debería hacerle preguntas personales, pero al diablo, él y mi sobre mi pobre situación s****l, era justo que yo supiera algo íntimo de él también. —Oh, por supuesto, me he enamorado de unos preciosos pechos, o unas increíbles piernas y hasta de unos hermosos ojos —respondió son sorna, hice una mueca de inmediato, aun me sorprendía su descaro y franqueza. — Pero del cerebro de una mujer, nunca. —Eso explica por qué piensas como un adolescente de quince años cuando tienes treinta —respondí con odiosidad. — Vete de mi oficina Carter, necesito trabajar en evitar que una revista saque la verdad sobre ti y estés perdido. Él alzó sus cejas, un poco sorprendido por mis comentarios. En realidad, no estaba especialmente molesta con él, muy a pesar de que se había burlado de mí. Estaba molesta porque Carter tenía el poder de controlar sus sentimientos, no enamorarse era lo más inteligente que había hecho en su vida. En cambio, yo, aun sufría por un matrimonio fallido con el hombre del que estuve enamorada por años, mientras que él siguió con su vida. Cuando Carter se fue, me quedé mientras aprobaba el pago para la revista. Sobornar a la prensa fue algo que aprendí desde que comencé en este trabajo. Por eso me gustaba trabajar para hombres con recursos, aquellos que no lo pensaban dos veces antes de sobornar a quien fuera solo mantener una imagen más limpia. Después de que llegué a casa, Brianna y yo nos quedamos viendo una película en la sala de estar. Se quedó dormida solo veinte minutos después, así que no tuve más remedio que alzarla en brazos y llevarla a su habitación para depositarla en la cama. Me fijé en el dibujo sobre su mesa de noche, era su padre, la señora Murphy ella y yo sobre un jardín con flores rosas, sus favoritas. A veces, se me olvidaba que la más afectada de mi divorcio no era yo, si no ella. Su padre se había alejado mucho desde que nos separamos, y para ella no era fácil aceptar que el hombre con el que vivió desde que tenía uso de razón, ahora escasamente la veía una vez cada quince días, y eso solo porque lo presionaba. Me serví una copa de vino y trabajé durante un rato en mi laptop, preparando algunas campañas publicitarias para la empresa de hotelera de Carter. Iba por mi cuarta copa de vino, cuando mi teléfono celular comenzó a sonar. Cuando miré el identificador de llamadas, me fijé que era Carter, el culpable de mis pensamientos más bajos últimamente. Estuve tentada a ignorarlo, me encontraba un poco achispada por el vino y no quería terminar en una discusión con él, al menos, no en horario no laboral. Sin embargo, cuando me llamó por segunda vez, maldije y tomé el teléfono para responderle. —Espero que se trate de alguna emergencia —gruñí al teléfono cuando respondí. — ¿Qué haces llamándome a esta hora? —j***r, sí que estás de humor —respondió divertido. — Solo quería saber cómo te había ido con los prospectos esta noche. Mordí mi labio inferior, porque a pesar de que había recibido un montón de solicitudes ahora que cambié mi foto de perfil, ninguno me parecía correcto. Si no eran demasiado directos con lo que quería, entonces solo hablaban de tener una familia y hacer bebés. No encontraba uno que me terminara de gustar, y dentro de mí, sabía que era porque en mi mente estaba cierto arrogante demasiado guapo para su voluntad, uno que era mi cliente, mi muy prohibido cliente. —No muy bien, no he encontrado el adecuado —respondí con sinceridad. No sabía qué era peor, si los que solo les interesaba un hoyo donde introducir su m*****o masculino o los que deseaban encontrar al amor de su vida por una página de citas. De todas formas, Carter tenía razón en algo, no podía simplemente salir con cualquier idiota que me escribiera, debía ponérsela más difícil y, sobre todo, debía encontrar uno lo suficientemente bueno. —¿Qué tan difícil puede ser encontrar a uno adecuado para follar? —preguntó Carter, confundido. — Solo tiene que ser lo suficientemente atractivo para ti. Puse los ojos en blanco y cerré mi laptop, ya era mucho trabajo por hoy. La puse encima de mi mesita