30 de agosto.
RHYS.
¡Hoy es el día! Estuve dando tantas vueltas a esta decisión, que me canse de tantas idas y vueltas, y llegue a la conclusión de que necesito el descanso.
A pasos apresurados camino hasta el ascensor. En este momento me encuentro en la agencia porque decidí tener una interesante conversación con mi padre, espero poder ver a mi madre, aunque lo dudo porque hace días que hablábamos me informo que estaría unos días fuera del país.
El personal que se encuentra en la recepción me saludo y observa con temor, asiento en forma de saludo. No me impresiona los reservados que son conmigo, creen que por ser el hijo de los señores Temblay, me deben respeto.
¡Qué equivocados están!
— ¿Y que tiene planeado decirle? —preguntó León, cuando llega a mi lado. Detrás de nosotros viene Max y Marcus, riéndose.
— Papito, tu amado hijo necesita unas vacaciones. —bromeo. Siento un golpe en mi nuca. — ¿Ahora qué hice?
— Esta es una conversación seria, Rhys —escucho que dice León. —. No puedes interrumpir su agenda, sin tener palabras adecuadas para hablar con tu padre —nos detenemos para esperar el ascensor. —, sabes muy bien que no les gustara para nada tu visita imprevista.
El ascensor abre sus puertas y entramos.
— ¿Qué pasa? —cuestiona Max.
— Rhys, no sabe qué decirle a su padre. —informa León, ruedo los ojos.
— Está todo calculado. —aseguro. León niega con la cabeza. —Tranquilo, sé cómo tratar con el diablo.
Max y Marcus ríen, pero cuando León le da una mirada larga se mantienen serios, río.
— Más te vale hacer las cosas bien, Rhys. —me advierte León, asiento.
Las puertas del ascensor se abren, soy el primero en salir.
Dando largas zancadas camino hasta la oficina de mi padre, quizá se moleste por interrumpir su agenda, pero es lo que menos me interesa justo en este instante. Dudo mucho que tenga una reunión importante a estas horas de la tarde, además, tuve una buena informante de su agenda, y sé que no tiene ningún compromiso. La última vez que conversamos terminamos mal, pero espero que esta vez todo salga como lo planee.
El asombro de Glenda no pasa desapercibido cuando me observa, sonrió, más no me devuelve el gesto. No sé si es cosa mía, pero su mirada refleja temor.
— Rhys. —murmura asustada. La observó confundido.
— Dile al señor Temblay… —no terminó la frase porque escuchó la risa de una mujer que proviene de la oficina de mi padre. El miedo en la mirada de Glenda se incrementa.
— Hombre camina despacio. —dice León, llegando a mi lado. Cuando me mira, frunce su ceño. — ¿Sucede algo?
Estoy a punto de hablar, pero la puerta de la oficina de mi padre se abre, mostrando a la hermosa mujer que le sonríe a mi padre.
Aprieto mis puños con fuerza mientras tenso mi mandíbula.
— Muchas gracias por su tiempo. —le dice la mujer, besa su mejilla mientras mi padre la sonríe. — Estamos en contacto.
Todos somos espectadores de la mirada que le da mi padre.
Cuando la mujer nota nuestra presencia, sonríe, pero estoy tan molesto que hago una mueca de desagrado, me observa avergonzada y a pasos apresurados camina, mi mirada la sigue hasta que se coloca frente al ascensor esperando que abra sus puertas, no pasa ni diez segundos hasta que entra.
Mi mirada se vuelve al hombre que se encuentra frente a mí, me observa con molestia. La furia en mi interior aumenta, tengo que respirar hondo para calmar mi ira.
— ¿Qué haces aquí? —cuestionó mi padre, frunce su ceño.
— Tengo que hablar contigo. —mascullo con ira, asintió y entró a su oficina.
Camino para adentrarme a su oficina, pero soy retenido de mi brazo.
— Tranquilízate, Rhys. —ordenó León.
— Estoy tranquilo. —miento, niega con su cabeza.
— No lo estas. —interviene en la conversación Marcus. —Respira, Rhys. —bruscamente aparto mi brazo de la mano de León, entrecierra sus ojos hacia mí, no le doy importancia y entro a la oficina.
Observó al hombre frente a mí.
Tiempo atrás miré a este hombre con admiración, por todo lo que logró. Lo creí mi héroe y lo observaba con amor. Pero todo eso acabó hace años, cuando me di cuenta que detrás de ese hombre admirable, existía una persona egoísta con muchas mentiras y secretos.
