Leo.
Swan siempre ha sido una chica callada, metida en sus propios pensamientos, cada vez que la vi, su melancolía consumía mis huesos, el deseo de sacarla de sí misma me atormentaba una y otra vez, ese tormento se convirtió en frustración y la frustración en odio.
No hay razón para que sea infeliz, sus padres son terriblemente amorosos, su hermano a pesar de parecer rudo es débil con ella, Ada la ama y todo el mundo que la conoce la adora, nació para ser amada y venerada como una jodida diosa, sin embargo, parece vacía.
Me rompía el corazón.
“Pero eso no era nada más que una mentira”
“Ella te engaño”
-¿Cuánto tiempo te quedas esta vez?
Su voz es suave, nada, ni una parte de su aspecto intimidante se aproxima a lo noble y delicada que es en realidad, lo suave que es su voz tanto que podría leer un libro de química y lo encontrarías interesante.
-¿Por qué? ¿Quieres que me marche ya? Todavía no nos hemos divertido, Cisne.
Su mirada se mantiene fuera del auto, observando las luces de la ruidosa calle, ajena a la conversación hasta que menciono su sobrenombre, el mismo que le di la noche en el club, hace falta una palabra para que se alerte, sin embargo, todavía mantiene el control de sus emociones, ¿acaso tiene un interruptor para apagarlas? ¿es eso si quiera posible?
-¿Importa lo que quiero? Es una pregunta simple si la respondes podemos seguir con la conversación.
Aprieto los dientes con fuerza, por alguna extraña y muy jodida razón me enfurece la tranquilidad de su voz, no importa cuanto presione, ni siquiera importaría si la dejo a la orilla de un acantilado amenazando con empujarla, simplemente no se inmutará, no hay ni un gramo de sentimiento en ella, vive para cabrearme.
“Contrólate”
-¿Por qué te daría lo que quieres?
-Porque las personas normales lo hacen.
Me concentro en el camino, la lluvia ha comenzado a caer chocando con el cristal del auto mientras una sonrisa se desliza por sus labios, ella no lo sabe, pero hace este tipo de cosas, cuando suelta un comentario mordaz sonríe tan sutilmente que nadie se da cuenta, cuando dice algo irónico sus ojos brillan y cuando desea algo mas que nada muerde su labio analizando como lo conseguirá.
-No siempre obtendrás lo que deseas.- digo sintiendo como le enredadera de rencor se aprieta a mi corazón.
-Yo siempre tengo lo que quiero Leo.
Ella esta sonriendo como si esto fuera divertido como si toda esta situación estuviera bajo su control, me hace preguntarme quien realmente juega con quien y cual de los dos lleva el mando del juego.
-Y ahora lo perderás, justo bajo tus ojos, cuando casi lo tengas…- mis pensamientos me traicionan, mientras la rabia se mezcla con mi sangre convirtiéndome en lo que siempre fui, en lo que siempre he sido. Un frasco lleno hasta el tope de odio.- Seré yo quien te lo arrebate.
Su labio tiembla una fracción de segundo, y si no estuviera prestándole atención seguramente lo perdería, sin embargo, no se rompe, lucha por volver a ponerse esa mascara de indiferencia, mi madre dice que se parece mucho a su padre, pero no es así porque a diferencia de Kilian Wolf, Swan no quiere poder, ni riqueza, ni siquiera quiere ser la mas fuerte de la habitación, simplemente desea aceptación, ¿Por qué? no tengo ni puta idea, pero lo hace, sonrisas falsas, cumplidos superficiales y movimientos sutiles que hacen sentir cómodo a cualquiera.
Se gira en el asiento, lo suficiente para poder mirarme mientras vuelvo la mirada al frente, todavía no quiero estrellar este maldito auto con ella dentro.
-¿Eso te hace sentir mejor? Bien, lo siento Leo.
Junto las cejas con confusión, se disculpa, pero no tiene idea de porque y no quiero sus palabras porque están jodidas como ella.
-¿Por qué?.- mi mano se aferra al volante.
-Por cualquier cosa que estes molesto.
Ahí.
Ni siquiera sabe porque se disculpa, pero lo hace y eso la convierte en una completa perra.
-¿Eres estúpida?
Cierra los ojos y aspira profundamente, sin soltar el aire esta vez.
-Lo soy, por venir contigo, por creer que esa noche tú…
Guarda silencio, pero el fuego ya esta terminando con los cimientos de la cordura que creí tener, no escucho, todo lo que veo es rojo, giro el volante tan rápido que Swan se agarra al cinturón de seguridad y su cuerpo se inclina hacia adelante, rebotando cuando freno.
El auto apenas se detiene en el filo de la acera, Swan suelta un suspiro de alivio, uno que no durara mucho.
-Largo.- susurro aprentando los dientes.
-¿Qué?
-¡Baja del puto auto, joder!
Se sobresalta y con los dedos temblorosos desabrocha su cinturón lista para saltar, baja a trompicones quedándose ahí con el aspecto mas deplorable que he visto nunca, es por esto que la odio, parece una enferma terminal, desahuciada y abandonada.
“Vete a la mierda”
Bajo del auto azotando la puerta y saco sus cosas del maletero, es una noche fría, la lluvia cae como cubos de hielo arrastrándose hacia abajo por mi cuerpo, saco sus cosas del maletero lanzándolas a la acera ella corre y las abraza como si cargara algo valioso, sus ojos me recorren con furia a punto de destriparme por completo.
Espero y nada pasa, no se rompe, no llora, no me grita, se queda ahí, odiándome en silencio, aunque eso la consume por dentro, aunque eso signifique dejarme ganar.
No es lo suficientemente valiente para defenderse.
Estoy decepcionado, pero no sorprendido, simplemente niego mientras la risa sale de mi pecho recordándome en donde estoy parado, me doy la vuelta y subo al auto, encendiéndolo me marcho lo más rápido que puedo.
Sin mirar atrás a la chica con el corazón de hielo.