Tengo el culo plano y veo por la ventana del portal como el día está clareando. Hemos hablado de todo, incluso me ha tratado de forma cortés este rato. Nero es como un adolescente, cuando está delante de sus hombres es como si fuera otra persona.
Me doy cuenta que Gatito está frotándose contra mis piernas y pasa a las de Nero y eso es raro porque es muy territorial y muy celoso con mi madre y conmigo, quizás se lleven bien porque son iguales, pienso. Me acabo de dar cuenta que he dejado la puerta de casa abierta, cojo a Gatito en brazos y me levanto de las escaleras. Nero me mira a la zona del trasero y se ríe, entonces me doy cuenta que los pantalones cortos del pantalón se habían levantado y tenía el cachete rojo de estar sentada en el frio suelo de las escaleras. Veo sus pupilas crecer y su mano acercándose a mi trasero rojo, tengo a Gatito en brazos y no puedo apartar la mano, así que doy un pequeño salto, me aparto y me dirijo a mi casa. Nero se pone en pie y me sigue aun riéndose por la tentativa de azote.
–Eso es demasiado para mí. -Dice quitándome a Gatito con una sola mano y casi tirándolo dentro de casa entornando la puerta para que no vuelva a salir. – No voy a poder verte hasta el miércoles, pero te llamaré y haremos planes. - Viene y se va de mi vida, yo no tengo ganas de esto, me siento demasiado mayor para ciertos juegos. Bajo la mirada y no digo nada pero su apasionado beso me pilla por sorpresa. Cuando decide que ha acabado abre la puerta de mi casa y me indica con la mano que pase dentro. Cuando me doy la vuelta, entrando ya en casa, noto un sonido fuerte, una punzada dolor y un escozor en mi cachete. “¿Me ha pegado?” Aprieto mis puños con tanta fuerza que duele. – No te enfades, te terminará gustando. - Suelta una carcajada y se aleja escaleras abajo. “Está loco. ¿Cómo puede gustarle a alguien que le hagan esto?”
Vuelvo a mi cama y duermo un par de horas, con sueños muy húmedos con Nero como protagonista. Me levanto a media mañana con el estómago revuelto, solo me entra un café. Decido ponerme ha hacer limpieza para no pensar en nada, estoy un poco saturada con pasar de tener una vida plana e insulsa a vivir en una montaña rusa por el simple hecho de aceptar ir a una fiesta un viernes por la noche.
Estoy entretenida con la escoba cuando suena el timbre de la puerta. Voy ha abrir la puerta, pero se adelanta Gatito, así que le tengo que coger en brazos y abrir solo una pequeña rendija de la puerta. Al otro lado hay una mujer. Me suena su cara, pero no estoy segura de que.
–Hola Raquel, ¿te acuerdas de mí? – dice la mujer con el pelo castaño recogido en una coleta. Viste unos vaqueros azules y una camiseta verde militar.
– Me suenas de algo, pero no sé de qué ahora mismo. – No tengo por qué mentirla, evidentemente ella me conoce y sabe donde vivo.
– Soy Eva Llorente, íbamos juntas a clase en el cole, vivía unos bloques más allá. - Dice señalando a la izquierda. ¿Cómo me había olvidado de ella? Tenía dos madres, y estaba enamoradisima de su hermano mayor cuando era niña, siempre que él nos acompañaba a casa de vuelta del cole volvía como sobre una nube.
– Si, Eva, ahora te recuerdo. - Creo que me he puesto un poco roja al recordar a su hermano. – ¿En qué te puedo ayudar? - Pregunto con la esperanza de que en realidad no quiera nada y solo esté de paso.
– Me gustaría hablar contigo, ¿me invitas a un café? - No éramos tan amigas ahora, pero no me parece mal, la invito a pasar y preparo un par de cafés mientras a ella la acomodo en el salón. Cuando vuelvo con café estaba en pie, delante del armario, mirando las fotos que tiene mi madre en marcos por las diferentes estanterías. –Gracias. - Me dice cuándo le extiendo la mano con su taza. – La verdad es que estoy aquí en parte como amiga, en parte por mi trabajo. Soy Teniente de la policía y necesito que sepas algo. – De su bolsillo saca una cartera negra y me enseña su identificación.
– ¿Estás aquí por Nero? - Es lo único que se me ocurre por lo que puede querer hablar conmigo. – ¿Quieres hacer de Pepita Grillo conmigo y advertirme sobre él? - Me da un vuelco el corazón cuando asiente. Son cierto todas las cosas que había dicho, no estaba de farol cuando insinuaba que era un mafioso. –Bueno, yo no he hecho nada malo. – Aparte de saltarme unos cuantos semáforos y conducir a 100 por la ciudad, pero eso no se lo voy a decir a un policía.
– Solo quiero advertirte y que tengas cuidado, juntarse con cierto tipo de gente no es bueno, no se puede salir a bien. A parte, ya como amiga, es un poco joven para ti. - “¿y que lo que me haya jodido más sea eso último que ha dicho? Estoy enloqueciendo.” Suspiro tan fuerte que hasta Gatito me mira. – Bueno, me voy, sólo quería saber si sabias donde te metías y aclárate un poco el tema. - Quizás sea cierto y lo haga por ayudar, pero no creo que sea el caso. Creo que siempre la caí mal.
–Gracias, pero me has dejado más confundida que antes. – Me mira apenada y se despide antes de cerrar la puerta tras de si. Si ya tenía el estómago mal, ahora es un revoltijo. Tras unos minutos intentando ordenar mis pensamientos continuo limpiado el resto de la mañana para calmar mis nervios.
Estoy leyendo en el sofá cuando un mensaje entra a mi móvil. “¿Has tenido hoy visita?”, es el número de Nero. ¿Era posible que sepa que había venido la Teniente Eva? “Si, ha venido a verme una antigua compañera del colegio. Ahora es policía.” Le respondo al mensaje al momento. “¿Que le has contado?”, su mensaje también es instantáneo. Tardo como un minuto en contestar porque Gatito me ha tirado el libre que tengo en mi regazo y cuando estoye tecleando de vuelta entra su llamada.
- ¿Por qué no me contestas? - Parece enfadado, “que raro”.
– Estaba escribiendo justo cuando has llamado. No le he contado nada, solo ha venido a advertirme sobre ti y a decirme que eres demasiado joven para que ande contigo. – Escucho su risotada al otro lado y cambia su tono al hablarme. - ¿En verdad erais compañeras del colegio? – Aprovechando que no me ve le frunzo el ceño al teléfono y le contesto con un seco “Si”. – Vale, vale, no te enfades. ¿Y me dices lo de más joven porque es lo que más te ha jodido, no? ¿Qué más ha hecho hoy? – Miro al teléfono y suspiro frustrada porque se haya dado cuenta de eso.
- Un poco de limpieza y ahora estaba leyendo. - Esto es una especie de conversación de novios quinceañeros que no me pega y no me siento muy a gusto, creo que él tampoco. Cuando le digo que libro leo se interesa y la conversación es más fluida, tanto que a media tarde me dice que debe cortar la comunicación que tenía que trabajar. Hemos hablado casi dos horas. Nos despedimos y me dice que me volverá a escribir pronto. ¿Esto está sucediendo de verdad?