— ¿Y bien? —inquiere mi padre.
Su mirada se mantiene fija en mí, está tratando de intimidarme. Mantengo mi postura rígida, controló mi enojo mientras mi mirada se mantiene en él, si cree que puede intimidarme está equivocado.
Alguien se aclara la garganta.
— Rhys necesita descansar. —informa León, mi padre no aparta su mirada de mí. —Últimamente ha tenido síntomas de estrés y nos preocupa.
— Puede descansar dos días. —accede mi padre. Me cruzo de brazos, enarco una ceja.
— Quiero vacaciones. —voy directo al punto, escucho maldecir a León. —No quiero dos días, quiero un mes.
— ¿Crees que me importa lo que quieras? —cuestiona mi padre. —Rhys, aquí todos trabajan y no se quejan de su cansancio, ¿Por qué debería importarme lo que te suceda? —pone sus manos en su escritorio. — Y no deseo como respuesta “porque soy tu hijo”, no funcionará conmigo.
— No vine a aquí a discutir, padre. —señalé, me acerco a su escritorio. —Vine a pedir un descanso, ¿Es mucho pedir? —inquiero incrédulo. —Y para que entiendas, no estoy aquí como tu hijo, porque créeme que deje de ser tu hijo desde hace mucho tiempo.
— Señor, Rhys…
— Mi respuesta sigue siendo la misma. —asegura mi padre. —No tengo intenciones de otorgar el descanso.
— ¿Por qué? —pongo mis manos en su escritorio inclinándome para mantener mi mirada fija en él.
— Tienes un contrato. —contesta, bufó.
— Pensé que era algo más importante. —digo, enarca una ceja. —Puedo romper el contrato, es lo que menos me importa.
— Rhys. —me advierte León.
— Sabes, pensé que eras más inteligente. —confiesa mi padre. Se acomoda en su asiento. —Crees que puedes venir y exigirme algo, cuando bien sabes que tienes un contrato, estúpido niño. —me mantengo en silencio. —No te daré el descanso.
— Papá…
— Señor Temblay. —me interrumpe. —No tenemos nada que discutir, deje bien claro mi posición. Ahora, largo. —señala la puerta.
Asiento.
El primero en salir es León, por otro lado, mantengo mi mirada fija en él.
— No escuchaste lo que dije. —dice, aprieto mi mandíbula.
Bruscamente me aparto de su escritorio y camino hasta la puerta, cuando llego a la puerta, volteo y lo observo, enarca una ceja.
— Le diré a mamá lo bien que disfrutaste la visita. —sonrió con suficiencia. —Disfruta tu día, padre. —Lo último lo digo con amargura, salgo de la oficina.
En la puerta me espera León, Marcus y Max, los dos últimos me sonríen apenados; desvió mi mirada, antes que mi enojo salga a flote.
Caminamos hasta el ascensor y una vez ahí entramos sin decir nada, paso mis manos por mi cabello desesperado.
— Tranquilo, Rhys. —gruñe León.
— No puedo. —confieso. —Me están hastiando y estoy tan desorientado, que llegue a un punto en donde ya no que es lo que quiero. —digo, agacho mi cabeza. —Lo único que deseo es que dejen de controlar mi vida, no pido más. —mi pecho se oprime. ¡Duele!. — ¿Por qué presiento que si siguen no tendré más opción que dejar todo?
— Te comprendo. —escucho que dice León. —Pero, tú elegiste esta vida.
— Me equivoque. — admito avergonzado. — Pensé que podría tomar las riendas de mi carrera, quería demostrar que yo podía y que se sintieran orgullosos de mí. — confieso. — Pero, son mis padres y creen que lo hacen por mi bien. —digo. — ¿Es que no soy su hijo? Por eso siempre están exigiéndome más y más.
— No tienes por qué demostrar nada. — dice León.
— Lo siento. —susurra Marcus. — Es difícil, no te culpes por ello.
— Yo tengo la culpa. —musito, prosigo. —Como dijo León, yo elegí esta vida. Aunque era aún muy joven cuando tomé la decisión, muchas personas me advirtieron; aun así, no les hice caso. —confieso, todos se mantienen en silencio. — Permití que mis padres manipularan mi vida, y nunca les puse un límite. Pensé que haciendo todo lo que ello me pedían, tendría un poco más de su atención. —concluyó. Ahora me siento tan estúpido al creer aquello.
