Capítulo 3. La nueva jefa.

2011 Words
El despertador suena a las seis en punto, estiro mi mano para apagarlo y me pongo de pie, voy directo al baño. Después de ducharme comienzo arreglando mi cabello, luego un maquillaje ligero para cubrir mis ojeras por la falta de sueño, me visto con un vestido a cuadros que preparé ayer y por último me calzo unos manolos que van perfectos con el vestido. Estas preparada para esto. Me repito a mi misma. Desde pequeña mamá me preparó para este momento. Siempre hablándome de cómo debo tratar y usar a las personas que trabajarán conmigo, tanto socios como empleados. En cómo funcionaba el área de marketing y en cómo explotar cada recurso, situación o lo que sea que se pusiera en mi camino, para favorecerme. Luego... cuando enfermo, nunca deje de ser su aprendiz, los últimos dos años ella ya no me reconocía y me trataba como a la chica que tomaba su lugar en la empresa mientras se lograba recuperar de alguna enfermedad ficticia. Llegó al enorme edificio y me estacionó justo donde estacionaba mamá antes. Voy hasta la oficina que era de ella y me alegro de encontrarla impoluta. Está amueblada con un enorme escritorio de caoba, una Mac de escritorio, una silla ergonómica y un librero que ocupa toda una pared. El resto de la habitación es blanca, sin decoración alguna. Suspiro al recordar a mamá sentada frente a mi, siempre le vino bien el papel de empresaria. Bajo la caja que llevo conmigo. Dónde van algunas de las cosas que compré para decorar. Mi vista va hacia la ventana, noto una maceta cilíndrica blanca con una hermosa dracaena. Me acerco y veo que lleva una nota: "Bienvenida a tu empresa. Felicidades." Al final una T. Sonrió ante tal gesto. Levantó la mirada y observó la ciudad, la vista es preciosa. Sin duda alguna Tyler sabe escoger el mejor lugar para dejar un obsequio. Paso la siguiente hora arreglando mi oficina, ordené algunos libros y revistas que compré. Cuelgo un par de cuadros y acomodo en mi escritorio algunos lápices, una lámpara, un pequeño reloj, un organizador y reacomodo la computadora. A las nueve en punto tocan a mi puerta. Ethan asoma su cabeza. —¡Buen día!— dice sonriente. —Buen día. ¿Qué haces ahí parado? Pasa— Le digo animada. Va guapísimo con un traje azul marino y el cabello hacia atrás. —¿Quieres que hagamos la presentación con los empleados o hasta más tarde? —pregunta dubitativo. —Está bien. Estoy preparada— sonrió. —Pues venga— me anima, me pongo de pie y voy tras de él. Lo sigo hasta la sala de juntas donde ya están los jefes de cada departamento esperándonos. —Buen día— dice Ethan con voz gruesa. —Como ya saben el área de marketing tiene bastante tiempo sin director, la vacante no había sido abierta por razones personales pero hoy quiero presentarles a la nueva m*****o del equipo, Emily. Emily será encargada del área. Cualquier cosa que tenga que ver con esta área se dirigen a ella, personalmente. A partir de hoy, Emily es mi mano derecha y está autorizada para tomar cualquier tipo de decisión en mi ausencia sobre cualquier cosa que tenga que ver con la empresa en general. ¿Algo que quieras agregar Emily? —Si, primero que nada es un gusto para mi estar aquí con ustedes— hago una pausa para mirarlos —Estoy muy contenta de formar parte del equipo que Ethan a formado, solo les pido una cosa hagan bien su trabajo, permítanme hacer el mío y os aseguro que nos irá de maravilla. Gracias— hable con voz clara, no quería tener problemas con los empleados después. Debía dejar claro que no venía a ser amiga de nadie. Después de la presentación continúan con una breve reunión para ponerme al corriente de los contratos que tenemos