—Hola, sigues despierta —dice Matheus, asomándose por la puerta de mi habitación. La dejé abierta porque él no había llegado, quería estar al pendiente. —Me entretuve hablando con las chicas —admito y me siento en la cama—. ¿Estás bien? Te dejé unos sandwiches en el microondas. Me gano una sonrisa de su parte que correspondo. —Al menos no incendiaste la casa, vas mejorando —se burla. Entrecierro los ojos en su dirección. —Te hago la cena y te burlas de mí. Eso no es muy educado de tu parte —me quejo. Ríe con gusto. —Gracias, mi amor. Iré un rato a la playa para nadar un poco. Arrugo el rostro, viendo la hora en mi celular: 21:48 horas. —¿A esta hora? —pregunto sin poder creerlo. —Fue un día largo, necesito relajarme un poco —admite. —Papá, por favor, es tardísimo. Yo puedo relajar