Las puertas del ascensor se abren y salimos, en ningún momento dicen algo y me da alivio, las personas que se encuentran en la recepción me observan, trato de ignorar todas esas miradas. Una vez afuera caminamos hasta el auto, no nos toma mucho tiempo subir y retornar hasta mi residencia.
El ambiente se mantiene tenso e incómodo dentro de la camioneta, mientras me observan con lástima.
— No lo hagan. —susurro, rompiendo el silencio. —No sientan lástima por mí, es lo que menos deseo.
— Lo siento. —dice Max.
— No te tengo lástima —interviene León. —, es decepción Rhys.
Mantengo mi mirada en la suya.
Esa palabra hace que mi pecho duela. ¡Maldita sea! Duele. No pensé que alguien que he admirado estos dos años me diga que se siente decepcionado de mí, ¡No puedo aceptarlo!
— Me molesta esa actitud. —sus ojos verdes me observan fijamente, me intimida. — Pensé que eras un poco más inteligente y no permitirías que tus padres manipulen tu vida, creí que eras mejor que eso, pero me equivoque.
Silencio.
— ¿Qué es lo que quieres? —cuestiona, solo lo observo. —Dame una respuesta a esa pregunta, y te darás cuenta que no es lo que tus padres quieren. Entonces, entenderás que todo este tiempo que has sufrido ha sido por ti mismo, solo para complacer a tus padres y, dime, ¿Para qué te ha servido? Para nada. —se encoge de hombros, prosigue. —No eres un niño y aun así te comportas como uno. Y no cambiaré de parecer hasta que me demuestres que estoy equivocado. Es momento de decidir qué es lo que quieres y, si deseas desafiarlos, pues hazlo, pero no te limites solo porque quieres que ellos se sientan orgullosos de ti. Recuerda que lo que más importa, es sentirse uno mismo orgulloso, lo demás da igual.
En el transcurso del camino me mantengo en silencio, saboreando la verdad en sus palabras, pero, sobre todo entender que todo este tiempo hice mal, me comporte como un niño, a pesar de no ser uno. Yo mismo permití que manejarán mi vida, por mi insuficiencia y actitud, pero tengo la oportunidad de cambiar todo.
Es momento de comenzar el juego, pensé que no sería necesario, pero me equivoqué. Esta vez, no temeré, me canse de seguir cada regla, de no hacer nada cuando manejan mi vida y, sobre todo, dejar de creer en mí. Llegó la hora de poner mis propias reglas en mi juego que ellos empezaron, sin darse cuenta.
Quería hacerlo a su modo, pero parece que el mío será más emocionante.
***
— No lo puedo creer. —grito enojado. — Es que no piensas en que necesito descansar. Estos días he estado ocupado grabando el álbum un mes antes de la fecha acordada, por lo tanto, no he podido dormir ni tener un respiro. —el enojo es tan palpable en mí. — Vienes para decirme que tendré conciertos en unos días, ¿en serio mamá?
— Cálmate, Rhys. —ordena mi madre, niego con la cabeza.
— ¿Enserio quieres que me calme? — rio secamente. —Pensé, que me entendías mamá. Pero, veo que me equivoque.
— Basta, Rhys. — me advierte.
— No — la enfrentó. —, ¿piensas en mi madre? Te has preguntado alguna vez, ¿cómo me siento? O ¿Solo piensas en el dinero?
— No afirmes cosas que no sabes —responde tajante. —, eres aún pequeño para entender.
— Tus hechos dicen mucho, madre. —contesté con la misma intensidad. —No soy un niño, soy perfectamente grande para lograr comprender las situaciones.
— No sabes lo que dices, hijo. —dice, niega con la cabeza. —Te comportas como uno, dices no ser un niño, pero tus actitudes demuestran lo contrario.
Aprieto mis puños al escuchar sus palabras, cierro mis ojos tratando de controlar mi ira.
— Cancela los conciertos —susurro, aun con los ojos cerrados. —, si dices preocuparte por mí, entonces, cancéla.
— No lo haremos. —sus palabras hacen que abro mis ojos.
La observó fijamente. —Lo harán, porque tienen que respetar mis decisiones.
— Lo hacemos por el bien de tu carrera. —dice, bufó.
Me señalo con mi dedo índice. —Es mi carrera. —la señalo, la observó desafiante. —No la tuya. Puedo tomar las decisiones que me parezcan correctas, sin necesidad de consultar con ustedes, tan solo me basta con que León las acepte. —indiqué, frunce su ceño. —No tienen el derecho de meterse en mi carrera, señora presidenta.