ahora mismo, los que están pendientes de aceptar, en los que estamos interesados y todos aquellos con lo que estamos trabajando. Al finalizar todos comienzan a retirarse no sin antes presentarse conmigo y ponerse a mis órdenes para cualquier cosa. Cuando por fin se han marchado todos Ethan se acerca a mí y me envuelve en un abrazo de oso. —Gracias hermana. Ya verás como entre los dos sacaremos adelante esta empresa como hicieron nuestros padres. Besa mi frente, yo le sonrió en respuesta. —Venga. Tengo que presentarte a alguien. Al llegar a mi oficina, una mujer algo mayor pide permiso para entrar, mi hermano la hace pasar enseguida. —Emily, no sé si recuerdas a Jessica. Jessica, esta es mi hermana Emily— mi hermano nota la alarma en mi rostro por su presentación y enseguida se excusa. —Emily. Jessica era la asistente de tu madre, no sé si la recuerdas. Me quedo mirando a la mujer, es mayor, debe tener alrededor de cincuenta. —Te ayudaba con tus tareas— cuenta ella, sonrió al recordar. —Lo siento es que... Hacía muchísimo que no te veía— me excuso. —Si, tuve que renunciar pero estoy de vuelta. De hecho si no fuera por esos ojos tan característicos no te reconocería— me dedicó una sonrisa cálida yo le sonrió en respuesta. —Bueno, pues será un placer tenerte conmigo. El móvil de Ethan comienza a sonar, mira la pantalla y frunce el ceño. —¿Jessica podrías poner al corriente a Emy? —Claro— asiente esta. Mi hermano se excusa conmigo y sale de la oficina dejándonos solas. —Me gustaría advertir algo antes de que comencemos— Jessica me mira con ojos muy abiertos. —Solo... No quisiera que mencionaras a mamá, en absoluto. — la miró fijamente —Por favor— agregó con una sonrisa. Ella me sonríe en respuesta. —No se preocupe señorita. No lo haré— suelta el aire que había estado conteniendo. —Gracias. Tomó asiento y la invitó a sentarse frente a mí. Pone una caja con un montón de carpetas encima de mi escritorio y luego se sienta. —Me asusté por un momento. Creí que no me querría como su asistente. —¿Por qué no te querría? Gracias a ti he sacado un montón de dieces en el colegio. Ella sonríe satisfecha. Pasamos el resto del día metidas en la oficina poniéndome al tanto de cómo está funcionando la empresa. Me habla un poco de los trabajadores y de cómo desobedecian o le faltaban el respeto a mi hermano los primeros días, al parecer hay demasiado personal nuevo ya que mi hermano no se anda con juegos a la hora de poner a alguien en su lugar. Pedimos comida italiana para comer en la oficina y al final del día llevó a Jessica hasta su casa ya que ella no puede conducir. *** Al día siguiente llegó a la empresa con 10 minutos de antelación. Espero realmente poder convertirlo en una costumbre ya que detesto a la gente impuntual. Entro en mi oficina y enciendo mi ordenador. Tomó mi teléfono y mandó un breve mensaje a Gus. Emy: Espero que tengas un excelente día. Te extraño, amigo. Gus: B.D Demasiado trabajo. ¿Quedamos el fin? Emy: Si, por favor. Te llamo el sábado. Gus: Bien. Miré mi ordenador y comienzo a observar los bocetos que tienen nuestros diseñadores para los próximos lanzamientos, la mayoría son demasiado cliché. Descarto los que más me desagradan y anoto ideas en los que son casi perfectos. Por qué necesitamos perfección. Imprimo los diseños y me dirijo a la oficina de Jack, el diseñador de la empresa. Al llegar con la secretaría de Jack me sorprende ver a un chico casi acostado en el escritorio de la chica. Llegó silenciosamente y me pongo a un lado. —Dicen que es su amante— cuchichea está. —Pues vaya chasco que se llevará Penny, por qué el jefe no deja de coquetear con ella en los eventos— responde el chico en voz baja. —Supongo que no tiene por que enterarse. Mary los ha visto muy abrazados después de la presentación, seguro que por eso ha conseguido el puesto. —Eso debe ser, ese puesto ha estado vacante desde la muerte de Antonia y es extraño que después de que los jefes lo hicieran por sí mismo todos estos años ahora lo ocupe cualquier chica— escuchar el nombre de mamá en un chisme de tal magnitud es un golpe bajo para mí. —Yo digo...