de noche y en cambió, tomé la copa de vino y le di un trago. —Las mujeres somos mucho más complicadas que los hombres —respondí, lamiendo mis labios. — No nos excitamos solo con ver el físico, también necesitamos otro tipo de estimulaciones. Tiene que gustarnos mentalmente, lo suficiente para que, si nos toca, nos excitemos. No sabía si era vino hablando, pero me sentí mucho más cómoda ahora hablando de temas sexuales con Carter que en la oficina. Tal vez era que estaba en mi cama y se sentía como si estuviera charlando con un amigo y no con mi cliente. Ayudaba mucho el hecho de que Carter siempre era demasiado transparente con lo que pensaba y decía, para él, mis problemas sexuales eran poco increíbles, después de todo, tenía mucha más experiencia que yo. —Eso es pura mierda —bufó él, podía sentir su sonrisa a través del teléfono. — El sexo casual es todo sobre tocar y besar y muy poco sobre hablar. ¿Crees que sé más que algunos datos básicos de las chicas con las que he salido? Y todas ellas, sin excepción, han salido muy satisfecha de mi cama. —Eso es muy presuntuoso de tu parte, y demasiado optimista —respondí de vuelta. — A diferencia de ustedes, nosotras podemos fingir un orgasmo tan bien, que nunca notaran la diferencia. Estoy bastante segura de algunas de ellas fingió en la cama contigo. —¡Imposible! —bramó de inmediato, ofendido. — No soy como el imbécil de tu exmarido, sé distinguir un orgasmo falso de uno real, y sé con toda la seguridad posible que nunca me lo han hecho. —Oh, pobre bebé, ¿he herido tus sentimientos de don juan indomable? —respondí, riéndome. — Lamento haber arruinado tu fantasía de playboy. —Lo dice la que no puede culminar un polvo —murmuró y mi sonrisa murió de inmediato. —Eso fue bajo, inclusive viniendo de ti —gruñí como respuesta. — No te preocupes, a todos los hombres les pasa. Gruñó de nuevo, irritado con lo que le estaba diciendo. — ¿Quieres probar? —preguntó, silenciándome. — ¿Hace cuanto no tienes un orgasmo? Su pregunta me dejó atónita. —¡No voy a responderte eso! —exclamé, exaltada. Habíamos roto algunas barreras de la confianza, pero esto era pasarse. —¿Hace dos semanas? —siguió preguntando, ignorando mi queja. — ¿Hace un mes? ¿dos? —No es tu problema —dije de nuevo. — ¿Por qué te importa? —Porque puedo apostar a que llevas mucho tiempo sin uno, eres una mujer complicada —respondió con sinceridad. Lo que me molestó un poco, porque era cierto lo que decía, llevaba más de un mes sin poder conseguir un orgasmo. Me daba placer a mí misma, pero me costaba culminar, en mi cabeza siempre había algo que no me dejaba liberar por completo. — Y puedo apostar que puedo hacerte acabar ahora mismo. Me senté en la cama, enderezándome y abriendo los ojos como platos. No, lo que yo pensaba que él quería decirme no era cierto. —¿De qué hablas? —Sé hablar sucio, sé también excitar a una mujer sin siquiera tocarla —presumió. — Si no te hago obtener un orgasmo hablándote sucio, entonces admitiré que algunas mujeres han estado conmigo y han fingido su placer. Si no, tú tendrás que admitir que yo tenía razón. Todo mi cuerpo comenzó a hormiguearme, pensar en Carter diciéndome cosas sucias al oído, aunque se a través del teléfono, mientras yo me tocaba era extremadamente sensual. Sin embargo, no podía hacerlo, era más allá de catastrófico. —Estás demente —respondí, tratando de sonar firme y no cachonda, como me sentía. — No tendré sexo telefónico contigo. —¿Por qué no? Somos dos adultos, ni siquiera voy a tocarte. Me quedé en silencio, realmente pensándolo. Estaba cansada de que mi cuerpo fuera tan en contra de mi mente, siempre había sido así, inclusive con Mark. Para mí, follar con un hombre no era tan fácil como para las demás mujeres, no solo se trataba de físico, también de personalidad y para mí, un hombre que fuera sexy y hermoso pero que no tuviera nada interesante para mí, no me excitaba ni un poco. Sin embargo, dejar que Carter me hablara sucio por teléfono era poco profesional, aunque sumamente excitante. Estaba dividida entre mi profesionalismo y la