Bastián Había pasado todo el día trabajando. Necesitaba poner todo en regla. Este hombre era un idiota y ni siquiera sabía cómo trabajar. Ahora lo entiendo todo perfectamente: sus fraudes, sus malas inversiones, sus gastos innecesarios habían hecho que se fuera a la ruina. Lo más gracioso de todo es que el hombre se puede ver tirado, hundido entre la mierda, y sigue creyéndose intocable, poderoso. Qué estúpido. Un hombre con esa arrogancia y siendo tan idiota, obviamente tenía que caer. Cuando escucho que tocan a la puerta, sonrío. Mi sonrisa es enorme. Me pongo de pie, acomodo mi blazer, camino hacia el pequeño minibar, tomo una botella de agua y por fin la dejo entrar. —Adelante. La puerta se abre tan lentamente que, cuando veo su rostro, tomo un pequeño sorbo de mi botella, la vue

