Septiembre de 1992. 28 años al pasado. —Sigo sin entender por qué no pude entrar al equipo, soy mucho mejor jugador que cualquiera en este pueblo asqueroso—se quejó Alejandro Benítez, al tiempo que estrujaba entre sus dedos la hoja de papel que le notificó la "falta de aptitudes" para entrar al equipo de fútbol local. —Son unos idiotas, eso es lo hay que entender. Aceptan jugadores de mierda cómo Marcus Etecher y así les va al equipo—contestó enojada Elena Tonkin, caminando a su lado. Una fiel admiradora del deporte, con un brutal ojo crítico. Aquella hermosa chica de cabello dorado parecía hervir de rabia a cada paso que daba, quizás su odio era aún mayor que el del propio muchacho moreno a quien habían repudiado del equipo. —¿Por qué no los demandás "Beto"? Sé que deben dejar jugar