razón, y mi cuerpo mandándome. No sabía qué decidir, o si mi mente me dejaría llevar a cabo con lo que mi cuerpo quería por una vez. —Esto no entra en mis labores como asesora —murmuré al teléfono. — Y tampoco soy una más de tus mujeres así que ¡Ten un poco de respeto! —¿Por qué estás tan renuente? —preguntó de vuelta. Cómo si mis palabras nunca hubiesen sido dichas. — Tienes miedo a que, si te digo que mi polla entraría tan bien dentro de tu boca, ¿te pondrás cachonda? —Cierra la bo…. Me interrumpió apenas comencé a hablar. — Me encantaría que dejaras de quejarte y te dejaras llevar para poder explicarte lo jodidamente duro que me pone imaginarte de rodillas, desnuda y en tacones devorando mi polla, chupando, lamiendo y succionando hasta hacerme venir en tu boca. Comencé a hiperventilar. Mi cuerpo estaba en llamas, respiraba con dificultad, pero no podía soltar el teléfono y despegarlo de mi ojera. No pude evitar imaginarme desnuda, solo con un par de tacones de punta de aguja y de rodillas chupando su polla. Una ráfaga de placer golpeó en mi sexo. —¡Basta ya! —exclamé furiosa, pero lo suficientemente excitada para notarse. —O mejor hablemos de lo mucho que me gustaría que te subieras encima de mi rostro y me cabalgaras mientras yo me como tu coño hasta hacerte venir. Otro suspiro, está vez, ni siquiera intenté ocultarlo. Cada palabra que salía de la boca de Carter era cada palabra que imaginaba demasiado bien, había pasado de estar cachonda a estar jodidamente excitada. Mi mano, casi instintivamente, fue hacia mi abdomen, acariciando la piel suave y caliente, tratando de no sucumbir a la lujuria. —Voy a colgarte —amenacé. —Estoy jodidamente loco por saborear tus pechos, succionar tus pezones y verlos ponerse rojos y duros —gruñó, aumentando la intensidad de sus palabras. Mi mano bajó hasta meterse debajo de mi pijama y mi tanga. El tocarme justo en el punto de placer máximo, fue otro látigo intenso de placer. — Quiero enterrarme dentro de ti, que mi polla sienta el calor de tu coño y follarte de verdad. —Esto es incorrecto —susurré débilmente. Era como si tuviera una fiebre llamada Carter Price que me tenía hirviendo. —Incorrecto sería no tomarte de espaldas y penetrarte sin control, follarte tan fuerte que grites de placer sin importante quien esté cerca. Que tus jugos se derramen en mi polla y que te vengas encima de mí —siguió diciendo. Cerré mis ojos y me dejé llevar, comencé a masturbarme, frotando mi clítoris mientras Carter, del otro lado del teléfono, susurraba en mi oído todas aquellas cosas obscenas y perversas que nunca hice con nadie. —¿Te gustaría que te jalara el cabello y te enterrara mi polla desde atrás? —preguntó, sin embargo, a sabiendas de que no respondería, siguió hablando. — ¿O quisieras que te amarrara sobre mi cama y te lamiera el coño mientras introduzco dos dedos dentro de ti? Mordí mi labio inferior y seguí tocándome, mi cuerpo estaba tan excitado, que no podía detenerme, no iba a dejar de masturbarme hasta acabar, de todas formas, me encontraba tan encendida que iba a venirme en poco tiempo. Ni siquiera las mejores escenas pornográficas, aquellas que a veces veía para recrear mi imaginación, me habían excitado tanto como las palabras de Carter. En esta fantasía s****l, yo era la protagonista, él estaba fantaseando conmigo, haciendo todo tipo de perversidades que solo aumentaban mi lujuria por él. —¿Estás mojada nena? —preguntó y asentí, mi corazón latiendo con fuerza al escucharlo decirme así, pero no contesté, no podía. Mi cuerpo estaba por entrar en ebullición, presioné mi cabeza contra la almohada, preparada para venirme. – Porque sé que, si introduzco mi polla ahora mismo, te voy a encontrar cachonda y con el coño empapado. Eso fue suficiente, solté el teléfono en mi momento de no lucidez y me vine fuerte y rápido, tan extremo que los dedos de mis pies se encogieron. Gemí a la soledad de mi habitación, era la primera vez en mucho tiempo que no sentía un orgasmo tan exquisito. La explosión de sensaciones me emocionó, porque podía sentir todo mi cuerpo