— La tenemos —declara, hago un esfuerzo para controlar mi ira. —, si estás aquí, es gracias a nosotros. —me recuerda.
Tranquilo, Rhys. Respira.
— No te engañes madre —me cruzo de brazos, enarca una ceja. —, puedes tener todo el dinero y poder que quieras, pero sin talento no son nada.
— Te guste o no, harás el concierto —dice ignorando todo lo que dije. —, por qué no te estoy pidiendo tu opinión, es una orden.
— Teníamos un acuerdo. —grito exasperado. —Tendría conciertos cuando termine el álbum.
— Pero, ya terminaste el álbum. —me recuerda, bufó. —No tienes más excusas.
— No son excusas, madre. —aseguro. —Mamá, por favor. — suplico.
— No, Rhys.
— No es justo lo que me haces.
— La justicia no existe. —declara observándome. —Y si lo hiciera entonces nada sería justo en la vida.
— La justicia si existe madre. —afirme. —La vida si es justa, pero las personas lo hacen injustas.
— No viene a discutir —informa. ¡Ya es muy tarde! —Solo viene para infórmate sobre el concierto y desearte suerte en tu entrevista.
— ¿Verás la entrevista? —cuestiono, molesto.
— Por supuesto —respondió sonriéndome. —, deseo ver a mi hijo brillar.
— ¡Eso es lo único que te importa! —exclamo, hace una mueca de disgusto. — Además, tú aceptaste la entrevista, ¿por qué no me preguntaste si deseaba ir?
— No es necesario —contesta. —, sé que deseabas ir.
— Ese es el problema, madre. —digo, chasqueo la lengua. —Afirmas las cosas por ti misma, y no tienes la decencia de preguntarme si estoy de acuerdo.
— Rhys
— No madre —la detengo. —, solo iré por qué no deseo quedar mal, pero espero que sea la última vez que aceptan algo sin mi permiso
— ¿Y si no lo hago? —cuestiono enarcando una ceja. —Debes saber que soy tu madre y siempre quiero lo mejor para ti.
Linda tu forma de querer lo mejor para mí.
— Estarás tan feliz mañana. — sonrió malicioso. — Seré tema de hablar en muchos lugares.
— ¿Por qué lo dices? —inquiere mi madre.
— No querías que tuviera más audiencias. —digo. —Pues deseo complacerte.
No dice nada más y comienza a caminar hasta la puerta, antes de salir volteo a observarme confundida, sonrió, sale y expulsó el aire retenido.
Me cansaron.
No puedo seguir haciendo todo lo que a ellos les plazca, no cuando arruino mi vida.
Respira, Rhys.
Solo aguanta unas horas más, después, será libre momentáneamente. Hasta que decida qué es lo que quiero para mi vida.
Rhys: Haré una locura.
Los minutos pasan y no me responde, cuando pasa diez minutos lo hace.
Sasha: Me apunto.
Rhys: Hablo enserio.
Sasha: Yo también.
Rhys: ¡Sasha!
Sasha: Está bien. ¿Qué es lo que harás?
Rhys: Pues…
Sasha: Dime.
Rhys: Enfrentare a mi padres pero de la peor manera.
Sasha: ¡COBARDE! ¡COBARDE! Aunque, no sé lo que harás.
Sasha: Si crees que es lo mejor para ti, hazlo. Recuerda que cada acto trae consecuencias y, también, las decisiones no siempre salen como uno quieres, pero me alegro que intentas hacer algo para que tus padres se den cuenta que ese mundo te está consumiendo.
Rhys: Eres la mejor. Te quiero, Sasha. Gracias.
Sasha: Siempre estaré para ayudarte. Te diría suerte pero no creo en ella.
— Guarda el celular —dice León. —, ya anunciaran tu entrada.
León comienza a darme unas indicaciones, me mantengo en silencio escuchando la advertencia de que tengo que ser paciente, que por ningún motivo me desespere o sea grosero, por qué la audiencia me criticara, y es lo último que deseo en este momento.
La presentadora anunció mi entrada y caminé hasta ella, sonrió al público porqué puede que odie el programa, pero no es culpa de ellos.
— Bienvenido, Rhys. —dice Dánae, la presentadora de America Time.
Dánae Roux es mi mejor amiga en este mundo de la fama, después de Sasha. Tuve la gran dicha de conocerla hace más de un año y medio, en una de las tantas galas a la que estuve obligado a asistir, se presentó y por supuesto que aprovechó la oportunidad de invitarme al programa, la rechace. Le explique por qué no me gusta el programa, y respondió que cada quien tenía su propia opinión.
