—¿De qué demonios hablas? ¿No está? ¿Se fue? ¿Hablamos de Evelyn? —quiso asegurar. No quería alegrarse en vano. Porque podía estar cometiendo un sacrilegio, pero se emocionó de solo imaginarla sin...
¿Qué hacía?
—Algo sin interés para tí. Descuida, son detalles que no vas a escuchar. —Beck hizo el amago de colgar. Sabiendo que con eso pondría más presión en su jefe.
—Me cortas la llamada y te corto los cojones, gran imbécil. —advirtió, aunque era su amigo. Saber de Evelyn era de más interés que estar frente al enojo de Beck.
Aunque a este nada le importaría sus amenazas. Haberle salvado la vida tantas veces lo tenía exento de qué amenazas se cumplieran con él. Lo sabía y se aprovechaba de ese privilegio, haciéndolo esperar más de lo que debía.
—Agradece que el Bremer Knipp que nos dieron está buenísimo. Además acaban de traerme Grünkohlessen…
—Que si estás comiendo morcilla y col o salchichas ahumadas, no es lo que pregunté. —se acercó a la ventana. Escuchando la risa del hombre con la boca llena. Le hastiaba oír que no le diera la información que estaba pidiendo y que se extendiera en algo que no le importaba en absoluto.
—Bien, déjame comer. —pasó todo con la bebida que le entregaron. Miró la etiqueta y suspiró. Para él era un juego, para Kenneth el desborde al que jamás se había expuesto. —No sé mucho, solo que en cuanto estuvo frente al cura, salió corriendo. Nadie sabe a dónde, ni siquiera su hermano sabe dónde está. Solo la esposa de tu amigo, supongo. Llámala. De seguro te da información sobre lo ocurrido con mejor detalles, porque yo tengo pocos. Solo sé que, según todos fue quien la acompañó en su huida. —exclamó y el sueco se removió. —Hasta donde me dijo la monja que nos trajo comida, llamó para disculparse y decir que estaba bien, pero que necesitaba tiempo. Que sí tenía problemas llamaría o algo así. ¿Ahora puedo comer?
Kenneth cortó la llamada rápidamente.
¿Había dejado el hábito?
Eso sí que era una sorpresa. Una sonrisa lo golpeó inconscientemente. O tal vez sí sabía que estaba sonriendo por saberlo.
No debía gustarle o al menos serle de interés el tema, pero era lo que sucedía. Era algo para festejar para él, pese a ser considerado un demonio sin réplica, un alma inocente estando fuera de lo intocable le supo a gloria.
La noticia lo golpeó como un rayo impactando en su tórax, extrañamente. ¿Cómo puede ser que la dulce monja, la que irradiaba pureza, haya tomado una decisión tan drástica?
La imagen en su cabeza de Evelyn con el hábito, arrodillada en oración, se mezcló con la nueva imagen de ella sin él y sin esperar sintió ese tambaleo de su mundo, el cual lo llevó a sonreír. Kenneth sintió un nudo en la garganta.
¿Era culpa suya? ¿Acaso su oscuridad la alejó de su camino de devoción?
Un hombre cuyas acciones y emociones estuvieron ocultas durante mucho tiempo, sintió el desequilibrio de sus acciones cuando supo lo ocurrido.
¿Le gustaba?
¿Por qué? Había una razón. Claro que lo había y no pensaba disimular que le pesaba saberlo, porque de ninguna manera era así.
—Bastian, necesito hablar con tu esposa. —dijo al solo ser respondida su llamada hacia el alemán que le contestó en cuanto pudo quitarse de encima a su esposa con un nuevo antojo debido a su embarazo. Los cumplía dichoso, pero aún no se creía que lo hiciera ni siquiera él.
—Dilo de nuevo, sin que me den ganas de enviarte una ojiva por la idea que eso genera. —exclamó el alemán frente a la mesa que compartía con su mujer embarazada. Sus antojos nocturnos siempre tenían su compañía.
—No vengas con tus celos ahora, porque no van conmigo en este momento. Es algo sobre la hermana de Santos Vallerk. —explicó y Bastian guardó silencio.
—No me digas que tú eres…Muy tu problema. —exhaló, le pasó el teléfono a su esposa. La vida del resto no era algo que él tuviera que saber.
Si no le afectaba a él o a su familia, no le interesaba. Si su esposa le pedía mantenerla segura, como lo hizo esa tarde, claro que intervenía, pero no para saber de qué huía. Aunque ahora intuía gracias a quién su cuñada escapó de la iglesia.
—Evelyn necesita tiempo, Kenneth. —dijo Kiara al oírlo preguntar por ella. —Quiere aclarar su cabeza y te puedo asegurar que es mejor dejarla a ella estar consigo misma que interferir en el proceso. Aún está descubriendo lo que quiere.
—Solo es curiosidad. La conocí y supe por Beck que no recibió algo que se envió. —le restó importancia viendo al exterior. En verdad no tenía idea de como lograba mantener la calma y la cabeza fría.
Kiara no le creyó, negando ante la testarudez de ambos.
—Entiendo. Igual Stuhr la mantendrá segura y con hermosas vistas que admirar. Estará bien. —añadió cortando la comunicación con una risa cómplice que sólo ella entendió.
Kenneth se dijo que era una tontería haber llamado. Todos se harían ideas erróneas.
Pero a la mañana cuando estuvo frente a su desayuno, ignoró a todos. Wanda y Amalia, la amiga desordenada que no se quedaba en silencio jamás. Ambas tratando de que su silencio no las afectara.
—¿A dónde vas? —preguntó Wanda.
—Aún no terminas tu desayuno. —agregó Amalia.
—No me apetece. —contestó colocándose el saco sobre sus hombros. —Dile a Beck que me llame, hay algunas cosas de las que se debe hacer cargo el tiempo que no esté.
—¿Saldrás de la ciudad? ¿A dónde irás?
—Negocios. —contestó.
—La última vez que dijiste que harías negocios, trajiste a una monja a quien le diste tu cabaña que ni siquiera yo conozco. —la escuchó decir.
—Mantente dentro de los límites. Si mi padre regresa, quédate con él. —sugirió. Freddie K'naan, un traficante de blancas era el peligro del que la protegía pese a su testarudez y aún operaba en su territorio con sus hombres llamados comúnmente Kall.
No los quería arruinando su paz más de lo que ya lo hacía al saber los raptos que hacía a cada nada.
—No has dicho a dónde irás. —le recordó Amalia.
—Stuhr. —exclamó hacia Wanda solamente.
Era un sitio inusual para viajar de su hermano, pero tenía sus razones, se dijo.
Aún cuando este tenía otras razones más poderosas para viajar a un sitio que ni siquiera recordaba que existía, pero que ahora era un destino al cual iba a perseguir y recorrer totalmente...
¿Qué demonios estaba haciendo?
No lo quería aceptar abiertamente, pero estaba persiguiendo a la perdición de muchos. Una mujer. Sólo que no era una común. Esta era muy santa para un demonio que tenía tantos pensamientos impuros con ella.