Decidieron que ese día Ana no tocaría la cocina, fueron todos a disfrutar de un paseo familiar por lugares nuevos que deseaban visitar, entre ellos la tumba del primer bebé de Noe. Los gemelos ya habían averiguado con anterioridad dónde se encontraba, y la visitaban a menudo. Ana contemplaba en silencio la pequeña lápida, había tantas cosas que pasaban por su mente, que de pronto se sintió exhausta. Les pidió dejar el resto del viaje para otro día, necesitaba descansar. Se dirigieron a la casa de Coyoacán, era un sitio más amplio para todos, además de que tenía más comodidades. Al llegar, Ana se dirigió en seguida a su habitación, no dijo una sola palabra en el transcurso de vuelta, pero todos podían notar su estado de ánimo, por lo que no hablaron tampoco. Víctor se dirige a la co