— carraspeo —Que si no quieren ver sus puestos ocupados por otras personas más vale que trabajen más y dejen el chisme para luego— los interrumpo. Ellos me miran sorprendidos. El chico que estaba antes recostado en el escritorio se endereza enseguida. —Tu— digo a la recepcionista —Anuncia mi llegada y tu— me dirijo al chico —A tu puesto de trabajo y que no te vuelva a ver de haragán. Cojo las hojas que había dejado en el escritorio y entró a la oficina de Jack. Un chico de ojos color avellana me mira desde su silla. Lleva el pelo un poco largo peinado hacia atrás. —Buen día, ¿Jackson?— le saludo con una sonrisa fingida, después de lo ocurrido no puedo sonreír sinceramente aunque él no haya sido parte de mi disgusto. —Jack está bien— se recuesta sobre su silla. —Bien— le sonrío —Soy Emily, nueva directora de marketing. —Si, algo he escuchado. ¿En qué puedo ayudar Emily? —Los bocetos que me enviaste— los pongo sobre la mesa —Tengo algunas opiniones e ideas... ¿Tienes tiempo de hablar? —Claro, toma asiento— ofrece con una sonrisa perfecta. Admito que es un hombre guapísimo y estoy segura que él sabe el efecto que provoca en las mujeres. Se le ve seguro, cómodo y es bastante galante. El problema es su forma de mirar, o mirarme. Como si no fuera suficiente para él. Pasamos un buen rato discutiendo nuestras ideas hasta que por fin llegamos a un acuerdo. Al terminar él me mira exasperado, se que le causa un conflicto que no haya dado mi brazo a torcer y haya descartado por completo sus excusas de porque los bocetos eran perfectos. —Quiero disculparme contigo— dice sorprendiéndome. Lo miró sin comprender. —La verdad es que te he subestimado desde que escuche hablar de ti el día de ayer. Estoy acostumbrado a manejar esta área yo así que me molesto un poco que Ethan haya ocupado el puesto de Antonia contigo, más aún cuando no sabemos de dónde has salido. —Mi vida personal no tiene nada que ver con lo laboral. —Ya lo creo. Eres muy buena en esto— me halaga. —Gracias. Por cierto tu secretaria va ser sancionada según consideren en R.H. —¿Hablas en serio? —Completamente. Saliendo de aquí iré a quejarme de ella por esparcir rumores estúpidos y peor aún mencionar a Antonia en ellos. —Supongo que tengo que esforzarme por llevarme bien contigo, entonces— responde sarcástico. —Creí que eso había quedado claro desde el principio. Escucha Jack, me considero una chica agradable. Solo no trates de forzar las cosas conmigo y te aseguro que nos llevaremos muy bien— su sinceridad llamó a la mía y me sentí con la libertad de expresarme. De todas formas los empleados ya susurran a mis espaldas qué más da si les doy de que hablar. —Espero que tu problema conmigo termine pronto y me aceptes como tu jefa. Será mejor para ambos tratar de llevarnos bien— finalice. Me puse de pie y salí de su oficina sintiéndome satisfecha por haber controlado la situación. Supongo que mamá tenía razón al decir que éramos más parecidas de lo que yo quería aceptar. Sentí una punzada de melancolía al recordarla; me hubiera gustado que ella estuviera aquí conmigo, viendo que ha hecho un trabajo perfecto al entrenarme y más aún al educarme.
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