vibrando, hirviendo en un calor placentero. Abrí mis ojos unos segundos después, mi pecho subía y bajaba con rapidez, mi respiración era demasiado agitada y el corazón se me quería salir del pecho. Parpadee al techo de mi habitación, estaba segura de que había ido al cielo de los orgasmos y vuelto en solo unos segundos. —j***r, eso fue sexy —gruñó el teléfono. Entré en razón, tomando el teléfono rápidamente y poniéndolo en mi oreja de nuevo. Casi gemí de nuevo, esta vez, por la consternación. ¡Tuve un orgasmo mientras Carter me escuchaba! Esto estaba más allá de lo poco profesional, ¡era catastrófico! Si alguien alguna vez se enteraba de lo que estaba haciendo con mi cliente, entonces todo por lo que había luchado se irían en picada hacia abajo junto con mi carrera. —Si alguna vez le cuentas esto a alguien, acabaré con tu carrera —amenacé, debería agradecerle, pero ahora mimo solo sentía culpabilidad. – Esto no se repetirá nunca más. Carter bufó. —Usualmente cuando hago que una mujer se venga obtengo un halago, tal vez un agradecimiento —bromeó, lo que me enojaba más. — Pero viniendo de ti, eso me basta. Espero descanses bien, aunque no lo dudo. Y con eso, me colgó. *** —¿Vas a llevar a tu hija al trabajo solo porque tienes miedo de Carter? —preguntó mi mejor amiga, del otro lado del teléfono. —No tengo miedo —respondí mecánicamente. — Fue suspendida un par de días del colegio y la señora Murphy tuvo que ir a una cita medica esta mañana, no tengo quien la cuide hasta el mediodía. Mentía. Estaba diciendo una total y enorme mentira. En realidad, Brianna si fue suspendida de su escuela por meterse en una pelea con una compañera de clases, siendo uno de los mejores colegios del país, no permitían ese tipo de comportamiento, eran bastantes estrictos y tuve que implorar porque no la expulsaran de la escuela a punto de culminar su año. Y la señora Murphy si estaba en una cita médica, pero era verdad lo que decía Amelia, tenía pavor de ver a Carter, no después de lo que hicimos anoche. Mi cuerpo aún se sentía caliente y cada vez que recordaba sus palabras cachondas, mi piel hervía. Pero también estaba consciente de que había cometido un error garrafal al involucrarme así, además de ser nada profesional. Me consideraba una mujer profesional, ética y muy responsable, había logrado escalar en el mundo de las relaciones publicas hasta llegar a ser la mejor asesora de toda la ciudad. Me daba el lujo de rechazar ofertas y había escogido está en particular, porque el señor Price me lo pidió como un favor casi personal. Necesitaba que su hijo pusiera un alto a su vida de Don Juan, porque si no, su imperio iba a decaer ante la falta de negocios y tratos multimillonarios. Me dije a mí misma que haría el trabajo, lograría que Carter Price se comportara como un hombre decente y responsable y ganaría mucha más reputación y por supuesto, mucho dinero. Sin embargo, terminé teniendo sexo telefónico con él. Me dejé enredar por su s*x—appeal y terminé sobre pasando la línea, ¡cómo una completa idiota! Había caído bajo sus encantos y ahora no encontraba forma para poder salir de este enredo. —Ay amiga, eres una completa mentirosa —respondió Amelia, conociéndome más de lo que debería. — ¡Pero te tengo tanta envidia! Tuviste sexo con un hombre jodidamente sexy. Puse los ojos en blanco. —Fue sexo telefónico, ¿qué importa lo sexy que es? —pregunté, justamente cuando Brianna salía de su habitación. Me callé de inmediato, había olvidado que estaba aquí conmigo, esperando que no me hubiese escuchado. —Mami, la señora Murphy dice que es malo decir la palabra con S —dijo, casi como si me estuviera regañando. La señora Murphy era bastante reservada y anticuada, así que decir palabras como aquellas delante de ella era como cometer un crimen. —Es malo para los niños, los adultos podemos decir algunas palabras —respondí, antes de volver a mi llamada. — Tengo que irme, llegaré tarde. Amelia se rió simplemente. —No importa llegar tarde cuando te follas al jefe… Le colgué.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD