III.

1029 Words
Swan. Él cambio. Es más grande de lo que recuerdo, sus músculos crecieron y el tatuaje en su cuello es nuevo, el cabello largo despeinado le queda mucho mejor, ya no viste jeans ni sudaderas o playeras deportivas, tampoco las botas que me imagine me gustarían cuando creciera. Ahora es… bueno diferente. Casi como mi padre y el suyo, solo que peor, mucho mucho peor, del tipo de mafiosos que lees en los libros y te hacen mojar las putas bragas o quizá de esos que te las roban y se masturban con ellas cuando están a solas. “Jesús Swan, eres una pervertida” Caray, no es un secreto que este hombre es un bocadillo a la vista, aunque si hablamos de su actitud… bueno, que dios me ayude. El traje lo hace ver inaccesible, a pesar de que habla como siempre y me trata como siempre lo ha hecho, no parece él, usa otra piel para ocultar lo que hay debajo me pregunto cuál es su verdadero yo o cuantos de ellos hay dentro de su cabeza. ¿sufrirá algún problema mental? No me sorprendería. Me quedo en el jardín después de comer, mi padre está charlando con Leo y mi tío Derek el padre de Ada. Mientras que mi madre y mi tía Gisel están en el solárium de cristal hablando de algo que parece divertido. Ada está intentando tirar al agua a Kiril quien es más hábil, al final ambos terminan empapados y arañados iguales a dos gatos enfadados. No puedo dejar de pensar en lo que sucedió ayer, ¿Quién era el tipo del club? ¿Por qué se sintió tan intimo? Me deshago de todas esas ideas locas, me levanto de la silla y subo las escaleras para ir a la habitación de Ada, entro directamente al baño y me mojo el rostro con agua fría, miro mi reflejo en el espejo, es como si siempre estuviera enferma, estoy pálida y mis mejillas se niegan a sonrojarse, no hay vida en este caparazón que llamo cuerpo. Cierro los ojos y me agacho dejando que el agua corra, recuerdo de nuevo el sabor del extraño del club y me muerdo el labio, dios… -Deja de pensar en eso Swan… -¿En qué? Me sobresalto observando el reflejo en el espejo Leo está parado detrás de mí, recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados en el pecho, invadiendo todo el espacio. -¿Puedes tocar al menos? Me asustaste.- ruedo los ojos. -Pensé que me habías escuchado entrar. ¿En qué quieres dejar de pensar? No sé qué hace aquí, pero me preparo mentalmente para que mencione el pasado. -En nada. Tomo un pañuelo para secarme la cara, paso a su lado cuando su mano se enreda en mi muñeca y pasa el pulgar de su mano libre por mi mejilla, me quedo ahí parada conteniendo la respiración. -¿Q-que haces?.- empujo su mano lejos de mi rostro. Sonríe como si no estuviera provocando un tsunami de emociones en mi cuerpo (ninguna positiva cabe aclarar) estira la mano mostrándome un pequeño pedazo de pañuelo de papel, estaba quitándomelo de la cara. -Esto, no se ve bien en ti. Arrebato mi muñeca de su agarre, paso de largo sin decir una palabra. “Maldito psicópata” -¿Swan?.- vuelve a detenerme antes de dejarme ir. -Leo. -Escuche que estas intentándolo de nuevo este año, ¿Cuándo es tu audición? Mis manos tiemblan, de hecho, todo mi cuerpo, ¿Cómo lo sabe? -La próxima semana.- respondo con indiferencia -Estaré ahí. -¿Por qué? -Porque somos familia y nos apoyamos, sé que has querido esto hace años. -Tú no eres mi familia Leo, no realmente. -Entonces tal vez prefieras que te pague con la misma moneda y decida joder algo importante para ti. Aprieto la mandíbula incapaz de decir nada, sabía que tanta amabilidad no era posible, me ha hablado más esta tarde que en todos los años que lo conozco no podía ser una casualidad, niego y salgo de la habitación, es asfixiante estar en el mismo espacio que él, como si ocupara cada milímetro del aire que respiro. Es una piedra en el zapato. *** Reviso el reloj en mi muñeca. Estoy muy segura de haberle dicho a Kiril que debía recogerme a las 7:00 y ya ha pasado media hora, el sol cae más rápido estos días y mis pies se sienten terriblemente doloridos para arriesgarme a caminar. “Estúpido Kiril” Saco mi móvil de la mochila para llamarlo, suena un par de veces antes de que responda, un montón de gritos suenan a su alrededor. -¡¿Qué pasa?! Ruedo los ojos sabiendo que se olvidó de mí. -¿Dónde estás? -En un partido de futbol. Suelto un suspiro lleno de frustración, definitivamente debería aprender a conducir, debo perder el maldito miedo y sacar la licencia. -¿En cuánto tiempo llegaras? -¿A dónde? Ve al grano ganso. Ese chiste hace mucho que dejo de ser divertido. -Te olvidaste de mí. Hay un silencio seguido de más silencio. -Mierda. -Se lo diré a papá. -¡No, no, no! me matara. -Si, bueno, me asegurare de que tengas el peor funeral. Termino la llamada conteniendo la rabia, saco mi pie herido de las uggs, voy a dañarme mucho si camino así. Considero la idea de tomar un taxi, pero mis monedas al fondo de la maleta no serán suficientes, debí traer mi billetera. “Vete a la mierda Kiril” Esta vez sí que se lo diré a papá. Miro al cielo antes de comenzar mi tortuoso camino, si llamo a mamá se preocupará y se supone que papá esta fuera del país y no llega hasta esta noche, joder. Un auto suena la bocina justo frente a mí, estoy por maldecir cuando Leo sale del auto. Mi mente se detiene, como si no pudiera creer que este aquí, todo pasa demasiado lento, sus pasos, la sonrisa de suficiencia. Ya puedo sentir que esta noche se convertirá en un maldito problema. Leo tiene esa habilidad, destroza mi felicidad pisoteando mis palabras.
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