— Gracias por invitarme. —beso su mejilla, escucho su risa.
— Me divierte que estés aquí. —susurra en mi oído, divertida.
Está claro que el público no escuchó lo que me dijo.
— Es un placer. —declara. —Vamos a sentarnos.
— Con gusto. — nos sentamos en el sillón que se encuentra frente a nosotros
— Rhys es un gran amigo mío. — informa Dánae al público. Sonrió.
— La conocí en su peor faceta. —bromeo divertido, el público ríe.
— Solo bromea. —indica Dánae. — Y dime, ¿Cómo te animaste a aceptar una entrevista? — es obvio que no está perdiendo la oportunidad de burlarse de mí.
— Pues simplemente me anime. — miento con una sutileza. Dánae se da cuenta, pero igual me sonríe. —Y aquí me tienes
— Muy bien, Rhys. — ¡Aquí vamos! Odio esto. — ¿Qué tienes preparado para estos meses?
— Muchas cosas. —respondo, le guiño un ojo. No miento, tengo muchas cosas planeadas. Enarca una ceja. — Cariño, tienes que ser específica.
—Bien. — me da una sonrisa ladeada. ¡Oh no! — ¿Tienes alguna relación sentimental? Ni te atrevas a negar porque yo sé que sí.
—No se dé que hablas. — admito. — Y no, no tengo ninguna relación más allá de la amistad. Estoy soltero.
Escucho como la audiencia suspira, sonrió a la cámara.
— ¿Tienes planeado una relación? —cuestionó, divertida. ¡Me las va a pagar!
—Mi vida es un caos para complicarlo más. — respondo sin titubear.
—Pensé que tenías a la chica. — confiesa Dánae.
—No llega la indicada.
— Pero yo podría ser la indicada. —coquetea. La audiencia enloquece.
—No voy negar que eres hermosa. —Y sí que lo era. — Lo malo es que eres un poco mayor. — Le doy una sonrisa ladeada, entrecierra sus ojos hacia mí
— ¿Me acabas de llamar vieja? —inquiere Dánae, finge sentirse ofendida. Todavía la muy dramática lleva una mano a su pecho.
—Lo siento. —miento. No es tan difícil para Dánae darse cuenta de mi mentira.
—No importa. — dice.
Las preguntas prosigues y lo único que quiero es que acabe. Muchas preguntas no respondo porque se trata del nuevo álbum y sobre si tendré una gira, lo cual aún no estoy seguro. Sigue haciendo mas preguntas personales, pero agradezco que Dánae no pregunta cómo es la relación con mis padres — aunque ella sabe la historia— no pregunta nada al respecto, y me siento aliviado por qué no me gusta hablar de ello.
Cuando le indican que el programa ya llegó a su hora final, tiene una última pregunta.
¡Mi momento de brillar!
— ¿Alguna primicia? —pregunta, asiento sonriéndole.
Mi mirada se dirige a León que me observa confundido. — Cuéntame, sé que el público también, desea saber. —dice Dánae.
Sonrió a la cámara.
Espero que estén mirando la entrevista papi y mami, que esto va para ustedes.
—Voy asistir a la escuela, y dejaré temporalmente mi carrera, para concentrarme en mi último año. —confieso, victorioso. El asombro de Dánae es gracioso, pero rápidamente se repone y sonríe.
—Me alegro mucho. —dice, me da una sonrisa genuina.
Luego de un anuncio se despide del programa como la mujer grandiosa que es. Las cámaras dejan de grabar y los reflectores se apagan.
Voltea y entrecierra sus ojos hacia mí. — Me debes una explicación, jovencito. —dice, señalándome. — Me llamas y acordamos la fecha, que sea antes de que te vayas a la escuela.
Se acerca y me abraza, envuelvo mis brazos alrededor de su cintura.
—Tú, también, tienes muchas cosas que explicarme —asiente, besa mi mejilla y se despide.
Salgo del set agradeciendo al personal y camino hasta el camerino en donde sé que León me está esperando, cuando llego Max y Marcus me sonríe y niega con la cabeza. Entro sin tocar porque después de todo este es mi lugar, veo que está hablando por teléfono, cuando se da cuenta de mi presencia entrecierra sus ojos hacia mí y gesticula “Ya fuiste”, sonrió como un niño bueno.
¡Muy bien!
Estoy listo para asumir cualquier consecuencia, pero no tendrán otra opción, estarán obligados a aceptar dejarme ir, estoy preparado para la catástrofe que se avecina.