Me acuesto y miro al techo por lo que me parecen horas, pero solo han pasado quince minutos, no puedo conciliar el sueño, demasiadas cosas en tan poco tiempo. La pantalla del móvil se enciende sobre la mesita de noche, ha entrado un mensaje de un número que no conozco. Sólo había un link de youtube: es una canción que se llama Holding you de un grupo llamado Dru Hill. Tengo un poco oxidado el inglés, y busco la letra. “Qué coño es esto”. Indignada tecleo un mensaje de vuelta al desconocido.
- ¿Quién eres?
– ¿Con cuántos hombres te acuestas para no saber quién soy? – El mensaje es instantáneo. Estoy casi segura que es Nero, pero el mundo está lleno de gilipollas, así que quien sabe. Añado el número a mi agenda y aparece su foto. Está él, con un impoluto traje azul con corbata roja, con los brazos cruzados sobre el pecho delante del logo de una empresa y mirando a la cámara con sonrisa fingida.
–Me acostaría con quien me diese la gana si ese fuera el caso. Deja de vigilarme. - Creo que todas las veces que me pareció verle sí que era él, y el coche de antes, o era él o alguno de sus secuaces.
- ¿Qué parte de eres mía no entiendes? Baja ahora mismo al portal o tiro abajo el bloque entero. – No puede haber entrado al portal. No contesto y me doy media vuelta en la cama para dormir, aún me duele un poco la cara del otro día, pero es mi posición de dormir. De repente unos golpes secos suenan en la puerta de la casa. Me asusto pensando que mi madre puede haberse despertado, así que me incorporo en la cama. –El siguiente es al timbre de la puerta, tuya y de tus vecinos. ¡Sal! - llega otro mensaje a mi móvil encendiéndose la pantalla e iluminando todo. Tengo tanto miedo que monte un escándalo que me pongo una camiseta larga encima del pijama corto y voy a la puerta sin encender ninguna luz en casa. Abro muy despacio la puerta de la entrada e intento que no se escape el gato de mi madre por la rendija de la puerta, y ahí estaba Nero, con una camiseta y unos vaqueros negros, despeinado y con un cigarro en la mano. Incluso así es guapísimo. Cuando aprisiono al gato con la pierna para que no escape, él se da cuenta que el animal trata de salir de la casa, le dio un gruñido que le asusta y el pobre corre hacía dentro. “Joder, hasta los animales notan que tiene el mando en sus manos”. Aún tengo la puerta entornada cuando de un manotazo la abre por completo golpeándola contra la pared. Miro hacía dentro de la casa por si el golpe había despertado a mi madre y de repente noto un fuerte agarre a mi cuello haciéndome salir bruscamente al portal, donde hace frio. Comienzo a temblar de miedo por lo que me pueda hacer, pero Nero me arrincona contra la pared, aún con el cigarro en la mano la pune cerca de mi cara. Le estoy mirando tan asustada que al darse cuenta que tengo los ojos casi en lagrimas se aparta de mí y me coge de la mano, sentándome en la escalera, donde él también se sienta.
-Perdona, he tenido unos días un poco duros y verte con el tipo de la barba me encabronó, como decís aquí. ¿Tu estas bien? - “Es totalmente bipolar e intimidante”. Estoy temblando y me rodea con sus fuertes brazos sin esperar a que comience a hablar.
– Tampoco he pasado una buena semana. – Digo sinceramente. - ¿Tan mala ha sido la tuya? – No quiero conversar mucho con él después de como me dejó, tirada en mitad de un barrio que no era el mío.
–Andrea recayó y tuvimos que llevarlo a un hospital para operarle, con lo que tuvimos que contestar muchísimas preguntas de las autoridades. Y luego tuve que ocuparme de otras cosas. – Miro a Nero preocupada por el hombre, me cae bien y no le deseo nada malo. Al darse cuenta me aclara: - El cabrón está bien, tiene más vidas que el bicho ese que tienes en casa. Tras la operación ha tardado poco en recuperarse – Sonrío a la referencia a las siete vidas de mi gato. – Bueno y ¿te gusta tu coche nuevo? -
- ¿Cómo sabes que tengo coche nuevo? – Susurro apartándome de él para ser otra vez empujada a su pecho por su abrazo. Agradezco en el fondo el gesto, pues tengo algo de frio.
– ¿En serio piensas que un coche así sería tan barato? - Pues ahora que lo dice…. Joder, ahora eso me cabreaba, no quiero deberle nada.
- ¿Y quién te crees que eres para pagar mi coche? – Intento otra vez distanciarme de él.
– Yo no he pagado nada, lo has pagado tú. Sólo regateé el precio por ti, era lo menos que podía hacer después de lo que le pasó al otro. –
-No es culpa tuya, fue un accidente, un camión debió chocar contra mi coche y darse a la fuga. – Me parece un poco egocéntrico que se culpe de un accidente fortuito.
– Ya, es que no fue exactamente así. Lo siento, te he puesto en el punto de mira por llevarte conmigo cuando estaba haciendo negocios. – Suelta el agarre alrededor de mí y puedo mirarlo directamente a los ojos mientras hablaba, estoy desconcertada. Parece realmente arrepentido por algo. – La agresión a tu madre, lo del coche y alguna cosa más que he podido evitar han sido mi culpa, de verdad, lo siento. No me imaginé que una simple cita pudiera tener tantas consecuencias. Te juro que he intentado mantenerme lejos, pero al verte con ese tío, que desde que te conocí está rondándote – no termina la frase, me agarra de los brazos y me acerca a tanto que noto el olor del tabaco en su boca - ¿Por qué tenías que besarlo? Casi me mato conduciendo por la rabia de verte. - Era él quien estaba antes en el coche que alumbró el portal. Mi boca se abre y quiero decir algo, pero no llego a articular sonido legible. Sin soltar mis brazos, tira de mí y coloca mi cuerpo sobre el suyo y me besa.