Herón se detuvo por un instante. Su atención se fijó en la sirviente, sin comprender una sola palabra de lo que decía. No obstante, su lenguaje corporal era claro: desaprobación y rechazo acerca de lo que había dicho. Hafsa extendió un brazo hacia su asistente y asintió con lentitud. Era verdad, ningún hombre la había tocado o visto, pero en ese momento no había lugar para protocolos. Era cuestión de vida o muerte. Esa arma le estaba causando una inmensa tortura y debía ser tratada. Su mirada se cruzó con la del hombre que la atendía. Había algo en sus ojos azules: concentración y determinación implacable. No había perversidad, morbo ni vacilación en sus acciones. Era un soldado, un combatiente. Y, por lo que había visto hasta ahora, también era médico de guerra. ¿Qué clase de persona te

