IV.

1251 Words
Swan. -¿Te abandonaron?.- está perfectamente afeitado, huelo su aroma cuando se acerca, Jesús es una maldición estar cerca de este hombre, huele a malas decisiones y peleas clandestinas. -Estoy esperando a Kiril, se supone que me recogería.- intento ser lo más paciente posible cuando se recarga en el capo de su auto último modelo. Me permito analizarlo, es tan… idiota, lleva el cabello dorado peinado en un moño con los lados de la cabeza rapados, su mandíbula esta tan definida que no dudo que haga esos ejercicios de mierda que aparecen todo el tiempo en internet. No lo recordaba tan alto, pero puedo calcular 1.90 quizá un par de centímetros más es una bestia comparado conmigo, demasiado masculino para el bien de cualquiera y tatuado hasta los nudillos como un puto pandillero, es como si Jason Momoa y Tom Hardy se hubieran follado a la misma mujer y esa perra tuviera al hombre más guapo del mundo. “¿Eso si quiera es posible?” No, no lo creo. -¿Hace cuánto tiempo?.- mira el reloj en su muñeca. -Media hora.- digo en voz baja guardando la humillación en mi pecho -¿Se olvido de ti? Eso es fácil considerando que no eres muy… memorable.- se burla de mí, hago acopio de toda mi cordura para no romperle la nariz. -¿Enserio? Tu pareces recordarme a la perfección. -Si, tiendo a recordar mis errores. Ojalá pudiera golpearlo, muy duro, en el rostro o las bolas, pero no lo haré, porque los buenos modales son un arma que suelo usar con mayor frecuencia así que solo sonrío y me quedo en callada esperando su siguiente comentario mordaz. -¿Eso es todo?.- hablo porque el silencio es incómodo. No dice nada, pero hay un tic en su mandíbula, me quita la mochila del hombro y la lleva a su maletero. -¿Qué haces? -Te llevo a casa. -Si, exactamente, no te lo pedí. -¿Estas pasando por la adolescencia o algo así?.- frunce el ceño como si yo estuviera loca por rechazarlo.- Sube al auto. Usualmente soy demasiado tranquila para renegar, no tengo idea de porque la sensatez me abandona cuando estoy con Leo. Abre la puerta del pasajero esperando, revisa una vez más su reloj. Entro porque estoy cansada y un aventón no suena como una mala idea. Enciende el aire acondicionado casi de inmediato, me siento más fresca y el sudor en mi piel se ha secado por completo, mantengo el termo de agua en mis manos. Leo conduce entre las calles en silencio, es algo que siempre he apreciado de él, no necesita hablar como otras personas, encuentra consuelo en las pequeñas cosas y por mucho que me duela aceptarlo es algo que tenemos en común. -¿Tienes hambre? -No.- mis tripas me recriminan porque empiezan a chillar como locas. -¿De verdad?.- se ríe a mi lado. -Quizá pueda tomar un poco de pan. Estaciona frente a una panadería, estiro la mano para abrir la puerta, pero me detiene. -Espera. Sale del auto, corre a la puerta de mi lado y me ayuda a bajar, lo sigo al interior de la panadería, entramos e inmediatamente el aroma a pan recién horneado me pone hambrienta, sin embargo, hay una cantidad justa de lo que puedo comer, lo sé perfectamente. La chica detrás del mostrador observa a Leo, abro tanto los ojos que casi se salen de sus órbitas. No me sorprende. -Tomaremos dos tazas de chocolate caliente, Pay de limón y… un rollo de hojaldre relleno de helado de higos. Todavía recuerda mi postre favorito… la esperanza se vacía sobre mi pecho, desgarrando mi corazón cuando me recuerdo que ya no somos los de antes, hace mucho que dejamos de ser familia y nos convertimos en el infierno personal del otro. “Mucho antes de la casi boda.” -¿comerás todo eso?.- miro el menú y busco lo que contenga menos calorías. -La mitad es para ti, aunque podemos compartir si… -Una botella de agua y una galleta de amaranto.- le digo a la chica del mostrador quien al fin me presta atención interrumpiéndolo porque no me importa. -¿Dejó de gustarte el helado? -No, solo deje de comerlo, tengo que mantener mi peso y toda esa azúcar no me ayuda. Leo asiente pidiendo la mitad de la comida para llevar, la chica repite la orden, y espera pacientemente el pago, miro de vuelta a Leo cuando no lo hace. -Paga, ella está esperando.- Dice con los brazos cruzados y tengo que respirar para evitar gritarle. -Tú ordenaste la mayor parte. -Te llevo a casa, lo menos que puedes hacer es pagar por esto. -¡Tú te ofreciste a llevarme! Y venir aquí fue tu idea también, además…- muerdo mi lengua sintiendo que todo mi cuerpo se calienta debido a la vergüenza, detrás de nosotros hay una enorme fila y la chica en el mostrador parece querer arrancarme los ojos.- No tengo dinero. La sonrisa ladina que me muestra Leo me dice que lo sabe y que no le importa humillarme, no le interesa nada que tenga que ver conmigo. -Bien, esta será mi obra de caridad de la semana.- saca su billetera y paga sonriéndole a la cajera. “Idiota” Una vez que toma el cambio nos sentamos en una mesa en el medio de la panadería. -¿Comes tan poco todos los días? -No me estoy matando de hambre Leo, todos tenemos que hacer sacrificios por nuestros sueños. La verdad es que ahora es mucho más fácil, al principio pensé que comer todas las cosas que compraba para mí no me dañarían, pero cuando se marchó, se hizo más fácil bailar, supe que debía cuidar mejor mi alimentación ahora es un hábito. -¿Qué tal la escuela? “¿Enserio?” ¿Ahora tenemos esta conversación trivial como si fuéramos amigos? Niego sintiendo que me comporto de manera infantil, simplemente respondo. -Mamá me deja estudiar en casa, me concentro en el ballet quiero irme cuanto antes. Nuestra orden está lista, Leo se levanta de la silla y recoge la comida, abro la galleta de amaranto y la parto en diez pedazos, es un pequeño truco que aprendí de mis compañeras de bailarinas, si comes pequeñas porciones tú mente engaña a tu estómago, te sientes satisfecha comiendo mucho menos que el promedio, agregando el agua, es suficiente para vivir. -¿Ir a dónde? Tomo un sorbo de agua. -Academia Bolshói. -¿Rusia? -Si, quiero terminar la temporada aquí e irme. Los trozos de galleta disminuyen hasta que solo quedan dos y me siento llena, no sé si es debido a la incomodidad de tener a Leo aquí o si de verdad termine por la noche. -Al menos termínala Swan, es solo una puta galleta. No peleo contra él, en realidad nunca he sido de las luchadoras, a pesar de aprender de mi madre quien siempre ganaba la pelea contra mi padre, nunca me he sentido con la necesidad de pelear, ¿Qué pasa con comerme una galleta? No me siento mejor si la dejo, tampoco quiero frustrarme y terminar en el lado malo de Leo, especialmente no ahora. -¿Podemos irnos?.- digo cuando mi plato está vacío. Sus ojos me recorren con extrañeza, no me detengo mucho en él, ha pasado tiempo desde la última vez que lo vi. Y si fuera por mí, no lo vería de nuevo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD