Cumplió su promesa.

1706 Words
El bar estaba lleno como de costumbre, yo tenía dos empleados fijos, Antonio y Rosa, ellos se encargaban de las mesas y yo de la barra, servir tragos era mi especialidad. Ellos se mantuvieron respetuosos, no pronunciaron nada respecto a mi fallido matrimonio, nos concentramos en los clientes. -Rosita deberías cantar esta noche.- mencioné -¿Estás segura?- preguntó -Hazlo, por favor canta algo muy animado.- mencioné Rosa es una chica de escasos 18 años, llegó aquí hace tres meses buscando trabajo, su madre la había echado de la casa solo por que decidió estudiar artes escénicas, en su familia todos eran médicos, no iban apoyar a una oveja descarriada, duró dos días durmiendo en la puerta del bar, cuando la descubrí la invité a pasar. Pobre chica estaba mojada y hambrienta, le di posada por un par de días, ella se ofreció ayudarme con el bar a cambio de un sueldo, yo estaba ocupada con el periodismo que acepté. Rosa vivió conmigo un mes, tan pronto recibió su primer sueldo rentó un departamento pequeño cerca, ahora vive tranquila mientras estudia lo que quiere. Por otro lado está Antonio, él es mi primo, hijo de mi tía Cecilia, es la única familia que me queda, con el no hay historia, solo necesitaba ayuda y el dinero, actualmente está casado y tiene dos niñas, Ana y Belén, las gemelas más hermosas del mundo. El lugar se llenó por completo aveces siento que los tres no damos abasto, no me podía dar el lujo de contratar más personal de apoyo por que mi dinero estaba siendo utilizado para la boda. Solo recordar todo lo que gasté en algo que no se dio, hoy había recibido mensajes de la casa de banquetes, ellos no me devolverían el dinero, manifestaron que tienen una cláusula que indica que no hay retractos. Así mismo escribió el florista, los músicos y el sacerdote, todos se llevaron mi dinero. Cada minuto que pasa odio más a Miguel, como es posible que me engañara, él y Jessica planearon todo, ellos llevaban ya un año juntos cuando él se involucró conmigo, soy la reina de las tontas. Rosa comenzó a cantar, me gustaba escucharla aunque ella dudara de su talento, mientras servía tragos mi cliente fiel habló. -Te hacía en luna de miel, ¿qué haces aquí?- preguntó Arturito, el cliente con más edad en este lugar.- -No podía dejarte, ¿qué sería de mí sin mis clientes?- respondí llenando su vaso con más cervezas.- Me concentré en mis tragos, pasaba uno a uno a mis fieles compañeros, ellos se encargaban de distribuirlos, al final mi caja registradora estaba llena y el cansancio en mis pies indicaba que fue una buena noche. El sonido de la bocina en la calle me indicaba que ya eran las tres de la mañana, María siempre venía por su esposo Antonio, ella se encargaba que llegara bien a casa. Sé que sonará algo tóxico que la esposa siempre venga pero es por una buena causa, muchas veces los clientes nos hacen tomar, jamás desperdiciamos un trago así que podemos salir algo embriagados. María lleva primero a Rosa a su casa, luego se dirigen a la suya, eso me da mucha tranquilidad, me encargo de cerrar todo el lugar con llave y subo a mi departamento, tomo una ducha fría y me lanzo sobre la cama deseando que por fin terminara mis desgracias. El sonido del tráfico me despierta, ya había amanecido, miro el reloj sobre mi mesa deseando noche y descubro que son las 9 de la mañana, me levanto con algo de pereza, pongo a cargar mi celular y voy por un café. Dejo la cafetera puesta y paso por el baño, me cepillo bien los dientes, lavo mi rostro y hago mis necesidades, es momento de ir por esa buena taza de energía. Me siento cerca a la ventana, mientras bebo mi café reviso las noticias en lo laptop, era verdad que me despedían, la notificación había llegado a mi correo, también ya no tenía permisos activos, no pertenecía al noticiero. Pero eso no era todo, en la red estaba el video de la oficina del imbecil Saenz, se veía claramente como yo golpeaba a Jessica, el titular decía que la novia despechada había atacado a una indefensa mujer. Muchos mencionaban estar a favor de mi actitud, otros decían que no era una persona estable, por lo visto eso influiría en mi búsqueda de trabajo. Fueron dos semanas enviando solicitudes de trabajo y todos los noticieros me rechazaban, el maldito Saenz cumplió su palabra, el mundo del periodismo me había cerrado las puertas. Mi vida se estaba yendo al abismo, no entendía como pasé de ser la mujer más feliz del mundo a una envuelta en la tristeza y la soledad. Solo me quedaba el bar, desde hace unos días lo abría temprano en la mañana, debía recuperar mis finanzas, habían préstamos bancarios que debía cubrir, una cosa más para darme una propia bofetada, ¿cómo es que yo estaba pagando toda la boda?. Aún recuerdo cuando Miguel mencionó que deseaba que fuera su esposa pero no tenía los recursos, él estaba iniciando sus pequeñas transmisiones al aire, sus recursos se iban al pago de las cuentas médicas de su madre, también ayudaba con la economía de su padre, un hombre que había perdido la movilidad hace unos años. Solo me queda la duda si en verdad todos sus recursos eran destinados a sus padres, me dolería pensar que su dinero fue dirigido a satisfacer a la zorra de Jessica. Mientras trapeaba el piso del bar escuché que tocaron la puerta, aún no era hora de abrir, quizás algún proveedor había llegado, dejé a un lado los útiles de aseo y fui a la puerta. Al abrirla mi corazón se encendió en llamas, la persona que más odiaba estaba delante de mí. -¿Miguel?- -Hola Marti…- mencionó con cara de cachorro.- -Lárgate de aquí.- mencioné tratando de cerrar la puerta, Miguel la empujó haciendo que yo cayera sentada, el ingreso y la cerró, intentó tomar mis manos para ayudarme a poner de pie pero me negué.- -Amor por favor tenemos que hablar.- -¡No! Tú y yo no tenemos nada de que hablar.- mencioné caminado hacia la barra, buscaría un cuchillo, algo que me ayudara asesinarlo.- -Marti princesa déjame explicarte las cosas.- Tome un vaso y lo lance, solo vi como lo esquivo, por desgracia había fallado. Miguel llegó a mi lado, me sujetó de la cintura, solo sentía como mis pies se alejaban del suelo, él me llevó hacia uno de los sofás y me lanzó. -Quédate ahí, hasta que no me escuches no me marcharé así que deja de resistirte.- mencionó -Habla rápido para que te marches.- mencioné cruzándome de brazos.- El trajo una silla y se sentó delante de mí, yo no le perdía rastro, tenía delante de mí al que hoy sería mi esposo, el hombre que me engañó de la peor manera por dos años. -Princesa quiero comenzar diciéndote que yo realmente te amo, jamás quise lastimarte pero no tuve opción.- -¿Me amas? Que gran mentiroso.- mencioné -Yo no quería que las cosas terminaran así, si es cierto que tenía una relación con Jessica, por temas de seguridad no podía hablarlo, un día comenzaron a llegar las amenazas contra la familia Sáenz, los delincuentes sabían que su hija tenía pareja, las pistas indicaban que era yo así que ideamos un plan, tendría una novia de papel y desviaría la atención.- -Ahí es donde entro yo, la tonta Martina.- -No negaré que al principio fue así, pero por el camino me enamore de ti, al punto que por momentos olvidaba que solo eras de mentira.- Solo veía hablar al hombre que le entregué mi felicidad, Miguel el hombre guapo del noticiero, aquel que con sus detalles y palabras dulces me había enamorado, su cabello rubio que brilla con el sol, siempre bien peinado y oliendo delicioso, sus dientes blancos, cada que sonríe iluminaba mi mundo, ojos azules como el cielo, cuerpo atlético, pese que lo odiaba con el alma lo seguía amando, eso era lo que más me enojaba. -Ya basta Miguel, quiero que te marches.- -Aún no, quiero explicarte.- -¿Qué? Ya me dejaste claro que solo fue una sustituta.- -Es cierto pero Marti… me enamoré de ti, al punto que estoy hoy aquí, quiero que me perdones, que podamos ser…- -¿Ser que? No me digas que buenos amigos.- -Bueno más que eso, sabes que nos entendemos muy bien en la cama, solo yo sé cómo hacerte él amor.- -Un momento ¿quieres que sea tu amante?- -Suena algo fuerte pero es probable, solo pido que no me alejes, podemos seguir siendo una especie de pareja.- Mis carcajadas inundaron el lugar, el maldito Miguel me estaba diciendo que fuera su amante, que pese a lo sucedido deseaba seguir poseyendo mi cuerpo. -Marti… -Sabes una cosa, no entiendo cómo pretendes que sigamos teniendo Sexo, según me contó tu verdadera novia, siempre te di asco, las pocas veces que según mencionaste aunque la verdad es que fueron cientos de estas, corrías a sus brazos, yo te repugnaba.- -Eso jamás fue cierto, Jessica solo supo que estuvimos tres veces, jamás le conté que solíamos hacerlo casi a diario.- -Miguel lárgate de aquí.- mencioné poniéndome de pie, ya no quería seguir escuchándolo.- -Princesa solo piensa en lo que vivimos, sabes que te hice feliz, no tienes a nadie más en tu vida, también comprendes que sin mí no eres nadie, jamás podrías llegar a ser presentadora estelar, déjame seguir siendo parte de tu vida.- mencionó tomando mi rostro entre sus manos, mis lágrimas bajaban, no podía creer que mi final feliz se había hecho añicos.- -Vete.- susurré -Está bien, te dejaré por hoy pero no huiré de tu vida, sé que pronto estaremos juntos, yo soy toda tu vida amor.- mencionó besando ligeramente mis labios.- Vi como se marchó, su ancha espalda se iba alejando, ¿tan miserable es mi vida, para que él se atreva a sentir lástima por mi?. Eso es lo único que yo puedo aspirar, ¿solo ser la amante de un hombre que me utilizó?.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD